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BOOK 066.8.SO13 ser. 2 v. 1 1 c. 1 *P|
# SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS
ANDALUCES SEVILLE
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CÓDICES DEL ESCORIAL
ESTUDIOS CIENTÍFICOS Y MILITARES -■,
ANTIGUOS MANUSCRITOS C2-
-te
DE HISTORIA, CIENCIA Y ARTE MILITAR
MEDICINA Y LITERARIOS ■ -
EXISTENTES EN LA BIBLIOTECA
MONASTERIO DE SAN LORENZO
3DBI-. HlSOOK,I.A.IL. ,
POR D. AUGUSTO LLAGAYO Y SANTA MARÍA
Subinspector Médico de primera clase . Inválido ,
condecorado con la cruz laureada
de San Fernando.
SEVILLA: 1878
Establecimiento tipográfico de Francisco Alvarez y C»,
impresores de Cámara de S. M. y de SS. AÁ- ER. los Sermos. Sres. Infantes
Duques de Montpensicr, Tetuan, 24.
ES PROPIEDAD DE SU AUTOR
Al Excmo. Sr. p. Juan Zapatero
Director General del Cuerpo de Inválidos
Excmo. Sr.:
Desde muy joven consagré mi vida y mi
inteligencia al ejército; le he servido en la
Península y en Ultramar con la abnegación
y entusiasmo con que un hijo corresponde al
leal afecto de su padre, y no son sacrificios
sino santos deberes, las obligaciones del alma
inspiradas por la gratitud. Hoy que por des-
gracia carezco de las condiciones físicas ne-
cesarias para continuar sirviéndole y no puedo
ofrecerle mi vida, como en otras ocasiones, le
consagro aún mi espíritu y le ofre{co los
escasos dones de mi pobre inteligencia. In'
utili{ado para el ejercicio de mi profesión y
enfermo, sólo me restan buenos deseos, mucha
voluntad y profundo cari/lo para nuestro
ejército que tanto vale científica y militar-
mente considerado, para ese ejército que in-
mortalizó el nombre de España en todo el
mundo. Justo es, por lo tanto, que inspirado
en estos sentimientos le consagre hoy el humil-
de libro que dedico á V. E., no sólo por
las honrosas cualidades militares y altas
prendas que concurren en V. E. sino también
por lo que representa el elevado cargo de
Director General del Cuerpo y cuartel de In-
válidos que tan dignamente desempeña.
El Cuerpo de Inválidos simboliza todas
las luchas, tj^iunfos, penalidades y glorias de
nuestro Ejército, y al ofrecer á V. E. mi
trabajo se lo dedico al Ejército y al respetable
General á quien tiene la honra de reiterar
las seguridades de su atenta consideración y
afecto.
Jauaudi(a U^/a
acauo
Sevilla, 1 8"
//
CAPITULO I
OBJETO DE ESTE LIBRO
Hace yá algunos años que visité por pri-
mera vez la Biblioteca del monasterio de San
Lorenzo del Escorial: posteriormente habia
vuelto á ella en diferentes ocasiones; pero ha-
biéndome inutilizado en la última campaña
para continuar en el ejército, decidí entonces
establecer mi residencia en dicho Real Sitio,
con el firme propósito de consagrarme por
completo al examen, clasificación y estudio
de los muchos é interesantes códices cientí-
ficos, militares y literarios, existentes en la
rica y abandonada Biblioteca de tan gran-
dioso monasterio. Allí he pasado dos años,
de los cuales conservaré siempre gratísimo re-
cuerdo; pero el mal estado de mi quebrantada
10
salud, agravándose más y más cada dia con
las inclemencias y dureza de aquel clima, me
obligó, con profunda pena, á trasladarme á
Andalucía, donde he coordinado todos mis
apuntes, datos y memorias, que sólo tienen
el mérito de las muchas horas y vigilias em-
pleadas en una obra emprendida sin más ob-
jeto que el deseo de que pueda ser útil á los
escritores militares y á cuantos se dedican á
los estudios bibliográficos, pues no hay ca-
tálogo de los manuscritos de dicha Biblioteca,
y en ese concepto, al manifestar al ptáblico los
que allí existen por medio del libro que ahora
doy á luz, acompañado de algunas considera-
ciones y noticias importantes, podrá acaso mi
trabajo servir de guía á los que tengan la cu-
riosidad de conocer muchos de los manus-
critos del Escorial. Otro móvil aún más po-
deroso me ha impulsado también á imprimir
mi libro, y ha sido el vehemente deseo que
siempre abrigué de que en la Biblioteca del
Ministerio de la Guerra y en la del Ministerio
de Marina se tuviera noticia exacta de los ex-
celentes y antiguos códices de ciencia y arte
militar que hay en el Escorial, pues lamen-
table es en verdad, que en esos elevados cen-
tros militares y facultativos no se tenga cono-
cimiento de ellos, y es muy sensible además
11
que permanezcan ignorados de los muchos
jefes y oficiales del Ejército y Armada á
quienes pueden interesar.
De la Biblioteca del Escorial se ha pu-
blicado la gran obra de Casiri sobre manus-
critos arábigos de que nos ocuparemos, y
el catálogo de los griegos, anterior al incendio,
faltando dar á conocer los códices escritos en
1 jngua castellana y en otros idiomas.
Así se comprenderá que no es fácil po-
der examinar hoy con detención los manus-
critos de esta Biblioteca, porque se camina á
ciegas, ignorando el que va á ella los tesoros
que contiene y lo que pueda convenirle para
sus estudios y trabajos.
Cuando la ciencia se guarecía en los con-
ventos, cuando los libros eran el patrimonio
de muy pocos, se explica que fuese inútil
querer como ahora generalizarlos, descentra-
lizando las obras científicas y literarias para
ofrecer á todo el mundo y con la mayor faci-
lidad posible los fecundos dones que han de
enriquecer la inteligencia humana. En la ins-
trucción es donde hay que ir á buscar hoy el
progreso y la regeneración social; la revolu-
ción de las ideas es yá la única que emancipa
al hombre y el progreso científico quien le
eleva y engrandece sobre los demás. La ins-
12
truccion es el nivelador de las clases sociales
y es la inteligencia el más fecundo^ sólido y
respetado poder del siglo XIX.
El que visita la Biblioteca del Escorial y
no encuentra un catálogo que le ilustre ó un
guia que le indique los manuscritos que po-
dria consultar, tiene necesidad de perder in-
íitilmente muchos dias en examinarlos, y
no todos pueden dedicar por completo su vida
á ello, abandonando sus habituales ocupacio-
nes para consagrarse exclusivamente á tan
ímproba tarea.
Hay en esta Biblioteca muchos más có-
dices, ó por lo menos, más materias que las
que constan en el inventario, pues se hallan
encuadernados en un sólo volumen distintos
manuscritos, habiendo tenido ocasión de ver
códices donde hay veintiuna materias diversas
y autores diferentes; de modo, que si se se-
pararan los distintos autores y tratados, cons-
tarla la Biblioteca de mayor número de volú-
menes de los que aparecen hoy.
Y son tan diversos los manuscritos en-
cuadernados en un sólo volumen, que citaré
como ejemplo entre otros muchos, uno que
se encuentra en el estante 119, plúteo 2.«, nú-
mero 10, que contiene: i .'^ un tratado de me-
dicina en latin, escrito en vitela á fines del
13
siglo XIII y del médico árabe Abu Becri Arazi;
2.'' un fragmento de juros de heredad habidos
por merced de los reyes por varios sugetos,
escrito en papel á principios del siglo XV, y el
3.°, que está escrito en vitela á principios del
siglo XIII, rata de asuntos religiosos. i^Bre-
viarii fragmentum in qiio varice antiphonoe
im^eniuntw\ ciim cantil absque lineis. » Estos
tres tratados forman un códice en folio figu-
rando únicamente con el nombre del médico
árabe y la materia de que se ocupa.
En otro códice del siglo XIV, estante
iig, plúteo 3.% número 7, hay con diez tra-
tados de religión, unas prescripciones tera-
péuticas y la manera de aplicarlas, y entre los
varios códices que por su encuademación co-
mún forman uno solo, recuerdo también otro
de fines del siglo XV en el estante 1 14, plúteo
2.°, donde con los proverbios de Séneca tra-
ducidos y glosados por el Obispo de Burgos
Alonso de Cartagena, hay otro manuscrito de
recetas, «para los suelos de caballo que se le
quiebran.»
Siento que lo corto de mis alcances para
dominar tan extenso campo, mi insuficiencia
para estos trabajos y el mucho tiempo y pa-
ciencia que requiere un completo y minucioso
catálogo de una Biblioteca tan importante
14
como esta, no me permitan dar á conocer en
este modestísimo libro que ofrezco hoy á la
indulgencia del público, todo lo que encierra
y guarda esa célebre y nunca bastante enco-
miada Biblioteca referente á historia, ciencia
y arte militar, todo lo que hay alli de curioso
y digno de detenido examen.
Deseo dar al Ejército y al público en ge-
neral un vade niecinn de ella, y es justificado
mi propósito, porque los ilustrados jefes y
oficiales del Ejército han de encontrar fácil-
mente en la Biblioteca del Escorial datos y
materiales de gran utilidad para los diferentes
cuerpos dependientes del Ministerio de la
Guerra y del Ministerio de Marina, pues no
sólo interesa el conocimiento de las obras
científicas especiales á los cuerpos facultati-
vos del Ejército y Armada, sino que hay
también muchos manuscritos curiosos y mu-
chos de historia, literatura y arte militar de
verdadera importancia para los que perte-
necen á las armas generales, donde cuenta el
Ejército español con hombres de reconocida
ilustración, y me complazco en consignarlo
así, porque está, por desgracia, muy genera-
lizado el error de que en las armas generales
de nuestro Ejército se carece de instrucción y
aun de la cultura intelectual indispensable
15
hoy á todo el que ocupa un¿i mediana po-
sición en la sociedad ó ejerce un cargo en
ella. Hay en el Ejército dignísimos represen-
tantes de las armas generales, en todos los
ramos y manifestaciones del saber humano y
pueden competir muchos de ellos con los más
ilustrados jefes y oficiales de dichas armas en
los ejércitos extranjeros.
Como el Ejército y la Armada se com-
ponen de diferentes cuerpos é institutos que
reciben una instrucción especial, cuyo con-
junto de conocimientos constituyen toda la
ciencia en general, fácil es comprender que
para todos hay materia adecuada á su pro-
fesión en esta Biblioteca, sin excluir además
de los cuerpos facultativos á los llamados,
aunque impropiamente, auxiliares, como son
los de Sanidad militar y Administración Ju-
rídico militar y Castrense. Por eso incluyo
también en mi trabajo una reseña detallada
de manuscritos de Medicina y de algunos de
Derecho, acompañando al catálogo de los
códices interesantes de Medicina una breve
noticia histórica de la medicina española.
Cualquiera que se dedique algún tiempo
á los estudios bibliográficos y al examen de
nuestras Bibliotecas, fácilmente conocerá cuan
grande ha sido siempre en España el nú-
16
mero de escritores que han vestido el hon-
roso uniforme del Ejército. Y comparando el
número y el valer de ellos, se comprueba per-
fectamente que no es exacta la vulgar creen-
cia de la falta de ilustración de nuestro Ejér-
cito, pues en todas las épocas ha sido siem-
pre el Ejército español digno representante
de la ciencia y de la literatura, y acaso en
mayor proporción que lo han estado las cla-
ses civiles de la sociedad en los diferentes
periodos de nuestra historia. Un gran nú-
mero de nuestros antiguos y modernos poetas
y escritores, han pertenecido y pertenecen
al Ejército. El famoso cronista Pérez de
Guzman, Lope de Vega, Calderón y el cé-
lebre Lope de Ayala, que tan admirablemente
describía los sucesos en que como soldado
tomaba parte activa, son elocuente prueba de
que no eran antagonistas en nuestra Patria
las armas y las letras, sino que por el con-
trario, vivieron siempre unidas en fraternal
consorcio, y nos lo demuestra Jorge Manri-
que tan dulce en sus cantares, como bravo
en los campos de batalla. Se ha dicho, y es
muy cierto, que los hombres que por mode-
rados y prudentes aman la paz^ suelen ser los
más formidables en la guerra. No están re-
ñidas, dice Hervás en su vida del hombre,
17
la pluma y la espada, antes al contrario, son
muy compatibles, y en un general, absoluta-
mente necesarias. Recordemos la exacta com-
paración que hace Rustant en el tomo 8.° de
sus décadas de las guerras de Alemania é
Inglaterra. «Un general sin letras, es lo mismo
que un viejo decrépito sin báculo, que á cada
paso tropieza, y si por desgracia cae, no se
puede levantar. »
Va nuestro Diaz del Castillo á Méjico y
siendo la primera figura militar que allí des-
cuella entre los guerreros españoles, nos deja
escrita la historia de una conquista, á la cual
contribuyó con su espada é inmortalizó luego
con su galana pluma. Hurtado de Mendoza,
poeta, general y embajador de Carlos V, es-
cribe la conquista de Granada. El gran lirico
Garcilaso muere como bravo al asaltar una
plaza y el sublime Ercilla encuentra la inspi-
ración de sus poemas épicos en el fragor de
los combates. Juan de Herrera sirvió también
en el ejercito de Italiay por último, cual la más
respetable figura del cuadro de nuestras glorias
militares, tenemos á Miguel de Cervantes
Saavedra, ilustre manco de Lepanto y cau-
tivo en Argel que nos deja como honroso
é incomparable monumento de las letras es-
pañolas, la obra más castiza, más original.
18
más filosófica y perfecta del ingenio hu-
mano.
Sería prolijo y ageno yá á este libro men-
cionar el gran número de nuestros escritores
militares, entre los cuales, y á grandes ras-
gos, incluiremos á Cetina, Figueroa, Rios,
Rebollo, Zarate, el marqués de Santa Cruz,
Espronceda, Rivas, San Miguel, Zarco del
Valle, Escosura, Fernandez de Córdoba, Con-
de de Clonard. El general y el coronel Fer-
nandez San Román, Mariano Pérez de Castro,
Luxan, Odriozola, Enrile, Sanchiz, Várela,
Bernaldez, Ros de Olano, Vallecillo, Sichar,
Conde de Cheste, Ameller, Osorio, Servet,
Azcárraga, Buzarán, Arteche, O'Ryan, íbañez.
Letona, Corsini, Coello, Justiniano, Cotarelo,
Pardo, De Gabriel, Mariategui, Vidart, Seijas,
Pérez de Rozas, Navarrete, Diana, Jiménez
Sandoval, Serra, Martínez Pouwes, Velasco,
Plasencia, Martiniano Moreno, Capdepon
Montero Gabuti, O lave, Ferrer de Couto, Be-
llido, Carrafa, Turnelle, Llanos, Madariaga,
Alcaráz, Verdú, Alameda, Almirante, etc. etc.,
haciendo especial mención de nuestro malo-
grado é inolvidable amigo mió, profundo filó-
sofo y primer tratadista militar el Comandante
de infantería D. Francisco Villamartin.
Los cuerpos auxiliares del Ejército tie-
19
nen también dignísima representación en esta
galería de escritores militares, y respecto á
los que han pertenecido al cuerpo de Sani-
dad, daré una breve noticia de ellos en el ca-
pítulo de este libro, referente á los códices de
Medicina, haciendo entonces una ligera escur-
sion por la historia de la Medicina militar espa-
ñola. También deben figurar en este palen-
que de la inteligencia los jefes y oficiales de
nuestra Armada. Léase la historia de ella y
se verá con cuanto aprovechamiento han cul-
tivado siempre todos los ramos del saber hu-
mano. En la actualidad, y entre varios que
no nombro por no hacer interminable este
capítulo, haré mención del distinguido escri-
tor, académico de la historia, D. Francisco
Javier de Salas, y de los ilustrados jefes de
la Armada Cándido Barrios, Fernandez Duro,
Negriny Aguirre de Tejada.
El Ejército español no ha permanecido
nunca estacionario á los progresos de la cien-
cia, ni ocioso jamás al cultivo de la literatura
á la que ha mostrado singular predilección, y
mientras se consagraba al estudio y á las le-
tras, según nos lo demuestran los códices del
Escorial, con la misma abnegación y entu-
siasmo encontramos descritas en esos códices
y en las crónicas de la historia las proezas
20
militares y navales de un Ejército, que como
dice el Conde de Clonard «recorrió triun-
fante la Francia, la Italia, la Bélgica, la Ho-
landa, la Alemania y el Portugal, cruzó los
estrechos de Hércules y los Dardanelos, llevó
su fama al África y al Asia y descubrió y
conquistó un Nuevo Mundo.» La historia mi-
litar de nuestra Patria y su historia artística
y literaria, son las mejores historias que con
más orgullo puede recordar España.
Hoy, más que nunca, debe el Ejército, á
la sombra de la paz, consagrarse exclusiva-
mente al estudio y á las letras, para tener
una legitima y fundada representación, á que
es acreedor, en la historia del progreso hu-
mano. Dice Rustant «un oficial por valeroso
que sea, si es sin letras, es despreciable en
tiempo de paz, y en la guerra no merece se
le confie el mando del menor destacamento.»
Recuérdese la sentencia de M. Aurelio de que
«con el consejo de los hombres sabios se sus-
tenta lo que con el esfuerzo de los hombres
valerosos se gana,» y tengamos presente, que
como manifiesta Solis, en su conquista de
Méjico, en la guerra pelea más la cabeza que
las manos.
Sean nuestras Bibliotecas en tiempo de
paz el mejor arsenal científico del Ejército
21
español, porque de un cupidillo ocioso en el
cuartel, dice Codorniu en su filosofía moral,
no se puede esperar en campaña «sino fla-
quezas de niño y tiros de ciego.»
Entre los códices que existen en la Bi-
blioteca de manuscritos del Escorial, encon-
trarán nuestros escritores y los jefes y oficia-
les del ejército mucho útil y bueno que con-
sultar, no poco curioso que leer. El hacer
fácil la lectura de esos códices y el dar cono-
cimiento al público de los que allí existen, hé
aquí el objeto de mi libro.
CAPITULO II
LA BIBLIOTECA DEL ESCORIAL
CONSIDERACIONES GENERALES.
Al levantar Felipe II el grandioso mo-
numento de San Lorenzo del Escorial, colo-
cando el día 23 de Abril de i563 su primera
piedra, erigió una iglesia á Dios, un templo á
la ciencia y un museo á las Bellas Artes.
Durante el año i562 no se habia hecho
más que preparar el terreno para la edifica-
ción y reunir los materiales necesarios para
comenzarla, y el i3 de Setiembre de 1584 se
puso la última piedra de una obra tan colosal,
que nadie se cansa de admirar y que todos
cuantos gozan del placer de verla consideran
digna de la fama y justo nombre que ha al-
canzado. Como obra religiosa de que cual
ninguna pudo aprovecharse la ciencia en pri-
24
mer término, nos lo demuestran de una ma-
nera evidente las ricas Bibliotecas de impre-
sos y manuscritos del monasterio de San Lo-
renzo. Como precioso museo donde se cobi-
jaron todas las Artes, nos lo indican los pre-
claros nombres de esa pléyade artística que
en digna y brillante emulación dejó impresas
en el Escorial las huellas de su genio, tras-
mitiendo á los siglos venideros tantas y tan
legítimas glorias para la historia del arte en
nuestra Patria. Y hé aquí la importancia del
Escorial considerado, como yo le considero
ahora, más aún que por su utilidad religiosa,
por su valor científico, pues nada debe ser
más grato á Dios que el ver cómo es posible
realizar en el mundo el útil y armónico con-
sorcio del cuito católico con provechosas
obras de caridad, al fundarse junto á una igle-
sia un hospital, ó erigir como Felipe II un
templo al Señor y un culto imperecedero á la
inteligencia y á las Artes.
Los nombres y materias de los códices
que aún se guardan en la Biblioteca del Es-
corial que tantas pérdidas y siniestros ha su-
frido, nos indican claramente que la ciencia
ha tenido allí un hospitalario asilo y las obras
de Fernandez Navarrete, Zúcharo, Lucas Jor-
dán, Rómulo Cincinato, Tibaidi, Coello, Car-
25
vajal, Ribera, Ticiano, Carducho, Barroso,
Urbino, etc., etc., nos ponen de relieve que es
el Escorial suntuoso templo de las Artes.
La arquitectura está representada por el
talento de Juan Bautista de Toledo, que co-
menzó la obra y que es autor también de un
códice sobre el cuerpo cúbico y por el genio
colosal del famoso Juan de Herrera, quien
reemplazando á su maestro, la dirigió y ter-
minó.
La escultura, la música, de la que es fá-
cil en el Escorial, según todos sus progresos,
porque está escrita su historia religiosa en
numerosas obras (de las cuales se ocupan el
ilustrado compositor y literato D. Francisco
Asenjo Barbieri y el reputado maestro, mi inol-
vidable amigo D. Cosme de Benito) todas las
maravillas, en fin, de los artífices más distin-
guidos, rivalizan en el Escorial en mérito y
valor. La ciencia en todas sus manifestacio-
nes, todos los arüstas más notables españoles
y extranjeros, se encuentran alli representados.
Libros, códices antiguos, estampas, miniatu-
ras, orlas, adornos y viñetas, cuadros, escul-
turas, brocados de oro, telas riquísimas, hierro,
bronces y maderas, toda nuestra industria,
toda nuestra inspiración, todo el ingenio de
España está coleccionado allí, cual si todo
26
hubiera acudido al Monasterio de San Lo-
renzo del Escorial á disputar la gloria y el pre-
mio de un certamen.
Pero dejemos esta ligera digresión, hija
del entusiasmo fervoroso que yo siento y de
la admiración y cariño que el Escorial me ins-
pira y fijémonos en el motivo que me impulsa
á publicar este libro acerca de los manuscritos
de historia, ciencia, arte militar y otros mu-
chos literarios y muy curiosos, existentes en
dicha Biblioteca, una de las más célebres del
mundo y digna por cierto de mayor protec-
ción y más amparo, porque es criminal la in-
diferencia con que se ha visto y el abandono
en que por desgracia ha estado. Las pingües
rentas que Felipe II señaló para su sosten y
acrecentamiento se emplearon luego en otros
fines y para otros usos; los ejemplares de cada
una de las obras que se publicaban en Es-
paña y que debian sus autores ó editores man-
dar al Escorial, dejaron de remitirse. Sus con-
signaciones posteriores fueron suspendidas, y
hasta sorprende que aún exista y haya en
ella impresos y manuscritos que se han sal-
vado de los incendios y de otras muchas cau-
sas y pérdidas desastrosas, é incalificables al-
gunas, que sería ocioso exponer hoy. ¿Por qué
existiendo en España un ilustrado Cuerpo
27
oficial que tanto vale, de archiveros y bibliote-
carios no ha estado siempre encargado de su
custodia y conservación? Y téngase muy pre-
sente que estos destinos de tanta importancia
científica y de tanta responsabilidad material
han de retribuirse bien yá que han de ocu-
parlos honrados, celosos é inteligentes servi-
dores. Pero felizmente para la Biblioteca del
Escorial, al dejar yo con todo el sentimiento
de mi alma este Real Sitio en Noviembre del
año 1875, fué nombrado por S. M. el Rey
Don Alfonso XII, Bibliotecario del Escorial y
me complazco en consignarlo aquí, un sabio
eclesiástico Polaco, de profunda ilustración y
dignísimo para el desempeño de su cargo.
Fué el primer Bibliotecario del Monas-
terio de San Lorenzo el P. Fr. Juan de San
Gerónimo, al que Felipe II encargó la forma-
ción y custodia de esta Biblioteca, cuya colo-
cación dispuso en el claustro principal y á
quien se hacían las entregas de libros que se
iban recibiendo. Éstos fueron clasificados por
el célebre Arias Montano con ayuda de
Fr. Juan de San Gerónimo y del P. Sigüenza
que quedó después encargado de la Biblioteca
y de cuyos bibliotecarios tendremos ocasión
de ocuparnos en este libro, por los códices que
escribieron y que se conservan aún.
28
La primera entrega de libros fué la de la
Biblioteca de Felipe II, que en el año 1575
mandó llevar cuatro mil volúmenes impresos
y manuscritos, para que sirvieran de base á la
formación de esta Biblioteca. También dio
este Monarca la cantidad de dos mil ducados
para que se hiciera una librería para uso de
los monjes y ordenó que en todas las celdas
se colocasen libros religiosos, con objeto de
que con ellos pudieran cultivar su inteligen-
cia. El segundo donativo y de los de más valor,
fué el que hizo en su testamento á favor del
Rey el insigne literato y embajador de España
en Roma y en Venecia D. Diego de Mendoza.
Siendo Felipe II el heredero de sus mejores
bienes, pues su Biblioteca era lo que más va-
lía, le pagó todas sus deudas y fueron entre-
gados estos libros en 1576. Son de los de
mayor mérito que aún se conservan en la Bi-
blioteca, pues además de los manuscritos habia
algunas ediciones del siglo XV.
Por orden de Felipe II se agruparon tam-
bién á esta Biblioteca ciento treinta y tres vo-
lúmenes de la Capilla Real de Granada, enri-
queciéndose además con los libros del Arzo-
bispo de Tarragona Antonio Agustín, con no-
venta y cuatro volúmenes de la testamentaría
del Obispo D. Pedro Ponce de León, que re-
29
cogió y envió Ambrosio de Morales como de-
signado para desempeñar esta comisión, con
los doscientos treinta y cuatro impresos y ma-
nuscritos del Historiador de Aragón y Secre-
tario Gerónimo de Zurita y con los ochenta y
siete volúmenes del Dr. Juan Paezde Castro.
En Mallorca y Barcelona y en los Monaste-
rios de la Marta y de Poblet se recogieron
doscientos treinta y tres volúmenes, la mayor
parte pertenecientes á las obras de Raimundo
Lulio que se conservan muchas y cuyos códi-
ces he podido examinar con alguna detención.
El visitador D. Martin de Córdova se encargó
después de recoger treinta y un manuscritos
de D. Diego González, Prior de Roncesvalles;
vinieron de la Inquisición ciento treinta y nue-
ve libros prohibidos y de los que Sorojas te-
nía en su poder, del Rey, ciento treinta cuer-
pos. El P. Benedicto Arias Montano, enri-
queció é ilustró esta Biblioteca con doscientos
seis volúmenes, entre los cuales hay que enu-
merar setenta y dos manuscritos originales,
hebreos, griegos y arábigos. D. Alonso de Zú-
ñiga regaló cuarenta y cinco libros, y de la Bi-
blioteca del Marqués de los Velez se trajeron
cuatrocientos ochenta y seis, la mayor parte
manuscritos griegos de muchísimo interés. De
la testamentaría del Cardenal de Burgos nove-
30
cientos treinta y cinco y además otras muchas
donaciones particulares. En el año de 1606 se
agregaron los libros del Licenciado Alonso
Ramírez del Prado que adquirió Felipe II por
la aplicación que de sus bienes se hizo al
fisco.
Felipe II mandó comisionados á todas
partes en busca de manuscritos y reliquias
que trajeron de Italia, Flandes y Alemania,
ordenando incautaciones en todos los domi-
nios de su corona, hasta el extremo de que
podemos considerar á dicho Rey excitado por
sus ideas religiosas y por sus sueños de cen-
tralización en el Escorial, como al primero y
más entusiasta incautador que ha habido en
España de todas las obras de ciencia, arte y
objetos religiosos, y prescindiendo ahora de
su conducta política como Monarca y de las
consecuencias de su gobierno, preciso es re-
conocer que desenterró la Historia de las an-
tiguas crónicas, registró los archivos parro-
quiales, dio amparo á la ciencia y la engran-
deció. Los escritores mandaban á la Biblioteca
del Escorial sus manuscritos inéditos, y fácil
es recordar entre otros muchos á Ambrosio
de Morales y á Julio Claro. El morisco Alonso
del Castillo fué comisionado por Felipe II
para la adquisición de libros, pero principal-
31
mente arábigos, formando luego un curioso
índice de todos los volúmenes árabes conser-
vados en el Monasterio de San Lorenzo que
publicó el alemán Ottinger en 1668 en su Bi-
blioteca oriental impresa en Heidelverg.
En tiempo de Felipe III se agregó á la Bi-
blioteca del Escorial la famosa librería del
Rey Zidan, según expresa el manuscrito en
que, ocupándose de la historia, vida y hechos
de Felipe III, dice así: «Durante su reinado,
Pedro de Lara, capitán de las galeras de
España, encontró junto á Zalé en el mar
de Berbería dos navios que conducían la
recámara de Muley Zidan, Rey de Marrue-
cos, apoderándose de ellos y de todas las
riquezas que contenían, entre las que figu-
raban la Biblioteca del Rey compuesta de
más de cuatro mil manuscritos árabes, tur-
cos y persas.))
«Quiso el Rey de Marruecos apesadum-
brado por tan irreparable pérdida rescatar á
toda costa su famosa librería, pero Felipe III
despreció el dinero que por ella le ofrecía y le
exigió en cambio la libertad de todos los cau-
tivos cristianos, lo cual impidió la guerra civil
de sus vasallos por aquella época y como pa-
sara el tiempo y el cambio no se efectuase,
dispuso Felipe III enviar los manuscritos al
32
Monasterio del Escorial, dirigiendo con este
motivo al Prior la siguiente carta. »
«Yo el Rey.» — «Venerable y devoto
P. Fr. Juan de Peralta, Prior de San Lo-
renzo el Real.» «Sabed que el año pasado de
mil y seiscientos y doce se hizo presa por al-
gunos bajeles de mi armada sobre el puerto
de la Mámora, de la librería del Rey Zidan y
mandé traerla á esta corte y que se entregase
á Francisco de Gurmendi, mi criado, que me
sirve en la traducción é interpretación de las
lenguas arábiga, turquesa y persiana, para
que viese y reconociese qué libros eran, los
cuales están en su poder y me ha hecho rela-
ción que son cuatro mil libros, veinte ó treinta
menos y los más sin títulos, y hasta quinien-
tos de ellos desencuadernados.» «Que ha-
biendo trabajado mucho en dividirlos y po-
nerlos en orden por sus ciencias y facultades
ha hallado que dos mil cuerpos de libros y
más son esposiciones sobre el Alcorán y cosas
de aquellos errores y los demás de diversas
materias y letras de humanidad, filosofía, ma-
temáticas y algunos de medicina, suplicán-
dome fuese servido de mandar que los dichos
libros se llevasen á San Lorenzo el Real,
haciéndole á él merced que se le queden al-
gunos para sus estudios y para traducir en
33
nuestra lengua castellana, y habiendo visto
juntamente con esto un memorial que en
vuestro nombre se me ha dado en que pedis
que porque entre los dichos libros hay mu-
chos vedados, se depositen ahi los que lo son
(pues está ordenado se haga esto de todos los
vedados) y que se pongan en la Real librería
della como los demás que hay manuscritos,
he resuelto y tengo por bien que el dicho
Francisco de Gurmendi haga llevar allá los
dichos libros y se entreguen en depósito al re-
ligioso ó persona que vos nombraredes para
que los tenga apartados de los otros libros,
tanto vedados, como no vedados, hasta que
yo ordene lo que se ha de hacer de ellos, sin
que de ninguna manera se mezclen con otros,
poniéndolos aparte en un lado de la librería
más alta de esa casa ó donde mejor os pare-
ciere y que el dicho Francisco de Gurmendi
se halle presente al tiempo de entregarlos y
ponerlos en San Lorenzo, para que ponién-
dolos con la distancia de las materias que él
ha apuntado estén juntos lo más que se pu-
diere los de cada facultad y se conserven y
hallen más pronto cuando convenga.» «Que
al dicho Francisco de Gurmendi se le dejen
algunos libros de todas facultades y ciencias
que él tuviere por necesarios para sus estu-
34
dios de la dicha lengua arábiga, como son vo-
cabularios y otros de la propiedad y elegancia
de la lengua y el dicho Gurmendi podrá tra-
ducir en castellano algunos que parezcan me-
recerlo por ser materias morales ó de histo-
ria.» «El cual y el religioso ó persona á quien
se entregaren los libros se han de tratar fami-
liar y amigablemente cuando se les ofreciere
alguna ocasión de los dichos libros; asi os
mando que en esta conformidad deis orden
que se reciban en esa casa los dichos libros y
que en la custodia dellos y lo demás se guarde
puntualmente lo que va resuelto y declarado
en esta mi Real cédula^ sin esceder dello en
ninguna manera que así conviene á mi servi-
cio y es mi voluntad.» «Dada en Madrid á
seis de Mayo de mil seiscientos y catorce
años.» — «Yo el Rey.» — «Gregorio de Ciriza.»
Los cuatro mil volúmenes entregados por
Felipe II como base de esta Biblioteca, se dis-
tinguen por su encuademación especial, que
es de tafilete negro ó morado sobre tablas y
ostentan sus armas grabadas en el centro.
También se conocen por su encuademación
los procedentes de D. Diego de Mendoza; son
sus cubiertas negra la una y encarnada la otra
y tienen estos libros enmedio un medallón
elíptico. El corte de las hojas es en muchos de
35
dos colores con unas lineas paralelas doradas
que corren de alto á bajo.
Quien desee consultar sobre el origen y
procedencia de los manuscritos existentes en
el Escorial y sobre la fundación de la Biblio-
teca y Monasterio, revise los documentos del
archivo de San Lorenzo, las Memorias autó-
grafas del P. Juan de San Gerónimo (estante
1 17 plúteo í número Vil, códice fines siglo
XVI), las Memorias del P. Quevedo, los có-
dices del P. Sigüenza, la famosa Biblioteca
griega del P. Juan de Cuenca (18 códices del
siglo XVIII con el título de Clave de la Biblio-
teca griega del Escorial).
Todos los trabajos de los orientalistas
antiguos y modernos no han podido sin em-
bargo oscurecer la monumental obra de Ca-
siri, y continúa aún su Biblioteca arábigo-
escurialense, siendo el guia que señala y da á
conocer el mayor número de manuscritos
arábigos existentes en el Monasterio de San
Lorenzo. «Biblioteca árabe española del Es-
corial por el Presbítero D. Miguel Casiri, Doc-
tor en Teología», distinguido orientalista y
sabio bibliotecario: edición hecha bajo los aus-
picios de nuestro ilustre Monarca Carlos III;
dos tomos; obra publicada en Madrid en
MDCCLX por el impresor Antonio de Soto.
36
Se ocupa de los códices que tratan de gramá-
tica, retórica, poesía, lógica, filosofía, política,
medicina, historia natural, jurisprudencia, teo-
logía, geografía é historia y ciencia militar.
En la obra de Casiri constan los nom-
bres de un gran número de autores de la Bi-
blioteca árabe-española y de sus ilustres va-
rones. En el tomo segundo hay un interesante
índice alfabético biográfico-bibliográñco de
autores árabes; véanse los códices MDCXXXI,
página 14. — MDCLXVIII , página 71. —
MDCLXX, página 121.— MDCLXXI, página
1 33 y MDCLXXII, página 140. También en la
página 149 hay un curioso índice de las mu-
jeres que cultivaron las letras y ciencias en
España.
Se ocupa Casiri de mil ochocientos cin-
cuenta y seis códices arábigos, pero en el in-
ventario de los códices arábigos del Escorial
formado en 1859, figuran mil novecientos
cinco y además setenta y dos legajos sin cla-
sificar.
Todos los escritos de los árabes en be-
neficio de la ciencia, todos los destellos de su
sabiduría consignados en sus obras, todos los
códices que nos legaron, han ido desapare-
ciendo de España poco á poco. El Monasterio
del Escorial, un templo católico, ha sido su
37
último albergue, y Casiri el propagandista que
les dio publicidad, y si á juicio de personas
ilustradas y competentes en la materia hay en
su obra algunas omisiones y pequeñas inexac-
titudes, se reflejan en todas las páginas de ese
grandioso monumento literario levantado por
el genio de Casiri^ su laboriosidad infatigable
y su talento, al perpetuar como lo ha hecho, la
brillante historia científica de la dominación
árabe en España.
Tuvo también la comunidad del Escorial
un hombre eminentísimo en el estudio y co-
nocimiento de la lengua arábiga, el monge
Fr. Patricio de la Torre^ que dejó al morir mu-
chos opúsculos y trabajos literarios, legando
además cuarenta y siete manuscritos árabes
que habia recogido en sus expediciones por
África y que fueron luego reclamados por
D. Francisco Antonio de Góngora para entre-
garlos á la Real Biblioteca. Se conservan en
la Biblioteca de manuscritos del Escorial dos
códices interesantes de Fr. Patricio de la Torre,
uno titulado «Ensayo sobre la poesía de los
árabes» y otro sobre refranes arábigos, tra-
ducidos al castellano. Códices fines siglo
XVÍII. (Estante h.) En la Biblioteca de impre-
sos consta también yá publicado en Madrid
en 1787 el libro de Fr. Patricio de la Torre
38
¿
«Ensayos sobre la gramática y poética de los
árabes.» (Estante W. — Plúteo vj.)
No debemos olvidarnos de hacer constar
aquí y con profunda gratitud, que al ilustra-
do literato D. Antonio Conde, compañero de
trabajos arábigos de Fr. Patricio de la Torre,
debe la literatura Española la salvación de
la Biblioteca del Escorial, durante la inva-
sión francesa. Aunque partidario de ellos ó
afrancesado, conociendo el inmenso valor
de las riquezas literarias de que éstos querían
despojarnos, al llevarse los manuscritos de
dicha Biblioteca, como se llevaron los cua-
dros y el oro, plata y piedras preciosas de las
reliquias^ pudo salvar los códices de nuestra
Biblioteca por haber sido comisionado por el
gobierno francés para su traslación áese país.
Puso en unos cajones todos los manuscritos
y los llevó á Madrid, colocándolos en una
capilla del convento de la Trinidad, y haci-
nando sobre ellos muchos carros de libros
impresos para ocultar los códices, consiguió
salvarlos, y sólo se perdieron entonces algu-
nos libros impresos de esta biblioteca.
Entre los muchos manuscritos existen-
tes en la Biblioteca del Escorial los hay no-
tables, como luego expondremos en los dife-
rentes capítulos de este libro. Códices de
39
ciencia, historia y arte militar, crónicas de los
reyes de España, códices de medicina y lite-
ratura, hacienda y estadística, derecho, mo-
ral y religión. Aquí se encuentran todas
las obras de los clásicos griegos y latinos,
en estas lenguas y traducidas también al cas-
tellano. De Séneca, Marco Tulio Cicerón,
Terencio, Salustio, Horacio, Demóstenes,
Platón, Plinio y Valerio hay varios códices
en los estantes io8, ii3 y 114. Los li-
bros de Aristóteles en el estante 119. To-
das las obras de Hipócrates, Galeno, etc.,
etc., según manifestaremos al tratar de los
códices de medicina, que tanto abundan en
esta biblioteca y que se encuentran en grie-
go, en latin, en arábigo y en castellano,
constituyendo una verdadera riqueza lite-
raria para la historia bibliográfica de la me-
dicina.
Hay todas las obras de Séneca literarias y
dramáticas, traducidas al castellano por di-
ferentes autores, y recuerdo, entre otras tra-
ducciones, la hecha por Alfonso de Cartagena,
códice siglo XV, estante 108, plúteo 3.° En-
tre los manuscritos griegos los hay de gran
valor, en obras y en opúsculos, algunos iné-
ditos. Hay códices latinos sobre los empera-
dores romanos y catálogos latinos de digni-
40
dades romanas: la historia natural de Plinio
en varios códices.
Entre los latinos es notable el famoso
códice áureo que hoy se conserva en la bi-
blioteca alta y contiene los prefacios de san
Gerónimo, los cánones de Eusebio de Cosa-
rea, y los Cuatro Evangelios, escritos con
letras de oro por orden del Emperador Con-
rado y concluido en tiempo de su hijo D. En-
rique en el año de io5o. Más antiguos son
aún los códices Vigiliano y Emilianense que
tratan de los concilios, escritos en 976 y 994.
Hay la biblioteca arábigo-española de dere-
cho escrita por Averroes, año 705 de la Egi-
ra, historias de los Califas, varones ilustres,
sabios griegos, hebreos, cristianos y árabes.
Hay también un códice de interés bajo el
punto de vista biográfico, bibliográfico de Ga-
briel de la Vega, titulado: «Catálogo de los
varones ilustres y doctos en literatura que ha
tenido España, donde cada uno murió y las
obras que han dado á la prensa.)) Estante
1 16, plúteo S.*", número 2'-]. Hay varios códi-
ces sobre hechos y dichos de los filósofos, y
entre ellos uno que se titula: «Compendio de
la vida, hechos, dichos y costumbres de los
antiguos filósofos;» códice en vitela, de prin-
cipios del siglo XV, de Fr. Juan Gallensi.
41
Catálogo y breve noticia de los antiguos filó-
sofos y poetas, en número de 119. Estante
io3, plúteo 2.'', número 8.
Hay notables apocalipsis y entre ellos es
superior á toda ponderación uno escrito con
tanto lujo y con tan preciosas viñetas y pro-
fusión de ellas que puede presentarse este
códice como uno de los más sorprendentes y
curiosos de la biblioteca. Hay otro apoca-
lipsis de San Amadeo, escrito de su mano;
códice del siglo XV, estante i>!o, plúteo 3.°
Son dignos de especial mención entre los
manuscritos castellanos el «Censo general de
España,» de Felipe II, el fam.oso orde-
namiento auténtico de Alcalá y todas las
obras de Alfonso de Madrigal, vulgo el Tos-
tado.
Hay muchas y muy buenas obras reli-
giosas y entre ellas varias colecciones de in-
terés para la oratoria sagrada y para la poesía
religiosa. Se encuentran también las obras de
Santo Tomás de Aquino, San Isidoro, San
Leandro y Santa Teresa de Jesús. De esta
última, además de sus códices de la Biblioteca
de manuscritos, hay en el camarín del Mo-
nasterio cuatro libros suyos autógrafos que
tratan de su vida, de fundaciones, modo de
visitar los conventos de su orden y su cele-
42
bre libro «Camino de perfección.» Hay tam-
bién en dicho camarin entre los cuatro men-
cionados, otros dos libros notables, siendo el
más antiguo un tratado de San Agustin sobre
la administración del Bautismo á los párvu-
los, escrito en la primera mitad del siglo VII^
y es el otro un libro de los Evangelios que se
cantaban en la iglesia griega.
Entre varios códices de música existe uno
autógrafo de Fr. Antonio Soler, monge del
Escorial, titulado «Llave de la modulación y
antigüedades de la música,» códice en 4.° de
fines del siglo XVII, estante 120, plúteo 3.°
Hay también de Fr. Ignacio Ramoneda, mon-
ge del Escorial, un índice de la insigne libre-
ría del coro de dicho Real Monasterio, con
su historia, sugetos que trabajaron en su for-
mación, etc., códice en 4.*' del siglo XVIII,
estante 120, plúteo 3.° Y es de lo más notable,
yá que de ello nos ocupamos ahora, los libros
de coro del Escorial, siendo su mérito tan su-
perior, que no los hay iguales en el mundo;
son doscientos diez y nueve y tienen cada uno
vara y cuarta de alto por una de ancho; sus
hojas de piel de carnero, tan bien curtidas,
que ambas caras quedaron completamente
limpias y blancas, componiendo un total de
diez y siete mil pieles. El carácter de letra de
43
estos libros es bellísimo, estando las virgina-
les y letras iniciales muy bien iluminadas, y
contienen lindas viñetas con los misterios de
nuestra religión é imágenes de santos perfec-
tamente ejecutadas por Fr. Julián de Fuente
el Zaz, Fr. Andrés de León y Ambrosio de
Salazar. Estos fueron también los autores de
las preciosas viñetas pintadas en otro famoso
libro que se conserva en la sacristía del Mo-
ansterio de San Lorenzo del Escorial y es un
capulí lar io de sobresaliente mérito, con cu-
biertas de terciopelo carmesí y cantoneras y
manecillas de plata. Está escrito por el célebre
monge Martin de Falencia y contiene diez y
ocho viñetas y caprichosísimos adornos.
Hay en el Escorial algunos códices del
célebre Arias Montano, y de éste, y de varios
códices allí existentes en que se trata de la
Compañía de Jesús y en donde hay documen-
tos de importancia, he sacado curiosas co-
pias y útiles noticias de gran interés para la
historia de los Jesuítas en España.
En el capítulo en que nos ocupamos de
los códices de ciencia y arte militar y en el re-
ferente á Marina, constan los muchos manus-
critos (con figuras, planos y dibujos muchos
de ellos), que importa conocer á los jefes y
oficiales del Ejército y Armada y que han mo-
44
tivado más principalmente la publicación de
este libro.
Hay en el monasterio del Escorial una
numerosa colección de biblias, alcoranes, mi-
sales y breviaros, con preciosos adornos y mi-
niaturas en algunos y con letras de oro, orlas
y flores primorosamente ejecutadas.
En la Biblioteca del Escorial están el de-
vocionario de Isabel la Católica, el breviario
de Carlos V y el de Felipe II. Se conservan
misales en vitela de los siglos XIII y XIV y
diferentes martirologios y evangelios; hay un
antiquísimo breviaro mutilado, en vitela, del
siglo XII, con doscientos ochenta folios; es-
tante 120, plúteo 3.% y algunas biblias en la-
tín y en castellano escritas en los siglos XII,
XIV y XV.
En lengüistica hay muchos diccionarios,
vocabularios, gramáticas é índices antiguos;
hay claves de la biblioteca griega é índice al-
fabético de las interpretaciones de los nom-
bres hebreos, griegos y latinos. Un códice de
etimología, de voces castellanas en otras len-
guas, por el Licenciado Valverde, de princi-
pios del siglo XVI, estante 1 16, plúteo i .^
Diccionarios latino, arábigo, hebreo, ar-
menio y persiano; diccionario de nombres pro-
pios y un diccionario bíblico, códice en vi-
45
tela, folio máximo del siglo XII y con doscien-
tos sesenta y seis folios; estante 117, plúteo
i.°, número 8.
Hay libros manuscritos de actas capitu-
lares y extractos del archivo, Memorias autó-
grafas del famoso P. Antonio de Villacastin,
varias historias de la Orden de San Gerónimo,
catálogo de la Biblioteca del Vaticano, catá-
logo de la Biblioteca griega y latina del Car-
denal Sirlet y una colección de cartas intere-
santes copiadas de manuscritos del Vaticano
sobre asuntos literarios, y particularmente nu-
mismáticos; códices siglos XVII y XVIII, es-
tante 1 18, plúteo 2.°
En la Biblioteca de impresos hay también
obras notables, que es allí fácil encontrar, por-
que hay formados diferentes catálogos de esta
Biblioteca, situada en la galería alta del Mo-
nasterio y que merece se visite con mucha de-
tención. Se ven en ella algunos libros raros y
varios incunables y es la obra más antigua el
Speculiim vitce humance, impreso en Roma
por Pedro de Máximo en el año 1468, preci-
samente en el mismo año en que falleció el
célebre inventor de la imprenta Guttemberg.
Hay también algunas ediciones en vitela y un
ejemplar completo de la célebre Biblia regia
de Arias Montano, todas las obras de Santo
46
Tomás de Aquino, una edición de Virgilio de
1470 y otras muchas obras de que no debo
tratar ahora, pues sólo me ocupo en este libro
de los manuscritos del Escorial, que deseo
dar á conocer del modo más compendiado
que sea posible hacerlo. Quiero sin embargo
manifestar la existencia de una preciosa co-
lección de grabados que se guardan en la Bi-
blioteca principal, porque es magnífica y con-
tiene láminas admirables de Alberto Durero,
Lúeas de Holanda, Miguel Ángel y otros cé-
lebres artistas. Hay también varios dibujos de
las ropas de la sacristía del Monasterio. No
existe catálogo oficial y detallado de esta co-
lección de estampas de tanto mérito, pero ha
tenido la paciencia y el buen gusto de formar-
lo, aunque todavía no lo ha dado á luz mi ex-
celente amigo y distinguido crítico D. Cefe-
rino Araujo, quien no sólo cultiva con espe-
cial talento las bellas Artes, sino que se ocupa
además, y con acierto, de literatura, habiendo
publicado varios trabajos literarios, y entre
ellos creo que ha dado yá á conocer el códice
de los cuentos de Calila y Dina existentes en
la Biblioteca del Escorial.
Al entregar en i85g la Biblioteca del Es-
corial al dignísimo P. D. Gerónimo Pagés
existían, según el inventario que se hizo, vein-
47
ticinco mil cuarenta y tres impresos y cuatro
mil seiscientos cuatro manuscritos, constitu-
yendo un total de veintinueve mil seiscientos
cuarenta y tres volúmenes. Habia entre los
manuscritos quinientos ochenta y tres códices
griegos, mil novecientos cinco arábigos, va-
rios legajos sin clasificar, setenta y tres he-
breos y dos mil cuarenta y tres latinos^ caste-
llanos y en otras lenguas.
No es posible ocuparse de la Biblioteca
del Escorial sin dedicar un grato recuerdo de
admiración y entusiasta agradecimiento al sa-
bio Rey D. Alfonso X, protector de todos los
hombres de ciencia sin distinción de religio-
nes ni de razas. Todas las inteligencias halla-
ron en D. Alfonso decidida protección, y para
ejemplo de tolerancia religiosa que tanto con-
trasta con el injusto proceder de otros monar-
cas, y como prueba evidente de que antes que
á las cuestiones teológicas atendía primero á
los progresos de la ciencia, reunió en Toledo
á todos los hombres eminentes en matemáti-
cas y en astrología, cristianos, judíos y moros
para que discutiesen en su presencia y corri-
gieran los defectos de las tablas Ptolomáicas,
cuya obra duró diez años, formándose en ese
tiempo las conocidas con el nombre de Alfon-
sinas.
48
Aumentó el Rey D. Alfonso las cátedras
de la Universidad de Salamanca, llamó á los
sabios de Egipto para aprender con ellos y es-
cribió de todo cuanto puede abarcar la inteli-
gencia humana, revestida de las galas de la
poesía y del sentimiento, siendo sus obras y
las que él mandó escribir, que se encuentran
en diferentes códices de la Biblioteca del Es-
corial, objeto de admiración y de alabanza im-
perecedera. Dice el P. Sarmiento: «Todo
cuanto hizo escribir el Rey es un preciosísimo
tesoro de la lengua castellana del siglo XIII;
por esto se debían registrar todos los archivos
y bibliotecas hasta tropezar ó con ios origina-
les ó con las copias más coetáneas para rec-
tificar el texto y después hacer una magnífica
edición de todo cuanto el expresado Rey es-
cribió ó mandó escribir para el conocimiento
de la antigüedad y etimología de la significa-
ción de muchas de nuestras voces. »
Al revisar algunos códices del Escorial,
¿cuántas veces he recordado los justos deseos
del P. Sarmiento en asunto de tanto interés
para nuestra patria y para la gloria y presfigio
de la monarquía? ¿No han debido nuestros re-
yes permanecer indiferentes á la perpetuación
y publicidad de tan grandioso monumento li-
terario, yá que en sus archivos y en la Biblio-
49
teca del Escorial hay materiales de riquísimo
valor para la obra? Existen en ella muchos
códices del Rey D. Alfonso X y otros varios,
como sus cantigas, que se llevaron á la Aca-
demia de la Historia, podrían reunirse para
formar una sola colección. Del maestro Ber-
nardo y Abraham Alfaqui he visto un códice
traducido del árabe por mandato del Rey Don
Alfonso y se titula «Azarchel,» fábrica y usos
de la azafelia; se encuentra en el estante 107,
plúteo 2/ Hay también un curiosísimo códice
en folio mayor y en vitela del siglo XIV so-
bre «el juego de axedrés, dados y tablas, etcé-
tera,» mandólo ordenar el Rey D. Alfonso el
Sabio con explicaciones y pinturas para en-
tenderlos y en cuyo final se lee: «Este libro
fué comenzado é acabado en la cibdad de Se-
villa por mandado del muy noble Rey D. Al-
fonso, en treinta y dos años que el Rey sobre-
dicho regno, en la Era de i32i anno.»
Jehudah-Mosca, llamado el Catón, y que
nació en Toledo, fué médico del Rey D. Alfon-
so X, y en el año de i25o concluyó la traduc-
ción castellana que siendo Infante D. Alfonso le
mandó hacer de una obra antigua escrita en
lengua arábiga y que trata ^^de trescientas sesen-
ta piedras, según los grados de los signos ce-
lestes, del color de cada una de ellas, nombre,
50
virtud^ lugar en que fué hallada y figuras de
los signos que reciben su valor y fuerza. »> Este
(^famoso lapidario^) fué escrito primero en
Caldeo, después traducido al arábigo por un
moro llamado Abolays, y según parece, lo te-
nia escondido maliciosamente un judío tole-
dano de quien pudo tomarlo el Rey D. Al-
fonso X é informado de su mérito, encargó la
traducción castellana a su médico, el hebreo
Jehudah-Mosca. He tenido ocasión de exami-
nar detenidamente tan preciosos códices, ador-
nados con pinturas y de los cuales estaba sa-
cando unas excelentes copias fotográficas en la
época de mi permanencia en el Escorial mi
amigo y distinguido fotógrafo D. Antonio
Selfa, que también habia yá obtenido antes la
copia de las obras autógrafas de Santa Teresa.
El códice «Bocados de oro» que existe en la
Biblioteca del Escorial, se atribuye á D. Al-
fonso, y hay además en dicha Biblioteca sus
leyes de partida y varias crónicas referentes á
este Rey á quien la posteridad hizo justicia.
¡Siempre son justos los severos é imparciales
fallos de la historia cuando tiene que registrar
en sus anales y en sus más brillantes páginas
de gloria los ilustres nombres de Monarcas
como D. Alfonso el Sabio y Carlos III !
CAPITULO III
HISTORIA, CIENCIA Y ARTE MILITAR
En el período más glorioso de nuestra
preponderancia militar también las Artes y las
letras llegaron á su mayor apogeo de gloria y
de cultura en nuestra patria, siendo España
el emporio de la ilustración de Europa y un
foco constante de luz y de progreso en los di-
versos ramos y manifestaciones del saber hu-
mano.
Las páginas de la Historia militar y lite-
raria de España en el siglo XVI, son de en-
grandecimiento material é intelectual, porque
todo floreció en aquella época en que no habia
obstáculos que pudieran detener la marcha
de nuestras tropas, ni pueblos que no apren-
diesen algo de nuestras escuelas ó escuchasen
52
con entusiasta admiración y profundo respeto
la autorizada voz de los maestros españoles.
Nuestra ilustración se comunicó á todo el
mundo; actividad febril que se desbordaba
bajo formas diferentes, pues al mismo tiempo
que la Monarquía se engrandeció con la fuerza
de las armas, iban nuestros sabios á todas
las naciones, y más principalmente á Italia,
Francia y Alemania, cuyos países recibieron
entonces de España el fermento de su civiliza-
ción con la ciencia y el dominio y la ley que
nuestras tropas imponían á los pueblos de
América y de Europa, con el poder de la vic-
toria en sus combates y conquistas.
Todas las obras clásicas griegas y latinas
se traducían en nuestro país en diferentes idio-
mas, todas se comentaron y toda la ilustra-
ción de los árabes la difundió España por Eu-
ropa. No había entonces poetas que rivaliza-
ran con Argensola, Herrera y Garcilaso; his-
toriadores como Mariana y Mendoza; huma-
nistas como Nebrija; médicos famosos y es-
cuelas como las nuestras; las matemáticas, la
astronomía, las ciencias naturales, la topogra-
fía militar y médica, las expediciones científi-
cas, no estaban en ninguna nación á la altura
de adelantos que en España. En este siglo de
vida y desarrollo intelectual, nos dice la His-
53
toria que el Emperador Carlos V derrota á
Francisco I de Francia y haciéndole prisio-
nero le conduce á Madrid. Y ese mismo Em-
perador que encerraba al Rey de Francia en
la torre de los Lujanes, toma á Roma, des-
hace la liga formada por el Papa Clemente
VII y pone preso al Sumo Pontífice en el cas-
tillo de San Angelo. En lo militar, humilló el
poder militar de Francia, y se sobrepuso á
todas las influencias y poderes religiosos de
la época, al decretar la prisión del Jefe Su-
premo de la Iglesia. Marchó Carlos V á África
con cincuenta mil hombres en i535, entró en
Túnez y en la Goleta, volvió al África para
combatir contra Bárbaro ja, hizo la guerra á
los turcos, se impuso en Alemania y en Italia,
en África y en Flandes, y sin contar con sus
conquistas en Europa, engrandeció la Monar-
quía con las de Méjico, el Perú, Chile y el Pa-
raguay, engarzando á su corona las ricas joyas
de nuevos dominios y extensas posesiones en
América. Su hijo Felipe II gana la memora-
ble batalla de San Quintín en i557 y funda el
Monasterio del Escorial, que ha de servir de
hospitalario asilo á la ciencia; manda al fa-
moso Duque de Alba á Portugal y en dos
batallas le conquista un reino. La Armada
española coaligada y al mando de D. Juan de
54
Austria, derrota á los turcos en Lepanto en
1 571^ y Cervantes, héroe de esa jornada, es
el español más ilustre de nuestras glorias lite-
rarias.
La monarquía militar del siglo XVI no
se opuso al imperio de las letras, pero faltaba
sin embargo algo en nuestra patria; el cielo de
su gloria era triste, y muy sombrío el hori-
zonte desús conquistas; la nube que oscurecía
la luz de la razón, esclavizando también las
conciencias, era que faltaba aún en España
para consolidar la civilización, la fuerza es-
pansiva y fecundante de la libertad política y
civil subyugadas por el fanatismo de la época.
Las crueldades de Felipe II en los Países
Bajos, la muerte de Lanu/.a y otros hechos y
actos de su gobierno, nos demuestran que la
razón y el derecho sufrían de una manera de-
masiado vejatoria para el legítimo progreso y
ordenado desarrollo de la sociedad y vida de
los pueblos, el intransigente dominio de la
fuerza.
En la Biblioteca del Escorial hay precio-
sos datos para seguir paso á paso 3^ al través
de todos los siglos la historia de la ciencia re-
presentada por sus códices científicos; la his-
toria de la Monarquía española por sus nu-
merosas crónicas y nuestra historia militar
55
por los muchos manuscritos que hay en ella.
Y todos los cuerpos é institutos del Ejército y
Armada encontrarán en esta Biblioteca alguna
obra de particular interés y muchas de espe-
cial estudio ó de agradable distracción. Divi-
diremos en varios capítulos la noticia deta-
llada de estos códices, distribuyéndolos en las
agrupaciones particulares de las diferentes ma-
terias de que tratan, consagrando el primer
capítulo, dividido en varias partes, álos códi-
ces de ciencia y arte militar é historia, y ocu-
pándonos en otros capítulos de los pertene-
cientes á Marina, Hacienda y Estadística, Me-
dicina militar y Derecho; dedicaremos también
un capítulo á la exposición de muchos é inte-
resantes manuscritos de ciencia en general y
de literatura que existen en la Bibhoteca del
Escorial, y concluirá nuestro trabajo con una
serie de consideraciones científicas y mili-
tares.
En el capítulo de los códices dedicado al
Ejército, debemos llamar la atención acerca
de los códices griegos por sus figuras y viñe-
tas, muy importantes para la historia de la
guerra; respecto á los escritos en lengua caste-
llana, los hay notables, no solo bajo el punto
de vista militar y científico, sino porque tam-
bién se conservan entre ellos autógrafos de
56
mucho interés como los de Londoño, Contre-
ras, Portocarrero, etc. Hay varios sobre ba-
tallas campales célebres, siendo dignos de men-
ción los titulados «Árbol de batallas;» se en-
cuentran bastantes compendios de arte mili-
tar y algunos códices que tratan de máquinas é
instrumentos de guerra. De fortificación hay
un curioso códice del siglo XVI, autógrafo, de
Francisco Marchis, con veintinueve estampas,
diferentes manuscritos de Vitrubius v varios
sobre algunas plazas fuertes de Europa y
Francia.
Nos detendremos, aunque ligeramente,
en la exposición de algunos códices de deter-
minados periodos históricos, por la íntima re-
lación que tienen con el Ejército y con la his-
toria militar los sucesos y hechos que en ellos
se relatan. Nada más completo en ese género
que las campañas cié Carlos V, las de D. Juan
de Austria y Duque de Alba, donde además
de los asuntos militares se encuentran verda-
deros modelos de escritos de guerra. La his-
toria de los Monarcas y de los reinados esen-
cialmente militares, interesan mucho al Ejér-
cito y debe fijar en ellos su atención. Expon-
dremos los manuscritos que existen de las ór-
denes militares y de algunos libros de caballe-
ría yá que tanto contribuyeron antiguamente
57
á mantener el espíritu militar y caballeresco,
verdadera monomanía de cierta época tan ad-
mirablemente representada en Don Quijote
por nuestro inmortal Cervantes. De historia
antigua hay excelentes códices, varios de la
guerra de Troya y muchos del Imperio ro-
mano.
Todos los historiadores tienen en esta
selecta Biblioteca legítima y digna representa-
ción. La Historia de España puede conside-
rarse como una historia militar en la que hay
épocas de gloria y épocas funestas que deben
recordarse mucho^ porque los sucesos adver-
sos, como los desengaños de la vida, son los
que nos dan á veces un cabal y más exacto
conocimiento de la realidad y consecuencias
de las cosas.
En las apreciaciones históricas y po-
líticas y aun en las religiosas, no siempre
la verdad se sobrepone á la pasión y al inte-
rés de doctrinas de secta ó de partido, según
el apasionado criterio de cada uno en relación
con sus ideas. Pregúntese si no á un protes-
tante y á un católico de parte de quién estaba
la razón, si de Felipe II ó de los luteranos, si
del Duque de Alba ó de los herejes á quienes
combatía. Pregúntese si fué justa ó arbitraria
é inconveniente la expulsión de los moriscos
58
y judíos en España; pregúntese si el Rey Don
Pedro de Castilla fué cruel ó justiciero; pre-
gúntese sobre la bondad de los sistemas y de
las instituciones, acerca de la Inquisición, so-
bre el poder temporal de los Papas, la revo-
lución francesa y las diferentes formas de go-
bierno y organización de los ejércitos, y cada
cual examinará las cosas y juzgará los hechos
á su modo, apesar de revelarse bien patente la
verdad, oscurecida como la justicia, por el ex-
clusivismo personal y por la intransigencia de
la opinión. En los hechos de los tiranos, dice
C. Gornelio, «no se escribe la verdad mien-
tras ellos viven por miedo de ellos, y después
de su muerte, por aborrecimiento. »
En la Biblioteca arábigo-escurialense de
Casiri se mencionan los códices arábigos de
ciencia, historia y arte militar existentes en el
Escorial. Hay en esta Biblioteca composiciones
poéticas y alabanzas guerreras en códices ará-
bigos, comentarios de guerra, preceptos mili-
tares y estrategia, hay manuscritos arábigos
de ilustres guerreros españoles, un tratado de
arte ecuestre del cordobés Aldhamiathi y otros
que se ocupan de instrumentos de guerra, ar-
mas y caballos.
En los códices arábigos del Escorial se
trata de los ingenios ó máquinas para disparar
59
armas arrojadizas por medio de los polvos de
nitro, lo cual describen los árabes en sus li-
bros como de muy antiguo uso y adelantando
su conocimiento en esta materia á la época de
la invención de la pólvora en Europa. El có-
dice señalado por Casiri en el tomo segundo
de su Biblioteca con el número MDCXXXV
donde se hace mención del nitrati pulveris y
que lleva el epígrafe de Tonnentoriini bellico-
riim nitrati piiheris apiid Árabes antiquitate
atque iisii, trae curiosas observaciones, extrac-
tos de autores arábigos y algunos párrafos in-
teresantes de Casiri sobre el particular que
constan en la crónica de los Reyes de Castilla
de Alfonso XIL capitulo CCXXÍíI: «Y los mo-
ros de la ciudad lanzaban muchos truenos
contra la hueste en que lanzaban pellas de
fierro grandes, tamaños como manzanas muy
grandes y lanzábanlas tan lejos de la ciudad
que pasaban allende de la hueste algunas
dellas; é algunas dellas ferian en la hueste.»
Dice en el capitulo CCCXXXVII de dichas
crónicas: «Y seyendo fecha la mayor parte
dello en veinte y cuatro dias andados deste
mes de Febrero^ entraron en la ciudad cinco
Zabras y Saetias cargadas de fariña y de miel
y de manteca y de pólpora con que lanzaban
del trueno.)) Y expresa luego: Ex editiene His-
60
palensi ani i5jo. «Y aun mucho tiempo an-
tes desto en la crónica del Rey D. Alonso que
ganó á Toledo escribe D. Pedro, Obispo de
León, que en una batalla de mar que hubo en-
tre el armada del rey de Túnez y la del Rey
de Sevilla, moros á quienes favorecía el Rey
D. Alonso, los navios del rey de Túnez traian
ciertos tiros de hierro ó lombardas con que
tiraban muchos truenos de fuego, lo cual si así
es, debió de ser artillería, aunque no en la per-
fección de agora y há esto más de cuatrocien-
tos años. » Al ocuparse Casiri del códice ará-
bigo de la Biblioteca del Escorial, número
MDCXLVII menciona (año yóS de la egira)
que trata de Re militari precepta y de estrata-
gema y que en el capítulo XX de presidís mu-
niendis SQ hace referencia de la pólvora, tra-
tando los otros libros de este códice de equita-
ción, de régimen de guerra, etc.
Entre los muchos códices arábigos del
Escorial hay varios que se ocupan de milicia,
matemáticas, astronomía é historia y puede
consultarse con provecho la obra de Casiri.
Hay diferentes manuscritos de crónicas é his-
torias de los varones ilustres que florecieron
en España, la historia de Alejandro Magno y
la de los Califas, un diccionario histórico en
arábigo, un códice del origen del Nilo, y en el
61
prólogo de la obra de Casirí constan los nom-
bres de los autores árabes que tratan en los
códices del Escorial de historia y matemáti-
cas, de astronomía y geografía. Sólo de his-
toria examina Casiri más de ciento veinte có-
dices^ y entre ellos merecen citarse el seña-
lado con el número MDCXLIX que trata de
«Autores de historia,» el códice MDCXXXVI
que tiene un «índice de todos los historiado-
res árabes,)) el códice MDCLXVIII de escri-
tores árabes y otros códices con índices alfa-
béticos biográfico-bibliográficos, crónicas, des-
cripciones de Granada, etc., etc.
Hay un códice con el número i652 del
inventario de la Biblioteca titulado «Arte mi-
litar de Ben-Azil)) que es de interés. Se halla
también con los códices hebreos de la Biblio-
teca del Escorial un manuscrito titulado «His-
toria del Imperio de Nabucodonosor y de sus
sucesores.)) Estante G., plúteo 2.^
Entre los manuscritos de ciencia y arte
militar, los hay autógrafos de mucha impor-
tancia y de mérito científico^ literario y biblio-
gráfico, es digno de especial mención el de
D. Alfonso, Duque de Estrada Portocarrero,
titulado «Deberes délas clases militares desde
soldado á capitán general.» Está dedicado ai
Duque de Sanlúcar la Mayor, Conde de Oli-
62
vares, y manifiesta el autor, que continuando
los servicios de sus antecesores^ pertenece al
Ejército español durante veinte años é ingresó
en él cuando tenía catorce de edad, ocupando
todos los puestos de la milicia, desde soldado
particular á cabo de escuadra, sargento, alfé-
rez, entretenido, capitán de infantería y sar-
gento mayor. Y por esta experiencia propia,
cree en provecho de la Nación y del Ejército
que su libro ó breve epitome de las obligacio-
nes de cada oficio militar, puede ser de gran
utilidad. Comienza su discurso primero, ma-
nifestando lo que es y debe ser el soldado y
véase qué lenguaje y qué ideas sustentaba en
aquella época al hablar de los merecimientos
y virtudes principales de un buen capitán,
quien perteneciendo á un linaje ilustre dice:
«Debajo de la bandera en que el soldado hu-
biere de sentar plaza, elegirá el capitán que sea
el de mayor nombre y virtud que hallare en
el ejército^ porque á los tales es á quienes los
generales encomiendan empresas dificultosas
y allí es donde se han de mostrar los buenos
soldados, procurando ser los primeros á cual-
quiera facción, con que se acreditan y ganan
opinión y fama, como lo hicieron los de
D. Rodrigo Zapata en Flandes, que por sus
hazañas que hicieron los llamaban los cnemi-
63
gos, de la bandera sangrienta, y asimismo, ios
que acometieron á la artillería con D. Lope
de Figueroa en la jornada de Pissa, y en la
guerra de Granada los ginetes de Tello de
Aguilar. Y esto ha de ser sin tener presunción
vana, como hacen algunos que no quieren ser
mandados ni sujetarse á capitán que no sea
muy ilustre en linaje, aunque le falten los
efectos, como si la nobleza romana no se hu-
biera preciado de seguir por muchos años las
banderas de Cayo Mario, nacido de pobres y
viles padres. Y las de Basso, natural de una
alquería de Asculi, que por su valor, vino á
ser, de cavador y bagajero, capitán general.»
«Ni tampoco se despreciaron Felipe Vicecó-
mite^ Duque de Milán y otros potentados de
Italia, detener por su capitán general á Nicolo
Pichinino, que era hijo de un carnicero.» «Ni
la Señoría de Venecia, á Francisco Carma-
ñola, que fué pastor de ganado: y otros mu-
chos Príncipes y repúblicas ansiaron el go-
bierno de sus ejércitos y la defensa de sus Es-
tados de semejantes caudillos por el valor de
sus ánimos.» «Y no contradigo, que si el ca-
pitán que es caballero tuviese el ser y forta-
leza que conviene, entonces con mayor cui-
dado se ha de procurar asistir en su compa-
ñía, que en la del que no fuese tal.» «Pero si
64
la nobleza no estuviese acompañada con otras
buenas partes y que en adelante se dirá, en tal
caso, mejor es elegir la virtud, que es el ver-
dadero camino por donde se ha de valer, que
pocas veces se pierden los trabajos obrados con
ella y mediana fortaleza, en compañía del ca-
pitán virtuoso, experimentado y prudente. »
Al hablar de las vejaciones de las tropas en
los países por donde van, dice: «las sinrazones
é injusticias hacen de los amigos enemigos y de
las ovejas leones y de los fieles infieles, que
quien da causa á la pérdida y al daño, poco
menos es.» «En lo que el soldado se ha de es-
merar y poner cuidado, ha de ser en lo que
toca á las armas, que es el fin y principio de
lo que profesa y en el manejo de ellas; y si és-
tas fueren las sedas y el oro y galas que tra-
jere, será capaz y hábil para mayores cargos,
que en lugar del ámbar, parece muy bien el
olor del hierro y pólvora.» «Le será de gran
importancia leer historias para avivar el ánimo
y perfeccionar el ingenio.»
Se ocupa después de los deberes del cabo
de escuadra, del sargento y del alférez, del
capitán, sargento mayor, maese de campo,
etc., y al tratar del alférez, dice: «que debe
tener las calidades de un perfecto alcaide
en nobleza y estimación de honra para que
65
la sepa guardar y morir por defenderla, sin
jamás desampararla, como lo hizo el alfé-
rez Olea en la batalla que el Conde D. Gó-
mez y D, Pedro de Lara tuvieron por la Reina
Doña Urraca de Castilla contra el Rey Don
Alonso de Aragón su marido, en que fueron
vencidos, y el Conde muerto, que siéndole
cortadas entrambas manos á este caballero
por quitarle la bandera, la recogió en si con
los troncos de los brazos, y la defendió vale-
rosamente, apellidando su nombre.» «Y como
el alférez tudesco en el reencuentro que el
Rey D. Fernando de Ñapóles tuvo con los
franceses y tudescos, cercados en Abella, so-
bre el coger del agua, que fué hallado muerto,
con la mano derecha cortada y la izquierda y
que con los dientes tenia asida la bandera,
que parecía c[ue habia expirado cuando co-
menzó á hacer aquel hecho de invencible va-
lor.» «Y también el otro alférez lUescas, que
siéndole arrebatado el brazo derecho y la ban-
dera de un balazo en la batalla del Careliano,
la levantó con la mano izquierda, y siéndole
cortada por quitársela, la recogió en si y de-
fendió sin retirar pié atrás, hasta que los fran-
ceses volvieron las espaldas vencidos y des-
baratados.» «Y con el mismo valor, Pedro de
Avellanada, alférez del capitán Machin de
Q6
Munguia, hallándose en la defensa de la Nao
Aragonesa, cuando la jornada de la Prebiosa,
y siéndole llevada una pierna de un balazo^
campeó la bandera en popa, refirmado sobre
la caña del muslo, hasta que vino la noche,
que murió, porque es tanta la presunción que
se tiene en defender estas insignias (como
propiamente las llaman los italianos y fran-
ceses), que prometen los que las tienen á su
cargo, de morir desesperadamente antes que
perderlas, como lo hizo un alférez español
cuando fué desbaratada nuestra Armada so-
bre los Gelves, que viéndose quedar en poder
de turcos sin esperanza de salvación por ha-
berse apoderado de su galera, acordó poner
en cobro la bandera de suerte que no pudiese
venir á sus manos, y armado como estaba, se
revolvió en ella, y abrazado con el asta, se
echó cabeza abajo á la mar, para que junta-
mente con él fuese á pique, donde estuviese
para siempre segura de los enemigos.» «Y
asi, cuando una batalla se gana, por las mu-
chas banderas que perdieran los enemigos, se
hace más famosa, y los generales vencedores
las suelen poner por trofeos en sus entierros
y capillas, como parece en el de el Gran Ca-
pitán en San Gerónimo de Granada y en el
del Marqués de Santa Cruz en el Viso, y el
67
estandarte real del gran turco, que se ganó en
la batalla naval de Lepanto, en el Escorial. »
«Y algunos descendientes de generales las sue-
len traer por orla en los escudos de sus armas,
como los de la casa de Toledo, las que ganó
D. Fernando Álvarez de Toledo, su antece-
sor, siendo general del Rey D. Juan II, contra
los Reyes de Aragón y Granada en las batallas
diferentes que con ellos tuvo.»
Este interesante manuscrito autógrafo lo
tengo copiado integro y pienso publicarlo muy
en breve, con otros varios que considero de
utilidad para el Ejército.
Es también inédito, escrito y firmado por
el capitán Gerónimo de Contreras en 3o de
Agosto de 1570, un códice de esta Biblioteca,
que se titula «Vergel de varios triunfos,» de-
dicado á Felipe II. Consta de diferentes triun-
fos ó capítulos en verso y prosa, con la dedi-
catoria siguiente al Rey: «Puesto que mi bajo
ingenio y rudo estilo le conozco, poderosísimo
y católico Rey y Señor nuestro, todavía co-
nociendo la benignidad de Vuestra Magestad,
me he atrevido á poner debajo de sus muy
poderosas y Reales manos domadoras y ven-
cedoras de sus enemigos, este Vergel de va-
rios triunfos, acordándome que el año de se-
senta en Toledo, despidiéndome de Vuestra
68
Magestad para ir á gozar del entretenimiento
que en el Reino de Ñapóles me hizo merced,
dije que haría alguna cosa, en la cual mostrase
una pequeña parte del valor de España; que
todo seria imposible, y así he cumplido mi pa-
labra, componiendo este tratado, el cual he di-
rigido á Vuestra Magestad, porque con tal am-
paro, vaya seguro de mano en mano, sin que
sus faltas sean conocidas, por donde suplico
humildemente á Vuestra Magestad le reciba y
favorezca: y nuestro Señor, que á Vuestra
Magestad hizo tan justo, tan católico y bueno,
le dé mucha vida y salud, para que con ella
se gócenlos Reinos y Señoríos sujetos á Vues-
tra Real Corona, y se aumente en mayor nú-
mero la cristiandad, para mayor gloria y ala-
banza de Dios. Vasallo y criado de Vuestra Ma-
gestad, que sus Reales manos besa, Gerónimo
de Contreras. Empieza así su manuscrito:
Compuse este Vergel de varias flores
y díle por su nombre Vergel vario,
pues es vario un pintor en los colores,
y en hiervas conocer el hervolario,
y es lo mismo un galán en sus amores
y en piedras el famoso lapidario, (*j
y todo lo demás de cualquier suerte
es pura vanidad, hasta la muerte.
(*) Aludiendo quizás, al famoso códice lapidario de Don Alfonso X,
existente en la biblioteca del Escorial, de que nos hemos ocupado.
69
Como muestra del estilo que emplea el
autor en sus descripciones, insertamos los si-
guientes versos:
Y aquel que ves allí del estandarte
con el rostro á la mar sobre la proa,
es quien tiene en el mundo muy gran parte
y así fama inmortal sus hechos loa,
no es este Agamenón, ni el fiero Marte
que Homero por loar, antes desloa,
más llámase Don Juan, su propio nombre
de Austria donde está, vino renombre.
Es hijo de Don Carlos, el primero
Rey, que tuvo este nombre en nuestra España
y del nombre así mismo fué el postrero,
que enfrenó las potencias de Alemania,
el cual con celo santo, verdadero,
conociendo del mundo como engaña,
dejó cetro, corona, mando y silla,
escogiendo, un rincón pobre en Castilla.
Y más adelante dice:
De Florencia y Saboya, son aquellas
galeras que parecen de esta parte,
y entiendo que navegan siempre en ellas
caballeros y hombres de gran arte:
y aquellas que allí ves, en medio dellas,
con la divina cruz, por estandarte,
son del Papa y las mas de Jenoveses
y aquestas de famosos Portugueses,
70
Y en aquella galera despalmada,
á quien siguen las siete á gran porfía,
viene el sabio y valiente Gil de Andrada
de mostrar su potencia y valentía
en el antiguo Reyno de Granada,
á la parte del mar, junto Almería,
en el cual ha mostrado muy de veras,
su bondad y el valer de sus galeras.
Que todos estos fuertes caballeros,
irán por tierra y mar á castigallos,
mostrándose en vencer leones fieros:
y á su Rey con amor, firmes vasallos,
no preciando riquezas, ni dineros,
queriendo en sus estados empleallos
en aqueste servicio, viendo cierto,
quedar victorioso el vivo y muerto.
Otro códice militar hay en esta Biblioteca
de Antonio Cornazano, traducido del italiano
en versos endecasílabos, por Lorenzo Suarez
de Figueroa, Alcaide del Castillo de Novara,
es curioso, y se titula «Reglas de la milicia.»
Está encuadernado en terciopelo, tiene viñe-
tas en las portadas y son miniadas de colores
las letras mayúsculas desús capítulos. Se halla
en el estante B, plúteo 4.°, y dice asi en su de-
dicatoria al Rey D. Felipe: «En haber yo pe-
netrado una pequeña parte de la felicidad en
que Dios nos ha puesto á los españoles, ha-
71
ciéndonos nacer vasallos de Vuestra Mages-
tad, se ha encumbrado tanto mi juicio, que he
osado emprender la traducción' de las reglas
militares de Antonio Cornazano^ que siendo
obra tan profunda y dura y llena de tantos
ejemplos y doctrina, no bastara mi ingenio á
la milésima parte, si de tal fuego no se hu-
biera encendido y alumbrado.» «Y, pues, con
ésta, se junta la inmortalidad que nos ha dado
el valor y divino juicio de los belicosos Reyes,
antecesores de Vuestra Magestad, con haber-
nos encaminado y conducido á las victorias
que tan dignas de memoria hemos habido y el
de Vuestra Magestad, á quien la cristiandad
(con tanta razón) tiene por verdadero y firme
amparo, y las naciones más belicosas del
mundo por Señor y verdadero padre de mi-
licia^ etc., etc.»
Comienza este manuscrito con una im-
portante carta al lector que no me parece
ocioso dar á luz para que se comprenda su
objeto, y porque en ella se lamenta el traduc-
tor Suarez de Figueroa de que la nación es-
pañola «fiándose de la fortaleza de ánimo y
recia complexión de que la naturaleza la ha
dotado, se da menos que otras al estudio mili-
tar.^> La expresada carta ó prólogo del ma-
nuscrito dice asi: «Si en las artes que se ha-
72
cen con el espíritu quieto y reposado es ne-
cesaria la doctrina, cuánto más lo debe ser en
la milicia, donde ningún punto se puede mo-
ver sin contraste de hambre, sed, calor y frió,
necesidad y temor que á cualquiera ánimo,
por fuerte que sea, naturalmente altera. » «Esto
dejaré considerar á quien de ello tuviere co-
nocimiento y diré: que las reglas de Antonio
Cornazano (cuanto á mi juicio) comprenden
tanto, que dudo haber hombre escrito en
guerra tan profundo y copioso como él y co-
nociendo á la nación española, fiándose de la
fortaleza de ánimo y recia complexión de que
natura tanto la ha dotado, se da menos que
otras al estudio militar^ y que las que de ella
han fido vencidas y superadas, siempre que
han venido á las manos, presumen con el arti-
ficio, no tan solamente repararse, más herir
y ofender. Instado del deseo que un buen va-
sallo debe tener al servicio de su Rey y Señor
natural, y del amor entrañable que tengo á mi
nación, me he movido á hacer esta traduc-
ción, con esperanza que de ella he de sacar
algún fruto y aunque la excusa antes de la ca-
lumnia denota error, no dejaré por eso de res-
ponder á algunas objeciones que un ingenio
más acendrado que el mio^ en obra tan difícil,
pudiera con mucha razón temer, no tanto por
73
excusarme, cuanto por declarar cuál haya sido
mi intento en la manera de proceder en esta
obra, y así digo: que el intérprete (como se
sabe) no es obligado á responder voz por voz
en aquella lengua en que traduce, sino mudar
iielmente el censo del censo, porque la tra-
ducción de otra manera sería imperfecta. Y
puesto que yo esto haya observado, mandó la
ley común, todavía habiendo sido este au-
tor cerrado en su deber, y de tal manera, que
si yo en todo lo hubiese querido seguir punto
por punto, la traducción habría quedado en
nuestro romance castellano más confusa que
no está en su original.» «He sido forzado á
desviarme un poco en algunas partes para de-
clarar en nuestra lengua lo que en la que lo
escribió, dejó tan oscuro, que muchos por este
defecto han dejado de tratarla y leerla, y los
que la han leído han sido los que por el útil
que de ella han sentido^ han querido enten-
derla, sufriendo su aspereza con la paciencia,
como se sabe de cierto Señor Próspero Colo-
na, de buena memoria, que no solamente la
leyera, más la tenía por tan familiar, que
(siendo el único preceptor de milicia) se delei-
taba y no se despreciaba de decir de coro de-
lante de los escuadrones, todo un capítulo, se-
gún venía al propósito de lo que se hablaba. »
10
74
«Y en cuanto á la declaración de los nombres
de armas, máquinas, instrumentos de guerra
(por ser en los más de ellos desusados incóg-
nitos y sin moderna apelación la mayor parte
he dejado en los propios nombres en que los
he hallado en el autor, y lo mesmo he hecho
en los nombres de provincias, montes, rios,
ciudades, pueblos, naciones y varones parti-
culares, por desviar todo género de confusión. »
«Y aunque en esta mi traducción se hayan de
hallar más cosas en que la perfección se deba
desear que envidiar, si de Homero se dice
(siendo aquel raro y excelente varón) haberse
dormido en algunas cosas, en su mesma in-
vención, no se maravillara el discreto lector
que el traductor se haya ofuscado en tanta an-
tigüedad de cosas, diversidad de costumbres,
reglas y religiones, donde seria necesario ser
más presto adivino que traductor y más siendo
la cosa que con mayor dificultad se hace, por
lo cual, y por la causa que á ello me movió,
se me debe algún perdón.»
Este manuscrito comprende nueve libros,
divididos en cincuenta y seis capítulos, que
entre otras muchas cosas, tratan del arte mili-
tar, de sus primeros inventores y diversos
modos con que fué ejecutado, naturaleza,
condición y sentimientos del buen soldado,
75
necesidad ó conveniencia de que el capitán y
el soldado sean letrados y memoriosos; cuali-
dades del capitán; el capitán debe tener secreto
su pensamiento y procurar entender el del
enemigo; modo de conducir un ejército; provi-
siones y alojamientos; modo cié acampar bien
y cómo; astucias de guerra; consejos antes de
la batalla; manera de combatir; de caballos,
armas ofensivas y defensivas; cómo se ha de
seguir la victoria y gobernar una tierra cerca-
da; lo que ha de hacer el que es sitiado; de la
clemencia con la ciudad vencida, etc., etc. Co-
mo muestra de la forma en que se tratan estas
cuestiones y de su estilo, copiamos lo siguiente,
debiendo advertir, que q\ fondo de este manus-
crito y lo curioso del libro es lo que recomen-
damos, no la forma literaria de sus versos
como obra poética, que adolecen de los defec-
tos propios de aquella época.
Quien ánimo ganiil y alto tuviere,
y deseare el triunfo y la victoria,
constancia mostrará en lo que emprendiere.
Tomando luego un medio y firme estilo
para perfecto ser, será el soldado
villano en cuerpo, en ánimo un Camilo.
76
Así que el príncipe, un hora, ni un rato,
si el hijo en guerra lo querrá valiente,
no le deje en lascivias tener trato.
Este de las delicias siempre ausente,
no se corra dormir sobre una estera,
ni en tierra, con la vil y baja gente.
De bailes, téngalo y banquetes fuera
y hágale de arnés enmascararse,
corriendo con almete y con visera, etc.
Juan Hilarte, célebre médico y filósofo
del siglo XVÍ, escribió un notable libro «Exa-
men de ingenios para ciencia» y se ocupa en
él, en su capítulo XV, de todo lo necesario
para el arte militar ó sea «qué diferencia de
habilidad pertenece al arte militar» y «conque
señales se ha de conocer el hombre que alcan-
zare esta manera de ingenio.» «La malicia y
la milicia, dice Huarte, casi convienen en el
mismo nombre: cuáles sean las propiedades y
naturaleza de la malicia, traelas Cicerón di-
ciendo: malitia est persa ta, et falax nocendi
vatio. ^) «De la misma manera, en la guerra no
se trata de otra cosa más de cómo ofender al
enemigo y ampararse de sus asechanzas. » «Así,
la mejor propiedad que puede tener un general
es ser malicioso con el enemigo y no echar
77
ningún movimiento suyo á buen fin . » « Por esta
razón el capitán debe tener una imaginativa
adivinadora, que sepa conocer los engaños
que vienen debajo de alguna cubierta.» «Pero
el entendimiento es tan impertinente en las
maquinaciones^ como los oidos para ver.»
Manifiesta que el arte militar pertenece á la
imaginativa y dice: «que la diferencia de esta
facultad^ que pertenece al ejercicio de la guer-
ra, no es la que hace al general valiente y atre-
vido, peleando á cureña rasa y rompiendo á
su enemigo, sino lo que con ardides y mañas
le destruye, sin que le cueste un soldado. » Hé
aquí expresados por Huarte los fines de la
estrategia adelantando con sus ideas en este
particular, los conocimientos estratégicos de
nuestra época, en la cual las batallas se deciden
más aún que por la fuerza, por las combina-
ciones más ó menos hábiles y por los movi-
mientos estratégicos, realizándose hoy por los
esfuerzos de la instrucción de los jefes milita-
res y por el poder de la inteligencia, una de las
célebres niáximas de Justo Lipsio cuando afir-
ma en su doctrina civil, que «el ejército vale
tanto cuanto el que le manda. )> Analiza Huarte
en su obra «Examen de ingenios» las circuns-
tancias que deben concurrir en un buen ge-
neral, compara «el juego de ajedrez al arte
78
militar, representando en él todos los acciden-
tes de la guerra y así como en este juego «no
hay fortuna» ni se puede llamar dichoso al ju-
gador que vence á su contrario, ni al vencido
desdichado, asi también el capitán que venciere
se ha de llamar sabio y al vencido ignorante.»
Este manuscrito, copia y extracto de la obra
que se dio á la imprenta en i^yS, fué prohi-
bido por el tribunal de la Inquisición, que im-
pidió la tirada del libro, publicándose poste-
riormente después de algunas supresiones.
D. Juan de Solorzano Pereira. del Con-
sejo de S. M., escribió en el siglo XVII unos
«emblemas latinos de sentencias y observa-
ciones necesarias para formar un Principe
perfecto;» de estos emblemas se ocupa un
manuscrito del Escorial, y sobre ellos escribió
su famoso libro «El Principe perfecto,» el
P. Jesuíta Andrés Mendo, cuya obra dedicó
al Rey Eelipe IV, y en la cual hay documentos
ó capítulos admirablemente escritos. Debe-
mos recordar entre ellos (y llamar la atención
de que quien así se expresa es un Jesuíta) el
titulado «La sangre heredada se oscurece no
ilustrándola con virtudes propias.» «El valor
y prendas recibidas de otros, granjean esti-
mación y respeto, pero ha de conservar el
Principe este resplandor con virtudes y haza-
79
ñas suyas que granjean con título mcás justo
la alabanza, y ésta no se puede dar á quien no
tiene más gloria que la de su ilustre descen-
dencia.» «El nacer en familia estrecha acorta
el ánimo; felicidad es recibir gallardos alien-
tos en el nacimiento ilustre.» Así lo reconoció
el Rey D. Alonso el décimo, en el proemio de
las Partidas cuando dice: «E otrosí, la muy
grande merced que Dios nos fizo, en querer
que viniésemos del linage onde venimos, e el
lugar en que nos puso; faciéndonos Señor de
tan buenas gentes.» «Pero el valor y la sangre
heredados, empiezan en acciones heroicas.»
«Es el lustre propio, mas plausible que el ad-
quirido; que el valor de cada uno se descubre
en sus trabajos.» Pintó Apeles á Alejandro vi-
brando los rayos de Júpiter y rindiendo con
ellos los Reinos que sujetó á su corona; re-
prendió justamente Lisipo la impropiedad de
la pintura diciendo: «que hubiera sido mayor
prudencia pintarle ganando triunfos con sus
armas propias, que no con las agenas y aun-
que era primorosa la pintura, era errada la li-
sonja.» «El alabar á uno de noble, es dar á
sus progenitores la alabanza; aplaudirle por
rico es significar el favor de su fortuna; acla-
marle por sus artes y costumbres, es engran-
decerle á él mismo.» Alababa uno al RevDon
80
Alonso el primero de Ñapóles y Aragón, de
que era hijo, nieto y hermano de Reyes: in-
terrumpióle, dándole á entender, que con
aquellos encomios alababa á sus ascendientes
y no á él; que deseaba más, la alabanza de
sus virtudes vivas, que de sus padres muer-
tos. «Lo que pasó antes de ti, no es tuyo.»
«La herencia de la nobleza es un contrato que
obliga de derecho á ser bueno al heredero; de
otra suerte la honra derivada de los mayores
se convierte en afrenta.» «Es menor descré-
dito nacer sin nobleza, que degenerar de ]a
heredada." «El que nace humilde, con sus ac-
ciones y virtudes se hace noble; quien nació
noble, con sus vicios y desaciertos se hace hu-
milde.» «El no levantarse á más alta fortuna
puede ser desgracia; el decaer de la grandeza
heredada es de ordinario culpa.» Es muy no-
table el documento XVIÍÍ donde dice: «Vál-
gase de letras y de armas, que conservan unas
lo que ganan otras.» «No se puede gobernar
la república sin ciencias, ni se puede defender
sin armas.» Decía el Rey de Ñapóles y Ara-
gón D. Alonso 1: «en los libros se aprende á
pelear, en las armas se enseña como se han de
guardar el derecho y la justicia. » En el do-
cumento XX VI aconseja, que no se tolere la
ociosidad, y ocupándose del ejército exclama:
81
«Teme menos la muerte quien está hecho á
sufrir que el que nunca supo de fatiga.» «El
arte militar si no se ensaya, cuando es necesa-
rio no se tiene; háse de aprender en la paz,
lo que se ha de obrar en la guerra.» Al ocu-
parse de la historia dice: «es la historia tes-
tigo de los tiempos, vida de la memoria, luz
de la verdad, maestra de las costumbres,
mensajera de la antigüedad, sabiduría conglo-
bada y discurso de muchos entendimientos.»
«Es una pintura hermosa que muestra lo que
se ha de huir y lo que se debe obrar.» «Sá-
bese en ella lo sucedido y se previene lo ve-
nidero.» «Es el clarin con que la fama des-
pierta las acciones que estaban en la sepultura
del olvido.» «Más ensena la historia en poco
tiempo, que la experiencia en mucho; habla
sin temor, desengaña sin lisonja y aconseja
con libertad. »
Daríamos demasiada extensión á nuestro
libro, si quisiéramos mostrar, aunque breve-
mente, las muchas bellezas, los curiosos da-
tos y los tesoros de ciencia que contienen los
manuscritos de la Biblioteca del Escorial, y
pasaremos á exponer en el próximo capítulo
los códices allí existentes, cuyo conocimiento
interesa más particularmente al Ejército ó sean
los de ciencia, historia y arte militar.
CAPITULO IV
CÓDICES DE CIENCIA , HISTORIA Y ARTE MILITAR
PARTE PRIMERA
CÓDICES GRIEGOS Y ARÁBIGOS
GK^IIIía-OS
ELIANO. Comentarios de guerra: precioso có-
dice que ostenta en su portada bellas miniaturas de
gusto bizantino y las armas de Felipe II, (para quien
se hizo.) En este manuscrito, pintado por Ángel Ver-
gecio, hay varias viñetas, y en su final una gran mi-
niatura representando un ejército puesto en batalla.
Códice con brocado de seda; consta de 5 1 folios. (Fuera
conveniente y curioso sacar copia de sus lindas minia-
turas, y no sólo de este códice, sino de otros muchos,
en los que hay pinturas que representan combates co-
mo los de la guerra de Troya, hechos de Alejandro y
Julio César, figuras de héroes y máquinas de guerra.)
Siglo XVÍ; estante 87.
ELIANO. Del ordenamiento de las huestes: tra-
tado de los cercos ó asedios; códice con 72 folios y del
siglo XVI; estante 89.
NICEFORO PHOCAS. De la guerra ligera: có-
84
dice del siglo XVI, con seis tratados más y ijS folios;
estante 86.
QUINTILIANO ARÍSTIDES. Autor griego,
didáctico, del siglo II, (que escribió también tres li-
bros sobre la música.) Tratado de táctica por Niceforo
Phocas: códice del siglo XVI; estante 86.
POLYENO. Estratagemas de guerra, en ocho
libros. En el principio de cada libro y en la primera
hoja, hay orlas con miniaturas y un escudo; las letras
mayúsculas adornadas: códice con 2 5o folios. Siglo
XVI; estante 86.
POLYENO. Sus estratagemas: últimas prepa-
raciones bélicas del Emperador León el filósofo: códice
con 414 folios; estante 86.
ONEXANDRO. De arte militar: códice del si-
glo XVI; estante 88. ¡Está también traducido al latin
en otro códice.)
EL EMPERADOR LEÓN. Constituciones mi-
litares: códice con 366 folios. Siglo XVI; estante 89.
EL EMPERADOR LEÓN. Táctica: códice con
1 53 folios. Siglo XVI; estante 89.
ÚLTIMAS PREPARACIONES BÉLICAS. Es-
tante 89.
ATHENEO. Tratado de máquinas de guerra,
con cuatro tratados más de la misma materia, siendo
el último de Julio el Africano. (Tiene este códice unas
láminas muy bien delineadas que debieran copiarse.)
Se compone de 172 folios; es del siglo XVI y ocupa el
estante 89.
ATHENEO EL MATEMÁTICO. De máqui-
nas de guerra, con varios opúsculos; concluyendo con
uno de Julio el Africano. Trata el primer capítulo de
Iti fabricación de armas guerreras: códice del siglo X,
85
en vitela y con 3o8 folios; estante 90. Es un códice
muy curioso y de mucha importancia militar y bi-
bliográfica.
PROCO Pío. Guerra de los godos: en cuatro li-
bros: códice del siglo XVI; estante go.
EUTHYMIOZYGABENO. Su panoplia: có-
dice con 324 folios, escrito en vitela del siglo XIII; es-
tante 92.
SEXTO EMPÍRICO. Tratado contra los ma-
temáticos: códice con 38o folios, siglo XVI; estan-
te 87.
CUESTIONES SOBRE LA MECÁNICA DE
ARISTÓTELES. Códice del siglo XVI; estante 87.
(Hay otro códice con la traducción en castellano de la
mecánica de Aristóteles.)
APOLONIO DE PERGA. Secciones cilindri-
cas y cónicas, por Severo de Antisa, y tratado de la es-
fera: códice con 332 folios, siglo XVI; estante 91.
OBRAS DE ARQUÍMEDES YDE LOS GEÓ-
METRAS ANTIGUOS. Códice del siglo XVI; es-
tante 88.
MÉTODO DE CÁLCULO ALGEBRAICO.
Códice del siglo IV; estante 88.
GEOMETRÍA DE EUCLIDES. Códice del
siglo IV; estante 88.
PAPPIAS DE ALEJANDRÍA. Colección ma-
temática de geometría; estante 88.
Hay en la Biblioteca del Escorial varios
códices griegos, de Historia, pero como la ma-
yor parte de ellos y de los hechos que relatan
86 .
se han traducido al arábigo, al latin y al cas-
tellano, no es preciso mencionarlos. Mucho
contribuyeron los judíos en España^ no sólo
á estas traducciones, sino al progreso de to-
das las ciencias, y yá tendremos ocasión de
demostrarlo.
El gran número de manuscritos de auto-
res hebreos y arábigos existentes en la Biblio-
teca, nos indican que los judíos y los árabes
comentaron y tradujeron todos los clásicos
griegos y latinos, y es fácil hallar en esta Bi-
blioteca diferentes códices con las traduccio-
nes de las obras de Marco Tulio Cicerón, Te-
rencio, Platón, Valerio, Séneca, Aristóteles,
Plinio, etc., etc., todos los tratados de medi-
cina de los latinos Cornelio Celso (el hipócra-
tes latino) Sereno, Garioponto, Constantino,
Bernardo Gordonio, Pedro de Abano, Filo-
nio y Nículus, y entre los autores griegos y
árabes cuyas obras de medicina propagaron
los hebreos, hallamos las de Hipócrates. Ga-
leno, Pablo de Egina, Alejandro de Tralles,
Aecio, Oribasio, Avicena Rhassis, Averroes,
Albucasis, Aliabas, Serapion, Isaac y otras
muchas que mencionaremos al tratar de la
medicina española y de los códices de medi-
cina de la Biblioteca del Escorial, en el capí-
tulo VII de este libro.
87
Los códices griegos del Escorial ocupan
los estantes 86. 87, 88, 8g, go, 91, 92, gS y
94 de la Biblioteca de manuscritos, eleván-
dose su número á quinientos ochenta y tres
según el último inventario. En el capítulo V,
al tratar de los códices referentes á marina,
mencionaremos también algunos de los grie-
gos, que tratan de combates navales y de as-
tronomía .
Hay en esta Biblioteca un códice griego
que es preciso recordar, no sólo porque se
trata en su primer tomo, de la vida de Moisés,
sino por haber pertenecido á Hurtado de Men-
doza y contiene las obras del Judío Philon,
Códice del siglo XIV, con 449 folios.
^RABIÓOS
TRATADO DE GUERRA Y ARTE MILI-
TAR, por Alibeii Abdelrham¿m Ben Azil, natural de
Granada. (De este códice se ocupaba durante mi estan-
cia en el Escorial, el ilustrado escritor y orientalista
D. Francisco Fernandez y González.)
HISTORIA DE LOS CALIFAS DE ESPAÑA
Y DE SUS GUERRAS, por Ebn Elabar y Abdalla
Alí, Año 990 de la egira: códice MDCLIV.
HISTORIA DE ALGUNOS REYES MAURE-
88
TAÑOS, DE SUS COSTUMBRES, GUERRAS Y
VICTORLAS, por Abu Elhasan Elhesin Elgezamí
Malacensis. Año 781 de la egira: códice MDCLIII.
Códice MDGXXXV; de guerra y del uso de la
pólvora.
Códice MDCXLVII; de preceptos militares y es-
trategia.
ARTE ECUESTRE, por Aldhamiati.
DICCIONARIOS, índices históricos de hechos
memorables, por Abu Said Abdel Malek Ben Coreinb
y Abi Nasser.
ANALES HISTÓRICOS DE LOS ÁRABES,
por Abu Omar Mohamad Almotharazi y Abu Amru
Joseph.
DE LA HISTORIA DE LOS CALIFAS, por
Manzer Ben Mohamad Ben Hazna, Jakildinus Moha-
mad ben Alí Alhassan y otros.
DEL EGIPTO Y DE SUS REYES, por Moha-
mad Abil hassan y otros.
DE HISTORIA DE LOS PERSAS, por Mansor
Ben Alhassen y otros.
DE LOS ETIOPES, por Abulpharagius Ebn
Algion Assiutheus y otros.
DEL ÁFRICA, por Abdalla Ismael y Abu Mo-
hamad Abdel halin.
DE HISTORIA, por Abulpheda, Abu Abdalla
Mohamad Ben Modharaph.
DE MATEMÁTICAS, por Ben Badr.
DE GEOMETRÍA, por Ebn Algiab.
AUTORES DE HISTORIA. Códice MDCXLIX
ÍNDICE DE LOS HISTORIADORES ÁRA-
BES. Códice MDCXXXVI.
DE AUTORES ÁRABES. Códice MDCLXVIII;
89
códice MDCLXX; códice MDCLXXI y códice
MDGLXXII.
HISTORIA DE LOS ÚLTIMOS REYES DE
GRANADA. Códice MDGGGLXXVII. (De este có-
dice también se ha ocupado el distinguido orientalista
D. Francisco Fernandez y González.)
Dice nuestro sabio Morejon al reconocer
los progresos que los árabes hicieron en las
ciencias, rindiendo un justo tributo al mérito
de nuestros compatriotas, «que servirá de
prueba á los que no ven en los moros sino
una gente estúpida -é ignorante y hará ver que
nunca habia florecido el bello árbol de las
ciencias en España, como en el tiempo en que
los Califas amantes del humano saber prote-
gieron á los hombres que se dedicaban al es-
tudio. ') «Sé que habrá quien juzgue exagerada
mi veneración para con algunos de esos sec-
tarios de Mahoma, mas registre esos volú-
menes carcomidos, esos códices llenos de
polvo, esos preciosos manuscritos dados al
olvido, sepultados en los armarios de las Bi-
bliotecas del Escorial, Sevilla y otros puntos
de España y fuera de ella; lea sus páginas,
retrograde á aquella época gloriosa, rival de
la de Hipócrates en Grecia, y al punto verá
levantar sus frentes venerables entre un cre-
12
90
cido número de sabios á los esclarecidos va-
rones Alkhathib, Ebn Abracam, Ebn El-Bey-
thar, Averroes, Ben Thophilus, Avenzoar,
Avicena, Said, Honaino, etc., etc.» «Consúl-
teseles, y ellos dirán cuánto la historia, la
filosofía, las matemáticas, la astrología, la
botánica y la medicina les deben.» «Pregún-
teseles los acontecimientos literarios de su
vida, y luego responderán muchos, que por
medio de largos y penosos viajes se instru-
yeron en el conocimiento de las lenguas orien-
tales; que asistieron á las escuelas de los más
remotos países; que tradujeron las obras de
sus más esclarecidos maestros, y que volvie-
ron con ellas á enriquecer las librerías de su
nación, esparciendo las luces de la sabiduría
con las doctrinas de los primeros oráculos de
la Grecia.» «La historia, esa reveladora de
sucesos gloriosos y amargos á la vez, nos pre-
senta á los árabes en el tiempo en que los
griegos se recreaban en sus juegos olímpicos
y los romanos en los circos, celebrando sus
duelos literarios en la plaza de Okac, argu-
yendo sobre puntos de retórica y poesía y co-
ronando al que los inteligentes daban por vic-
torioso.» «Los árabes volvieron á la filosofía
su antiguo esplendor, ellos fueron los que la
enseñaron en Europa, los que comunicaron
91
el gusto de la lógica y los que publicaron las
obras desconocidas del Estagirita.» «Nada
diré^ continúa Morejon, de sus amenas y ele-
gantes poesías llenas de fuego y que pueden
algunas competir con las del tristísimo poeta
y las de Virgilio; nada de sus elocuentes histo-
rias escritas en lenguaje puro, estilo elevado y
narración sencilla de los hechos; su lectura es
el testimonio más irrefragable de la afición de
los árabes á esta clase de literatura.» «Véanse^
en efecto^ las obras de nuestros españoles
Aliben Musa, las de Abdaüa-Ben-Alkatib, las
de Abul-Husein y Eben Alardí, describiendo
ya la historia de Granada, ya las de sus Re-
yes, ya las guerras de España, y nos conven-
ceremos de una verdad importante, á saber:
c]ue por la falta de cultura y de estudios que
habia en aquella época de sangre en que vi-
vieron nuestros antepasados y por la estrecha
relación que tienen los sucesos de ambas na-
ciones, no puede perfeccionarse nuestra his-
toria sino en tanto que hagamos un estudio
del idioma árabe para consultar á los ilustra-
dos historiadores sarracenos.»
«Parece increíble, dice Morejon, al leer
la historia de este belicoso pueblo y al medi-
tar en las obras de sus sabios, que no contu-
viese la pluma de sus enemigos el respeto que
92
inspirar debiaii estos primeros maestros délas
ciencias después de los griegos.» «No sé cómo
dejaron de tributar á su mérito el debido ho-
menaje; tal vez estuvo la culpa en que por es-
pacio de muchos siglos se miró á los moros
con injusta prevención; sus costumbres, sus
ideas religiosas y sus conquistas, les atrajeron
el odio de los cristianos y la liga de los prín-
cipes contra ellos; empero el hombre de cien-
cia no conoce naciones, ni se preocupa con los
sabios que no convienen con él en una común
creencia.»
Hay en la Biblioteca del Escorial dife-
rentes códices arábigos de historia, geografía
é historia natural, y Casiri menciona setenta
y nueve de matemáticas; entre éstos y los
muchos que existen de medicina, se hallan
varios de astronomía, astrologla y metereolo-
gía. En la Biblioteca arábigo-escurialense de
Casiri puede verse la reseña de todos los có-
dices arábigos, si bien Casiri sólo hace refe-
rencia de mil ochocientos cincuenta y seis y
en el inventario constan mil novecientos cua-
tro y además setenta y dos legajos sin clasi-
ficar.
93
OÓIDIOH! HEISI^EO
Entre los setenta y tres códices hebreos
que hay en la Biblioteca de manuscritos del
Escorial se encuentra la Historia del Imperio
de Nabucodonosor y sus sucesores, en el es-
tante G, plúteo 2.°
PARTE SEGUNDA
CÓDICES DE CIENCIA Y ARTE MILITAR EN LENGUA
CASTELLANA Y ALGUNOS EN LATÍN, EN FRANCÉS
É ITALIANO.
DON SANCHO DE LONDONO, Maestre de
Campo del tercio de Lombardía. Compendio del arte
militar, compuesto por orden del Excmo. Sr. Duque
de Alba, en los estados de Flandes; códice curioso.
Autógrafo: del siglo XVI; estante P, plúteo 3."
DON ALFONSO, DUQUE DE ESTRADA
PORTOCARRERO. «Deberes de las clases milita-
res desde soldado á capitán general.» Autógrafo muy
curioso, dedicado al Conde Duque de Olivares; es-
tante, &., plúteo 3.° Este códice pienso publicarlo
en breve, con otros varios, formando una «colección de
escritos antiguos militares, autógrafos é inéditos, en
castellano. »
JOUVENCEL. Libro que tiene por objeto, se-
gún manifiesta su autor, «dar valor y osadía á los jó-
venes que se dedican á las armas;» códice escrito en
francés; en vitela y adornado de preciosas viñetas. Se
lo dio al Rey su gentil-hombre de Cámara D. Alonso
96
de Zúñiga en ló/S; se compone de 245 folios y es de
principios del siglo XV; estante S, plúteo 2.°
GERNIÓMO DE CONTRERAS; Capitán y cro-
nista del Rey D. Felipe II. Vergel de varios triunfos,
dedicado á dicho Rey. Autógrafo muy curioso, en
verso y firmado en 3o de Agosto de 1570; estante B.,
plúteo 2."
ANTONIO CORNAZANO. Reglas de la mi-
licia, escritas en italiano y traducidas en versos ende-
casílabos por Lorenzo Suarez de Figueroa, Alcaide del
Castillo de Novara; códice de terciopelo con canto do-
rado; tiene viñetas muy lindas en las portadas y están
las letras mayúsculas de los capítulos miniadas de co-
lores: códice del siglo XVÍ; estante B, plúteo 2.°
DISCURSO PRESENTADO AL REY FE-
LIPE IV, sobre materia militar, «con ocasión de ha-
llarse rodeado de tantos enemigos infieles que le ha-
cen la guerra:» códice del siglo XVII; estante Y, plú-
teo 3."
HONORATO BOVERIO. Árbol de batallas,
traducido del francés al castellano, por Antonio Zo-
rita; dirigido á López de Mendoza, Marqués de Santi-
llana, con notas muy curiosas: códice con 128 folios,
de principios del siglo XV; estante H, plúteo 2." Exis-
te también otro códice titulado «Árbol de batallas,» de
Honorato Bonnet, Prior de Sallen, escrito en francés y
dividido en cuatro partes: la primera trata de las tri-
bulaciones de la Iglesia: la segunda de la destrucción
de los cuatro grandes reinos antiguos: la tercera de las
batallas en general y la cuarta de las batallas en par-
ticular. Está dedicado á Carlos VI, Rey de Francia.
Hay además en este códice otro libro de Caballería, en
francés, titulado «Historia de Pontus» y un manus-
97
crito sobre «El gobierno de Reyes:» códice siglo XV;
estante X, plúteo 3."
BATALLAS CAMPALES que han acaecido en
España después que los Godos fueron señores de ella;
la prirnera de que se ocupa es de la del Rey Valía en
Andalucía y concluye con la de D. Juan II, cuando
peleó con el Rey de Navarra: códice siglo XV; estante
H, plúteo 2."
DIEGO rodríguez DE ALMELA, Canó-
nigo de Cartagena. «Compilación de las batallas cam-
pales que son contenidas en las historias escolásticas y
de España:» códice siglo XV; estante X, plúteo 2.°
JUAN RUARTE. Examen de ingenios; del in-
genio necesario para el arte militar: códice con otras
varias materias: siglo XV; estante H, plúteo 2.°
COMPENDIO DEL ARTE MILITAR, escrito
en latin: en vitela; de principios del siglo XIV; estante
F, plúteo i.°
MÁQUINAS É INSTRUMENTOS DEGUER-
RA, con dibujos: códice en latin; del siglo XIV; es-
tante J, plúteo 3.° Además de este códice que ha exa-
minado con detención el ilustre literato D. Aureiiano
Fernandez Guerra, hay otros dos códices en griego so-
bre máquinas de guerra.
VEGECIO. Libro de caballería; «por man-
dado del Rey D. Enrique, trasladado del latinen nues-
tro vulgar romance,» por Fr. Alfonso de San Cristó-
bal: códice del siglo XV; estante L, plúteo 2.°
■ VEGECIO. Libro de caballería; «cómo se han
de facer las guerras é batallas,» estante &. plúteo 2."
VARIOS EJEMPLARES manuscritos, latinos,
de Flavio Vegecio Renato, de ios siglos XIII y XV; es-
tantes N, O y L, plúteos 2." y 3.°
13
98
VEGEGIO RENATO; de arte militar; estante
F, plúteo 4.°
ORDENACIONES hechas por el Rey D. Pe-
dro III de Aragón para el gobierno de todos los ofi-
ciales de su corle; traducido del lemosin al castellano,
por Miguel Clemente y por mandado de Carlos, Prín-
cipe de España, año de i5Ó2, con una epístola del au-
tor, dedicándole la obra: códice del siglo XVI; estante
H, plúteo 2.° (También existe el códice lemosin en el
mismo estante y plúteo.)
DISCURSO sobre arte militar; estante N, plú-
teo i.°
Entre 'las obras de Marco Tulio Cicerón, hay un
códice en vitela que trata en el libro V «de re niilita-
ri.y> Siglo XIV; estante R, plúteo i.°
ONEXANDRO. De arte militar traducido del
griego al latin y dedicado al Rey: códice del año 1469,
muy bien escrito y adornado con pinturas.
LIBRO DE PERFECCIÓN MILITAR, por
Alfonso Palentino, Arzobispo de Toledo y dedicado á
Alfonso de Carrillo: en latin y en buena letra, estando
ornada con una elegante pintura su primera página:
códice en vitela con 109 folios: siglo XV; estante S,
plúteo 3."
JULIO FRONTINO. (Célebre táctico romano
que mandó como Procónsul los ejércitos de Bretaña y
fué además eminente hombre de Estado.) «Estrata-
gemas de guerra:» libro en latin con pinturas doradas
y adornos en las iniciales: códice del siglo XIV; en
vitela, estante Q, plúteo i .°
PEDRO CAMPÍO. De imperio y jurisdicción
militar. Respuesta acerca de la jurisdicción militar que
por derecho propio puede ejercer el jefe superior del
99
Ejército ó Capitán general: códice Autógrafo y dedi-
cado por su autor á Felipe II: del siglo XVI; estan-
te &., plúteo 3/'
JACOBO DE CALICIO. Tratado de preroga-
tiva militar: códice del siglo XV. Hay otro códice en
latin del mismo autor, (í^Tractatus siiper iisatica de
guerra, y> en el estante E, plúteo 2."
CARTA que declara cómo es laudable el temor
de la muerte y cómo puede ser necio y reprensible.
Hay en este códice diez y nueve manuscritos más de
diferentes asuntos; estante &., plúteo 3.°
DISCURSO EN ITALIANO, sobre arte mili-
tar: códice del siglo XVI; estante O, plúteo 3.*^
LEYES SOBRE LA GUARDA DEL REY, de
los castillos, etc., etc. Fuero del Emperador Cario
Magno, que ordenó cuando vino á España sobre los
cabalgadores: códice de fines del siglo XV; estante Y,
plúteo 3.°
MODO DE ANDAR Á LA GINETA y manera
de enfrenar los caballos, por el Conde de Puñoenros-
tro; estante L, plúteo 4."
SEÑALES Y COLORES que debe tener el ca-
ballo: de los frenos que se le deben poner; sus enfer-
medades y remedios. Recetario de algunas medicinas
para caballos: códice del siglo XIV; en vitela, estante
B, plúteo 4.°
RECETAS «para los suelos de caballos que se le
quiebran:» estante N, plúteo 2."
REGLAS para la lucha, uso de las armas, modo
de atraer, acometer y defenderse del contrario: códice
del siglo XVI, estante A, plúteo 4.°
100
FRANCISCO MARCHIS. Arquitectura mili-
tar. Es un curioso é interesante códice de fortificación
y defensa de costas, dedicado á Felipe II. Se divide en
dos libros y contiene el retrato del autor y 28 láminas
de algunas plazas fuertes de Europa. Consta de 3o fo-
lios; estante J, plúteo i."
VITRUBIO. Arquitectura, traducida en italia-
no: códice en vitela, con 80 folios, de fines del siglo
XIV; estante J, plúteo 2.°
VITRUBÍUS. Arquitectura, en doce libros, es-
crita en latin, en caracteres góticos. Tratado de pesas,
medidas y colores: códice en vitela, con 85 folios^ si-
glo XII; estante F, plúteo 3.°
VITRUBÍUS. Arquitectura, en diez libros y en
latin. En este mismo códice está el manuscrito ^^Stra-
tagematicon Sessti TiiUii Fontini, códice en vitela,
con 64 folios y del siglo XIII; estante O, plú-
teo 2.°
MARCO FOLIÓN VITRUBIO; autor de los
anteriores códices, fué el célebre arquitecto romano,
contemporáneo del Emperador Augusto y su tratado
(íde architecturay) es un verdadero resumen de los co-
nocimientos antiguos en el arte de edificar.
COSME LOTÍ. Ingeniero florentino. Proyecto
de un jardin que el autor titula «Introducción al tem-
plo de la eternidad por medio de la fama.» Lo dedica
su autor al Conde de Olivares y está traducido al cas-
tellano por Felipe Crasso, profesor del Seminario del
Escorial: códice del siglo XVII; estante K, plúteo 2.''
JUAN ANTONELI. Ingeniero de S. M. Rela-
ción verdadera de la navegación de los rios de España,
focha en Madrid á 5 de Diciembre de i582: códice Au-
tógrafo, con 3o folios, estante, &., plúteo 2."
101
MAPA del puente de ia ciudad de Nimes. Plano
del acueducto de Segovia; estante &., plúteo 3.°
Hay en la Biblioteca del Escorial diferentes mapas
geográficos é hidrográíicos, y nos ocuparemos de algu-
nos de ellos en la sección correspondiente ó sea en el
capítulo V, al tratar de los códices de Marina.
ALFONSO DE TOLEDO. Invencionario en
el que se hallan los inventores primeros de todas las
cosas y motivos y causas de las invenciones: códice del
siglo XV, estante H, plúteo 3.°
JUAN BAUTISTA DE TOLEDO. Primer ar-
quitecto del Escorial. Tratado del Cuerpo cúbico.
SEVERO DE ANTISA. Secciones cilindricas y
cónicas: códice siglo XVI, estante Y, plúteo 3."
MECÁNICA DE ARISTÓTELES, traducida
del griego ai castellano por D. Diego de Mendoza: có-
dice del siglo XVÍ; con 24 folios; estante F, plúteo 4."
NIVEL. Su descripción y uso; estante V, plú-
teo 2.°
ESTADO DE LAS PLAZAS DE FRANCIA,
con apuntamiento de sus rentas y sueldos de los gober-
nadores y lugartenientes, escrito en francés: códice del
siglo XVIIí; estante H, plúteo 2."
NOTICIA DEL ESTADO ACTUAL de las
plazas de Oran y Mazarquivir y de los castillos de
Santa Cruz, San Felipe, San Antonio, Rozalcázar y
San Gregorio, con distinción de la calidad de sus for-
tificaciones, almacenes, cuarteles, cuerpos de guar-
dia, etc.: códice escrito en iy35\ estante J, plúteo 2.°
SEXTO JULIO FRONTINO. Acueducto de la
ciudad de Roma: códice en latin, del siglo XV; estante
S, plúteo 3.°
TRATADOS DE PAZ Y ALIANZAS. Hay
102
varios códices interesantes bajo el punto de vista histó-
rico y militar. En la parte V de este capítulo que trata
de Crónicas é Historia, es fácil encontrarlos, consig-
nando sólo aquí la existencia de un códice del siglo
XV con 25 manuscritos diferentes de alianzas y trata-
dos de pa:^; estante L, plúteo 2.°
PARTE TERCERA
MANUSCRITOS QUE PUEDEN SER ÚTILES AL EJERCITO, CON
MÁXIMAS, OBSERVACIONES Y CONSEJOS POLÍTICO-MILITA-
RES PARA LA EDUCACIÓN DE LOS REYES Y LOS PRÍNCIPES;
LIBROS DE CABALLERÍA, CÓDICES DE LAS ÓRDENES
MILITARES, HISTORIA GENEALÓGIGA
Y HERÁLDICA.
CONSIDERACIONES GENERALES.
Creemos no sólo conveniente, sino de
absoluta necesidad, subdividir en un grupo
especial los códices de la Biblioteca de ma-
nuscritos, donde hay excelentes y filosóñcos
consejos para los Reyes y los Príncipes, enca-
minados á dirigir con sabias advertencias y
oportunas reflexiones, su educación político-
militar, que tanto se relaciona con la del Ejér-
103
cito. Juzgamos, y con fundamento, que á éste
también le interesa la lectura de obras como
las de C. Cornelio, Cicerón, Plinio, Tácito,
César, Egidio Romano, Plutarco, Justo Lip-
sio, Erasmo, Bocaccio, Saavedra, Mariana,
Estrada, Francois, Comines, Richelieu, So-
lorzano, Mendo, Fenelon, Santa Cruz, etc., y
no citamos más nombres entre los muchos
que podríamos mencionar, porque bastan és-
tos para comprender que las consideraciones
militares, sociales y morales desús libros, han
de ser provechosas para el Ejército, pues si
necesita de los estudios científicos é históri-
cos, muy útiles le serán además los de filoso-
fía militar.
El célebre historiador español y sabio Je-
suíta Juan de Mariana, autor de la famosa
obra « De Rege et Regís institutione , » que el
Parlamento de París mandó quemar, nos
dice: «el amor de los soldados á su Príncipe
es la cosa más importante en la guerra.» «En
presencia de su Príncipe, que los ha de pre-
miar, los valientes se hacen leones y los co-
bardes se avergüenzan.» «Las determinacio-
nes en las dificultades de la guerra son más
sentadas cuando el Rey ve por sus ojos lo que
pasa.» «No vencen los muchos, sino los va-
lientes.» Así se expresa Mariana, y á esto de-
104
bemos añadir hoy, que el valor no es yá sufi-
ciente para conseguir la victoria: es preciso,
en la época actual, como manifiesta nuestro
malogrado Villamartin, (í^qiie se cuente con el
apoyo de la opinión pública)) y que se inspi-
ren los actos del Ejército en la razón y en el
derecho, realizándose éstos con acierto y sa-
biduría por el eficaz y poderoso auxilio de la
inteligencia.
Felipe de Comines; eminente hombre de
Estado^ militar é historiador francés, de fines
del siglo XV, cuyas Memorias, traducidas al
castellano, están en la Biblioteca de manus-
critos del Escorial, dice: «de las guerras civi-
les alas extranjeras, hay la miisma diferencia^
como de comer de sus propias carnes ó de las
agenas.» «La ciencia militar, que es propia de
hombres, no consiste en pelear cerrando en
las batallas, sino en campear.» «El vencedor
y el vencido, se dan mayores muestras de
amor, cuantas mayores causas se dieron de
aborrecimiento; desean ganarse las volunta-
des: aquél en hacer mercedes y éste en mere-
cerlas.»
Diego de Saavedra Fajardo; historiador
y diplomático español, que asistió como ple-
nipotenciario en 1643 al Consejo de Munster
y Osnabruch, donde se trató de la pacificación
105
de Europa, nos ha dejado en su filosófica
obra «Empresas políticas» (de la cual se han
hecho yá varias ediciones) excelentes máxi-
mas como ésta, «donde no hay honra, no hay
valor,») que todos los militares debieran cono-
cer y no olvidar jamás.» Dice Richelieu en su
testamento político, (das armas pueden alcan-
zar lo que no puede la razón conseguir» y ma-
nifiesta Justo Lipsio, «la fortuna de la guerra
enseña á los vencidos el arte de ella.» Las
gracias de una empresa, dice C. Cornelio,
«suele llevarlas el que la da fin, aunque otros
hayan hecho mucho más. » Solís, en su con-
quista de Méjico, nos recuerda que las gran-
des hazañas son hijas de los grandes peligros,
y nos avisa que «los ojos son los primeros
que se han de vencer en las batallas. » Como
ejemplo de las bellas imágenes que se encuen-
tran entre las máximas y consejos de estos
libros, cuya lectura recomendamos al ejército,
expondremos una de Cicerón, que tan impor-
tante es para la legitimidad de las glorias mi-
litares, como para la justa y fundada reputa-
ción de ciertos hechos; «la verdadera gloria
echa por si raices y se extiende, más las cosas
fingidas, todas se caen como las flores.»
Estrada en su guerra de Flandes, Julio
César en sus comentarios, Tácito en sus
14
106
obras, Fenelon en su Telémaco y Cervantes
en Don Quijote, nos dan útiles consejos. Y
cuando el P. Mendo se dirije á los Príncipes
y Plinio á los tiranos, son sus máximas de
aplicación general, y no debemos olvidar la
filosofía que encierran las siguientes palabras
de uno y otro autor: «el que más sube está á
mayor contingencia de resbalar y caer; nadie
se prometa seguridad, pues sus pasos son por
escala y sus dichas andan en rueda y si ésta
se vuelve, quedará en breves horas misera-
ble, quien se miraba dichoso.» «El Príncipe,
dice Plinio, «no dé nada, pero no quite nada;
no alimente, pero no mate, y los hijos nacerán
por todas partes.»
Hemos hecho esta ligera digresión para
demostrar la conveniencia de incluir en el ca-
pítulo de historia, ciencia y arte militar, los
códices que tratan de la educación de un Prín-
cipe, y los que se ocupan de asuntos de filo-
soíía militar, ó contienen emblemas y máxi-
mas de interés para el Ejército, á quien ade-
más recomendamos la lectura de algunos clá-
sicos de la Biblioteca del Escorial, cuyos prin-
cipales manuscritos se mencionan en el capí-
tulo X, consagrado á los códices hterarios.
Incluimos en esta subdivisión los libros
de caballería, por la preponderancia que tu-
107
vieron en ciertas épocas, manteniendo el es-
píritu caballeresco, que necesariamente habia
de influir también en el Ejército, reflejándose
en el valor personal del soldado, en las haza-
ñas de nuestras tropas y en los hechos y proe-
zas de los aventureros, que con la punta de su
espada señalaron el nombre de España en to-
dos los países y en las más remotas pla-
yas.
Los libros de caballería y los romances
nos pintan con brillante colorido todos los ac-
tos de heroísmo, ofreciéndonos con su lec-
tura, como ejemplos de digna imitación, las
ficciones más sorprendentes; empresas atrevi-
das y luchas temerarias, descritas en invero-
símiles historias, que en muchas ocasiones,
más que copias de los hechos reales, condu-
cen la acción al táltimo límite de lo sobrena-
tural y fabuloso.
Se retratan en las páginas de los libros
de caballería y en los rom.ances, hazañas ma-
ravillosas, sucesos memorables y todas las
pasiones que agitan el corazón humano ó con-
mueven á los pueblos, desde el dulce cantar
del enamorado trovador hasta el más rudo
combate. Reflejan todos los sentimientos del
alma, ofreciéndonos una muestra de los tran-
quilos afectos del más puro idealismo, junto
108
á los más tempestuosos y desordenados sen-
timientos.
Los libros de caballería y los romances,
nos señalan los dos contrastes, alegre y triste,
ridículo y sublime de la vida. Nos relatan to-
dos los actos, deseos y aspiraciones de aquella
sociedad y de aquellos famosos tiempos de
aventuras y de combates, de amores y cuchi-
lladas á quienes deben su existencia. Galan-
tería y heroísmo confundidas con crímenes é
infamias, glorias y miserias, despreocupación
y fanatismo, vicios y virtudes, cual si una
misma flor ostentase las perlas del rocío en
algunas de sus frescas y lozanas hojas y tu-
viera yá otras marchitas , cubiertas de cieno y
salpicadas de sangre.
Y hay en estos romances caballerescos,
trovas de amor que encantan y hechos heroi-
cos que elevan el espíritu y estas trovas y es-
tos hechos, que conmueven de igual manera
al alma, con opuestos sentimientos, se adap-
tan perfectamente á la organización y tenden-
cias de los pueblos meridionales; son la ex-
presión genuina de su modo de ser y de sen-
tir de su estado físico y moral, reflejan el
temperamento, las costumbres, la educación
y hasta la topografía del país y la influencia
estacional. Por eso no es posible que la leyen-
109
da española se parezca nunca á la leyenda ale-
mana. En la nuestra ha}^ luz, hay sol, hay ca-
lor, hay gérmenes de vida, fuerza de creación
expontánea y asombrosa fecundidad por to-
das partes; y en la alemana, como en la de
todos los pueblos frios y nebulosos, la imagi-
nación y los afectos están en armonía con la
naturaleza y sólo hay sombras, oscuridad,
misterio, vacilación y duda. Nosotros creemos
y sentimos, ellos piensan y razonan. En nos-
otros se imponen la imaginación y el espíritu,
en ellos domina siempre la voluntad, esclava
de la materia y subordinada al cálculo intere-
sado y positivista.
El feudalismo, los duelos, los torneos, el
culto exagerado al valor que engendraron el
heroísmo y el desprecio de la vida, el culto
apasionado de la belleza que sostuvo la ga-
lantería hasta la exageración, y de tal mane-
ra^ que nunca fué la mujer más atendida y
realzada, á todo eso deben su origen y pre-
ponderancia los romances de caballería y los
hechos famosos de los celebrados andantes
caballeros. Y el trovador que canta y el ca-
ballero que corre por el mundo en busca de
aventuras, y defiende lo iTiismo su derecho
que su sin razón, lo justo é injusto á cuchilla-
das, encuentran la inspiración de sus canelo-
lio
nes y el móvil de sus actos, en las ideas predo-
minantes de su época y en la educación pecu-
liar de la sociedad en que vivieron.
El nombre de romance que se dio á las
primeras composiciones de este género, se ha
atribuido á los trovadores provenzales que
nos conservaron algunos restos de literatura,
escribiendo en una mezcla de latin y de galo
llamado lenguaje romano ó romance.
Uno de los más antiguos es el de los Doce
Pares de Francia, escrito en el siglo XI. Des-
pués de éste se escribió el Amadis de Gaulay
también las cruzadas y las guerras con los
moros, dieron materia y estimulo para otros
muchos.
La expulsión de los árabes, la abolición
de los torneos, la prohibición de los duelos y
el fanatismo religioso matando el ideal y des-
pertando la inclinación á la vida monástica^
fueron extinguiendo las aficiones caballeres-
cas; el espíritu de aventuras fué reemplazado
por otras ideas, por otros sentimientos y por
distintas aspiraciones. Cervantes, con el ridi-
culo y con la filosófica critica de su obra, con-
cluyó con los libros de caballería, desterrando
para siempre la afición que aún despertaba en
todas las clases de la sociedad la lectura de los
romances. Debemos, sin embargo, consignar
111
ahora, y con profundo respeto, que los mu-
chos y buenos romanceros españoles han en-
riquecido la literatura patria con excelentes
obras de gran mérito y de verdadero ingenio.
Al terminar estas breves consideraciones
acerca de los libros de caballería y sobre la
influencia de la educación y de las costumbres
en las épocas de su mayor preponderancia,
deseo hacer aquí entusiasta mención de una
bellísima poesía titulada ^^El trovador, y) que
forma parte de un libro próximo á publicarse,
escrito por mi buen amigo y compañero el
poeta sevillano D. José Velarde. Esta com-
posición excede á todo elogio, y en ella
se describen, ó mejor dicho, se dibujan
de un modo admirable y con la mayor
delicadeza, todos los sentimientos, todos los
cuadros sociales y distintos hechos adonde
acudía el trovador buscando inspiración para
sus cantos.
Los códices sobre las órdenes militares,
su institución y origen, así como la genealo-
gía y la heráldica^ deben figurar en esta sec-
ción de Historia militar y en la parte biblio-
gráfica correspondiente al examen y clasifica-
ción que hacemos de la Biblioteca de manus-
critos del Escorial.
112
CÓIDIOES
PLUTARCO. Educación de un príncipe ó tra-
tado de cómo un Rey no puede gobernar sin ciencia.
Tratado del tirano y tiranía y del Rey y Reino, por
Augustin Nipho: códice de mediados del siglo XVI;
en italiano: estante &, pliíteo 4.°
EGIDIO ROMANO. Gobernamiento de los
príncipes; traducido al castellano por Pedro García de
Castroxeriz, para la educación del Infante D. Pedro,
hijo de D. Alfonso XI: códice con 464 folios, estante
H, plúteo i.°
Hay otro códice de Egidio Romano, en
el estante K^ plúteo i.° que consta de iSy
folios «trasladado de iatin en romance é co-
piado Fr. Juan García de Castroxeriz, de la
Orden de los Menores, Confesor de la Rey-
na de Castilla, para el noble Infante D. Pe-
dro, fijo de D. Alonso, á petición del Obispo
de Osma D. Bernabé.» También en el estante
H, plúteo 2.° hay dos códices de Egidio
Romano; uno que se titula «Regimiento de
Principes.» traducido del Iatin á la lengua
castellana y otro, compendiado y que tie-
ne 1 35 folios.
CONSEJO Y CONSEJEROS DE LOS PRÍN-
CIPES; cuáles deben ser para su buen gobierno:
113
compuesto por el Maestro Pedro: códice siglo XV, es-
tante Z, plúteo 3.°
GOBIERNO DE REYES. Este manuscrito es-
tá en el códice Árbol de Batallas, de Honorato
Bonnet: estante X, plúteo 3.°
REPERTORIO DE PRÍNCIPES DE ESPA-
ÑA. Estante X, plúteo 2.°; códice del siglo XV.
OFICIO DE REY. Estante G, plúteo 4."
JUAN BOCACCIO. Caida de Príncipes; tra-
ducida al castellano; estante L, plúteo 3.° Hay otra
traducción de Bocaccio en el estante E, plúteo 3.", y
en otro códice todos sus cuentos ó Decameron. (Hago
aquí mención de los dioses de Bocaccio, por consi-
derar curiosa su lectura.)
EMBLEMAS LATINOS ó consejos á los Prín-
cipes y á sus Ministros, por D. Juan de Solorzano;
siglo XVII; estante K, plúteo 4.°
FELIPE DE COMINES; sus memorias tradu-
cidas del francés al castellano, por Philiberto, que se
titula «Primo y Criado de S. M.» muy bien escritas en
el año de 1622. Este códice que consta de 443 folios,
tiene grabadas las armas Reales. Estante J, plúteo i ."^
EL PRÍNCIPE PERFECTO y ministros ajus-
tados; documentos políticos y morales, consideracio-
nes histórico-filosóficas y militares, para la educación
de un Príncipe, por el P. Andrés Mendo, de la Com-
pañía de Jesús. Curioso códice dedicado á S. M. el
Rey D. Felipe IV, de mediados del siglo XVII, es-
tante H, plúteo 2.°
TELÉMACO. Hay diferentes traducciones y
copias de pasajes de este famoso libro de aventuras,
de Francisco Salignac de Lamothe Fenelon, quien
publicó también un libro titulado: «Examen de la
15
114
conciencia de un Rey,» y la «Explicación de las máxi-
mas de los Santos,» que Bossuet hizo condenar en
Roma. También de la guerra de Troya hay varios
códices, (algunos con viñetas) y se habla en ellos de
Telémaco, hijo de Ulises y Phenélope, ayudado en
sus empresas por Minerva.
URGANDA. Códice con 82 folios, en donde
se trata de los oráculos ó vaticinios de Reyes y de
Príncipe; siglo XVI, estante &, plúteo 4."
FR. MIGUEL DE FRANCOIS. «Espejo de
ricos y principalmente de los de corte,» escrito en
francés para el Archiduque de Austria y Duque de
Borgoña D. Felipe, de quien era confesor el autor;
concluido en i5oo. Códice en vitela con una hermo-
sa viñeta y con iSg folios; estante Z, plúteo i.°
AVISOS PARA MINISTROS que negocian con
sus Príncipes en la corte de otros Monarca; códice en
italiano; de principios del siglo XVI, estante K,
plúteo 3.°
En la parte II y más particularmente en
las IV y V de este capítulo hacemos mención
de algunos códices que contienen interesan-
tes consejos é instrucciones para los Reyes
y los Príncipes, debiendo citar entre otros,
los manuscritos del estante Y^ plúteo 3.^
«Recuerdos de Carlos V para su hijo.» «Ra-
zonamiento del mismo, en donde se expresa
cómo debe gobernar en tiempo de paz y de
guerra.» Discurso de Felipe II hecho á su
115
hijo en el último dia de su vida, &, &. Hay
en esta biblioteca, tan rica en manuscritos
históricos, científicos y literarios, muchos é
interesantes códices que se ocupan de la
educación de un Príncipe y de la instrucción
y gobierno de los Reyes.
LIBROS DE caballería. Varios manus-
critos con aventuras, cuentos é historias: códice en
vitela del siglo XV, estante H, plúteo i.''
DOCTRINAL DE CABALLEROS; con una
carta dedicatoria al Condestable: códice en vitela con
276 folios; siglo XV, estante H, plúteo 3.°
LIBRO DE LA GAYA CIENCIA. Códice del
siglo XV, estante M, plúteo i.°
HECHOS Y HAZAÑAS de D. Jaime I de
Aragón; códice delsiglo XVI, estante I, plúteo 2.°
FIESTAS REALES de justa y torneo, com-
puestas por Fr. Miguel de Madrid; autógrafo; (i3 de
Abril de 1 589;) auto sacramental. Estante D, plú-
teo 3.«
SUMARIO DE LAS LEYES DE DESAFÍOS
entre caballeros, según uso, hecho por Pedro Juan
Ferrer, escrito en lemosin.
CARTELES DE DESAFIO de D. Luis Cor-
nell á Mosen Galceran de Besora, con todas las cartas
y demás circunstancias de dicho desafio; en lemosin:
códice del siglo XVI, estante L, plúteo i.°
LEYES DE caballería, de paz y de guer-
ra. Relación del desafio del general de Francia con el
116
Príncipe de Gales: códice en lemosin, siglo XV, es-
tante Y, plúteo 3.°
MELGHIOR PEINTZING. Hazañas y peli-
gros del héroe, valeroso y célebre caballero Teius-
dan 1 1 1. Libro impreso en la ciudad de Nuremberg,
por Juan Schousperger en i5i7; un volumen; siglo
XVI, estante X, plúteo i.°
GUENTOS, HISTORIAS Y AVENTURAS
del Rey Guillermo de Inglaterra, de una Santa Em-
peratriz de Roma, del Emperador Garlos de Roma y
de su mujer la Emperatriz Sevilla, del Emperador
Otas, de Roma, de la Infanta Florencia, su hija, y del
buen caballero Esmeros: códice en vitela del siglo
XIV, con 1 52 folios de cuentos y aventuras; estante
H, plúteo i.°
PEDRO rodríguez. Descripción del paso
honroso que defendió Suero de Quiñones, cerca de la
puerta de Orbigo, á seis leguas de la ciudad de León
y tres de la de Astorga, en que se juntaron nueve ca-
balleros castellanos con otros nueve aragoneses; año
de 1434; códice del siglo XVI, estante F, plúteo 2.°
JAGOBO ANTONIO FERRARI. Desafio va-
leroso de trece campeones italianos y otros tantos
franceses, acaecido en la Pulla, en el año de i5o3,
por defender el honor de sus naciones, y gloriosa vic-
toria obtenida por los primeros.
Desafio entre tres soldados italianos y otros tan-
tos españoles, tenido en la ciudad de Vicenza en el
año i5i3.
Desafío entre el gigante Turco y el gentil caba-
llero Leonardo Prato, tenido en la isla de Rodas, y
victoria obtenida por el último. Todos los desafios
mencionados se describen en el códice que ocupa el
117
estante P, plúteo 4.°, escrito en italiano. Es de prin-
cipios del siglo XVI y se compone de i83 folios.
HISTORIA DE PONTUS; libro de caballería,
en francés. Siglo XV estante X, plúteo 3.°
JULIO CLARO. De los duelos y de sus legí-
timas causas. Varios edictos sobre los duelos y los ad-
versarios: códice en latin, estante P, plúteo 3."
FIESTAS Y TORNEOS verificados en la co-
ronación de Carlos VIII de Francia. Están pintados
los torneos y los escudos de los caballeros. Estante E,
plúteo 4.°
LEYES Y CONSTITUCIONES de los caba-
lleros de la orden de Santiago, con algunos ordena-
mientos de Maestres: códice siglo XV, estante M,
plúteo i.°
ESTABLECIMIENTO DE LA ORDEN DE
SANTIAGO, por D. Fernando de Ortega, con otros
dos tratados del mismo autor, referentes á dicha or-
den: códice del siglo XV, estante B, plúteo 4.°
FRANCISCO SANSORINO. Origen de los
caballeros, «donde se tratan las invenciones, órdenes
y declaraciones de la caballería del collar ó cadena,
de Cruz y de Espuela, con los estatutos de caballería
de la de Saboya, del Tusson y de San Miguel.» Tra-
ducido del italiano al castellano, en Granada, por
D. Diego Castellano, el año i5ji. Al principio se
halla autógrafo el dictamen de Ambrosio de Morales;
hay dos sonetos de Fr. Vicente Hernández y al final
el dictamen de Fr. Lorenzo de Villavicencio, también
autógrafo: códice con 429 folios; del siglo XVI, es-
tante C, plúteo 3."
118
ABAD DE MORINUENDO. Don Guillermo.
«Definiciones fechas en los tiempos del preclaro é
magnífico señor D. Rodrigo Tcllez de Girón, Maes-
tre de Galatra va.)) Calendario y ordinario de los ca-
balleros de dicha orden: códice siglo XV; estante P,
plúteo 3."
FR. JUAN DE FOXAN. Historia de la orden
militar de San Juan de Jerusalem, dedicada á su
gran Maestre Fr. Juan de Valetta, firmada de mano
del autor, en Barcelona, en Junio de i563; i.'^y 2.^
parte: estante N, plúteo i."
HISTORIA DE LA MILICIA DE JERUSA-
LEM, conocida con el nombre de caballeros del or-
den Teutónico; escrita en alemán: códice siglo XV,
estante K, plúteo 2."
DISCURSO Y RELACIÓN sobre la orden de
San Juan de Jerusalem, de Malta: su origen é ins-
titución; en italiano; estante X, plúteo 3.°
REGLA DEL COLLAR ó divisa que instituyó
el Infante D. Fernando de Castilla; manuscrito ador-
nado con pinturas; códice del siglo XVI, estante D,
plúteo 3.°
LIBRO DE LA ORDEN DE LA VANDA que
fizo el Rey D. Alfonso XI: estante D, plúteo i.'' ¡La
orden militar española de la Banda estaba ya des-
acreditada en tiempo de Enrique IV por lo mucho que
se habia prodigado. Los Reyes Católicos la abolieron
y aunque Felipe V la restableció, pronto cayó en
desuso.)
HERNÁNDEZ DE MENDOZA. Blasones de
¿irmas de Reyes y Príncipes y particularmente de la
119
nobleza española: códice con 227 folios, siglo XV,
estante C, plúteo 2."
ARMAS, BLASÓN DE INGLATERRA: su
origen y explicación: ¡pintadas en vitela.) Orden de
la Jarretiera, su origen, ordenanzas, etc.: códice siglo
XV, estante X, plúteo 2."
DE APELLIDOS NOBLES É ILUSTRES.
Genealogías de los linages y solares de España y de
otros Reyes y ciudades: códice siglo XV; estante &,
plúteo 2.^
NOBLEZA DE VENECIA. Apellidos nobles,
destinos, sueldos, etc., en italiano: códice del siglo
XVI; estante H, plúteo 4.°
ÁRBOL GENEALÓGICO de los Reyes de In-
glaterra y su parentesco con los de España; estante X,
plúteo 2."
GENEALOGÍA y descendencia «de Fernán Pérez
de Agevedo, llamado el Portugalés:» códice anónimo
del siglo XV; estante K, plúteo i.°
ORIGEN de los señores de Ayala é de Salcedo é
donde fueron levantados: códice siglo XV; estante &,
plúteo 2.°
ORIGEN DE LOS GUZMANES; estante X,
plúteo 2."
FRAGMENTO GENEALÓGICO de los apelli-
dos La-Cerda y Lara: códice siglo XV; estante K, plú-
teo 2.°
FR. ANTONIO RODRÍGUEZ MARTÍNEZ
LOBON, Monge de San Basilio; «Memorial y papel
genealógico de los caballeros Ugarte, Barrientos y Ro-
dríguez de Saro en el Valle de Carriedo, con un elogio
Pontificio y Regio.» «Breve descripción del palacio de
su Keal y Católica Magestad.» Alegato genealógico de
120
los mismos caballeros, con varios escudos de armas,
dos códices del siglo XVIII; estante J, plúteo i.°
CARTA EJECUTORIA de hidalguía á petición
de Francisco Frias, vecino de la villa de Olivares; au-
téntica y escrita en 8 de Octubre de 1610: códice con
72 folios, en vitela.
GENEALOGÍAS de varios apellidos y algunas
cartas ejecutorias en diferentes códices.
GENEALOGÍA de los Reyes de Vizcaya; estante
X, plúteo 2.°
RELACIÓN de todos los títulos que hay en Es-
paña, sus descendencias y casas solares: códice de fines
del siglo XVI; estante J, plúteo 2.*^
DEL CARDENAL D. Francisco de Bobadilla y
Mendoza, Tizón de España; Memoria que dio al Rey
D. Felipe II sobre el origen de algunas casas, títulos y
caballeros españoles: códice de fines del siglo XVI; es-
tante J, plúteo 3.° (Bobadilla, Arzobispo de Burgos,
escribió esta representación dirigida al Rey, probando
que todas las familias ilustres de España procedian de
judíos, moriscos, bastardos, etc., etc., por vengarse de
la repulsa que hablan sufrido dos sobrinos suyos en el
tribunal de las órdenes, que se negó á cruzarlos, por-
que no probaron su nobleza.)
Hay en la Biblioteca del Escorial, entre
sus crónicas y códices de historia, las genea-
logías de un gran número de Reyes. Empera-
dores y Pontífices. Existen varias de los Re-
yes de España y Portugal, Francia é Iiigla-
121
térra; algunas de los Emperadores romanos y
de los Reyes de Ñapóles y Aragón.
Hay varios manuscritos con privilegios
otorgados á individuos, corporaciones y ciu-
dades; códices con fundaciones de monaste-
rios, ordenamientos, fueros, etc., etc., y de
ellos mencionanios algunos en los capítulos
correspondientes.
Respecto á heráldica; además de los có-
dices especiales, hay otros muchos con blaso-
nes, armas, escudos y viñetas, pudiendo ase-
gurar que se encuentra la Historia del arte
pintada en los códices del Escorial, pues no
sólo representan éstos, comoy¿í anteriormente
indicamos, un tesoro científico y literario de
gran valor, sino una riqueza artística de reco-
nocido mérito y de mucha consideración.
PARTE CUARTA
CÓDICES DE LAS CAMPAÑAS E HISTORIA DE CARLOS V Y DE
LAS GUERRAS DE ESPAÑA EN LOS PAÍSES BAJOS
É HISTORIA DE FELIPE II
CONSIDERACIONES GENERALES YCODICES
Consagramos una sección especial de este
capítulo, ó sea la parte IV del mismo, para
16
122
los códices que tratan de las campañas de
Carlos V y Felipe II. Al separar la historia
de estos dos Monarcas y sus hechos militares
de la parte dedicada en nuestro libro á las
crónicas é historia general y particular, obe-
decemos al propósito de ofrecer al Ejército
todos los manuscritos de la Biblioteca del Es-
corial, cuyo conocimiento más le interesa y
aquéllos que puedan serle de mayor utilidad.
Las monarquías de Carlos V y de Fe-
lipe II fueron esencialmente militares; los ma-
nuscritos referentes á ellas son también nu-
merosos: por estas razones, en armonía con
el objeto de nuestro libro, reunimos en un
sólo grupo de índole militar é histórica todos
los códices que se refieren á estos dos Mo-
narcas y á los acontecimientos más notables
de su reinado.
A muchas consideraciones se presta el
estudio filosófico de las épocas de nuestra
preponderancia militar; pero los desaciertos
políticos, el fanatismo religioso y la intransi-
gencia exagerada, empeñaron después las glo-
rias de nuestras armas, y en vez de los bene-
ficios que España pudo alcanzar realizando
en ese brillante período histórico el mayor
desenvolvimiento de su progreso moral y
poUtico-social, se detuvo y retrocedió en las
123
más fáciles y seguras etapas de su civiliza-
ción. En el camino de la victoria brotaron es-
pinas y recogimos abrojos en vez de flores.
Destruimos poco á poco los gérmenes más
fecundantes de la civilización de los pueblos y
de nada sirvieron para el porvenir de la na-
ción nuestras conquistas, porque no supimos
consolidarlas, conservando con prudentes re-
formas y paternal cuidado los bienes adqui-
ridos. Fueron estériles para el progreso y en-
grandecimiento de la patria la sangre derra-
mada en los combates, el descubrimiento de
la América y la adquisición de nuevas pose-
siones. El poder de las ideas no contribuyó
luego á secundar la fuerza de nuestro domi-
nio y por eso resultaron inútiles los sacrifi-
cios de nuestros soldados y la justa fama de
sus victorias. Bien pudiéramos decir al re-
cordar todas las causas de nuestra postración
y de nuestros desaciertos en la época en que
la fortuna más nos sonrió prodigándonos sus
dones, lo que decia aunque con otro motivo
al Emperador Carlos V el célebre teólogo es-
pañol y fraile dominico Melchor Cano: <dos
grandes males vienen muchas veces encubier-
tos en grandes bienes, y el estrago de la reli-
gión jamás viene sino en máscara de reli-
gión.»
124
OÓDICES
PEDRO MEXIA. Historia del Emperador
Carlos V: códice con 25 i folios, del siglo XVI; estan-
te U, plúteo 2."
CARTA DEL EMPERADOR CARLOS V ala
ciudad de Zamora notificándole su embarque en Bar-
celona en la armada contra Barbaroja y nombrando
Lugarteniente á la Emperatriz en 9 de Mayo de i553:
códice del siglo XVI; estante U, plúteo 2.°
CARTA DEL MARQUÉS DE PESCARA al
Emperador Carlos V, después de la batalla de Pavía.
(En el códice anterior.)
RELACIÓN DE LA JORNADA DEL PIA-
A40NTE hecha por los ejércitos del Emperador Car-
los V: códice del siglo XVI; estante U, plúteo 3."
NOTICIAS DE LOS EJÉRCITOS DEL EM-
PERADOR CARLOS V desde el 7 de Agosto de i 545
en que el autor manifiesta que salió segunda vez para
Flandes, hasta mediados del año 1 547. (En el có-
dice anterior.)
PEDRO MEXIA. Hay en el estante L, plú-
teo I .", otro códice del siglo XVI con el título de «His-
toria y vida del Emperador Carlos V.»
DEL CONDE JULIO LANDI. Libro de la
grandeza de ánimo, escrito en italiano y dedicado á la
memoria del Emperador Carlos V: códice del siglo
XVI; estante D, plúteo 3."
CARTAS DEL EMPERADOR CARLOS V y
de su madre, á Rampston de Viciana, gobernador de
S. M. en el reino de Valencia: códice del siglo XVÍ;
estante D, plúteo 3."
125
JORNADA TRIUNFANTE que el Emperador
Carlos V hizo á Viena contra el turco Solimán. —
Guerra que el Emperador Carlos V hizo contra Tú-
nez y la goleta y su toma: códice del siglo XVI; estan-
te U, plúteo 2."
PEDRO DE SAL AZAR. Historia de la guerra
que el Em.perador Carlos V hizo contra los rebeldes de
Alemania: primera parte: códice de fines del siglo
XVI; estante U, plúteo 3.''
PEDRO FRANCISCO DE HOSTIGLIA: Ora-
ción suplicatoria acerca de la guerra que Carlos V po-
dría intentar contra la Señoría de Venecia y del modo
de hacerla frente: códice en italiano, siglo XVI; es-
tante D, plúteo 2.°
CAMPAÑAS DE CARLOS V. (Modelos de es-
critos de guerra:) estante U, plúteo 2.°
MARTIN GARCÍA ZERECEDA. Comenta-
rios de las batallas, ligas y ejércitos con todos los acon-
tecimientos que en Italia, Francia y en otras partes ha
tenido el éxito de la Magestad Cesárea desde el dia de
San Pedro y San Pablo del año i52i hasta 17 de No-
viembre de iSqS: códice del siglo XVI; estante M,
plúteo I .°
HISTORIA DEL EMPERADOR CARLOS V:
códice del siglo XVI; estante G, plúteo 2.*^
DISCURSO MILITAR dirigido al Emperador
Carlos V, sobre la guerra contra los turcos, escrita en
Mallorca á 4 de Diciembre de iSqS, estante F, plú-
teo 2.°
JORNADA DEL EMPERADOR CARLOS V
contra Túnez, en i535; escrita en francés; estante B,
plúteo 4.°
JORNADA DE ARGEL hecha por el Empera-
126
dor Carlos V; descrita en verso: códice del siglo XVI,
estante C, plúteo 4.°
HISTORIA DEL EMPERADOR CARLOS V:
comprende algunos cuadernos sobre las guerras de
Alemania, desde el año i 542; anónima; estante L,
plúteo i.°
JACOEO NARDI. Discurso por el cual trata de
persuadir al Emperador Carlos V, la justicia con que
los florentinos piden su libertad; escrito en italiano,
año de i536; códice siglo XVI, que traía de otros va-
rios asuntos históricos; estante L, plúteo i.°
EMPRESA Y CONQUISTA GERMÁNICA
del Emperador Carlos V, escrita y ccmpuesta por el
Arcediano Busto; Capellán y Cronista; códice del si-
glo XVI, estante L, plúteo i.°
SEGISMUNDO QUINTANA. Austriados. Li-
bro XXIII, al Emperador Carlos V; códice en latin;
siglo XVI, estante &, plúteo 2.°
BA DO VERO. Relación de la persona, estado,
gobierno, etc. del Emperador Carlos V; en italiano;
códice siglo XVI, estante X, plúteo 3.°
BERNARDO NAVAJERO. Relación de los
estados, fuerzas y gobierno del Emperador Carlos V;
en italiano; códice del siglo XVI, en el que \iay otras
muchos manuscritos; estante X, plúteo 3."
RECOPILACIÓN de algunas cartas y escrituras
por las cuales se comprende la verdad de las cosas pa-
sadas entre S. M. Carlos V y el Rey de Francia; tra-
ducida del francés al castellano por el Secretario Gar-
cian. Ligas que el Rey de Francia ha hecho contra
el Emperador Carlos V; año de i5 52; estante V, plú-
teo 2."
D. LUIS DE ZUÑIGA, Comentarios de la
127
guerra de Alemania, hecha por el Emperador Carlos
V contra los rebeldes y herejes de dicho país. Jornada
hecha por el Emperador Garlos V contra el Duque
Juan Federico de Jasa; por el mismo Zúñiga. Autó-
grafo: códice del siglo XVI, estante E, plúteo 2.°
HISTORIA DE LA GUERRA que el Empe-
rodor Garlos V mandó contra los principales caballe-
ros y pueblos rebeldes de Alemania, en la cual, además
de los sucesos de Alemania, se contienen otros mu-
chos, que en el intermedio, en otras partes ocurrieron,
como fué el tratado del Gonde Fiesco, en Genova, los
acontecimientos de Ñapóles, etc.: códice de fines del
siglo XVI, estante &, plúteo 3.°
GENSURA DE LOS TRIBUNALES DE ÑA-
PÓLES, dirigida al Emperador Garlos V; manuscrito
en italiano, que con otros muchos de diferentes ma-
terias, componen el códice número 19 del estante N,
plúteo 3.°
DIÁLOGO LLAMADO DE MERGURIO Y
GHARON en donde se manifiesta la justicia del Em-
perador Garlos V y la iniquidad de los que le desafia-
ron; códice del siglo XVI; estante N, plúteo 2.°
FERRANTI GONZAGA. Relación sobre el
reino de Sicilia (de cuyo gobierno estaba encargado)
dirigida al Emperador Garlos V, dada en Milán á
3 1 de Julio de 1541; en italiano; códice del siglo XVI;
estante X, plúteo 3.''
DISGURSO DE MONSEÑOR GLAUDIO
TOLOMEO, Obispo de Dalmacia, sobre los méritos
del Emperador Garlos V y el Rey de Francia, para
con la Silla Apostólica; códice del siglo XVI; en ita-
liano; estante X, plúteo 3."
JUAN PAEZ DE GASTRO. Relación y anota-
128
cioiies de lo sucedido en Europa desde el año i5io
hasta el de iSSg, ó sea aparato para la historia de Es-
paña. (Autógrafos.) Códice en 4.° del siglo XVI; estan-
te &, plúteo 3.°
CARTA ORIGINAL á nombre del Emperador
Carlos V, al Arzobispo de Toledo D. Juan Tavera,
sobre varios negocios, fechada en Valladolid á 5 de
Marzo de 1544, ñrmada por el Príncipe D. Felipe II
y refrendada por el Secretario Ledesma; estante &,
plúteo 2.°
FORTUNATO DERCILLA. Dichos y hechos
memorables de D. Alonso Rey de Ñapóles; autógrafo,
y dirigido á Carlos V; estante E, plúteo 4."
CARTA AL EMPERADOR CARLOS V, Y
FRANCISCO I, para conciliarios; dedicada por el
traductor Marin al Infante D. Carlos; en Valladolid
á 12 de Diciembre de i55 5: códice del siglo XVI^ es-
tante B, plúteo 4.*'
EL EMPERADOR CARLOS V. «Recuerdos
para su hijo Felipe II, fechos en Augusta á 18 de
Enero de i545;» en Italiano. Razonamiento del Em-
perador Carlos V, dirigido á su hijo Felipe II, al
entregarle sus estados y reinos, en el cual se contiene
cómo debe gobernar en tiempo de paz y de guerra.
Discurso de Felipe II, hecho en el último dia de su
vida, al Príncipe su hijo; escrito en italiano; códice
siglo XVII, estante J, plúteo 3.°
INSTRUCCIÓN que el Emperador Carlos V
dio á su hijo D. Felipe II, al encargarle en su ausen-
cia del Gobierno de España, fecha en Barcelona á i."
de Mayo de i 543; estante J, plúteo 3."
129
HISTORIA de las causas de la desunión, re-
vueltas y alteraciones de los Países Bajos; dos códices
de fines del siglo XVI, estante M, plúteo i.°
LISTA 'de los caballeros que acom-
pañaron al Duque de Alba, en la guerra contra los
rebeldes de Alemania: códice del siglo XVI, estante V,
plúteo 3.°
TOMA DE BUGIA por el Conde Pedro Na-
varro; códice de principios del siglo XVI, estante V,
plúteo 2."
DE LA GUERRA CON LOS CALVINISTAS;
códice en latin, aiio de i63i, estante N, plúteo i.°
HISTORIA DE FLANDES y de las revueltas
en tiempo de Felipe II; dos códices en italiano, estan-
te M, plúteo i.°
TOMA DE BUGIA por el Conde Pedro Na-
varro; códice donde está también la historia de los
Reyes Católicos, de Hernando del Pulgar; siglo XVI,
estante V, plúteo 2.°
MIGUEL SURIANO; Embajador de la Seño-
ría de Venecia. Relación de la persona, estado, go-
bierno, etc., del Rey Felipe II; códice del siglo XVI;
en italiano; estante X, plúteo 3."
DE LA REBELIÓN DE LOS ESTADOS DE
FLANDES, y en donde «también se muestra no
convenir á la reputación y autoridad de la Magestad
Católica admitir los rebeldes á reconciliación si pri-
mero no se humillan y dejan las armas;)) año de 1612,
sin nombre de autor. Discursos sobre la propiedad y
naturaleza de la heregía, la cual siendo mala y dañosa
no debe S. M. ni lícitamente puede otorgar á los de
Holanda y Gelanda la libertad de conciencia y de
religión que piden, en las treguas ó paces, que con
17
130
ellos se tratan: códice con i32 folios, siglo XVII; es-
tante &, plúteo 3.°
ENGEHEN ROOSWYCH. Remedio propues-
to á S. M. para pacificar y hacer entrar en la obe-
diencia á las provincias rebeldes de Holanda. Medios
para que con la menor dificultad y en mayor prove-
cho de SS. AA., puedan hacer el viaje al Rhin;
anónimo. Historia de la rebelión y sucesos de los
Paises Bajos, desde el año i56o y 1570. Colección
curiosa de cartas de aquella época. Comisión y poder
dado por Felipe II á los inquisidores y sobre la he-
regía de los Paises Bajos. Dos códices del siglo XVI,
muy curiosos, en los que hay ocho manuscritos más,
é interesantes todos, sobre la rebelión de Holanda; es-
tante L, plúteo i.°
FREX DE TORRES, Canónigo de Palencia.
Discurso sobre la conquista de Francia, dirigido al
Rey D. Felipe TI; siglo XVI; estante &, plúteo 3."
DIEGO VALDES. Un autógrafo sobre la dig-
nidad y excelencia de los Reyes de España, dirigido
á Felipe II; códice interesante del siglo XVI, con 226
folios, estante H, plúteo 2.°
JUAN MARÍA MEMO. Razonamientos sobre
el gobierno de la República, dirigidos á Felipe II y
escritos en 1540: códice en vitela, estante D, plú-
teo 4.°
NOTICIAS HISTÓRICAS sobre el reinado de
Felipe II. Autógrafas. Alzamiento de los moriscos
de Granada en i568. Hay en este códice 28 trata-
dos más con diferentes manuscritos y documentos
históricos: códice de fines del siglo XVI; estante K,
plúteo I."
JUAN BAUTISTA GESIO. Matemático del
131
Rey D. Felipe II. Discurso sobre la sucesión del peino
de Portugal, escrito en italiano en 1578. Es Autó-
grafo. Estante P, plúteo i .°
* DIEGO HURTADO DE MENDOZA. Guer-
ras de Granada ó tumulto excitado por los moriscos
en el siglo XVI: códice del siglo XVII; con 162 folios;
estante H, plúteo 3.°
CARTAS Y DISCURSOS de Juan Bautista Ge-
sio, dirigidos á Felipe II, sobre la toma de posesión
del reino de Portugal y los asuntos de África. Autó-
grafos y minutas: estante P, plúteo i."
DESCRIPCIÓN DE LA ENTRADA de Felipe
II en Genova, por Teodoro Glorioso. Escrita en 1 548:
códice en 8.'' de terciopelo azul y del siglo XVI; estan-
te D, plúteo 4.°
CARTA DE D. FERNANDO DE TOLEDO,
Duque de Alba, á la Santidad del Papa Paulo IV, fe-
cha en Ñapóles á2i de Agosto de i556, en italiano. —
Habla que los ministros de Lisboa hicieron á los no-
bles y eclesiásticos y al pueblo de Portugal en tiempo
de Felipe II: códice defines del siglo XVII; estante J,
plúteo S.""
DIALOGO llamado Philipino; donde se refieren
las razones en que se funda el derecho que S. M. el
Rey D. Felipe II tiene al reino de Portugal; escrito
por Lorenzo de San Pedro: códice de fines del si-
glo XVI, con 3 18 folios; estante &, plúteo 3.°
JUAN DE ÁNGULO. Rogativas hechas en
Toledo por la salud del Príncipe Carlos, hijo de
Felipe II; en verso y prosa; año de i562; códice con
viñetas á pluma; estante B, plúteo 2.°
MEMORIAS DE ANTONIO PÉREZ, Secreta-
rio de Felipe II.
132
•VIDA INTERIOR DE FELIPE II; códice si-
glo XVII; estante J, plúteo 3.''
MÁXLMAS POLÍTICAS, escritas por Antonio
Pérez, Secretario de Felipe II, códice del siglo XVII;
estante J, plúteos i.^y 3.°
ANOTACIONES AUTÓGRAFAS de lo suce-
dido en Europa dede i5io á iSSg, por Paez de
Castro. De este códice interesante para la Historia de
España nos hemos ocupado yá y solo lo mencionamos
aquí por referirse también á los cuatro primeros años
del reinado de Felipe II. Estante &, plúteo 3."
Hay eii la biblioteca y salas capitulares
del Escorial varios retratos de Carlos V y
de Felipe lí. En la biblioteca principal exis-
ten dos del Emperador Carlos V, uno á los
49 años de edad, hecho por Pantoja y otro
de medio cuerpo, de cuando era joven, tabla
de Cranach. De este autor hay también una
tabla de doña Isabel de Portugal, esposa de
Carlos V. En la biblioteca de impresos se
halla el retrato de Felipe II y en el gabinete
de lectura el de Antonio Pérez.
133
PARTE QUINTA
CRÓNICAS É HISTORIA.
HECHOS DE HÉRCULES, Jason y guerra de
Troya: códice del siglo XV, estante V, plúteo 2^
'historia DE TROYA. Empieza con la na-
vegación de Jason: códice en latin, con 200 folios^ del
siglo XV, estante &, plúteo 3."
HISTORIA DE LA GUERRA Y RUINA DE
TROYA; traducida del francés al castellano por
mandado del Rey D. Alfonso XI, «é fué concluido el
postrero dia de Diciembre de 1 35o.» Tiene pintadas
algunas figuras de los héroes de dicha guerra: códice
en vitela del siglo XIV, estante H, plúteo i.°
HISTORIA DE LA GUERRA DE TROYA:
códice del siglo XV, estante L, plúteo 2.''
COMENTARIOS DE JULIO CÉSAR, en siete
libros; códice en vitela y en latin, del siglo XV y con
pinturas, estante C, plúteo 2.°
ce. SALLUSTIO. Guerra Catilinaria; muy
bien escrita en latin; códice en vitela con 21 folios,
del siglo XV, estante F, plúteo 2."
VASCO DE GUZMAN. Traducción castellana
de «Cayo Salustio;» sobre la guerra de Jugurta; có-
dice con 144 folios y del siglo XV, estante S, plú-
teo 3.°
C. CRÍSPULO SALLUSTIO. Guerras Cati-
lina y de Jugurta; códice en latin, siglo XV, estante
O, plúteo 2."
134
LEONARDO ARETINO. Comentarios á la
primera guerra púnica; códice en latin, del siglo XV,
estante O, plúteo 2.°
C. SALLUSTIUS. «Bellum Catilinarium et
Jugurtinum.)) Ornada su primera página con pintu-
ras doradas; códice de terciopelo, en vitela con 87 fo-
lios y del siglo XV, estante &, plúteo 3/
CG. SALLUSTIO. Bellum Jugurtinum; có-
dice en vitela, de fines del siglo XII, estante M, plú-
teo 3/ (Hay otros dos códices de lo mismo.)
J. CESAR. Comentaría de bello gothico; códi-
ce en vitela, del siglo XIV, estante M, plúteo 3.°
JULIUS C^SAR. Comentada de bello galli-
co; eódice en vitela del siglo XV, estante N, plú-
teo 3.°
Q. CURTIUS RUFUS. Gesta Alexandri Mace-
donum Regis; códice en vitela, del siglo XV, con muy
buena letra, estante M, plúteo 3.°
SUETONIO Y SALUSTIO. Vida y hechos de
César; escrita en portugués; códice en vitela, siglo XVI,
estante Q, plúteo i ."
SUETONIO. Vida de César; códice en latin,
en papel y vitela, fines del siglo XIV, estante Q, plú-
teo 2.°
SUETONIO. Vitaí duodecim Cicsarum; muy
bien escrita, por Juan de Paraszo, año de 1423; códice
en vitela, estante M, plúteo 2."
LUGANO. Historia de los hechos entre Julio
César y Pompeyo; traducida al castellano; códice si-
glo XV, estante R, plúteo i ."
LUGANUS. «Bellum civile Farsalia,» códi-
ce en vitela con 94 folios, de fines del siglo XII;
pstantc O, plúteo 3."
135
LUGII FLORI. «Historia de bellis romano-
rum,» códice siglo XV, estante O, plúteo 3."
VALERIO MÁXIMO. «Hechos memorables
del imperio Romano,» códice siglo XI V^ en latin, es-
tante M, plúteo 2.°
LEONARDO ARETINO. Guerra gótica, com-
puesta por el mismo, traducida al castellano por un
anónimo, natural de Toledo y dedicada al Conde de
Alba, códice del siglo XV, estante D, plúteo 3."
LEONARDO ARETINO. Comentarios de la
primera guerra púnica; códice en latin del siglo XV,
estante G, plúteo 3.°
LEONARDUS ARETINUS. Bellum gothi-
cum in Italia gestum; códice en vitela, del siglo XV,
estante G, plúteo 3.°
LEONARDUS ARETINUS. Tractatus mili-
Ú3e ad Raymundum equitem Florentinum; códice en
vitela del siglo X, estante G, plúteo 3.°
LEONARDO ARETINO. Historia del pueblo
florentino, muy bien escrita en Florencia, año de
1445; códice en latin: estante N, plúteo 2.'^
QUINTO CURCIO. Historia de Alejandro
Magno, traducida del latin por el P. Candido De-
cember, y escrita en italiano en 1438: códice en vitela,
con 186 folios; estante N, plúteo 3.°
HISTORIA ROMANA: códice en vitela, con
78 folios: siglo XIII; en latin, estante L, plúteo 3.°
ARRIANO. Historia de Alejandro de Macedo-
nia: códice en vitela, adornado con pinturas, del si-
glo XV y con 161 folios; estante N, plúteo 2.°, en
latin.
HISTORIA de los hechos de Hércules, Jason,
Medea, etc., de la guerra de Troya, é historia sagrada,
136
hasta la muerte del Rey David: códice del siglo XV;
estante N, plúteo 2.°
LIBRO DE LAS GENERACIONES: comienza
en Adam, sigue por la de los Reyes de Israel, de Tro-
ya, de Persia y de los Reyes de España y condes de
Castilla. Crónica de España desde su fundación
hasta el año 1369: códice del siglo XV; estante N,
plúteo i.°
HISTORIA del Imperio Romano y de sus cosas
más notables desde el año qio hasta el i3i3, anónima
y escrita en latin; estante P, plúteo 3.°
T. LIVIO PATAVINUS. Historia Romana;
contiene la primera década, en latin: códice en vitela,
con 233 folios: siglo XV; estante O, plúteo 2."
C. PLINIO SEGUNDO. Conjuración de Cati-
lina, escrita en vitela y en i 5 folios: siglo XV; estante
O, plúteo 2.°
TITO LIVIO. Historia Romana, en latin; es-
tante R, plúteo i.°
Hay también otro códice de esta historia traducida
al castellano en el siglo XIV.
TITO LIVIO. Historia del pueblo romano: códi-
ce en vitela, del siglo XV, muy bien escrito, en latin y
adornada su portada con pinturas, estante K, plúteo i ."
Hay otros varios códices en latin, sobre historia
rornana.
DON RODRIGO, Arzobispo de Toledo. Crónica
de España. Historia de los hunnos, vándalos, alanos,
suevos, godos, ostrogodos, etc. Noticia de los Pontífi-
ces y Emperadores romanos. Historia de los romanos
en su dominación en España, hasta Pompeyo. Histo-
ria de España desde su dominación por los árabes: có-
dice del siglo XVÍ; estante U, plúteo 2.°
137
HISTORIA de Cario Magno, escrita por Don
Alonso el Sabio: códice de mediados del siglo XV; es-
tante Y, plúteo i.°
COMPARACIÓN entre Alejandro Magno, Anní-
bal y Scipion el africano. Diálogo de Luciano, tradu-
cido al castellano por Martin de Avila: códice del siglo
XVI, estante &, plúteo 2.°
VIDA DE TEMISTÓCLES y de Alejandro ,
Magno; estante C, plúteo 3.°
DIFERENTES CRÓNICAS de Reyes: varios
manuscritos de Historia romana y de ilustres varones
griegos: estante C, plúteo 2.°
CRÓNICx^ de los Emperadores y Sumos Pontífi-
ces romanos: códice en latin, de principios del siglo
XV; estante J, plúteo 3.°
BREVE COM PENDIÓ de historia según las siete
edades del mundo; escrito en verso y prosa; anónimo:
siglo XV; estante X, plúteo 2."
CRÓNICA de los Señores y Reyes que han po-
seído á España desde el principio del mundo hasta la
era de io38: códice del siglo XIV; estante Y, plú-
teo 2."
PvODERICO. Crónica de España en tiempo
de los godos: códice en latin, siglo XV; estante X, plú-
teo 2.°
Hay otro códice con el nombre de Roderico en
el estante Z, plúteo i." Crónica de España en tiempo
de los godos.
ARZOBISPO D. RODRIGO. Historia del Rey
D. Rodrigo, último Rey de los godos. Historia de la
segunda destrucción de España, c|ue fué después del
vencimiento del Rey D. Rodrigo: hay dos códices
iguales; fines del siglo XV; estante Y, plúteo 2.*^
18
138
FÁBULAS de la fundación de Sevilla: hay en
este códice 2 5 tratados más de diferentes asuntos; es-
tante H, plúteo 2.°
FR. GONZÁLEZ DE ALVARADO, Abad de
San Pedro Arlanza. Crónica del Conde Fernán Gon-
zález. Se ocupa también de la muerte de los Infantes
de Lara y de los hechos y vida de los sucesores del
Conde Fernán González hasta Don Fernando I y
D." Sancha su mujer: códice del siglo XVI; estante Y,
plúteo 3.°
CRÓNICA del Conde Fernán González y noticia
de algunos Reyes de Castilla. Está incompleta y es
parte de la de San Pedro de Arlanza ó sea copia del có-
dice anterior. Anónima, de principios del siglo XVI y
con 119 folios; estante U, plúteo 2.°
HECHOS del Conde Fernán González y del Cid,
Ruy Diaz de Vivar: códice del siglo XV; estante Y,
plúteo i.°
POEMA del Conde Fernán González: códice del
siglo XV; estante B, plúteo 2.°
ALONSO DE CARTAGENA. Genealogía de
los Reyes de España, compuesta en latin y traducida
al castellano, con adiciones marginales de Juan de
Villafuerte. Sumario breve de historia de España des-
de el nacimiento del Rey Católico hasta su muerte;
anónima; estante X, plúteo 2.°
CRÓNICA de algunos Reyes de Castilla y León
desde D. Fruela II hasta D. Fernando, que ganó á
Córdoba; estante X, plúteo 2.°
CRÓNICA de once Reyes de León y Castilla
desde D. Ramiro II hasta D. Fernando el Santo: có-
dice del siglo XV, con 260 folios; estante Y, plú-
teo 3.°
139
CRÓNICA de los Señores y Reyes que ha tenido
España desde su población hasta el año 994 de Jesu-
cristo, escrita el año 1400: códice con 259 folios; es-
tante X, plúteo i.°
RODERICO, Arzobispo de Toledo: Crónica de
España, en latin, escrita el año 1 386, leyéndose al ñnal
de ella la siguiente inscripción del autor. «Navarra me
parió, crióme Castilla, París me graduó, Toledo fué
mi silla, mi sepultura en Huesca, en el cielo con Dios
mi alma se queda:» códice del siglo XIV; estante L,
plúteo 2.°
Es también de Roderico la Crónica de España en
tiempo de los godos, que está en el estante X, plúteo
2.^; códice del siglo XV.
D. CARLOS, Príncipe de Viana. Crónica de los
Reyes de Navarra: códice del siglo XVI; estante X,
plúteo 2."^
GENEALOGÍA de los Reyes de Granada desde
García Sancho Abarca: códice del siglo XV; estante N,
plúteo I."*
CRÓNICA de los Reyes de Navarra, compuesta
por el Príncipe D. Carlos IV, Señor de dicho Reino,
en el año de 1454; estante &, plúteo 2.°
GENEALOGÍA de los Reyes de Navarra, desde
D. íñigo Arista hasta el año de 1425; estante X, p.° 2.°
HISTORIA de España y particularmente de la
Corona de Aragón hasta el Rey D. Alonso V, anóni-
ma y en lemosin: códice del siglo XV; estante Y, plú-
teo 3.^
PEDRO FOMICH. Historia de España y par-
ticularmente de la Corona de Aragón hasta el Rey Don
Alonso V, en lemosin, escrita por Luis Rivelles en
1493; estante X, plúteo 2.°
140
CARTAS DEL REY de Castilla á los de Navarra
y Aragón y de éstos á aquel sobre su entrada en los
Reinos de Castilla, escritas en Julio de 1429: son co-
pias y están en un códice de mediados del siglo XV; es-
tante P, plúteo 2.°
CONQUISTA DE VALENCIA; comentarios so-
bre ella: códice en 4." del siglo XV; estante Y, plú-
teo 3."
DESCRIPCIÓN de los hechos de D. Jaime I de
Aragón y de muchos de sus descendientes; historia tra-
ducida de la «Crónica catalana de Ramón Muntaner,»
al castellano, por Miguel Montade: códice de fines del
siglo XVI; estante J, plúteo 3."
HISTORIA general de España por D. Alonso el
Sabio: contiene desde Hércules hasta el tiemipo de Cario
Magno: códice con 242 folios, escrito en 1434; estante
Y, plúteo I ."
CRÓNICA del Rey D. Alonso el Sabio y de Don
Sancho su hijo, anónima: códice del siglo XV; estante
Y, plúteo 2."
CRÓNICA del Rey D. Alonso de Castilla, por
Juan Nuñez Villazán: códice del siglo XVI, con 3o3 fo-
lios; estante Y, plúteo 3."
EL REY D. ALFONSO. Historia general des-
de el principio del mundo hasta la unión de Jacob con
Labam: códice de fines del siglo XIII, con i53 folios,
en vitela; estante O, plúteo i."
CRÓNICA del Rey D. Alfonso en la que se con-
tiene la «Crónica del Rey D. Sancho, su fijo, é del Rey
D. Fernando, su nieto, fasta que ovo un fijo, que lla-
maron D. Alfonso,» anónima: códice en vitela, con
89 folios, de fines del siglo XIV; estante Y, plú-
teo I."
141
HISTORIA general del Rey D. Alfonso «desde
el principio hasta el ñn del Deuteronomio, primera par-
te: códice con 385 folios, siglo XV; estante Y, plúteo i."
HISTORIA general del Rey D. Alonso, contiene
desde el libro de Josué hasta la muerte del Rey David,
segunda parte, con 371 folios, siglo XV; estante Y, plú-
teo i.°
HISTORIA general del Rey D.Alfonso, tercera
parte; contiene desde el libro de los Psalmos, hasta los
profetas menores: códice del siglo XV, con 235 folios;
estante Y, plúteo i.°
HISTORIA general de España por D. Alonso el
Sabio, contiene desde el Rey Ptolomeo Filopater hasta
el Rey Antioco el Grande: códice del siglo XV, con 2 5/
folios, cuarta parte.
HISTORIA general de España que hizo Don
Alonso el Sabio, cuarta parte de la general, comprende
hasta la muerte del Rey D. Bermiudo de León: códice
del siglo XV, con 270 folios.
HISTORIA general mandada recopilar por el
Rey D. Alonso el Sabio: códice del siglo XV; estante
Y, plúteo 3."
HISTORIA del Rey D. Alfonso el Sabio, consta
de tres tomos, que comprenden la primera, segunda,
tercera y cuarta parte: códice de fines del siglo XV; es-
tante X, plúteo I .°
DIFERENTES CRÓNICAS de D. Alonso el
Sabio, Sancho IV y Fernando IV; en el estante X,
plúteo I."
CRÓNICAS de los Reyes D. Alfonso el Sabio,
D. Sancho el Bravo y D. Fernando el Emplazado:
códice del siglo XV; estante M, plúteo 2.° (Sin nombre
de autor.)
112
COPIA DEL TESTAMENTO del Rey Don
Alonso el Sabio, manuscrito de fines del siglo XV; es-
tante X, plúteo 2."
Hay otros varios códices de la Historia
general de D. Alfonso el Sabio y habia tam-
bién en esta Biblioteca uno de la Historia de
España que hizo el Rey D. Alonso y que co-
menzaba desde el Diluvio, concluyendo en el
alzamiento de D. Pelayo y casamiento de
Muza con su hermana. Este códice fué tras-
ladado á la Academia de la Historia, lo mis-
mo que una Crónica de los Reyes de León,
de Castilla y demás de España, desde D. Pe-
layo hasta el Rey D. Fernando el Santo.
Se ecuentran en la Biblioteca del Escorial
todas las obras de D. Alfonso el Sabio y ha-
bia antes sus famosas cantigas. Están sus li-
bros de partidas, fuero Real, fuero de Bur-
gos, etc. etc.^ de que nos ocuparemos en el
capitulo VIII; están los dos célebres códices la-
pidario y juego de dados y axedrés; el códice
titulado Tesoro, se halla en el estante L, plú-
teo S.'* y otro que se atribuye á dicho Rey y
y que lleva el título de Bocados de oro; en
el estante H, plúteo 3,""
143
HISTORIA de España por el moro Rhassis: co-
pia del original antiguo, escrito en pergamino, que
Ambrosio de Morales poseia y que dio al Conde de
Lanzarote: códice del siglo XVI, estante &, plúteo 2.°
EL REY D. Sancho IV el Bravo: castigos y do-
cumentos para bien vivir. Al final se lee: «E nos el
Rey D. Sancho que fecimos este libro lo acabamos
aquí en este logar en la era de i33i años;» estante Z,
plúteo 3.''
GENEALOGÍA de los Reyes de Vizcaya, sacada
de muchos autores, escrita en lengua fenicia y tradu-
cida al castellano: códice de principios del siglo XVI;
estante X, plúteo 2.*^
CRÓNICA general desde el principio del mundo
hasta los tiempos del Rey D. Carlos V, anónima: có-
dice de principios del siglo XVI, con 13/ folios; estan-
te M, plúteo i.°
HISTORIA general colegiada de San Isidoro,
Arzobispo de Sevilla; Julián Pomenio, de Toledo; Se-
bastian, Obispo de Salamanca; Sampiro de Astorga y
Palao, de Oviedo; desde el principio del mundo hasta
el tiempo de D. i\lfonso, hijo de D. Fernando: códice
interesante del siglo XV, con 332 folios; estante X, plú-
teo i.°
REYES DE ESPAÑA y los autores que en par-
ticular escribieron de ellos: catálogo de 72 Reyes de
España; estante L, plúteo i ."
DIEGO rodríguez DE ALMELA. Com-
pendio historial de las Crónicas de España hasta la
muerte del Rey D. Enrique: dos códices del siglo XV,
con 438 folios; estante U, plúteo 2.°
CRÓNICA DEL REY D. Alfonso XI, que ganó
las Algeciras, mandada escribir por su hijo D. Enri-
144
que II á Juan Nuiiez de Villazán: códice con 36o fo-
lios, del siglo XV; dos códices; estante Z, pltíteo S.*"
JUAN NUÑEZ VILLAZÁN: Crónica desde el
año XV, del reinado de D. Fernando IV, hasta la toma
de Algeciras por D. Alfonso XI: códice en vitela, con
289 folios, siglo XV; estante Y, plúteo 2."
JUAN NUÑEZ VILLAZÁN: Crónica del Rey
D. Alonso, hijo del Rey D. Fernando, trasladada al
papel en la era del César de 141 4 «é andaba el año del
nacimiento de Nuestro Salvador en 1 366 años:» có-
dice en folio de mediados del siglo XIV; estante M,
plúteo I."
CRÓNICA DE ALFONSO XI, por Juan Nuñez
Villazán: códice del siglo XV, con 280 folios; estante
Y, plúteo 2.°
CRÓNICA del Rey D. Alonso, que ganó las Al-
geciras, sin nombre de autor: códice del siglo XV; es-
tante K, plúteo i.°
HISTORIA en verso del Rey D. Alonso Onceno,
que ganó las Algeciras: códice del siglo XIV, con b-j
folios; estante X, plúteo 2.°
CRÓNICA de los hechos acontecidos en España
desde el principio del mundo hasta D. Alfonso On-
ceno, por Fr. García de Engui, Obispo de Bayona; es-
tante X, plúteo 2."
CRÓNICA de Alvar Pérez de Guzman el Bueno,
precedida de una noticia del origen de los Guzmanes;
estante &, plúteo 2.°
HISTORIA verdadera del Rey D. Pedro de Cas-
tilla, con notas y advertencias curiosas; su testamento
y la sucesión de los del linage de Castilla: códice del
siglo XVI, estante J, plúteo 2.^
HISTORIA del Rey D. Pedro, D. Enrique II y
145
D. Juan, anónima é incompleta, sólo tiene 200 folios:
códice de mediados del siglo XV; estante M, plú-
teo i.°
CRÓNICA del Rey D. Pedro de Castilla, hasta
la muerte de D. Enrique, anónima: códice del siglo
XV; estante K, pliíteo 2.°
CRÓNICA del Rey D. Pedro y D. Enrique, su
hermano: códice del siglo XV, con 266 folios; estante
Y, plúteo I .°
CONSEJOS Y DOCUMENTOS á D. Pedro,
hijo del Rey D. Alfonso, en verso; estante B, plúteo 2."
CRÓNICAS de D. Enrique III y D. Enrique
IV; estante X, plúteo 2.°
CRÓNICAS de los Reyes D. Pedro, D. Enrique
II y D. Juan I, por Pedro López de Ayala: códice del
siglo XV, con 428 folios: estante Z, plúteo 3.''
CRÓNICAS de D. Pedro, D. Enrique II, D. En-
rique III y D. Juan I, por D. Pedro López de Ayala:
códice del siglo XV, con 323 folios; estante Y, plú-
teo 2.''
Todos los códices que hay en el Escorial referen-
tes al Rey D. Pedro los ha examinado con suma de-
tención el ilustrado literato Sr. Tubino, pues tuve oca-
sión de verle consagrado á ese trabajo histórico-biblio-
gráfico en la misma época en que yo me ocupaba tam-
bién en el examen de los manuscritos de esta Biblio-
teca.
CRÓNICA de D. Juan I, «desde que se coronó en
Burgos, hasta que el Infante de Navarra venía por en-
traren Portugal con el Rey D. Juan.))
CRÓNICx\S de España, comenzando desde Hér-
cules, hasta D. Enrique IV, anónima: códice del si-
glo XV; estante H, plúteo 2."
19
146
CRÓNICA ó compendio histórico de cuarenta
Reyes de Castilla y León, desde D. Pelayo hasta Don
Enrique III; estante Z, plúteo S.*"
«GENERACIONES, semblanzas é obras de los
excelentes Reyes de España D. Enrique III é D. Johan
el II, é de los venerables Perlados é notables caballeros
que en los tiempos destos Reyes fueron,» compuesto
por Fernán Pérez de Guzman: códice del siglo XV; es-
tante Z, plúteo 3."
CRÓNICA de D. Enrique III el Doliente, por
D. Pedro López de Ayala, escrita por Pedro de Salas
en el año de i56o; estante X, plúteo 2.*^
CRÓNICA del Rey D. Enrique IV, sin nombre
de autor, y adornada la primera página con las armas
de Castilla: códice curioso y muy bien escrito del siglo
XV; estante X, plúteo 2.°
DIEGO ENRIQUEZ DE CASTILLA, cronista
de Enrique IV. Crónica de dicho Rey: códice de prin-
cipios del siglo XVII; estante X, plúteo 2.^
BIOGRAFÍA de D. Juan Pacheco, Marqués de
Villena, (favorito de Enrique IV, que formó la liga de
Burgos é hizo declarar ilegítima á D.* Juana, hija del
Rey, llamada la Beltraneja:) códice del siglo XV; es-
tante Y, plúteo I."
DIEGO ENRIQUEZ DE CASTILLA. Cró-
nica del Rey D. Enrique IV: códice con 210 folios, de
principios del siglo XVI; estante Y, plúteo 3.°
CRÓNICA del Rey D. Juan el II, anónima: có-
dice de fines del siglo XV; estante X, plúteo 2.°
CRÓNICA del Condestable D. Alvaro de Luna,
(ministro y favorito de Juan II de Castilla, á quien
todos adulaban á porfía mientras gozó de privanza y al
que abandonaron hasta los que más favores le debían
147
cuando fué preso y condenado á muerte. ¡Triste ejem-
plo de las miserias sociales y desconsoladora prueba de
la ingratitud de los hombres y de lo mudable que es la
fortuna!; códice con 284 folios, siglo XV; estante X,
plúteo 2.°
CLÁUSULA DEL TESTAMENTO del Rey
D. Enrique III, fecha y firmada en Salamanca en el
año de 1466 y confirmada en Santa María de Nieva
en 14/3: está en el códice de los ordenamientos de los
Reyes D. Enrique III, D. Enrique IV y D. Juan II.
D. PEDRO GONZÁLEZ DE MENDOZA, (Ar-
zobispo de Toledo, á quien llamaban el Cardenal de
España y eminente hombre de Estado.) «Habla que
hizo á algunos grandes de Castilla, cuyo parecer era
que descompusiesen al Rey D. Enrique IV el cetro
Real y pusieran á D. Alonso, su hermano, que era de
once años.)) Desafío que el Rey D. Fernando el Cató-
lico envió á Alfonso V, Rey de Portugal, y respuesta de
éste. Carta de Fernando V, escrita á una dama, con-
solándola de la muerte de la esposa de Fernán Gon-
zález: códice del siglo XVI; estante F, plúteo 2.°
DE LA caída de ESPAÑA en tiempo de
D. Juan I y su restauración por los Reyes Católicos:
este códice que lleva el título de (^Retribución divinajf)
es anónimo y están adornadas las letras iniciales y su
primera hoja, con oro y pinturas: códice en vitela, del
siglo XV; estante Y, plúteo 3.°
PROPOSICIÓN que el Obispo de Burgos pre-
sentó en el Concilio de Basilea referente á la preemi-
nencia que tienen los Reyes de España sobre los de
Inglaterra: códice del siglo XV; estante Z, plú-
teo 3.°
HERNANDO DEL PULGAR. Historia délos
148
Reyes Católicos: códice de principios del siglo XVI;
estante U, plúteo 2.°
LORENZO DE PADILLA. Crónica de los
Príncipes de la Casa de Austria, hasta el Rey D. Fe-
lipe 11. Crónica del Rey D. Felipe I. Comienza desde
la entrada de los Reyes Católicos en Granada, hasta la
muerte de ambos: códice con 184 folios, del siglo XVI;
estante X, plúteo 2.°
HERNANDO DEL PULGAR. Crónica de los
Re3^es Católicos D. Fernando y D.'' Isabel. Historia
de las cosas que pasaron entre los Reyes de Granada
desde el tiempo de D. Juan II, hasta que los Reyes
Católicos la ganaron, copilada por Hernando de Bae-
za: códice con 478 folios, del siglo XVI; estante Y,
plúteo 3.°
HERNANDO DEL PULGAR. Otro códice so-
bre los Reyes Católicos; en el estante U, plúteo 2.''
DISCURSO sobre el derecho que los Reyes Cató-
licos tienen á «Gascuña, al Ducado de Guajana y á
Navarra;» por Diego Rodríguez de Almela, canónigo
de Cartagena; estante X, plúteo 2.°
D. DIEGO rodríguez DE ALMELA. Tra-
tado de «cómo las mujeres heredan siempre en España
los reinos, ducados, condados, señoríos é mayorazgos
después de la muerte de sus padres, no dejando fijos va-
rones:)) códice definesdelsigloXV; estante X, plúteo 2."
ADVERTENCIAS dadas al Cardenal Farnesio
para el cónclave celebrado en muerte del Papa Paulo
III, escritas en italiano. Justificaciones de Juan An-
drés Doria, en que expone los motivos que tuvo para
no querer llegar á la Isla de Chipre, en italiano: có-
dice del siglo XVI, que contiene 17 manuscritos dife-
rentes, sobre asuntos históricos; estante X, plúteo 3.^
149
DIEGO rodríguez DE ALMELA. «Es-
criptura enviada al Muy Reverendo Obispo de Coria,
de cuantas veces, é en qué tiempo vinieron los moros
por mar á tierra de Italia.» Autógrafo. Carta del mis-
mo al Dean y Cabildo de Cartagena, «sobre la ida
que el Arzobispo de Toledo se dice que quiere facer á
la guerra contra los turcos;» fechada en Murcia á 25
de Abril de 1481.
«ORIGEN y descendencia de los Reyes de Por-
tugal é como el dicho Reyno pertenece á los Reyes
Católicos D. Fernando é D.'* Isabel.» por Diego Ro-
dríguez de Almela. En este códice hay también otro
manuscrito titulado: «Respuesta á ciertas preguntas y
de algunas Reynas é grandes señoras que non fueron
buenas mujeres, é de otras que fueron muy bue-
nas viviendo honesta, casta é virtuosamente é de
cosas famosas que por sus esposos ficieron,» dirigida
á Diego Carvajal por su autor Rodríguez de Almela:
códice de fines del siglo XV, con 129 folios; estante
H, plúteo 3.°
CAPITÁN GONZALO FERNANDEZ DE
OVIEDO. Relación de la Cámara del Príncipe Don
Juan, hijo de los Reyes Católicos. Autógrafo, escrito
en 1548; códice con 107 folios; estante E, plúteo 4.°
D. VICENTE ARIAS DE BALBOA. Parece-
res fundados en derecho que se tomaron de grandes
letrados, acerca de la diferencia que tuvieron el Rey
D. Juan II y el Infante D. Fernando, su tio, y otras
personas, sóbrela sucesión de los Reyes de la corona
de Aragón, por muerte del Rey D. Martin, año de
141 2; ordenado por el Dr. Burgos de Paz, que regaló
este códice autógrafo al Rey D. Felipe II, año 1574.
Contiene noticias curiosas y tiene notas marginales
150
del mismo Arias de Balboa; del siglo XVI, con 79
folios; estante F, plúteo i.°
INFORMACIÓN AUTÉNTICA, en la cual se
esclarece y trata el derecho de posesión de la Isla de
Lanzarote, y conquista de las Canarias; hecha por
comisión de los Reyes Católicos, y comenzada en 14
de Enero de 1477; estante X, plúteo 2.°
HISTORIA DE LOS TURCOS desde su
origen, hasta mediados del siglo XVI. Anónima.
Códice siglo XVI, con 275 folios, estante O, plú-
teo 2."
DOMINICO TEVISANO. Historia del estado,
gobierno, etc., del gran Turco, escrita en italiano, en
1554. Historia del Emperador de los Turcos, Sultán
Solimán, hecha por Domencio Contareno, en i532;
en italiano. Relación del estado, gobierno, etc., del
Rey de Persia, llamado el Sofi, y la guerra tenida con
Solimán, Emperador Turco; en 1554. Historia del
estado y gobierno del gran Turco, hecha por Monse-
ñor Marin Cavalli, en italiano; códice de fines del
siglo XVI, estante X, plúteo 3.°
MONSEÑOR BUGGIERI. Relación del Rey-
no de Polonia y Moscovia. Hay en este códice otros
varios manuscritos históricos, en italiano: códice si-
glo XVI, estante X, plúteo 2."
VICENTIO FIDELI. Embajador Veneciano.
Relación que hizo de su comisión con el Duque de
Florencia, Cosme de Médicis, con otros asuntos refe-
rentes al Papa Paulo IV, en italiano. Relación sobre
el estado político de Roma y del Papa Paulo IV, he-
cha por Bernardo Navajero, al concluir su Embajada,
en italiano. Hay en este códice, que se compone de
671 folios^ doce tratados más con manuscritos históri-
151
eos y documentos de interés; códice de principios del
siglo XVII, estante X, plúteo ?>."
JORNADA de Huzam Baja en las plazas de
Mazarquivir y Oran. (De este códice se ocupaba du-
rante mi estancia en el Escorial, el distinguido escri-
tor D. Florencio Janer.)
HISTORIA DE ÁFRICA y particularmente de
Túnez: códice del siglo XVI: estante &, plúteo 4.°
FEDELI . Historia de la guerra del Turco con-
tra los venecianos, desde i56g hasta iSjS, escrita en
italiano; códice del siglo XVI; estante O, plúteo 2.°
MONSEÑOR CAPÍLUPO. Discurso sobre la
liga entre el Papa, el Rey Católico y Venecianos, con-
tra el Turco; escrito en italiano, estante X, plú-
teo 3.°
DISCURSO de Monseñor Gabriel Selvago, so-
bre la misma liga. Autógrafo, en italiano. En el
mismo códice hay otros ocho manuscritos más, en
italiano, de diferentes asuntos, y entre ellos un dis-
curso^ anónimo, sobre la guerra del Papa Paulo IV
con España: códice del siglo XVI, estante X, plú-
teo 3.°
DISCURSO sobre la paz que la Señoría de Ve-
necia hizo con el Turco, en i5j3. Discurso sobre la
precedencia entre España y Francia, por Monseñor
Giacomo Aloisio. Instrucciones dadas por el Papa
Sixto IV á diversos Cardenales, Embajadores de Ale-
mania, Polonia, etc., y al final unas del Papa Ino-
cencio VIII; todos estos manuscritos y otros de dis-
tintas materias, que hay en este códice, están en ita-
liano: códice fines del siglo XVI, estante X, plúteo 3.°
RELACIÓN del estado, poder, gobierno, etc.,
de la república de Florencia, hecha por Marco Fos-
152
cari, Embajador de Venecia, en dicha república; en
italiano; estante X, plúteo 3.°
ESCRUTINIO de la Libertad Veneciana, en el
cual constan los derechos del Imperio Romano sobre
la libertad y Señoría de aquella república, traducido
por Antonio de Herrera, 1618; estante J, plúteo 3.°
En el estante H, plúteo 3.°, número i5 existe
otro manuscrito igual, de la Libertad Veneciana. El
códice que ocupa el estante J, señalado con el nú-
mero 27, contiene otros varios documentos y noticias
históricas sobre la república de Venecia.
DEL REYNO DE SICILIA: códice en latin
de fines del siglo XVI, estante J, plúteo d.''
MONSEÑOR DE TERRACINA; Nuncio que
fué en la corte de Francia. Sucesos de dicho Reyno
concernientes á la religión, guerra, etc., comenzando
desde el año i556; escritos en italiano; códice del si-
glo XVI; estante X, plúteo S.*'
MARÍN GIUSTINIANO. Historia del Rey-
no y gobierno de Francia. Del Reyno de Francia en
tiempo del Rey D. Enrique, hecha por el Embajador
Giovan Michele. Comentarios sobre el Reyno de
Francia, por el Sr. Michel Suriano, Embajador de
Venecia. Del estado^ gobierno, etc., del Reyno de
Francia, por Monseñor Giovani Correzo. Del estado^
gobierno, etc., del Reyno de Saboya, por Giovani
Correzo: códice en italiano; estante X, plúteo 3."
RELACIÓN de los Hugonotes de F' rancia, he-
cha por el Cardenal Bentivoglio, en tiempo de su
Nunciatura cerca del Rey Cristiano Luis XIII y en-
viada á Roma al Pontífice Paulo V en Noviembre de
1 61 9, con motivo de la asamblea de dichos Hugono-
tes; en italiano. Relación de Dinamarca, enviada en
153
una carta del Cardenal Benlivoglio, durante su Nun-
ciatura en Flandes, al Cardenal Bosgheti, sobrino del
Papa Paulo V: en italiano. Descargo dado por Oc-
taviano Bon, Embajador de Venecia, cerca del Rey
Cristianísimo, acusado de haber firmado contra las
órdenes públicas, las capitulaciones de paz hechas
entre el Archiduque Fernando de Austria y la Re-
pública de Venecia; en italiano, á principios del siglo
XVII; códice con 235 folios, estante K, plúteo 3."
HISTORIA de la fuga de Enrico de Borbon,
Príncipe de Conde, de la sangre Real de Francia y
de los sucesos hasta su vuelta á París, hecha por el
Cardenal Bentivoglio; en italiano: estante K, plú-
teo 3.°
COMENTARIOS de los sucesos de Francia,
desde i585al i5g8: códice anónimo, en italiano, de
fines del siglo XVI, estante M, plúteo i .°
SATISFACCIONES que el Duque de Crequii,
Embajador en Roma, pide del Santo Padre Alejan-
dro VII por el asesinato de un francés, cometido por
los soldados corsos y contestación del Papa; estante
&, plúteo 2.°
HISTORIA de la consagración, unción y co-
ronación de Carlos VIII de Francia. Fiestas y torneos.
En este códice hay pintados los torneos y los escudos
de los caballeros que en ellos tomaron parte. Tradu-
cida al castellano por Santos de la Horca, Comenda-
dor de Tampas, para presentarla al Conde de Bena-
vente, en 2 5 de Noviembre de 1484; estante E,
plúteo 4. «
FR. HAYTON. Flor de las historias de Orien-
te, en cuyo libro se habla de su situación, reyes, cos-
tumbres, etc., escrito en francés, por Fr. Hayton, por
20
154
orden del Papa Clemente V; traducción castellana de
Nicolau Falcon de Colly, adornado el principio con
oro y pinturas. Comprende también el viage á Tierra
Santa: siglo XIV, estante Z, plúteo i.°
GENEALOGÍAS y Crónica de los Reyes de Por-
tugal desde el Conde D. Enricjue hasta D. Juan III:
códice del siglo XVI; estante X, plúteo 2.^
CRÓNICA de los Reyes de Portugal desde Don
Alonso Enriquez, que fué el primero, escrita en Por-
tugués: códice con 3o2 folios, del siglo XVI; estante N,
plúteo I."
RESTITUCIÓN délos Estados del Duque de
Braganza, por D. Manuel, Rey de Portugal, fecha á
12 de Abril de t5o5. Crónica del Rey D. Juan el II
de Portugal, por su cronista. García de Resende. £)/-
chos y hechos del Rey D. Juan el II de Portugal, por
García de Resende.
RECUERDOS de los medios que deben adop-
tarse para volver á demandar la posesión del reino de
Portugal, escritos en italiano; estante P, plúteo i."
HISTORIA del fingido Rey de Portugal D. Se-
bastian, escrita por un P. de la Compañía de Jesús.
Historia del llamado Falso Nuncio de Portugal: có-
dice del siglo XVÍ; con j5 folios; estante Z, plúteo 4."
GUERRA entre el Rey de Polonia y el Duque de
Moscovia, en 1579: códice en italiano, que contiene
además otros muchos y curiosos manuscritos sobre em-
bajadas, viajes, etc., etc.; estante Y, plúteo 2."
RELACIÓN de lo que el heraldo de Inglaterra
ha hecho en Francia al anunciar al Rey la guerra; en
italiano: siglo XVI; estante U, plúteo 2."
SUCESOS del Reino de Inglaterra, comenzando
desde el Rey Eduardo VI, hasta el casamiento entre
155
Felipe II y la Reina D.^ María, redactados por Mon-
señor Comandoni, Nuncio del Papa, cerca de dichas
Magestades. Retrato ¿qI reino de Inglaterra, sin nom-
bre de autor, en italiano: códice del siglo XVI, estan-
te X, plúteo 3."
HISTORIA de Inglaterra, anónima y con el tí-
tulo de (íFriito de los tiempos:y) códice del siglo XV;
estante X, plúteo 2."
HISTORIA de Enrique IV de Inglaterra y de
Eduardo VIII su hijo, anónima; comienza en el año
1 53o: códice con 79 folios, del siglo XVII; estante X,
plúteo 2."
RELACIÓN de las personas, estados, gobier-
no, etc., etc., de los Reyes de Inglaterra Felipe II y
María, hecha por Juan Michaele, embajador de Vene-
cia, al concluir su embajada de Inglaterra en iSSj; es-
tante X, plúteo 3.°
RELACIÓN del Reino de Inglaterra, hecha por
Daniel Bárbaro cuando volvió de aquella corte, donde
estuvo de embajador de Venecia, en italiano; estante X,
plúteo 3.°
ESTEPHANO GARDINERO. De la llegada de
los normandos é ingleses á Bretaña, con la historia de
sus Príncipes, etc., escrita en inglés y traducida al
italiano, por Jorge Bains-Jordo, quien lo dedicad S. M.
el Rey Felipe II: códice en vitela, con 109 folios; es-
tante I, plúteo 3."
RELACIÓN del comienzo y suceso de las guerras
civiles llamadas de las Comunidades de Castilla y
más principalmente de todo lo relativo á D.'' María
Pacheco y al fin el epitafio de dicha señora. Poder que
se dio á los gobernadores y Consejo para declarar trai-
dores y proceder contra los Comuneros. Provisión que
156
se envió á las ciudades levantadas en comunidad para
que revocasen sus poderes: contiene este códice 82 ma-
nuscritos más de diferentes materias: códice del siglo
XVI; estante U, plúteo 2.°
JUAN MALDONADO. Historia en latin de las
Comunidades de Castilla: códice del siglo XVI; es-
tante &, pliJteo 3."*
INSTRUCCIÓN que el Cardenal de Tortosa dio
al bachiller de Zarate para los caballeros que estaban en
Tordesillas, fecha en Tordesillas á 14 de Diciembre de
I 520: códice en vitela, estante &, plúteo 2.°
DR. M. NICOLO THIEPOLO. Relación he-
cha á la vuelta de su embajada del Consejo de Niza,
donde se hizo la reunión del Papa Paulo III, Carlos V
y Francisco I, en italiano; estante X, plúteo 3.°
SUCESOS ocurrridos en Italia desde la extinción
del dominio de los Longobardos (que fué en el aiio 775)
hasta el i5oo, redactados por Ludovico Raccadello,
gentil hombre Boloiiés y después Arzobispo de Ra-
guzza, escritos en italiano. Historia de la República
Florentina, compuesta por Donato Giannoti, en italia-
no. Historia de Roma desde el año 320 hasta el i35o,
escrita en italiano, anónima: códice en folio máximo
con 616 folios, de principios del siglo XVI; estante O,
plúteo I."
INSTRUCCIÓN del Papa Paulo IV dada á Don
Pedro Carrafa, enviado cerca del Rey Católico, sobre
los asuntos de Paliano y otros, en Italia. Instrucción y
réplica del Cardenal Carrafa al Rey de Francia, sobre
los asuntos de la guerra con el Rey Católico, en ita-
liano: contiene este códice del siglo XVI muchos ma-
nuscritos, diversos tratados y varias cartas escritas á
diferentes personajes durante el Pontificado del Papa
157
Paulo IIÍ, en nombre del lUmo. Cardenal Farncsio.
(Curiosidades históricas y hallazgos bibliográficos que
es posible encontraren los códices del Escorial, exami-
nando con detención las diversas materias de algunos
volúmenes, en que como sucede en este códice, hay en
él 55 tratados diferentes, é igualmente con el códice
número 4, del estante U, plúteo 2.", que contie-
ne 194.)
COPIA de las cartas del Embajador de España en
Venecia á Carlos II, dándole cuenta de su misión:
comprende desde el 8 de Octubre de 1695, hasta i.° de
Marzo de 1698: códice del siglo XVÍI; estante H, plú-
teo 4.°
CARTA del Califa de Bagdad al Rev de Bella-
marin en 1340: estante X, plúteo 2.°
ENTRADA y conquista del Reino del Perú, es-
crita por su autor Pedro de Quiroga, de quien lleva la
firma, autógrafa: códice de mediados del siglo XVI;
estante K, plúteo 2.°
RELACIÓN de los Incas del Perú; estante L,
plúteo I,"
RELACIÓN de las cosas, idolatrías, ritos y cere-
monias que en la nueva España hallaron los españoles
cuando la ganaron, quiénes fueron los primeros que
predicaron la fé, etc.: códice del siglo XVI, estante X,
plúteo 2.''
DE LA SUCESIÓN y gobierno de los Incas, «se-
ñores naturales que fueron de las provincias del Perú y
otras cosas tocantes á aquel Reino.)) Al final se lee: .
«Fué visto lo más de lo escripto por el Dr. Bravo de
Saravia y el Licenciado Hernando de Santillan; oido-
res de la Audiencia Real de los Reyes: Illmo. Sr. Don
Juan Sarmiento, presidente del Consejo Real de In-
158
dias:» en este códice muy interesante de principios del
siglo XVI, y compuesto de 847 folios, hay seis tratados
más sobre los Incas del Perú, con autógrafo, del Li-
cenciado Santillan; estante L, plúteo i ."
ALEGACIONES acerca de que el Embajador de
España debe ocupar en la corte de Roma asiento prefe-
rente al del Embajador de Francia: códice del siglo
XVI; estante B. plúteo 4."
RELACIÓN de las cosas acaecidas en el asunto
de D.^ Margarita de Austria con el Duque Octavio su
marido, en italiano: año i5o8; estante K, plúteo 3.°
SITIO de Logroño por los franceses, desde el 21
de Junio de i52i; estante U, plúteo 2.''
CARTAS de varios personajes dependientes déla
corte de Roma y Príncipes de Italia, desde principios
del año i55o, escritas en italiano; estante L, plú-
teo I.""
PEDRO DE MAGALHAENS. (Historiador
portugués del siglo XVI.)
HISTORIA del Brasil: códice del siglo XVI; es-
tante B, plúteo 2."
IMAGEN ó espejo de las obras de Dios; en cuyo
libro se trata déla Historia Sagrada, profana y mitoló-
gica: códice del siglo XVI; estante B, plúteo 3.''
VARIOS tratados de historia, política y litera-
tura, en un códice del siglo XVII, estante C, plú-
teo 3."
JUAN BOTERO. Razón de Estado, escrita en
italiano y traducida al castellano, por Antonio de Her-
rera en I 591: códice del siglo XVI; estante B, plú-
teo 4.''
MEMORIAL curioso en el cual el Obispo re-
prende al Rey; estante Y, plúteo 3."
159
ORDENAMIENTOS, leyes, fueros, pragmáti-
cas, etc., etc., de los Reyes de España. (Véase el capí-
tulo VIII de este libro.)
DE ALIANZAS y tratados hay varios manus-
critos en diferentes códices; entre ellos es de mucho in-
terés el que ocupa el estante L, plúteo 2."
RELACIÓN primera que vino del desbarate y
muerte del Conde de Alcaudete en África á 24 de Julio
de 1 558. Carta que Cristóbal Rejón de Silva escribió
desde Oran á Gutierre López de Padilla, fecha i." de
Setiembre de i558, en que refiere la desgraciada jor-
nada y muerte del Conde de Alcaudete: este códice in-
teresante y curioso es digno también de especial men-
ción, porque se compone de 485 folios y contiene
unos 200 manuscritos de diversos asuntos históricos,
cartas, opúsculos, documentos notables, etc.: siglo XVI;
estante ü, plúteo 2.^
SILVIO ENEAS PICOLOMINO. Historia Bo-
hémica dirigida á D. Alfonso, Rey de Aragón: códice
del siglo XVI; estante X, plúteo 2.°
CARDENAL BENTIVOGLIO. De los estados
de Flandes y de las provincias que continúan bajo la
obediencia del Sermo. Sr. Príncipe, Archiduque Al-
berto y de D."* Isabel, Infanta de España; estante K,
plúteo 3.".
ÉPOCAS de varios acontecimientos notables, así
sagrados como profanos: códice siglo XV; estante X,
plúteo 2.°.
RAZONES que se pueden representar para que
Su Santidad haga gracia del Arzobispado de Toledo al
Sermo. Sr. Infante D. Fernando. Resolución que el
Rey D. Felipe III tomó, por Setiembre de 161 8, acer-
ca de algunas cosas importantes á su monarquía. Haj'
160
en este códice otros varios manuscritos curiosos é inte-
resantes y entre ellos uno de materia militar: de fines
del siglo XVIII; estante I, plúteo 3.".
VINDICACIÓN del Duque de Osuna é injusti-
cia de su prisión: siglo XVIII; estante H, plúteo i .*'
IDEA del gobierno de Sicilia, por D. Pedro Ce-
leste; dedicado al Excmo. Sr. Duque de Osuna, Virey
y Capitán General de dicho Reino, fecha en Palermo
á i4de Abril de 1611: códice del siglo XVII; estante I,
plúteo 3."
DESCRIPCIÓN de las bodas de Felipe IV con
la Infanta D.'* Isabel hermana de Luis XIV y de éste
con la Infanta hermana de Felipe IV. Jornada que
hizo S. M. con su hijo, hasta Burgos: contiene este
códice diferentes cartas, noticias literarias, curiosas y
bastantes autógrafos de que nos ocuparemos en el ca-
pítulo X, por no referirse á asuntos históricos; estante
L, plúteo I.".
D. VICENTE BACALLAR, Marqués de San
Felipe. Comentarios de la guerra de España desde
1700 hasta 1725: dos códices interesantes, del siglo
XVIII; estante M, plúteo i.°
MEMORIAL entregado al Rey Felipe IV, sobre
que no dé su hija en matrimonio al Príncipe de Ingla-
terra, por P. Mantuano; siglo XVIII: está dicho ma-
nuscrito, en un códice que contiene diferentes ma-
terias.
TORMENTO que se dio al Duque de Hijar en
el año de 1648. Arte de lo bueno y de lo justo para la
causa que motivó la prisión del Marqués del Carpió,
Duque de Montoro. Vida^ prisión y muerte de Don
Rodrigo Calderón, Caballero de Santiago, Ministro de
Felipe IV, favorito del Duque de Lerma, Marqués de
161
Siete Iglesias y Capitán de la guardia alemana: este
códice contiene varios tratados más, muy curiosos é in-
teresantes; estante Y, plúteo 3.°.
NARRACIÓN histórica, detallada, «de todo lo
acaecido en el levantamiento de Madrid, el dia 2 3 de
Marzo de 1766. ^^ Romance con el título «El llanto so-
bre el Difunto; consejo que el Miércoles Santo cele-
braron los italianos y españoles secuaces del Marqués
de Esquiladle.» (íOrdenan^as que deben y han de guar-
dar (bajo las penas que se expresan) indispensable-
mente todos los sugetos de que se compone el cuerpo
de españoles de esta corte, que ansiosamente solicitan
ver á su amado Monarca y Señor D. Carlos III.» No-
ticias individuales del tumulto de Madrid del dia 2 3
de Marzo de 1766, anónimas. Poesías anónimas y pa-
peles varios sobre el motin de Madrid contra el Mar-
qués de Esquilache. Diálogo de tres religiosos sobre la
historia del Predicador Fr. Gerundio, con otros mu-
chos papeles en prosa y en verso, en pro y en contra de
dicha obra, sin nombre de autor: códice muy curioso;
estante J, plúteo 3.°
21
CAPITULO V
m:a.riit^
CONSIDERACIONES GENERALES YCÓDICES
La historia militar de la Marina espa-
ñola registra en sus anales gloriosos hechos,
y son también de inolvidable memoria los es-
clarecidos nombres que inmortalizan las bri-
llantes páginas de su historia científica y lite-
raria. De unos y otros podemos ofrecer á
nuestros lectores muchos ejemplos que de-
muestren la grandeza de sus actos y la bondad
de sus obras.
La epopeya de las acciones navales y su
importancia, se consignan yá en los primeros
tiempos de nuestra Marina, y sólo con unas
cuantas frases de Roger de Lauria, Vice-
Almirante de Don Pedro III y de Don Jai-
me I, descubriremos (aunque parezca exage-
164
rada) la altivez de los hombres de su temple
en aquella época, y el poder marítimo é in-
fluencia política de los Reyes de Aragón. Pi-
dióle treguas el Conde de Fox á Roger de
Lauria, y como éste se negase á pactarlas y
fuera amenazado con una flota de trescientas
velas, le contestó Roger en un arranque de
noble orgullo: «Sabed que sin licencia de mi
Rey no ha de atreverse á nadar por la mar
flota ni nave; ¿qué digo nave? los peces mis-
mos, si quieren levantar la cabeza sobre las
aguas, han de mostrar las armas de Aragón
en un escudo, ó los castigaré como rebel-
des. »
Lepanto, Trafalgar y el Callao atestigua-
rán siempre la abnegación y heroísmo de la
Marina española, y si queremos recordar sus
glorias cientíñcas, que son inmarcesibles, no
es posible entonces que olvidemos los nom-
bres de dos niños, porque muy jóvenes eran
aún para la gigantesca empresa que les fué
encomendada, D. Antonio UUoa y D. Jorge
Juan. Siendo guardias marinas y cuando sólo
tenían diez y nueve años de edad el primero
y veintiuno el segundo, fueron comisionados
por Felipe V para averiguar, en compañía de
los más famosos astrónomos franceses, la
verdadera figura de la tierra. Los académicos
165
de la de ciencias de París se creyeron desaira-
dos al ver c]ue España enviaba como repre-
sentantes para tan difícil comisión científica á
dos guardias marinas, á quienes se ascendió á
tenientes^ con el propósito de que esta mayor
graduación realzara el prestigio y autoridad
que sus pocos años de servicios les negaban,
pero al terminar sus tareas, todos unánimes
reconocieron, honrando á España con sus elo-
gios, que los comisionados de ella á quienes
se juzgó pigmeos, eran gigantes.
Y yá que con este motivo hemos citado
á Felipe V, á quien debe España la fundación
de las Academias de la Lengua y de la His-
toria y á quien la Medicina es deudora de la
eficaz protección que dispensó á los estudios
anatómicos, no desdeñándose dicho Rey hasta
de asistir á las inspecciones cadavéricas; ha-
gamos constar también, puesto que se nos
ofrece ocasión oportuna para ello, que este
Monarca, primero de la Casa de Borbon en
nuestra patria, levantó á nuestra Armada de
su decaimiento y postración con vigoroso im-
pulso y decidido apoyo. Aunque Felipe V ce-
dió Gibraltar y Menorca á los ingleses, Ña-
póles, Cerdeña, el Milanesado y Toscana al
Emperador y la Sicilia al Duque de Saboya,
se hizo después acreedor á la consideración
166
de la Historia militar y naval de España con
la conquista de las Dos Sicilias y por los glo-
riosos laureles que alcanzó nuestra Marina
con motivo de la sangrienta campaña contra
Inglaterra en el combate naval de 1744 en
que vencieron los españoles á una poderosa
escuadra inglesa compuesta de veinticinco bu-
ques de alto bordo.
Pero dejando para más adelante el relato
á grandes rasgos de estos preclaros hechos
militares de nuestra Armada, ocupémonos,
aunque sea brevemente, de las glorias científi-
cas de la Marina española.
Siempre estuvo en nuestra patria más
adelantada que en los demás países la nave-
gación, y acaso pertenezca á los españoles el
descubrimiento de la aguja náutica.
Las leyes de partida y las obras de Rai-
mundo Lulio, (que vivió en el siglo XIII y
de quien hay algunos códices en el Escorial
que he podido examinar con detención) nos
hablan de la brújula, de su dirección al Norte
y de su aplicación á la náutica, y se refiere
esto, no como un hecho nuevo, sino como
cosa de antiguo uso entre los navegantes. La
ley 28 de partida, título 9.°, parte 2.* en el
año 1257 (códice también del Escorial) nos
dice «como los marineros se guian en la noche
167
oscura por el aguja, que les es medianera en-
tre la piedra é la estrella, é les muestra por
do vayan, también en los malos tiempos como
en los buenos; otro si los que han de aconse-
jar al Rey se deben siempre guiar por la jus-
ticia, que es medianera entre Dios é el mundo
en todo tiempo.»
Se ha dicho que el inventor de la brújula
y el que la aplicó á la navegación, fué Juan
Goya, natural del Reino de Ñapóles, en el
año i3oo; pero además de ser este apellido
vizcaíno y por lo tanto aun el descubrimiento
tendría un origen español, recuérdese que
cuarenta y tres años antes se habla yá de la
aguja náutica en las leyes de partida, y por lo
menos, si no la inventamos los españoles,
concédasenos que fuimos de los primeros en
usarla.
Véase lo que sobre este particular ma-
nifiesta el ilustrado brigadier de la Armada
D. Vicente Tofiño, en la introducción de su
obra «Derrotero de las costas de España en el
Mediterráneo.» Lo probable es, que el cono-
cimiento de la brújula lo aprendiéramos de
los árabes, que pudieron traerlo de la India
Occidental.
Los datos que hay en el archivo de Si-
mancas nos indican también que á un ma-
168
riño español se debe la invención de los bar-
cos de vapor, ó por lo menos, la primera apli-
cación del vapor como fuerza motora para la
navegación. En el archivo de Simancas consta,
y yá muchos autores se han ocupado de ello,
que Blasco de Garay, oficial de la Armada de
Carlos V, hizo en Barcelona la experiencia de
un bajel que andaba por medio de un apa-
rato, cuya parte más importante era una gran
caldera llena de agua hirviendo. La prueba se
hizo en un barco llamado Trinidad, y veamos
cómo se expresa D. Martin Fernandez de
Navarrete en el folio 127, «Discurso prelimi-
nar de los viajes y descubrimientos que hi-
cieron por mar los españoles desde fines del
siglo XV. »
«La primera máquina de vapor fué in-
ventada por Blasco de Garay, capitán de niar,
y presentada al Emperador Carlos V en i543,
el cual quiso que se ensayara, como en efecto
se verificó en Barcelona el dia 17 de Junio del
referido año, no habiéndose tenido más noti-
cia de tan importante descubrimiento hasta
que vinieron los ingleses, dándose por inven-
tores de él.» «La experiencia se hizo en una
nao de doscientas toneladas, venida de Coli-
bre á descargar trigo á Barcelona, llamada la
Trinidad^ su capitán Pedro de Scarza.» «Por
169
comisión de Carlos V y del Príncipe Feli-
pe II, su hijo, intervinieron en este negocio
D. Enrique de Toledo, el gobernador D. Pe-
dro Cardona, el tesorero Kávago, el vice-
canciller, el maestre racional de Cataluña
D. Francisco Gralla y otros muchos sugetos
de categoría, castellanos y catalanes, entre
ellos varios capitanes de mar que presencia-
ron la operación, unos dentro de la nao y
otros desde la marina.» «En los partes que
dieron al Emperador y al Príncipe, todos ge-
nualmente aplaudieron el ingenio y en espe-
cial la prontitud con que se daba vuelta á la
nao.» «El tesorero Rávago, enemigo del pro-
yecto, dice que andarla dos leguas cada tres
horas, que era muy complicado y costoso y
que habia mucha exposición de que estallase
con frecuencia la caldera.» «Los demás co-
misionados aseguran que la nao hizo ciaboga
dos tantos más presto, que una galera servida
por el método regular y que andaba á legua
por hora cuando menos.» «Concluido el en-
sayo, recogió Caray todo el ingenio que ha-
bia armado en la nao, y habiéndose deposi-
tado las maderas en las atarazanas de Barce-
lona, guardó para sí lo demás.» «Nunca qui-
so Garay manifestar descubiertamente el in-
genio; pero se vio al tiempo del ensayo que
22
170
consistía en una gran caldera de agua hir-
viendo y en unas ruedas de movimiento com-
plicadas, á una y otra banda de la embarca-
ción.» «Apesar de las dificultades y contra-
dicciones propuestas por Rávago, fué apre-
ciado el pensamiento de Garay, y si la expe-
dición en que entonces estaba empeñado Car-
los V no lo estorbara, sin duda lo hubiera
alentado y favorecido.» «Con todo eso, pro-
movió al inventor á un grado más, le dio una
ayuda de costa de doscientos mil maravedi-
ses por una vez, mandó pagarle por tesore-
ría general todos los gastos y le concedió otras
mercedes.»
Nadie hizo potable el agua del mar. an-
tes que los españoles, empleando la destila-
ción en el siglo XVI, en la jornada de Gelvez,
con cuarenta años de antelación á los ensa-
yos de Hawkins. En la Biblioteca del Esco-
rial hay un códice donde se refiere la jornada
de los Gelvez en i566 y la escasez de agua
con que se hallaban los españoles sitiados en
una fortaleza por los turcos, y cuya falta
la suplían alambicando la del mar. Aunque
este método fué inventado por un siciliano,
debe considerarse como invención española,
porque Sicilia en aquella época pertenecía a
España y nuestro célebre Andrés Laguna,
171
médico de Carlos V, fué el primero que en
1 566 se ocupó de la potabilidad del agua del
mar, colándola por arena y destilándola en
alambiques.
También del blindaje de los barcos pode-
mos ofrecer ejemplos en el año i535, cuando
al salir Carlos V de Barcelona en la escuadra
contra Barbaroja con cuatrocientos buques y
cuarenta mil combatientes^ dice Boecio, histo-
riador de la Orden de San Juan de Jerusa-
lem, que formaba parte de esta escuadra una
galera llamada Santa Ana, armada por los
caballeros y blindada de plomo para defen-
derla de las balas, «coraza de plomo clavada
por medio de clavijas de cobre y que impidió
que la galera no sufriese la más pequeña ave-
ría, apesar de los muchos proyectiles que die-
ron contra ella.»
Recordemos también que en el año de
1782, en el sitio de Gibraltar, la Armada es-
pañola mandada por el general D. Luis de
Córdoba, empleó por primera vez unas má-
quinas de guerra, invención del coronel Ar-
con y fueron las baterías flotantes.
Los costados de las baterías flotantes
estaban protegidos de los fuegos directos
por un blindaje de fuertes maderos, relleno
de arena mojada y cubierto exteriormente
172
de corcho; una techumbre elástica muy
inclinada, compuesta de cuerdas trenzadas
revestidas de cueros húmedos, debian anular
los fuegos curvos, haciendo que resbalaran
los proyectiles.
En 3o de Julio de 1789, las corbetas de
guerra Descubierta y Atrevida, mandadas por
Malaspina y Bustamante, salieron de Cádiz
para dar la vuelta al mundo. Desde entonces
y desde que se usaron por los españoles los
primeros blindajes, hasta que la Numancia
surcó el Pacifico, siendo el primer barco
blindado á quien corresponde como á su co-
mandante Méndez Nuñez, la gloria de esta
empresa ¿cuántas páginas de honra y cuán-
tos laureles hay que agregar á la Historia y
progresos de la Marina española?
Los fenicios, los cartagineses y los roma-
nos fueron nuestros maestros en náutica, y
á Sisebuto corresponde la organización mili-
tar de nuestra Marina, según manifiestan San
Isidoro en su Historia de los godos y Mariana
en la de España. En la Biblioteca de ma-
nuscritos del Escorial, están todas las obras
de San Isidoro y entre ellas dos códices; uno
del siglo IX que es un curioso itinerario ma-
rítimo de importancia histórico-bibliográfica
y otro en latin, de astronomía.
173
Existen en el Escorial suficientes datos
y antecedentes bibliográficos para escribir la
Historia antigua de la astronomía y astro-
logia; son numerosos los códices que allí se
encuentran de dichas materias, que los hebreos
y los árabes cultivaron en España con singular
predilección, como también la geografía y las
matemáticas. Hay en esta Biblioteca algunos
manuscritos de cosmografía, y además de los
códices de astronomía y astrología-arábigos
y castellanos, algunos en latin.
Los hebreos difundían la ciencia conser-
vando los conocimientos de los griegos, co-
mentando sus obras y traduciéndolas, y los
árabes propagaron la ilustración por nuestra
patria.
Á Moseh Bar Nachaman conocido vul-
garmente por Ramban, se le dio en España
el honroso nombre de Supremo Maestro en-
tre los rabinos y Maiiemon ó Moseh Ben
Maiiemon, natural de Córdoba, poseía las
lenguas hebrea, arábiga, caldea y griega, la
retórica, matemáticas, derecho y medicina.
Citamos su nombre y el de Averroes como
ejemplos notables por la universalidad de
su profunda instrucción. De estos dos sabios
hebreo el uno y árabe el otro, hay varios có-
dices en la Biblioteca del Escorial,
174
Ali Aben Ragel Ben Abreschi compuso
una obra de astronomía que fué traducida al
castellano por el rabino Jehudadh Mosca lla-
mado el Catón menor, quien tradujo además
como ya hemos manifestado, el célebre lapi-
dario de D. Alfonso X existente en el Escorial.
Izchaq Aben Latiph es uno de los judíos
más célebres por su ilustración y conocimien-
tos astronómicos y geográficos. Quien desee
noticias detalladas de este autor ó de otros
varios, puede consultar con provecho la bi-
blioteca española de Rodríguez de Castro, la
biblioteca rabínica de Julio Bartoloccio, la
biblioteca hebrea de Wolfio, la España orien-
tal de Paulo Colomesio, las obras de Van
Der Linden, Barrios, Limberch, Juan de
Vogrio, etc., etc.
Aben Zarsal, padre é hijo, fueron céle-
bres astrólogos Sevillanos, siendo el primero
quien según indica el P. Mariana, tuvo la
conferencia con el Rey D. Pedro sobre su
horóscopo famoso, y al segundo se refiere la
inscripción que hay en la catedral de Sevilla.
Selomoh Ben-Virga; historiador y astró-
nomo; escribió unas tablas astronómicas, en
el siglo XV.
Jahagob Mantenu, tradujo los libros de
Platón y Aristóteles, de física y metafísica
175
en el año 1490 y de estas traducciones se
ocupan Bartoloccio, Wolfio y Rodríguez de
Castro.
Abraham Zachut, sabio rabino del si-
glo XV y profesor de astronomía en Sala-
manca, escribió un almanaque perpetuo.
Abraham-Ben-Chija, fué astrónomo es-
pañol y geógrafo célebre del siglo XI.
El astrónomo sevillano David-Ben-Abu-
draham, compuso un tratado de los solsticios
y equinocios y el libro Tablas del Cielo, cuyo
códice se conserva aún.
Se ocupan Petruci en su libro de la esfera,
de la teoría de los planetas; Schmaseddino-
Mohamad-Ben-Ahamad-Almozi del uso del
cuadrante; Gemalddinos del cuadrante astro-
nómico y del cuadrante de los paralelos y
Mohamadis Jebth escribió varios tratados
de astrología, geometría y astronomía.
Daríamos á este capítulo una extensión
de que no podemos disponer en este libro, si
fuéramos á tratar en él de todos los autores
hebreos que han escrito de astronomía, cos-
mografía y geografía, y nos limitaremos á
recordar, que á los hebreos y á los árabes es
deudora la ciencia en España, de sus pro-
gresos, así como de todos los adelantos refe-
rentes á la Marina española en su origen
176
científico, pues si Roger de Lauria y Roger
de Flor fueron bravos como marinos, re-
conozcamos en ellos su valor militar cual
sobresaliente cualidad, pero buscando los
conocimientos profundos de la ciencia en
esta carrera, ícicil es descubrir entonces que
la base científica y fundamental pertenece á
los judíos y á los árabes. A ellos, además de
sus muchas obras debemos la invención de
varios instrumentos de matemáticas y de as-
trología y el perfeccionamiento de muchos.
La astrología tuvo principio en el Egipto;
allí aprendimos las ideas de medir á beneficio
de la sombra, y determinar las distancias y
alturas inaccesibles por medio de las propor-
ciones de los lados del triángulo. Thales fué
el primero que pronosticó los eclipses y que
nos enseñó el uso de la estrella polar^ la re-
dondez de la tierra y la oblicuidad de la elíp-
tica; Anaximandro, el inventor de la esfera
armilar y de las cartas geográficas; Aristarco^
el que nos dio el método para conocer la dis-
tancia del Sol por la de la Luna é Hisparco el
primero que calculó las tablas del movimien-
to del Sol y de la Luna, el que formó la serie
de estrellas fijas y quien estableció el funda-
mento para descubrir la presión de los equi-
nocios.
177
Los árabes y los hebreos nos trasmitieron
todos los conocimientos indispensables para el
Ejercicio de la Marina como profesión cientí-
fica. Los códices de astronomía, astrología,
geografía y cosmografía que de ellos hay en to-
das las BibHotecas y particularmente en la del
Escorial, nos lo revelan. Y siendo tan buenos
geómetras y tan observadores, habían necesa-
riamente de ser también buenos astrónomos.
Si los muchos códices de astrología judi-
ciaria y los varios que es fácil examinar en
el Escorial, de juicios de las estrellas, nos in-
dican que se dejaron llevar de las estravagan-
cias de la astrología como pretexto científico
para sus horóscopos, sortilegios, misterios y
hasta crímenes, fanatizados muchas veces por
sus ideas ó impresionada su razón por lo ma-
ravilloso^ creyendo que podían leer en el cielo
la muerte de los hombres y los destinos de la
humanidad, supieron en cambio impulsar los
progresos de la ciencia, y así como de la al-
quimia nació la química, la astrología sirvió á
la astronomía, que también las preocupacio-
nes de los hombres y los extravíos de la inte-
ligencia fecundizan el campo de las conquistas
intelectuales é históricas y prueba evidente de
esto último nos dieron en España los libros
de caballería, sosteniendo el espíritu aventu-
23
178
rero y despertando el amor á los peligros que
engrandeció nuestros dominios.
El estudio de las lenguas orientales en
España ha contribuido mucho á nuestro pro-
greso científico.
Los manuscritos arábigos existentes en
el Escorial nos recuerdan, que al posesionarse
los árabes de España, no sólo propagaron
todas las ciencias, la literatura, las industrias,
las artes y el comercio, sino que fecundiza-
ron nuestro suelo, canalizando las aguas y
utilizando los rios; á los árabes debió la agri-
cultura el excelente sistema de riegos que
aún hoy admiramos en Valencia y en Gra-
nada.
En la Biblioteca escurialense de Casiri
constan los códices arábigos de matemáticas,
geografía, astrología, astronomía y meteorolo-
gía del Escorial. Y debe verse entre otros por
lo que se refiere á los conocimientos especia-
les, para el estudio de la Marina el códice del
Escorial, señalado con el número CMXIII.
El árabe Abu-Baker Mohamad Ben Bageh
de quien nos habla Santo Tomás, dándole el
nombre de Aben Pace, fué célebre teólogo,
matemático, médico, poeta y músico, y de
este autor hay un códice en la Biblioteca del
Escorial.
179
Hay también otro códice que contiene
los nombres y escritos de algunos sabios y de
eminentes varones, no sólo en filosofía, sino
en todas las ciencias y entre ellas de astro-
nomía.
Casiri en su Biblioteca nos da noticia de
varias cartas geográficas que demuestran la
antigüedad de los conocimientos de los ára-
bes en esta materia; véase la página 9/ tomo
2.'' de su obra.
El moro Abolays de quien hemos tenido
ocasión de hablar, fué célebre astrónomo en
tiempo de D. Alfonso el Sabio, y Gerónimo
Torrella lo fué también^ y muy famoso, en
tiempo de los Reyes Católicos; Alfonso Sevi-
llano escribió unas tablas astronómicas que
dedicó á la Reina D.* Isabel la Católica, y
Francisco Nuñez de la Hierba compuso su
famosa cosmografía aumentada de Pomponio
Mela.
En el siglo XVI se escribió mucho en
España de astronomía y astrología, sobresa-
liendo en esta última, Alfonso de la Fuente,
Juan de Espina^ Gerónimo de Chaves, Juan
Aguilera y Juan Martínez Población, y en as-
tronomía Córdoba y Rojas; de hidrografía es-
cribió Andrés Poza; Gerónimo de Chaves
compuso el notable libro «De la esfera, reper-
180
torio de los tiempos;» Juan de Espina y Juan
de Aguilera, se ocuparon del astrolabio y mu-
cho antes escribió Francisco Palero, en i535,
su tratado «De la esfera y del arte de marcar
con el regimiento de las alturas;» Francisco
Valles comentó los cuatro libros de Aristóteles
«De meteoros;» Alfonso Pérez escribió de me-
teorología y Diego Pérez de Mesa de cosmo-
grafía; Bartolomé de la Hera, «Repertorio
del mundo y de la esfera, del cielo y orbes
elementales. »
En el siglo XVII, Antonio Zamora escri-
bió de los cometas, Simón de la Visitación y
Francisco Rodríguez «De meteoros;» Henri-
que Martínez, «Repertorio de los tiempos;»
Andrés García de Céspedes de hidrografía y
teóricas de planetas, publicando además las
obras siguientes: «Teórica, práctica y uso del
astrolabio, un libro de instrumentos nuevos
de geometría para medir distancias y alturas,
y una historia de todas las islas del mundo, su
figura y sitio. »
Por último, y para abreviar, manifesta-
remos que en el siglo XVII y desde el año
1611, escribieron también de astronomía ó
de meteorología, Francisco Murcia de la
Llana, Manuel Díaz, Pedro Ureña, Gerónimo
Valencia, Francisco de xMacedo, Laurencio
181
Ferrer, Vicente Moles, García de Góngora,
Francisco Velazquez, Antonio Na jera, Fran-
cisco Alfonso, Manuel Gómez, Manuel Bo-
carro, Juan Egidio, Felipe de Soldevilla, Juan
Caramuel, etc., etc.
José Várela y Ulloa, ilustre marino espa-
ñol que en 1776 ayudó al célebre Borda (a) á
medir geométricamente el pico de Tenerife y
á trazar los planos de las Islas Canarias y de
la costa de África, desempeñó otras muchas
comisiones científicas, y entre varias la de
fijar los límites de los dominios españoles y
portugueses en la América meridional.
El brigadier de la Armada D. Vicente To-
fiño levantó el plano de nuestras costas con
sus derroteros, descripciones de puertos y
ensenadas, rios, etc., etc.; su capacidad cientí-
fica, que honra á la Marina española, se re-
vela en su obra «Derrotero de las costas de
España.»
D. Martin Fernandez de Navarrete ha
enriquecido la literatura naval, ilustrando la
historia de la Marina con la «Colección de los
viajes y descubrimientos que hicieron por
mar los españoles desde fines del siglo XV. »
(a) Borda: astrónomo distinguido y célebre marino de la Acade-
mia de ciencias de París é inventor del círculo de reflexión, escribió el viaje
por Europa y América y la carta de las Canarias.
182
Mientras los distinguidos escritores de
nuestra Armada cultivan la ciencia como
Valdés, Ponce, Vargas y Navarrete, redacta
el general Mazarredo la ordenanza naval y
canta el marino y poeta Arriaza el glorioso
desastre de Trafalgar.
Los jefes y oficiales de la Marina espa-
ñola nos han dado completas y exactas des-
cripciones de los mares, de sus estrechos,
golfos y bahías, trazaron derroteros y contri-
buyeron al conocimiento de los escollos y
sondeos, ocupándose del levantamiento de
planos y cartas marítimas y de todo lo relativo
á la navegación y á la ciencia, al publicar
diferentes obras de verdadera importancia y
novedad como la de Jorge Juan en su Ensayo
marítimo, de tanto interés para la construcción
naval.
De ciencias exactas, físicas y naturales,
han escrito también nuestros marinos, y
podríamos citar los nombres de profundos
matemáticos, físicos y naturalistas. Como mé-
dicos los hubo y hay notables en el cuerpo
de Sanidad de la Armada, habiendo alcan-
zado merecida fama su escuela de Medicina
naval de Cádiz.
En el capítulo VII en c[ue nos ocupamos
de la medicina española, consignaremos sus
183
principales glorias, que alcanzan en gran
parte lo mismo las científicas que las militares
á los profesores de la Armada. Luis Lobera
de Ávila acompañó á Carlos V en sus expedi-
ciones por mar y por tierra, y el célebre Daza
Chacón á D. Juan de Austria.
Como Médicos de la Armada debe-
mos considerar á los que fueron con Don
Juan de Austria y á los que acompañaban
á nuestra Marina en sus espediciones ó asis-
tían con ella á sus combates. Mencionemos
aquí, sin embargo, á Cristóbal Pérez de
Herrera por su vastísima instrucción; fué
Médico de las galeras del Rey y tan pro-
fundo filósofo como buen poeta y bravo mi-
litar; fundó el hospital general de Madrid y
escribió varias obras notables, entre ellas un
libro sobre el garrotillo, publicado en i6i5,
que he visto en la Biblioteca de la Facultad
de Medicina.
D. Pedro Virgili fundador de los co-
legios de Cádiz y Barcelona, y Cirujano de
Cámara de Carlos III, lo habia sido antes
de Fernando VI, de ese bondadoso Rey á
quien la Marina española debe el brillante
estado que alcanzó en su época, la creación
en 175 1 de nuestro primer astillero en el
Ferrol y la paternal solicitud del Marqués de
184
la Ensenada que tanto contribuyó al esplen-
dor de la Marina.
D. Gregorio Arias León, Cirujano de
la Armada, es autor de una excelente diserta-
ción sobre la gangrena y D. Francisco Villa-
verde, Cirujano de la Real Armada y Cate-
drático del Colegio de Cádiz, publicó un buen
tratado de las operaciones de cirujia para uso
de los reales colegios; Pedro Malvasia, Ciruja-
no de la Armada, fué autor de un libro sobre
la trepanación, y por último, porque haríamos
demasiado larga nuestra reseña, citaremos
entre otros á D. Carlos Francisco Ameller,
profesor del Cuerpo de Sanidad de la Arma-
da, discípulo predilecto del célebre Canivell
en el siglo pasado; fué Catedrático de Física
y de Matemáticas del Colegio de Cádiz, pu-
blicando varias obras notables y un magniñco
discurso acerca del «mérito y proemio de la
Cirugía española. »
Desde que Raimundo Lulio escribió en
el siglo XIII el prodigioso número de obras
de química que encontramos en todas las
Bibliotecas, contribuyendo á sacar á esta cien-
cia de la alquimia, han prestado inteligente
concurso á sus progresos algunos de nuestros
marinos; á un oficial de la Marina española
debe Europa la introducción de la platina y
185
mucho han impulsado los adelantos de la quí-
mica diferentes médicos y farmacéuticos de
la Armada, pues como pertenecientes á ella
y participes de sus glorias ó desastres, consi-
deramos á los que ya en tiempo de Felipe II
se embarcaban (en i588) en la «Invencible
escuadra») compuesta de ii5 navios, donde
iban 102 cirujanos y 6o farmacéuticos.
De construcción naval y aún desde mu-
cho tiempo antes que nuestro célebre Jorge
Juan publicase su excelente «ensayo maríti-
mo» se ocuparon también con inteligencia y
aprovechamiento teórico y práctico nuestros
marinos. Hoy podemos asegurar que en pocas
naciones de Europa habrá quien rivalice con
la instrucción y conocimiento generales y es-
peciales que en este ramo poscenios Ingenie-
i^os de la Armada; para convencerse de ello,
basta recorrer nuestros arsenales y visitar sus
talleres, examinando ademas los programas
que constituyen el estudio de una de las car-
reras más difíciles de España. Y por último,
cuenta en la actualidad la administración de
Marina con un personal celoso é instruido y
hay en este Cuerpo distinguidos escritores
científicos y literarios que siempre los ma-
rinos, como Fulgosio, Javier de Salas y
Negrin, cultivaron con grandes dotes y con
186
fruto, la literatura española, la poesía y las
bellas artes.
Dice el capitán de fragata, distinguido
escritor y académico de la Historia D. Fran-
cisco Javier de Salas en su notable libro sobre
la Marina española, publicado en i865 «con
las obras de geografía, cosmografía y artes de
navegar, escritas en España en las dos cen-
turias de la dinastía austríaca, podría formarse
una brillante corona para orlar las frentes de
los Encisos y Santa Cruz, de los Medinas,
Villegas, Ramírez Ardíanos y Rojas, de los
Esquí vel, Muñoz, Moreno, Céspedes, Chacón^
Zamorano, Labaña, Sarmiento de Gamboa,
Ferrer, Circa, López de Armendariz y otros
muchos, que desarrollando teorías más ó me-
nos curiosas, acertadas ó útiles, pero todas
propendiendo a inquirir los caminos de la
verdad, contribuyeron á enaltecer la ciencia
en nuestro país é hicieron fijar la vista de las
naciones más cultas en los adelantos de la
nación española.))
Imiten nuestros marinos á Plinio, del que
hay en el Escorial varios códices y á quien
no dudamos en presentar como perfectísimo
modelo, pues reunia como ninguno el valor,
la ciencia y la abnegación más heroica. Céle-
bre naturalista, sirvió en la Marina, recorriendo
187
la Bretaña, el Egipto y la Grecia; durante la
guerra de Germania, mandó un cuerpo de
caballería, escribió la vida de Pompeyo y
ocho libros de gramática latina; compuso la
Historia de su tiempo dedicada a Vespasiano
y su gran obra de Historia Natural que inmor-
talizó su nombre; estuvo Plinio en España
durante las guerras de Galba, Otón y Vitelio,
y mandaba la escuadra de Misena cuando la
erupción del Vesubio sepultó á Pompeya y
Herculano; entonces, en medio de la conster-
nación y del espanto que en todas partes
producia la lava abrasadora del volcan, per-
maneció Plinio impasible y absorto en la
contemplación de este suceso aterrador, sin
reparar en el peligro que le cercaba, dictando
sus observaciones científicas, hasta que una
ráfaga de viento, llevando fuego en vez de
airea sus pulmones, le privó instantáneamente
de la vida, y cayó muerto en brazos de sus
esclavos, víctima gloriosa de su abnegación
científica.
Sigan nuestros marinos los progresos de
la ciencia en sus diversas manifestaciones y
recuerden c]ue yá en las antiguas páginas de la
Historia naval debe consignarse que fueron
respetados los que cultivaban su inteligencia^
pues derrotada la escuadra de los Atenienses
188
en la guerra del Peloponeso, se mandó pasar
a cuxhillo á los prisioneros y se perdonó la
vida á los que sabian recitar algunos versos
de Eurípides. Hoy la instrucción hace aún
más que salvar la vida, regenera al hombre,
le eleva é inmortaliza.
Y no hay profesión que más se preste al
estudio y á la contemplación de la naturaleza
que la ejercida en la azarosa y al mismo
tiempo tranquila vida de los mares^ porque si
hay luchas y combates con las tempestades y
las olas, no se lucha con las miserias de la
sociedad, ni con las pasiones de los hombres.
La soledad brinda al estudio, convida á me-
ditar, despierta el espíritu filosóñco de la
razón y los más tiernos sentimientos en el
alma. No es difícil entonces ser filósofo, natu-
ralista ó dulcísimo poeta; ¿á quién no inspiran
ó conmueven las maravillas de las aguas?
Recordemos lo que decia Izchaq Cardoso,
célebre médico hebreo, que ejerció su profe-
sión en Valladolid, de quien hay un códice
en el Escorial, «parece que la naturaleza se
quiso esmerar en las excelencias de este ele-
mento, adornando sus aguas de varias cali-
dades y encerrando misteriosos secretos en
sus ondas.» «Desde la pequenez de la fuente
á la proceridad del Océano, no hay parte de
189
cristal líquido que no esté publicando mara-
villas.» «Al principio inundaban la tierra y
buscando nuevas concavidades, se retiraron
á los términos que les señaló el precepto
divino, haciendo que en un sugeto tan leve
como la arena y de tan poca resistencia, que
un airecillo la arroja, quebrase los bríos de
su arrogancia, porque se vea derribada la
mayor soberbia con el instrumento más hu-
milde.»
Siempre la Marina española brindó con
su apoyo é influencia al genio, protegiendo
las ciencias y las artes. Si nuestro célebre
Gravina no hubiese amparado al famoso
poeta lírico y autor dramático Pedro Buena-
ventura Metastasio, á quien hizo dar una
excelente educación, no hubiera escrito sus
bellas obras, ni le honrara Carlos VI cuando
fué á Viena con el titulo de poeta Cesáreo que
Gravina le ayudó á alcanzar.
Habiendo comisionado Felipe II al natu-
ralista Francisco Hernández para que fuese á
las Indias occidentales y escribiera una Historia
de las plantas y animales de aquellas regiones,
lo efectuó, empleando algunos años en esta
obra, que constaba de quince libros en folio
mayor, los cuales se depositaron en la Biblio-
teca del Escorial. El arte y la ciencia en digna
190
emulación hablan competido para crear un
libro monumental por su valor artístico y
científico; las figuras de los animales, los
colores de las plantas, las ramas de los ár-
boles, las flores y las frutas, las escamas de
los peces, las plumas de las aves, los trages
de los naturales de aquellos países, sus ador-
nos, sus costumbres, sus bailes y sacrificios,
todo estaba admirablemente hecho y dibujado
por hábiles pintores; todo era obra perfecta
de las ciencias naturales y del genio de las
artes. Su encuademación azul con oro, sus
manecillas, cantoneras y bullones de plata,
estaban por su buen gusto y riqueza en armo-
nía con la magnificencia y grandiosidad del
libro que guardaban. En el incendio de la
Biblioteca del Escorial en 1671, las llamas
consumieron esta obra, y habiéndose encon-
trado después en los estantes de la Biblioteca
de San Isidro, por Juan Bauüsta Muñoz,
cinco volúmenes apolillados de los famosos
libros de Francisco Hernández, el ministro
de Marina en aquella época D. José Calvez,
comprendiendo mejor que nadie su valor,
influyó, y no en vano, con Carlos III. para
que se dieran á la prensa las obras de Fran-
cisco Hernández «co/z toda lafé é integridad
del original. ^^ El expresado ministro de Ma-
191
riña D. José Calvez, empezó la edición, y al
morir Carlos III, mandó Carlos IV á su mi-
nistro Porlier que se llevase á cabo; pero la
gloria é iniciativa de la empresa proyectada
en bien de la ciencia, corresponde á un mi-
nistro de Marina.
Consignamos aquí este suceso, porque no
recordamos que nadie lo haya mencionado de
una manera especial, en lo que de honorífico
tiene para nuestra Marina, yá que lo realizó el
jefe más caracterizado de dicha corporación.
Y téngase presente, que los hechos, al
parecer más insignificantes, y los actos más
pequeños, son los que mejor retratan á
veces las cualidades de las personas y el
valer de las instituciones. Hay detalles que
describen un pueblo, rasgos que caracterizan
una época y episodios que revelan una his-
toria completa en pocas líneas. Por eso qui-
siéramos en breves ñ'ases, y en unas cuantas
páginas de este libro, haber demostrado
la consideración científica á que es acree-
dora la Marina española por su reconocida
ilustración.
Notables son también los hechos militares
de nuestra Historia naval, y fácilmente lo
atestiguan los heroicos combates de Orlando,
Lepanto, Trafalgar, etc., etc., los ilustres
192
nombres de Bonifaz, Roger, D. Juan de Aus-
tria, Bazan, Mazarredo Paliano, Barceló,
Malaspina, Valdés, Churruca, Ruiz de Apo-
daca y Gravina. Y no ha degenerado el valor
que como glorioso recuerdo y ejemplo de sus
hechos legaron á sus sucesores, porque tam-
bién citamos con orgullo en nuestros dias los
apellidos de los esforzados vencedores del
Callao, Alvar González, Lobo, Antequera,
Valcárcel, Patero, Topete y Pezuela, debiendo
tributar hoy el respetuoso homenaje que cor-
responde al preclaro marino, honra de nuestra
Armada, que en momentos supremos atacó
con barcos de madera las blindadas torres del
Callao; ¡gloria eterna para el inolvidable Mén-
dez Nuñez! que pronunció en ese dia estas
memorables frases que no debe olvidar jamás
la Marina española: «España prefiere honra
sin barcos, á barcos sin honra,» palabras c]ue
sólo pueden compararse con las de Sánchez
Barcaiztegui en ese mismo combate, cuando
al participarle que se estaba incendiando la
Santa Bárbara de su buque respondió: «yo no
mojo hoy la pólvora, volemos todos.» ¡No es
posible que degenere una institución en la que
hay en nuestra época hombres que se expre-
san y conducen como Barcaiztegui y Méndez
Nuñez!
193
Fué Ramón Bonifaz el primer almirante de
la escuadra castellana, que tanto contribuyó
con su valor é inteligencia á la toma de Sevilla
en 1248; yá indicamos anteriormente algunos
de los gloriosos hechos de Roger de Lauria,
debiendo consignar también la heroica de-
fensa que hizo Roger de Flor de la plaza de
San Juan de Acre; recorrió este bravo marino
los mares con una pee|ueiia escuadra y al
frente de dos mil catalanes derrotó luego á
los turcos, contribuyendo á la conquista de
Sicilia, por Fadrique de Aragón, que le nom-
bró vicealmirante.
Los reinados de Carlos V, Felipe lí y
Carlos III, nos recuerdan memorables haza-
ñas de la Marina española. Fueron muy cé-
lebres las expediciones navales contra los
turcos en tiempo de Carlos V; véanse los
numerosos códices del Escorial referentes á
sus campañas. En el reinado de Felipe II
registra la Historia el combate de Lepanto,
que no es posible comparar con ninguno, tal
es su grandeza y tanta su importancia. Al
recordarlo, no sabemos qué admirar más, si
la gran figura militar de D. Juan de Austria
que en primer término se destaca y absorve
toda la atención^ ó el titánico desastre de los
turcos al perder en aquella jornada ciento
25
194
sesenta y siete naves, treinta y cinco mil hom-
bres muertos y siete mil novecientos cau-
tivos.
Contrasta con lo gigantesco de la empresa
la modesta relación que hace de los hechos y
lo pequeña que coloca su personalidad Don
Juan de Austria, cuando participa en un nota-
ble documento (que debiera servirnos de
modelo) el glorioso suceso en que fué herido
y cuyo accidente, y por tratarse de él, aun le
cuesta trabajo mencionar.
Es el reinado de Carlos III de feliz me-
moria para nuestra Marina; para conocerlo,
basta decir que en aquella época figuran en la
Marina española los nombres de Mazarredo,
Barceló, Ulloa, Jorge Juan, Borja y Malas-
pina.
Mandando Barceló la expedición contra
Argel en 1783, llevaba á sus órdenes á Es-
caño, Valdés, Salcedo y al célebre Gravina.
Acompañó este último á Carlos III en su
viaje á España, peleó heroicamente contra los
franceses en el sitio de Rosas y fué mortal-
mente herido en Trafalgar. ¡Y hé aquí el
nombre de la gran epopeya naval de nuestra
Historia! ¡Trafalgar! Es la derrota más glo-
riosa que se escribe en los anales, y si España
fué vencida, Inglaterra perdió á Nelson. La
195
escuadra británica se componia de treinta y
tres naves y de cuarenta la francesa y espa-
ñola. Tuvimos en Trafalgar mil veintidós
muertos, mil trescientos ochenta y tres heri-
dos y perdimos diez navios. Murió Churruca,
y al arrebatarle la pierna derecha una bala de
cañón, quiere incorporarse aún para continuar
luchando, y trasmite á la posteridad con el
heroísmo de sus últimos instantes la página
más brillante que inmortaliza la Historia de
la Marina. Murió también Gravina de resultas
de su herida, murieron Castaños, Alcedo y
Galiano, y al desaparecer sus almas de la
tierra pregonando la fama su heroísmo, quedó
sepultado en el fondo de las aguas el poder
marítimo de España.
Hemos trazado á grandes rasgos algunos
de los hechos mas culminantes de nuestra
Marina, y si los jefes y oficiales de la Armada
dieron siempre tantas pruebas de valor y
abnegación en los combates y en las continuas
luchas que el hombre de mar se ve precisado
a sostener con la naturaleza embravecida,
consagremos también un recuerdo de admi-
ración para los denodados batallones de in-
fantería de Marina que en Santo Domingo,
en Cochinchina, en la Isla de Cuba, en Viz-
caya y en las montañas de Navarra durante la
196
última guerra civil^ han demostrado con su
heroísmo que son dignos de inscribir en sus
banderas los lemas de sus victorias, orlados
con las cintas de la Orden militar de San
Fernando. Es nuestra infantería de Marina
digna sucesora de aquel mártir de sus deberes
Pedro de Avellaneda, que en la jornada de la
Prebiosa y en defensa de la nao aragonesa,
«siéndole llevada la pierna de un balazo,
campeó la bandera en popa^ refirmado sobre
la caña del muslo, hasta que vino la noche,
en que murió abrazado á su bandera, por no
querer perderla,» como lo hizo un alférez
español cuando derrotada nuestra escuadra
sobre los Gelves, se envolvió en la bandera
que llevaba, de la cual no consiguieron los
turcos desprenderle, «y se echó con ella á la
mar, para que juntamente con él se fuese al
fondo.»
Nuestra Marina, que tantos servicios ha
prestado, es de absoluta necesidad en nuestra
patria, y es preciso fomentarla. Lo extenso de
nuestro litoral y la seguridad de nuestras islas
adyacentes y posesiones ultramarinas, lo exi-
gen imperiosamente. Lo más vulnerable de
España son sus costas, y no sólo para la
defensa de ellas y de nuestros dominios de
Ultramar necesitamos una Marina bien orga-
197
nizada. sino que nuestro poder marítimo acaso
sea el único que nos dé hoy garantías de con-
sideración y de respeto entre las demás po-
tencias en el terreno de la fuerza ó en el de
las alianzas y auxilios internacionales á que
los acontecimientos de Europa y los sucesos
del porvenir puedan llevar, aun apesar suyo,
á todas las naciones.
Decia yá Temístocles, «la tierra se rinde
al que surca el mar;» no olvidemos que de
nuestros puertos han salido las expediciones
para todo el mundo, y que realizamos el pen-
samiento de Pompeyo cuando expresaba que
dominaría en los continentes quien acertase á
dominar en los mares.
El descubrimiento de la América dio á
España un nuevo mundo y le exigió también
la organización de sus escuadras.
Desde que D. Alfonso el Sabio creó en
1273 la Orden militar de Santa María de Es-
paña para premiar los fechos de mar, hasta
la época actual, en las diferentes vicisitudes
por las que nuestra Marina ha pasado y en
los descalabros y derrotas que ha sufrido, lo
mismo que en sus victorias, fué siempre res-
petada y todos han hecho justicia al valor é
inteligencia científica de los jefes y oficiales de
nuestra Armada.
198
Yo, que he navegado en algunos de sus
barcos, que fui con el Jorge Juan á China y
con el Malaspina á Hong-Kong, que estuve
algún tiempo en Cavile, arsenal de la Marina,
en Filipinas, y me hallé en la expedición de
Cochinchina embarcado en la goleta Circe,
concurriendo á la toma de la cindadela de
Thuan-Tac durante las operaciones militares
de las fuerzas aliadas en la provincia suble-
vada de Go-Kong, y he podido apreciar las
cualidades de nuestros marinos, les consagro
hoy en este libro un afectuoso recuerdo de
cariño y un justo homenaje de consideración
y de respeto. Nunca olvidaré que un oficial
de Marina veló mi intranquilo y delirante
sueño en el hospital de Saigon, en aquellos
tristes dias en que, victuna del cólera, y juz-
gándome solo en el mundo y abandonado,
tuve que refugiarme á ese asilo bienhechor
c]ue una nación extranjera me ofrecía.
Cuando el gigante de las sombras exten-
diendo sus colosales brazos en el vacio, en-
vuelto en el sudario de la noche, avanzaba
entre el espeso bosque de exhuberante ve-
getación tropical que yo apenas distinguía,
incorporado en el lecho y al través de mi
ventana, me parecían los árboles y las som-
bras, las ramas y las hojas movidas por el
199
viento, fantasmas aterradores, que alzándose
de sus sepulcros, venían á golpear las puertas
del hospital, llamándome acongojados, pero
con dulce voz, para que les siguiera hasta sus
tumbas.
En esas horas de contemplación en que
vaga el espíritu y se desborda el sentimiento,
las lágrimas de los recuerdos, más aún que
las de mis dolores físicos, surcaban mis me-
jillas; llanto del alma, nostalgia del hogar y de
la patria, suspiros y deseos del corazón que
busca en vano el santo amor de la familia.
Entonces , la imaginación excitada por la
fiebre, y salvando la inmensidad de los ma-
res, me trasladaba á España para contemplar
con ansia loca los seres más queridos, todos
los objetos con quienes me habia identificado
desde niño al ser testigos de mis alegrías y
mis penas, fugaces éstas cual nubes de verano
en esa edad feliz en que las ilusiones sonríen
el horizonte de nuestros primeros años. En-
tonces veía á mi madre esperando con cruel
afán noticias mias^ y al acordarme de ella,
sentía aún más el pesar que mi muerte había
de causarla á ella, que el miedo propio de
perder la vida. Cuando despertaba de mi le-
targo, volviendo mi espíritu á la realidad,
encontraba junto á mi cama los tiernos con-
200
suelos de una hermana de la Candad y los
solícitos cuidados de un alférez de navio. Y
mi tristeza se disipaba al ver las blancas tocas
de un ángel y el honroso uniforme de un
oficial de nuestra Marina y buen amigo, á
quien envió este recuerdo de afectuosa grati-
tud. La santa mujer que me asistió en tan
grave enfermedad, ¡Dios sabe á dónde su
sagrado ministerio la ha llevado! pero puedo
asegurar, que si no existe en la tierra, si des-
apareció de los hospitales y de los campos de
batalla vivirá en el cielo, porque es la mansión
de los ángeles que vinieron sólo al mundo
para ejercer la caridad y las virtudes.
CÓIDIOES
BASILIO PATRICIO. Sobre la guerra marí-
tima: códice en griego, del siglo XVI; con i6o folios,
estante 88.
LUCIANO. Códice en griego, del siglo XV;
que se compone de i6 tratados, siendo el primero «de
los navíos)), estante 88.
ONEXANDRO. Combates navales: códice en
griego, del siglo XVI; estante 89.
EL EMPERADOR LEÓN. Combates navales:
códice en griego, del siglo XVI; estante 89.
201
SERENO DE ANTISA. Secciones cilindricas y
cónicas en once libros y cuatro tratados más sobre
matemáticas, siendo el último de la esfera y del cilin-
dro, por Arquímides: códice en griego con 246 folios,
del siglo XVI; estante 88.
EUCLIDES. Elementos de óptica y catóptrica:
códice en griego, con 287 folios, del siglo XVI; es-
tante 91.
STRABON. Geografía: códice griego en vitela,
del año 1428; estante 91.
MÉTODO DE CÁLCULO ALGEBRAICO: có-
dice en griego con 52 folios, del siglo XIV, estante 02.
LA^NAVEGACION DE JASON: códice en grie-
go con viñetas; expedición de los argonautas (en cuya
época se inventó la nave longa: también en un códice
de los escritos de San Julián hay dibujadas tres naves
de las que se usaban en tiempos del Rey Wamba.)
VARIOS códices griegos de astronomía, geografía
é historia: (en los estantes del 86 al 94.)
TZETZES. Escolios sóbrela Haliéutica; poema
de la pesca, de Oppiana: códice en griego del si-
glo XVL
CATÁLOGO por índice alfabético de escrito-
res arábigos, de astronomía y matemáticas: códice
CMLXXX, arábigo; año 812 de la egira.
CARTAS GEOGRÁFICAS: códice MDCXXXV,
arábigo.
ITINERARIOS de África, Egipto y Siria, por
Abu Mohamad, Alabderite y Ben Rascid, Ben Ahamad
Alnauschrisi, en lengua arábiga.
COSMOGRAFÍA, por Abí Alí Ben Alzeiat: có-
dice arábigo.
NOMBRES Y ESCRITOS de varios sabios y de
26
202
varones eminentes, no sólo en filosofía, sino en mate-
máticas y astronomía: códice arábigo.
DE ASTRONOxMÍA, por Abdalla Ebn Alracam:
códice arábigo. (Fué geómetra y astrónomo célebre;
escribió unas tablas astronómicas acomodadas al cielo
español y un libro de varios instrumentos de matemá-
ticas, perfeccionados é inventados por él.)
MATEMÁTICAS, por Abu Bahar Ibun Chalson
y Alí Ben Solimán Abulhasen; en lengua arábiga.
Hay 79 códices arábigos de matemáticas, astro-
nomía, astrología y meteorología. (Véase la Biblioteca
arábigo-escurialense.)
DE GEOGRAFÍA, siete códices arábigos. (Véase
el tomo II de Casiri.)
HALY HEBEN RAGEL, de astrología y tra-
tado de composición del astrolabio: códice de principios
del siglo XIV, en latin y con 174 folios; estante J, plú-
teo 2.° Hay otro códice de astrología del mismo autor.
ABRAHAM ABEN HEZRA. Juicios de las
estrellas (que compuso en el año de 1 148): códice del
siglo XV, escrito en lemosin; consta de 177 folios; es-
tante N, plúteo I." Fué Aben Hezra astrónomo é in-
ventor, según Hilarión Altobel Sem, del modo de
dividir la esfera celeste por medio del ecuador en dos
partes iguales. En el tomo I del catálogo de manus-
critos del Vaticano se hace detallada mención de todos
los códices manuscritos de este célebre hebreo, exis-
tentes en dicha Biblioteca.)
Los árabes instituyeron los observatorios
astronómicos, y á D. Alfonso el Sabio debe-
mos la corrección de las tablas Ptolomáicas,
formando las conocidas con el nombre de
203
Alfonsinas, en las que se usaron las cifras
aritméticas árabes, en ve/ de las romanas.
SAN ISIDORO. Todas las obras en latin de
este sabio Obispo español y entre ellas una en un có-
dice en vitela, del siglo VIII, muy curiosa, Itinera-
riiim maritimiim Imperatoris Aiitonini Ag. iit navi-
gans qua littora tenens nosse debeat aut qua ambire
incipiens á Gadibus vel extrema África perdocet
feliciter: estante R, plúteo 2.°
SAN ISIDORO. Libro de astronomía en latin:
códice en vitela, con 69 folios, de fines del siglo XIV;
estante K, plúteo i.°
DESCRIPCIÓN del mapa mundi por islas, ma-
res, regiones y provincias: códice en castellano del si-
glo XII, en vitela; estante F, plúteo i.°
DE LOS PLANETAS. Tratado de la esfera,
por Juan de Sacroboscho; aritmética práctica, por Juan
Almano; tratado de geometría (anónimo.) Todos estos
tratados escritos en latin, están en un códice de media-
dos del siglo XV, con 144 folios; estante O, plúteo 2."
DE ASTRONOMÍA y tablas astronómicas: có-
dice en latin, del siglo XIV, en vitela y con figuras
muy bien delineadas; estante O, plúteo 2."
DISCURSO sobre el planiferio celeste, por Mr. de
la Hiré. Descripción del globo terrestre. M. S. de los
siglos XVI y XVII; estante L, plúteo i."
JUAN DE SACROBOSCHO. Tratado de la
esfera; de los planetas: tablas astronómicas: códice en
latin con ii3 folios; del siglo XV, estante &, plú-
teo 4.°
TRATADO ASTRONÓMICO, escrito por Cor-
nelio Hust, en latin; año de i455; estante U, plúteo 2."
204
TRATADO DE ASTRONOMÍA de Peresio:
códice de principios del siglo XIV; estante S, plú-
teo 3."
FAVIO VEGECIO RENATO. Preceptos de la
guerra naval: códice en latin; en vitela con 78 folios y
del siglo XIII: estante L, plúteo 3.°
ASTRONOMÍA Y MATEMÁTICAS. Varios
tratados de Ptolomeo y otros autores griegos: códice en
folio máximo, en castellano y del siglo XVII: estante
K, plúteo i.°
TRATADOS DE ASTRONOMÍA, copiados de
un códice de Alcalá de Henares que se hizo para el
Rey D. Alfonso. Esta copia, hecha para el Príncipe
D. Carlos, tiene las figuras astronómicas é hidráu-
licas, hechas por Juan de Herrera: estante H, plú-
teo i.°
FRANCISCO HILARIO. Tratados de cosmo-
grafía; formulario de navegación, con figuras de los
instrumentos hechas de pluma; artificios de fuego y
modo de hacerlos; códice escrito en francés y de prin-
cipios del siglo XVI: consta de 449 folios; estante &,
plúteo 4." Hay otro códice de dicho autor en el mismo
estante y trata de geometría y matemáticas en general.
ANTONIO DE VILLALOBOS. De la esfera;
manuscritos del siglo XVII, en castellano.
TRATADO DE ASTRONOMÍA teórica y prác-
tica: códice de fines del siglo XVI, en latin; consta de
134 folios: estante K, plúteo 3."
CARTA que el Almirante D. Fadrique Enriqucz,
envió al autor de las respuestas quincuagenas, hablan-
do de los males de España y de la causa de ellos; con
la respuesta del mismo autor: códice en castellano del
siglo XV: estante Y, plúteo 2.^'
205
REPRESENTACIÓN de Pedro Piner al Rey,
dándole cuenta del mal estado de la armada en Dun-
e^uerque, medios de repararla y necesidad de fortiñcar
el puerto de Ostende: estante L, plúteo i.°, códice en
castellano.
QUERELLA dada al Papa Julio III sobre la
persecución de una nave siciliana por otras francesas y
su respuesta. Querella sobre naves dada por el Maris-
cal Strozzi; en italiano. Hay otros varios escritos del
Mariscal Strozzi y uno con las razones que expone en
virtud de las cuales ha salido á campaña; códice del
siglo XVI, estante L, plúteo i.°
CUENTAS de las partidas de dineros que tenia
recibidos, Juan Bautista Gesio (matemático del Rey
D. Felipe II y autor de varios escritos acerca de Por-
tugal, véanse en la parte V del capítulo IV). Varias
minutas de las cantidades entregadas á Gesio por
Francisco de Villanías para el gasto del descargo de los
bastimentos de la Armada de S. M. en Santander:
códice en castellano del siglo XVI; estante P, plú-
teo r.°
DECLARACIÓN del estandarte de la armada tur-
ca, tomado en la batalla de Lepanto, hecha por Luis
del Mármol: códice en castellano: estante Y, plúteo 2.«
DESCRIPCIÓN de las costas y puertos de Eu-
ropa; códice en italiano; de fines del siglo XVI; estante
H, plúteo S.''
FRANCISCO MARCHÍS. Defensa de costas;
códice del siglo XVI, con 29 láminas; estante F, plú-
teo 3.°
MAPAS de España y Portugal. Son 21 y están
hechos con pluma: códice del siglo XVI, con 20 folios;
estante K, plúteo i.°
206
JUAN AVELLO DE VALDES. Diccionario
náutico ó prontuario marítimo dedicado al Rey Don
Carlos II y escrito en el año de ibjS: códice en folio
mayor, en castellano; estante P, plúteo i .'^ .
Los códices de ciencia, historia y arte
militar de que nos hemos ocupado en el capi-
tulo IV, interesan lo mismo á la Marina que
al Ejército, é igualmente las viñetas y pintu-
ras que hay en algunos, representando com-
bates, figuras de héroes y máquinas de guerra,
y sólo consignamos en este capitulo V los
que tienen más intima ó especial relación con
los conocimientos peculiares de la Marina en
sus diferentes divisiones.
CAPITULO VI
HACIENDA
Y ESTADÍSTICA
La estadística nos revela con la exactitud
matemática de sus cifras la verdadera situa-
ción ó estado físico, moral é intelectual de los
pueblos. El censo de población y el de sus
productos naturales ó industriales nos de-
muestran la riqueza de un país; los datos
estadísticos de su instrucción y criminalidad
nos descubren sus condiciones morales, su
cultura y aptitudes científicas y sociales. La
estadística es un fiel resumen del progreso que
señala y aprecia en todos sus detalles la mayor
ó menor civilización de un pueblo.
Las deducciones estadísticas enseñan to-
dos los defectos del pasado, trazan las sendas
208
del porvenir y conducen á la perfección que
constituye el verdadero progreso material,
científico y político. Ante la inflexible lógica
de la estadística y ante la verdad de sus gua-
rismos se derrumban las hipótesis, se desva-
necen las teorías, se modifican los juicios y no
es posible la ideali{acio¡i ni el predominio de
las doctrinas apasionadas que el entusiasmo
irreflexivo ó el cálculo interesado quieren á
veces imponer.
La estadística todo lo examina y lo com-
para sin prevención y sin pasiones; eclecticis-
mo prudente y razonado que hace imposibles
ciertas discusiones teóricas, porque sólo juzga
los hechos concretos y reales con la severidad
matemática de los números más verdadera
siempre que los juicios de los hombres.
Es la estadística analítica y sintética y al
precisar la verdad, revelando la aplicación
práctica de los hechos, abre entonces ancho y
fecundo campo á todas las deducciones, con-
tribuye al desarrollo de la ciencia y al bien-
estar de los pueblos; exige profunda reflexión
y buen criterio, porque no es como por des-
gracia acontece con algunos datos estadísticos,
inútil exposición de números ó vana curiosidad
de cifras que nada indican y para nada sirven.
Por la estadística conocemos las causas
209
que impiden la prosperidad de la industria, la
paralización del comercio, la ruina de la agri-
cultura, el progreso de las ciencias, el desen-
volvimiento de las artes, la insalubridad de
los climas, el desenfreno de las pasiones, la
criminalidad de los pueblos y su falta de apti-
tudes para el ejercicio" de sus derechos y para
la práctica de los deberes; todo lo investiga,
comprende y esclarece, porque todo es de su
dominio.
En el Ejército, lleva minuciosa cuenta de
los adelantos y reformas que es preciso in-
troducir, en armonía con la observación y con
la esperiencia, en el arte de la guerra y en
todo lo que se refiere al material y personal
de los ejércitos.
La estadística sigue al soldado desde que
ingresa en las filas, le vigila y le ampara en
el cuartel, en los campamentos, en la paz y
en los combates. La estadística hace un estu-
dio comparativo de la salud de las tropas y
de sus dolencias, ocupándose de su higiene,
de sus enfermedades y de las consecuencias
de estas que son la inufilidad ó la muerte. Y
véase cómo la estadística sanitaria se halla ín-
timamente relacionada no sólo con la medi-
cina, con la política y la filosofía, sino con la
ciencia en general demostrándonos que todos
27
210
los sacrificios pecuniarios y todos los gastos que
para la salud del soldado hacen los gobiernos,
son gastos reproductivos que compensan con
creces los adelantos hechos, porque conservan
su existencia; y recordemos lo que dice Legouest
«economizar la vida de los hombres, es el me-
jor medio de aumentar la riqueza pública.»
El estudio de las diferentes localidades es
de muchísimo interés, y siempre se ha dado
en España gran importancia á las observa-
ciones topográficas, bajo el punto de vista
geográfico, militar y médico. De las úhimas
tendremos ocasión de tratar en el cap. VII,
mencionando entonces y entre otros, un pre-
cioso códice de la Biblioteca del Escorial es-
crito en el siglo XIII, del que se ocupó yá Pi-
quer en el siglo pasado, con merecido elogio,
y de cuya obra, que consideramos de gloria
nacional, dice también con justicia Morejon
«que es tal vez la primera que hay en Europa
de medicina patria y topografía médica:» con
este motivo, en una de esas características
esplosiones del genio y de su orgullo nacional,
tantas veces y tan injustamente lastimado es-
clama: ramo en que han sobresalido en tiem-
pos posteriores los españoles, (q^ara confusión
y vergüenza de los que han dicho que desco-
nocemos la tierra que pisamos. »
211
La estadística bibliográfica nos señala el
movimiento literario de los pueblos y es muy
interesante la estadística de la ciencia, porque
escribe todos sus progresos en los catálogos
de sus libros.
¡A cuántas consideraciones se presta el
movimiento bibliográfico de un pais! Su bi-
bliografía basta muchas veces para darnos un
conocimiento exacto de su prosperidad: en su
bibliografía se consigna el verdadero progreso
que emancipa á los pueblos de la servidum-
bre de la ignorancia, y esta es quien le hace es-
clavo de todas las tiranías.
La revolución de las ideas, los combates
de la inteligencia y sus conquistas, son las
únicas revoluciones provechosas, no las luchas
miserables de los partidos, ni los motines de
las masas desbordadas, sin ley y sin razón, á
impulsos de sus instintos y pasiones.
Sólo con leer la estadística bibliográfica
de Alemania, compréndemeos las condiciones
de su progreso y vislumbramos para el por-
venir el perfeccionamiento y consolidación de
todos los derechos á que es acreedor un pue-
blo cuando tiene, con su instrucción y cultura,
las bases fundamentales necesarias para con-
servarlos y la conciencia de sus actos para
ejercerlos. Resulta de los documentos publi-
212
cados últimamente en Leipzig, que el número
total de obras y ediciones nuevas, inscritas en
el Registro oficial que comprended Alemania,
Austria y Suiza, durante un decenio ha sido
de 1 14. 1 55, lo que dá un término medio
anual de 14,415. Estos datos, y las deduccio-
nes que de ellos se desprenden, reflejan el ver-
dadero estado de los pueblos, y en estas cifras
y no en las espansiones de la fuerza han de
buscar su prosperidad y bienestar.
Italia, Bélgica, Alemania y hasta Rusia,
nos enseñan que los libros son las bayonetas
con que los pueblos conquistan sus liber-
tades.
En la Biblioteca de manuscritos del Es-
corial, hay diferentes códices estadísticos que
demuestran la importancia que yá antigua-
mente se dio en España á estos estudios; es
notable el Censo de Felipe II: obra muy cu-
riosa en siete códices. Hay también varios de
los «títulos de España y de sus rentas,» de
los «partidos y concejos de Galicia y de algu-
nas provincias de España» ; «Catálogo de todos
los pueblos de Cataluña y Bailias á que per-
tenecen, etc. »
De Hacienda hay algunos códices: «enca-
bezamientos de ciudades y de villas, para las
diferentes contribuciones,)) «derechos de adua-
213
ñas» y" es interesante la Hacienda española
en cuatro códices.
Siempre se ha resentido nuestra Hacien-
da de la falta de una buena administración y
tampoco puede florecer donde no hay paz.
En España tenemos poetas, escritores y artis-
tas como en ninguna parte, ciencia al nivel de
las naciones más adelantadas de Europa, va-
rones eminentes, hombres profundos en todas
las carreras; genio, instrucción y erudición;
pero carecemos de industria; nuestra agricul-
tura es rutinaria^ vive sin amparo ^ no se
fecundan los gérmenes de su existencia, y, por
último, nos faltan hacendistas y políticos,
aunque abunde el número de los que siempre
aspiran á regir los destinos de la patria y sea
su inútil abundancia foco constante de per-
turbaciones y de envidias; luchas y pugilatos
de medro personal que no interesan al pais
y con los cuales nada ganan las doctrinas,
pierden las instituciones y empobrecen nues-
tra Hacienda.
RELACIÓN VERDADERA de todos los títulos
que hay en España, rentas de cada uno, descendencias
y casas, solares, lugares donde tienen sus rentas, etc.,
por Pero Nuñez; año iSgj: códice en folio mayor;
estante J, plúteo 2.°
FORMULARIO de todos los títulos espedidos á
214
las dignidades y empleados del reino de Aragón y
Sicilia: códice de principios del siglo XVI, con 187
folios; estante K, plúteo 2.*^
CATÁLOGO DE LOS PARTIDOS Y CON-
CEJOS c]ue se hallan en las provincias de Orense,
Mondoñedo, Santiago, Tuy, Zamora, Toro, Falencia,
Salamanca, Avila, etc.
estadística de algunas provincias de Espa-
ña, comprendidas en los reinos de Castilla la Vieja,
León y Castilla: códice en folio, de principios del
siglo XVI; estante L, plúteo i.°
CATÁLOGO DE TODOS LOS PUEBLOS del
principado de Cataluña con las bailias á que pertene-
cen: códice en catalán, del siglo XVII; estante J,
plúteo 3."
CENSO DE FELIPE II ó descripción de los
pueblos de España, escrito en 1574. Es autógrafo:
siete códices muy curiosos; estante J, plúteo, i.°
GENERAL GODIN. Instrucción para arreglar
la Hacienda en los Paises bajos. (Al final de este códice,
escrito en francés, se encuentran las iniciales del autor):
códice de principios del siglo XVII; estante L, plú-
teo i.°
INSTRUCCIÓN para los jefes de Hacienda pú-
blica. Hay en estos códices varios tratados y algunos
de ellos de Hacienda pública; estante L, plúteo i.°
SOBRE HACIENDA ESPAÑOLA: cuatro có-
dices; estante L, plúteo 2.°
FRANCISCO DE SALABLANCA. Dictamen
de la Junta de Hacienda, proponiendo los medios de
mejorarla, suscrito en 26 de Agosto de 1564 por Pero
Luis de Torregrosa, Pedro Ortiz del Rio, Mateo de
Ferro y Gaspar de Pons.
215
TANTEO GENERAL del cargo y data de toda
la Hacienda ordinaria y extraordinaria que S. M. tiene
en estos reinos de Castilla y en los tres estados de
Italia, desde el mes de Enero de este año de 1594,
hasta ñn de iSgg, con lo que en estos reinos se
debe de recojer d3 años pasados hasta fin de 1593.
Los dos manuscritos anteriores con 3y más, de
varios asuntos y algunos de ellos referentes á Hacienda
y Estadística, pertenecen á un códice que ocupa el
estante L, plúteo i."
ENCABEZAMIENTO de las ciudades y villas
de España para las diferentes contribuciones que pa-
gaban por los años de 1450 y siguientes: estante L,
plúteo I.''
DERECHOS de aduanas y gabelas del reino de
Ñapóles: códice en italiano, de mediados del siglo XVI;
estante M, plúteo i."
MEMORIA sobre los abastos de Ñapóles; destino
del granero, etc.; Memoria sobre el pan de Ñapóles;
Respuesta á una consulta hecha por la junta de los
Bancos en que pide se erija algunos de ellos en Monte
de piedad: códice de principios del siglo XVI; estan-
te N, plúteo 3.°
PROPOSICIONES hechas á S. M. sobre la intro-
ducción de los Erarios en los reinos de España, con la
solución á las oposiciones hechas por el Comendador
mayor de Castilla D. Juan de Zúñiga. Ejemplos del
empleo del capital y lo que produce empleado veinte
veces: códice de fines del siglo XVI; estante L, plúteo i .^
CAPÍTULOS, de cómo se debe tomar el mara-
vedí en Aragón; trata también este códice de lo que se
cobrará según el capital de cada uno (ce Dado en Villa-
franca por el Rey D. Jaime»): estante J, plúteo 3."*
216
VALOR DE LAS MONEDAS GODAS. En
el folio 93 de un códice de leyes visigodas que ocupa
el estante K, pliáteo 2.°
En los demás capítulos de este libro ha-
cemos mención de varios códices de historia,
geografía, medicina, literatura y milicia, en
los que hay curiosas noticias estadísticas é
interesantes datos de nuestra Hacienda, refe-
rentes no sólo á España, sino de diversos
pueblos que nos pertenecieron en otras épo-
cas: de Alemania é Italia y de nuestros anti-
guos dominios de Ultramar.
Pudiéramos haber incluido en este capí-
tulo varios de los códices arábigos, latinos y
castellanos, de bibliografía que hay en el Esco-
rial por ser verdaderas estadísticas bibliográfi-
cas, de obras científicas y literarias y de varo-
nes ilustres en la Ciencia, pero creemos más
acertada la colocación de dichos códices en el
capítulo X, donde nos ocuparemos de algunos
manuscritos curiosos y literarios, y sólo hare-
mos constar ahora, entre otros, la existencia
de un códice de Gabriel de la Vega, titulado
«Catálogo de los varones doctos que ha tenido
España, lugar en que cada uno nació y obras
que han dado á la prensa;» estante L, plú-
teo 3.^
CAPITULO VII
MEDICINA
PARTE PRIMERA
CONSIDERACIONES GENERALES
La Historia nos demuestra que la vida
de las naciones, cual la vida de los individuos,
ha estado sujeta á determinados períodos ó
edades de crecimiento, desarrollo, descenso y
decrepitud. Los pueblos donde más brillaron
las manifestaciones de la inteligencia y los
primeros destellos de la sabiduría los encon-
tramos luego sumidos en el más lamentable
atraso.
En Grecia, cuna de las ciencias y de las
artes, nació la Medicina; Egipto, Roma, las
escuelas árabes de España y los médicos he-
breos-españoles, son los faros luminosos que
señalan después el desarrollo progresivo de
218
los estudios médicos, siempre en armonía con
la civilización de los pueblos. Francia é Ingla-
terra representan mucho más tarde que Es-
paña é Italia el apogeo de la ciencia.
Hasta fines del siglo pasado luchan Fran-
cia é Inglaterra para alcanzar los laureles de
la preponderancia médica; pero esta última
sale vencedora en la contienda á fuerza de
desvelos, de originalidad y sencillez en sus
estudios, de valentía en su práctica y de rec-
titud en sus propósitos.
Dos grandes pueblos pretenden en la ac-
tualidad arrebatar á todos los demás las glorias
del saber humano y las creaciones del genio;
estos dos pueblos son los Estados-Unidos de
América y la Alemania; el uno es joven toda-
vía, pero siente yá circular la savia vivificadora
del progreso intelectual en toda su plenitud,
y el otro es el centro de la inteligencia y del
pensamiento, que esparce hoy su iniciativa
científica por todo el mundo.
Italia y Francia contribuyen también
con sus adelantos á tan regeneradora obra
de realismo práctico y de bella idealización
teórica, pues el espiritualismo y el mate-
rialismo fecundizan ambos de igual manera
las conquistas intelectuales y legítimas aspi-
raciones de la sociedad moderna, que no
219
puede romper aun con crisis violentas los
vínculos con que su civilización está ligada
al espíritu de otras épocas y á las exigencias
de las antiguas sociedades. El separar estos
lazos de unión entre las doctrinas de ayer y
las ideas de hoy, no es obra de un dia, como
no lo es en el mundo físico conseguir sin
peligro para su existencia la desordenada pre-
cipitación de las evoluciones orgánicas, el
anticipado crecimiento de las plantas y los
forzados adelantos de las edades del hombre.
El progreso se realiza por sucesivas gra-
daciones, y así como varían las ciencias,
lengua, carácter y costumbres según los pue-
blos, razas, climas y educación, y del mismo
modo que cada pájaro tiene su canto peculiar
y fabrica su nido según sus hábitos é instintos,
también las razas humanas se caracterizan
por sus diferencias físicas, morales é intelec-
tuales y tienen las naciones distintas necesi-
dades del momento ó para el porvenir, criterio
político diverso y diferentes constituciones
adecuadas á su organización social. La into-
lerancia científica ha terminado yá, y con ella
los mártires de la ciencia, que han visto en la
muerte del exclusivismo la epopeya de su
resurrección, como el esclavo ve en la libertad
su nueva vida. Por pensar Galileo lo contrario
220
de lo que la razón católica creía, le juzgó el
fanatismo de su época, concienando su heregía
y la intransigencia de Calvino llevó á la ho-
guera á Miguel Sérvete por haber tenido este
médico español suficiente valor y talento para
impugnar sus doctrinas y destruir sus argu-
mentos.
Los que niegan el examen de todas las
ideas, los que aspiran á que la sociedad per-
manezca estacionaria condenando su progreso,
se olvidan de que la perfección es el bien.
Pretender que el progreso se detenga es desear
que las plantas crezcan solas, que los árboles
no se poden, sus raices no se rieguen y que la
ciencia, en fin, no descienda sobre el mundo
vegetal, animal é intelectual para darle vida y
desarrollo, como desciende la religión hasta
la conciencia para educar el sentimiento moral
embelleciendo el alma.
La voluntad del hombre es insfintiva,
pero perfeccionándose con el cultivo de la
inteligencia, constituye la voluntad racional
que le distingue del niño en quien la voluntad
es sólo la impulsión primitiva del instinto ó
de una necesidad orgánica; la satisfacción de
un deseo sin ra^on que lo motive ni criterio
que lo modere.
La naturaleza, apesar de regirse por leyes
221
físicas y principios determinados, perfecciona
cada dia su existencia. Y asi como en el reino
vegetal con los cuidados é instrucción agrí-
cola, crecen las plantas, se evitan su extinción
y su atrofia, se escogen las semillas, se inger-
tan sus frutos, se multiplican las especies y se
propagan en todos los climas y en distintas
latitudes, en el reino animal se mejoran las
castas, se cruzan las razas, se da calor y vida
á las aves, peces y mariscos por medios arti-
ficiales, sorprendiendo á la naturaleza sus
secretos que van á buscarse en su estudio
fisiológico, en la fecundación y desarrollo de
los huevos y en el fondo de los mares ó entre
el limo de las rocas.
Pues esta perfección en todo es del doini-
1110 científico de la ra{on humana, es el pro-
greso, que no se opone á las leyes naturales,
sino que es una consecuencia legitima de
ellas. Y el progreso no se aparta de la tradi-
ción en lo religioso, porque se halla en la
moral del catolicismo, refleja las doctrinas de
Jesús, vive en la Iglesia y le realiza el hombre
por los medios con que Dios le ennobleció al
crear la inteligencia, que es su obra más per-
fecta; recordemos á este propósito lo que dice
el P. Ventura Ráulica en su filosófico libro
«La razón católica,» cuando exclama: «todos
222
los dogmas^ todas las leyes, todos los sacra-
mentos, todas las instituciones del cristianismo
tienden á reformar al hombre, á elevarle, á
santificarle, á perfeccionarle y hacerle más
feliz.» Pues este es el progreso y estos sus
legítimos propósitos, reformar la sociedad
moralizándola y hacer dichoso al hombre per-
feccionando su inteligencia y los sentimientos
del alma.
La razón científica busca la verdad y
certeza de los hechos por medio del análisis.
Necesita el libre examen y no se impone de
un modo tiránico. No deben confundirse sus
tendencias y propósitos con la exageración
metafísica é infundadas pretensiones de un
racionalismo que pretenda destruir con la
demoledora piqueta de las negaciones, todas
las bases sociales, queriendo borrar de una
plumada los anales de la humanidad y el fun-
damento de toda certeza con sus dudas. No
son, no pueden ser estas las atribuciones de
la razón científica, queremos que imperen
la verdad y la razón, nó el dominio exclusi-
vista, ó la intransigencia sistemática de las
diferentes escuelas, ni tampoco el excepticis-
mo y la duda en filosofía, en política, en his-
toria, en literatura y en religión, como lo han
intentado los que, traspasando los límites de
223
la razón científica, lo han profundizado todo
con el escalpelo de imposibles investigaciones,
y en la impotencia del conocimiento de algu-
nos hechos los han negado extraviando á ve-
ces las doctrinas con los apasionados fallos
de una critica imposible ó con absurdas
teorías. Y véase cómo ciertas doctrinas, al
parecer materialistas^ hijas de un racionalis-
mo llevado á la exageración, nos conducen
al más ciego idealismo. Los ricos de imagina-
ción, en su exhuberancia de aptitudes, se con-
funden con los pobres de espíritu; la plenitud
y el exceso desordenado de las facultades in-
telectuales determinan también el extravio
de la razón y pueden dar los mismos frutos
que la atrofia de la inteligencia. La sobra de
razón y la falta de criterio producen entonces
iguales resultados, y muchas veces el fanatis-
mo y el racionalismo se parecen en sus con-
secuencias y en nada se distinguen, causando
grave daño á la humanidad y á la ciencia.
Hé aquí las dos tendencias dominantes en
la medicina antigua y en la época actual.
Ciencia, superstición y fanatismo unidos antes
en fatal consorcio, olvido absoluto é inconve-
niente hoy de las fuerzas vitales, predominio
exagerado de las leyes físicas y químico-
orgánicas.
224
En medicina, como en todo y cual carác-
ter distintivo de nuestra sociedad, que si se
exagera, puede acarrear funestos males, an-
tes que el espíritu la materia.
TARTE SEGUNDA
MEDICINA GODA EN ESPAÑA. — LA MEDICINA ARABE-
ESPAÑOLA Y LA MEDICINA DEL PROFETA.
MEDICINA HEBREA Y ÁRABE.
La dominación goda en España, tuvo á
la medicina en el más lamentable atraso,
pues constituía una confusa mezcla y abigar-
rado conjunto de las fantásticas elucubracio-
nes y misteriosos secretos de la medicina mi-
tológica, en unión con los absurdos de la ni-
gromancia^ de la astrología y del empirismo.
La medicina de los godos, que no reco-
nocía una base científica, no pudo dejar en Es-
paña rastro fecundo, ni huella provechosa de
su existencia. Sólo en el fuero juzgo que tuvo
origen en el reinado de Sisenando y terminó
Egica, encontramos consignados los deberes
de los médicos, pero nada beneficioso ni de
interés para la Historia de la medicina nos
225
ha legado la dominación de los godos en Es-
paña; las varias prescripciones del fuero juzgo
relativas á la medicina operatoria, son tan
depresivas para la ciencia como para el ejer-
cicio profesional.
La superstición anuló entonces y ha ex-
clavizado después á la ciencia. La magia y la
astrología, apoderándose de la medicina é
impresionando á los pueblos, impusieron las
creencias de un poder maravilloso y sobre-
natural. Y esa credulidad supersticiosa no obe-
decía á un criterio filosófico masó menos fun-
dado, era sólo la superstición de la ignorancia,
mientras que las doctrinas de nuestros médi-
cos hebreos y las de los árabes en España
fueron hijas de la observación y del análisis, y
si á veces encontramos en ellas excesivo fana-
tismo por ciertos principios y sobra de entu-
siasmo en cosas erróneas, téngase presente que
la poesía, descendiendo á torrentes en rauda-
les de inspiración, imprimía á todas las crea-
ciones del genio ese tinte dulce y poético, esa
velada sombra, reflejo fiel y sello caracterís-
tico de la imaginación, exaltada unas veces,
melancólica, abatida é indiferente otras, que
hallamos en todas las obras científicas y
artísticas, legadas á España por los árabes,
ricos tesoros de sus recuerdos, esparcidos
29
226
por doquier en los admirables monumen-
tos levantados durante la fecunda época de
su dominación en nuestro suelo. También
la poesía bizantina se esculpió en piedra y
labró después los abocelados y delgadísimos
pilares que sostienen los apuntados arcos
y esbeltas bóvedas de arista de sus sun-
tuosas, elegantes y atrevidas construcciones:
armoniosa combinación arquitectónica de la
poesía y de la ciencia, de la estética y del
cálculo, que quedó consignada luego como
gloriosa página para la historia del arte y de
la ciencia reunidas, en las bellas filigranas y
finísimos encajes de nuestras catedrales.
Pero esa poesía, ese delicado sentimiento
que desde el principio habia difundido las
maravillas del genio en los artistas, estimu-
lándoles al progreso y á la perfección, no al-
canzó á la medicina, la cual, abdicando toda
razón, desatendió su verdadera base filosófico-
esperimental, firme apoyo de la medicina
griega que los árabes no olvidaron jamás. La
influencia vertiginosa del sentimiento y de la
alucinación, contenida por el criterio cientí-
fico y por la evidencia de la certeza, hizo sen-
sibles sus efectos y consecuencias en las obras
de arte que nos ofrecen la estraña y sorpren-
dente unión del idealismo y la verdad mate-
227
mática, del entusiasmo irreflexivo, limitado
por la severidad de la linea geométrica, enla-
zados en intimo y seductor consorcio para
demostrar Ja fácil existencia del arte que siente
buscando sólo el fin estético y de la razón que
discurre, discute y analiza, apoyándose en
los rígidos y fundamentales principios de la
ciencia.
En la medicina de los godos no hay ver-
dad, belleza ni ciencia: hay sólo rutina, igno-
rancia y superstición.
En Oriente la imaginación inventó lo so-
brenatural, y el sentimiento desbordado tras-
pasa fácilmente las fronteras de la razón, para
caer en el dominio de los absurdos; pero su
origen, como el de la mitología griega con sus
dioses, su Olimpo y sus divinidades, no fué
la falta de razón, sino la sobra de creencias;
fué la excitación que perturba la inteligencia,
de igual manera que la excitación nerviosa de
la fiebre, del delirio, de la embriaguez y de
la locura, congestiona el cerebro y perturba
sus facultades.
La medicina de los godos es la imposición
del terror y el imperio de la fuerza subyugada
á un poder sobrenatural, mientras que la
medicina de los árabes es la influencia del
sentimiento, es el arte que halaga, el encanto
228
que seduce, la maravilla que atrae, el filtro
que adormece, la nebulosidad que envuelve el
espíritu; pero que se disipa, convence y per-
suade, descubriendo un fondo de verdad y de
certeza, si bien á veces desciende, para ocultar
lo que no sabe, á rodearse del misterio con
que entonces y en todas épocas se han explo-
tado la credulidad y la ignorancia. Siempre el
vulgo ha sido y será amante de lo maravilloso
y entusiasta de aquello que no le es fácil
comprender ni posible adivinar, si se le ofrece
de una manera fantástica y cubierta con im-
penetrable velo, que despierte su curiosidad y
excite su deseo.
Al sepultarse la corona de D. Rodrigo en
las aguas del Guadalete, se derrumbó el trono
de los godos y empezó la dominación árabe
en España con una nueva era de ilustración
y de progreso, que reflejándose en las artes,
en la agricultura y en todas las ciencias, al-
canzó también á la medicina en alto grado y
volvió ésta á germinar y á florecer lozana
entre los claustros de sus célebres escuelas.
Las escuelas árabes de Córdoba, Sevilla,
Granada y Toledo, las numerosas bibliotecas y
academias de los moros en España, su ilus-
tración y cultura en todos los ramos del saber
humano, los preciosos manuscritos que aún
229
se conservan como joyas de gran valor para
la Historia de la ciencia en general y para
gloria y estudio de nuestra literatura médica
en todas las bibliotecas, y muy especialmente
en la del Monasterio de San Lorenzo del
Escorial, nos dicen cuan fecunda y honrosa
fué para la medicina y para el desarrollo y
progreso de todas las ciencias la dominación
de los sarracenos y el avasallador, pero al
mismo tiempo ilustrado poder de los Califas.
Si el fanatismo y las preocupaciones, las
envidias é injustificada critica de los autores
extranjeros han querido rebajar y hasta han
negado algunos el mérito relevante de la
medicina arábigo-española, téngase presente
cuan inmensa es la diferencia que existe entre
el saber de nuestros médicos árabes compa-
rado con los conocimientos y estudios de los
sectarios de Mahoma en general.
La medicina de los árabes en España,
reflejo fiel de la medicina griega, constituyó
siempre una ciencia, pero la medicina del
Profeta despojada de todos los elementos de
progreso y sujeta al oscuro y reducido límite
de las creencias, es sólo un conjunto de las
máximas, consejos, ejemplos prácticos y pre-
ceptos empíricos ó razonados del fundador de
la religión musulmana que la tradición sostiene
230
cual indispensables dogmas impuestos por la
fé como aforismos indiscutibles de precisa
observancia y de reconocida utilidad.
Mahoma, enviado de Dios, juzga vincu-
lada en él la ciencia absoluta, y pretende ser
el único faro que ilumina la inteligencia de
los hombres, señalándoles el derrotero de sus
actos en la tierra y en la vida vuluptuosa y
eternal del paraíso. Su código religioso es el
libro científico de la humanidad y en sus hojas
se resuelven y exponen todos los problemas
del mundo material, moral é intelectual, todas
las necesidades de la vida orgánica y del
alma.
Mahoma establece las bases y preceptos
para todas las cosas de la vida práctica y de la
vida eterna; es la ciencia, según él, hija de la
religión, y vive encadenada al Corán, bus-
cando su prestigio en la veneración religiosa
al apoyarse sólo en la autoridad sagrada de la
fé; sus manifestaciones son las del oráculo,
no las de la razon^ porque se cobija en un
sentimiento inviolable, buscando Mahoma en
el templo un asilo para la ciencia, mientras
que la de nuestros médicos árabes se des-
prendió de la religión y no es la medicina del
Profeta. Vivia en las escuelas, se propagó en
las bibliotecas, y amante de la discusión, se
231
inspiraba, no en el Corán, sino en los clásicos
griegos. No es Mahoma su Profeta, son los
suyos, Hipócrates y Galeno.
Mahoma en el islamismo es el pontífice
que representa el poder soberano, la suprema
inteligencia. La medicina arábigo-española,
abandona la mezquita y se guarece en la
cátedra, constituye la ciencia de la vida, se
desliga de la religión y busca en el estudio y
en las facultades intelectuales del hombre su
progreso.
La medicina del Profeta «es la ciencia de
la sagacidad y de la penetración,» y asi consi-
derada, tampoco rechaza Mahoma el progreso
de la investigación en absoluto, al decir, «que
no hay enfermedad enviada al mundo que no
tenga su remedio, » y que es la cuestión «saber
hallarlo;» pero en vano es que el hombre
busque la verdad y pida á la ciencia la razón
de los actos y de sus hechos, porque el fata-
lismo musulmán y la carencia del libre albe-
drio bien claramente las demuestra Mahoma
cuando dice: «Si Dios quiere que conozcas una
cosa, él te la hará conocer.»
Él, «estaba escrito,» es el fatalista hecho
mahometano, como si el hombre cuando nace
tuviera yá impresas para el porvenir las
páginas de su vida en el libro de la existencia,
232
en cuyo caso sería preciso despojarle también
de toda responsabilidad, condenándole á la
inercia intelectual y física. Y esta inercia de
los hombres que toman las cosas según ellas
se presentan, se refleja en las sociedades; esta
falta de actividad social que por desgracia está
aún muy arraigada en todos los pueblos meri-
dionales, y por lo tanto domina todavía en
nuestra patria, no es otra cosa que la anula-
ción de su progreso.
El fatalista no ejecuta, se deja conducir,
y ve sólo en la realización de los hechos la
fuerza del destino; se abandona á merced de
éste, sabiendo con criminal indiferencia que
marcha hacia la muerte, como si Dios al
nacer hubiese orlado sus sienes con una
guirnalda de flores que simboliza sus dichas
ó con una corona de espinas que desgarre su
existencia.
El hombre es responsable de sus actos y
de sus faltas cuando no son dependientes de
una imposición orgánica ó patológica que per-
turba sus facultades intelectuales, extravía su
razón ó atrofia su inteligencia.
Existen la lucha del bien y del mal que
representarán siempre en el mundo la eterna
historia de la humanidad y la constante batalla
de la vida; hay el antagonismo entre el cuerpo
233
y el alma, los combates de la voluntad que
pide y de la razón que aconseja, los deseos
irresistibles y vehementes de las pasiones que
dominan y de la conciencia que las niega ó
que con sus remordimientos nos acusa.
El infierno del Dante, el Fausto de Goethe,
el Paraíso perdido de Milton^ significan sólo
la continua lucha entre el espíritu y la ma-
teria .
Según las máximas de Mahoma, es la
salud el supremo bien, dice el Profeta: «¡Oh
Abbasl pide á Dios la salud y la calma para
este mundo y para el otro,» y dirigiéndose á
los hombres, exclama: «pedid á Dios el perdón
y la salud.» «Quien está sano de cuerpo,
tranquilo en su conciencia y seguro del pan
de su trabajo, es como si tuviera el mundo
bajo sus manos.»
Los preceptos higiénicos y las máximas
morales son los únicos fundamentos de la
medicina en el islamismo.
La medicina hebreo-española es también
muy importante y ejerció notable influencia
en el progreso y desarrollo científico de los
estudios médicos, pues los judíos fueron los
primeros que difundieron la ciencia entre los
árabes, dándoles á conocer las mejores obras
de los autores griegos, traducidas al Siriaco.
30
234
En la interesante obra, origen y progresos
de la medicina por los judíos impresa en
Hamburgo en 1670, se demuestra lo mismo
que en la Historia de la medicina española de
nuestro sabio Morejan, la importancia de sus
conocimientos y su profunda erudición, sin
que al través de tantos siglos hayan eclipsado
los años, ni por un momento, el reconocido
mérito y la provechosa enseñanza de sus
fecundas obras, y esto nos obliga á buscar en
la medicina hebrea y en el gran número de
médicos judíos nacidos en España la base
fundamental y el primitivo origen de la medi-
cina arábigo-española.
Las tendencias hipocráticas de la medicina
hebrea dominaron después de reñida lucha
las tendencias aristotélicas y galénicas de la
medicina árabe, prevaleciendo las doctrinas
de Hipócrates, de modo que si la medicina
española es hipocrática, lo debe al predominio
hebreo que señaló el camino de la observa-
ción y de la experiencia, trazado por el genio
del padre de la medicina.
Un médico judío fué el primero que in-
terpretó á Hipócrates, Galeno y Aristóteles, y
las traducciones de sus obras clásicas se pro-
pagaron, de tal manera, que no ha habido
nación tan entusiasta de los autores griegos,
235
como lo fué España durante la dominación de
los sarracenos.
También los médicos hebreos españoles
se dedicaron á la práctica de la cirujia, eje-
cutando con buen éxito varias operaciones
y entre ellas la de la talla. Un judio español
hizo la operación de la catarata doble en el
año de 1432 al Rey D. Juan de Aragón á los
70 años de edad y con satisfactorio resultado;
otro médico judio practicó la operación ce-
sárea, y los médicos hebreos fueron los que
en tiempos de los godos cultivaron yá la me-
dicina con más inteligencia. Dice el P. Flores
en el tomo III de su obra, que en el año 25o
habia hecho el obispo Paulo en Mérida la
operación cesárea con éxito feliz; San Isidoro,
de quien tantos manuscritos de sus excelentes
obras se encuentran en la Biblioteca del Es-
corial, se ocupó algo de medicina, pero los
médicos judíos son, sin disputa, los verda-
deros representantes de la Ciencia en todas
sus manifestaciones. Ellos siguieron las hue-
llas de Moisés y de Salomón, de esos dos
sabios médicos legisladores, ellos enriquecie-
ron la farmacia y la terapéutica, dejándonos
antidotarlos de excelentes fórmulas, y al mis-
mo tiempo que hacían grandes progresos en
historia natural y en astronomía, dieron maes-
236
tros á las escuelas de Francia, é iniciaron el
esplendor de la medicina árabe, sosteniéndola
siempre con su apoyo, y á ellos debemos con-
siderar como primitivos y genuinos represen-
tantes de la medicina militar española, ocu-
pando con sus esclarecidos nombres las pri-
meras páginas de nuestra historia.
Moseh Abdalla hizo familiares las obras
de Hipócrates, traduciendo sus aforismos al
hebreo; también este códice se halla en la
Biblioteca del Escorial. El célebre médico
judio Rambaú escribió numerosos tratados de
lógica, física, matemáticas y medicina, vertidos
al árabe, hebreo, caldeo, latin y griego, de-
biendo hacer especial mención de sus famosos
compendios y epitome de todos los libros de
Galeno y de Avicena, y sobre todo de sus
nunca olvidados aforismos que compitieron y
pueden competir aún con los de Hipócrates.
El médico hebreo Amato Lusitano ejerció la
cirujía en Salamanca, y de sus obras se hicie-
ron varias ediciones en las principales ciu-
dades de Europa^ siendo notables sus centu-
rias medicinales, sus comentarios á los libros
de Dioscorides y un discurso sobre el modo
de entrar el médico á ver á los enfermos.
Zacuto, discípulo de la escuela de Sala-
manca, es uno de los médicos hebreos de
237
más talento y de legítima reputación. Su
biografía, escrita por Luis de Lemus, indica
que no sólo escribió de medicina, sino que se
ocupó en dirigir á la juventud, enseñándola
lo bueno y conveniente de todas las produc-
ciones literarias, como lo efectuó después
Andrés Piquer. Zacuto es de los primeros que
escribieron en España de Historia de la me-
dicina, al publicar su Historia de los cirujanos
más afamados.
El célebre médico y poeta judío Himma-
nuel Gómez, que después de haber sido mi-
litar se graduó de doctor, contribuyó mucho
al progreso de la medicina. Escribió la «To-
pografía médica de Extremadura» y es de
absoluta necesidad que exponer aquí sus
ideas relativas á la oportunidad de obrar en
medicina, toda vez que en llenar las indica-
ciones en tiempo oportuno, consideramos que
estriban los fundamentos de la cirujia conser-
vadora y del método espectante, por lo cual
juzgamos de gran interés para la Historia de
la medicina militar española, sus reflexivos
preceptos cuando dice
Tienen sus tiempos las enfermedades;
también sus horas tienen los remedios,
y es perder la ocasión perder la vida,
ó al menos cometer muy grandes yerros.
238
En esto se apoyan la cirujia militar con-
servadora y la medicina espectante, y sólo esto
debemos tener presente para las indicaciones
operatorias en los casos de amputaciones in-
mediatas ó consecutivas, pues es perder la
ocasión perder la vida, no practicando una
operación en el campo de batalla^ y lo es
también verificarla, cuando no hay una indi-
cación vital que la exija de un modo inmedia-
to. El evitar una operación y el alejar todas
las complicaciones que después de verifi-
cada suelen sobrevenir, son los verdaderos
títulos de gloria para el cirujano. «Pvestringir
la utilidad de las operaciones, dice Alquié,
no es renunciar á ellas^ sino emplearlas lo
menos posible; es también limitar la necesidad
de las mayores, en pro de otras mas sencillas. »
Estas han sido las ideas sustentadas siempre
en España por los médicos militares, en los
hospitales y en los campos de batalla.
El cirujano hebreo Ben-Castel, natural
de Alcalá, tradujo del lafin al hebreo la obra
de cirujia de Brunon, y el médico judio Rodrí-
guez de Castro escribió en el siglo XVII, un
libro de enfermedades de mujeres, y otro de
moral médica.
Haremos especial mención del judío por-
tugués Elias Montalto, por haber sido primer
239
médico y consejero de la reina de Francia
María de Médicis, y lo citamos para demos-
trar que, en tratándose del interés exclusiva-
mente personal utilizando los conocimientos
de ciertos hombres ilustres y los beneficios
del saber, aun en épocas de fanatismo reli-
gioso, hubo tolerancia para la ciencia y asi
vemos que María de Médicis, con tal de tener
á su lado al hebreo Montalto á quien llamó
con ese objeto, obtuvo un permiso del Rey
para que él y su familia tuvieran en Francia
el culto libre de su religión.
Hay en el Escorial un códice del célebre
hebreo Izchaq, médico del rey D. Alonso VII,
que refleja de un modo admirable el espíritu
y tendencias filosóficas de la escuela hipocrá-
tica. Su tratado de fiebres es aún hoy digno
de especial estudio.
De Izchaq-Ben Soleiman, médico hebreo^
hay un códice en griego con 284 folios, del
siglo XIV y que trata de los alimentos é in-
fluencia del clima y de las aguas, con la par-
ticularidad de que este médico fué el primero
que dio una instrucción según los preceptos
de la física sobre el arte de amasar el pan
acompañada de útiles observaciones, habién-
dose ocupado también de la moral médica y
de cómo deben ser los maestros y los disci-
240
pulos que se consagran á la enseñanza y al
estudio de la medicina.
La rectitud y elevados propósitos de
Izchaq en el articulo en que se ocupa de
la conducta moral que deben observar los
médicos, seria muy conveniente se imitaran
hoy, recordando las sensatas reflexiones y
sabios consejos del hebreo izchaq á los que
con tanta facilidad olvidan la noble misión de
una carrera, cuyo sacerdocio, más sagrado
que ninguno, debe resplandecer en todos los
actos de la vida, anatematizando el engaño y
cínica osadía de esos criminales prestidigita-
dores de la ciencia, especuladores científicos y
charlatanes , que cual nuevos Dulcamaras
explotan la ignorancia y la credulidad del
vulgo.
BonfiU tradujo del latin al hebreo la obra
de Boecio Consolationce filosoftce dando á co-
nocer á Aristóteles y comentándola con gran
criterio filosófico; vertió del hebreo al árabe
las fábulas de Esopo y del griego al latin los
libros de Hipócrates.
Jahacob Mantenu, médico hebreo, se
ocupó en traducir los clásicos griegos y
todo lo más selecto de los autores arábigos.
Muchos médicos hebreos se dedicaron
también al estudio del derecho, y Moseh-
241
Ben-Maiiemoii , médico judío, natural de
Córdoba, de quien hay varios códices en el
Escorial, mereció por sus profundos conoci-
mientos en todas las lenguas, en legislación,
retórica, matemáticas, filosofía y medicina
que el Sultán Al-Fadhel Al-Baissan le nom-
brase su proto-médico y consejero, recom-
pensando su ciencia y su talento con el título
de Príncipe que por modestia rehusó.
Se ha dicho que los judíos monopolizaban
el comercio de las drogas y que convirtiéndose
en mercaderes envilecieron el ejercicio profe-
sional; pero téngase presente que poseyendo
varios idiomas, viajaban por todas partes y
comprendían mejor que los demás las utili-
dades que podrían reportar á sus intereses y
á los progresos de la ciencia la adquisición de
un gran número de sustancias medicinales que
importaron á su país^ al mismo tiempo que
traían de Grecia todos los manuscritos anti-
guos. Esta superioridad científica, los abusos
que siempre se cometen en las especulaciones
comerciales, la excesiva ambición de unos y
las envidias de otros les crearon funestas ri-
vaUdades. La maledicencia, el interés é into-
lerancia, explotaron en contra de los médicos
hebreos todos los rencores del fanatismo;
sufriendo, por último, su expulsión de Espa-
31
242
ña, al decretar los Reyes Católicos en 1492
el destierro de todos los judíos, sin atender
á los sentimientos de humanidad y á las con-
veniencias y riquezas de nuestra patria, que
Moró, y aún sufre hoy las desastrosas conse-
cuencias de la pérdida de tantos brazos para
su agricultura y de tantos genios para las
ciencias y las artes; las expulsiones de los
judios y moriscos sumieron á la nación en
el más lamentable atraso y en la mayor po-
breza.
En la Biblioteca del Escorial hay varios
códices de los hebreos Izchaq, médico de Don
Alonso VII, Moseh-Ben-Maiiemon, Abraham
Hezra, Moseh Abadalla, Amato Lusitano,
Rodrigo de Castro.
Los médicos hebreos ocuparon siempre
un preferente lugar entre nosotros, no sólo
como hombres de ciencia, sino como insignes
literatos; todas las sectas nos ofrecen en Espa-
ña iguales ejemplos de médicos ilustres, pues
si Fernán Gómez de Cibdad Real escribió su
famoso, centón epistolar (cuyo códice está en
el Escorial) y el árabe Averroes consignó la fe-
cundidad de su genio en tantos manuscritos,
Maiiemon nos legó los diferentes códices que
revelan la profundidad de su saber y también
Charizi,íilósofo, poeta y médico judio, escribió
243
en árabe, en hebreo y en verso en el siglo IX,
siendo notable su libro, «Remedio del cuerpo
humano,)) impreso en Venecia en 1 5 ig; David
Vidal, médico hebreo^ toledano, es autor de
varias obras de música y de poesía^ que ad-
quirieron merecida fama.
Daríamos demasiada extensión á nuestro
libro, faltándonos espacio para ello, si reseñá-
semos aquí (como quisiéramos poder hacerlo
detalladamente) la Historia biográíico-biblio-
gránca arábigo-española. Los numerosos códi-
ces del Escorial atestiguan el apogeo á que
elevaron los árabes la ciencia.
Yá en el siglo X habia adquirido la medi-
cina de los árabes españoles justificada repu-
tación, y los extranjeros, más ansiosos de
saber, acudían á nuestra patria, según mani-
fiesta Haller, «para instruirse en el arte de
curar y en las demás ciencias.» pudiendo
asegurarse, dice Mavillon, «que no hubo en
aquellos tiempos sugeto alguno de nombradla
en el resto de Europa que no viniera á apren-
der en las escuelas de Córdoba,» ó que no se
hubiera imbuido, añade Muratori en las doc-
trinas españolas, por medio de nuestros libros.
La universidad de Salerno, primera de las
francesas y la misma de París, «fueron crea-
das á impulso de nuestra sabiduría, y la según-
244
da, según refiere Austruc estaba costeada por
nuestros caudales, explicadas las lecciones
por nuestros profesores y arreglada su ense-
ñanza por nuestros libros.»
Las obras de que constaba la Biblioteca
del Louvre, según el catálogo de Gil Malet
en 1 373, eran la mayor parte de autores
españoles.
Rassis, Avicena, Albucasis, Avenzoar,
Averroes y otros célebres médicos árabes,
elevan la cirujla á un notable grado de ex-
plendor en los siglos IX, X, XI y XIÍ, verifi-
cándose en esta época operaciones quirúrgicas
de importancia; escribieron numerosos trata-
dos de cirujía, y en sus obras hallamos úti-
les preceptos sobre el tratamiento de las he-
ridas.
Rassis, que floreció en el siglo X, y á
quien daban el nombre de Galeno de los
árabes, fué el primero que escribió de cirujla
militar en su obra Medicina castrense de los
griegos^ y el primero también que se ocupó
de la viruela. Preconiza las ventajas de la
reunión de las pequeñas heridas por primera
intención; se ocupa de luxaciones y fracturas
y del uso de algunos aparatos. Su obra titu-
lada Ahnanior, dividida en diez libros, es un
compendio de toda la medicina árabe y un
245
reflejo fiel de las ideas y doctrinas de los
clásicos griegos. De los autores árabes que
hay impresos, el más antiguo es Rassis, que
murió en el año 220 de la egira (932 de Jesu-
cristo) y se le atribuyen muchas obras que se
imprimieron en Venecia por Juan Hertzoq en
el año 1 5oo; es una de las más importantes la
que dedicó á Almanzor, Principe de la familia
de los Abasidas.
Abon-Sahal, célebre médico del siglo XI,
escribió una obra dividida en cien tratados.
El famoso Canon de Avicena es otro de
ios libros que más renombre alcanzaron y
necesario es reconocer, que en lo relativo á
cirujia coleccionó Avicena todo lo más notable
de Galeno y Rassis: cuanto encontró consig-
nado en los escritos y en la práctica de los ci-
rujanos árabes, anteriores á él, y contempo-
ráneos suyos. Recomienda la extracción de los
cuerpos extraños, aconsejando se ejecute con
prudencia, señala las ventajas de su extracción
y los inconvenientes de las maniobras violen-
tas en armonía con los sanos preceptos de la
cirujia conservadora. Ideó varios instrumentos
y al tratar de las heridas délos huesos, mani-
fiesta «que consisten en una separación del
conjunto huesoso y que deben curarse de pri-
mera intención en el campamento, procurando
246
reponer la posición y sustancia que antes te-
nían.» Bien podemos ver en este libro un tra-
tado decirujía de los campos de batalla. Hace-
mos mención de Avicena y desús obras, aun-
que era Persa^ porque se encuentran sus es-
critos en la Biblioteca del Escorial; nació Avi-
cena en Persia, y ejerció allí su profesión,
muriendo en el año 428 de la egira (io36 de
Jesucristo.) En la descripción de las enferme-
dades sigue el método usual entre los árabes
de describirlas desde la cabeza hasta los pies,
pero expone primero la anatomía de la parte
enferma^ con lo que nos demuestra que reco-
noce la importancia de la base anatómica.
Albucasis llamado el principe de los ci-
rujanos, que también floreció en el siglo XII,
compuso una obra de medicina ^ otra de
cirujía que se han impreso, traducidas al latin
en 1 5 19. La obra médica es copia de la de
Rassis y su cirujía la de Pablo de Egina, pero
propone y explica los instrumentos necesarios
para cada operación.
Gerardo Cremonense tradujo directa-
mente del árabe al latin las obras de Avicena
y de Albucasis.
Avenzoar, distinguido médico de la es-
cuela de' Córdoba (1172), escribió de medi-
cina, cirujía y farmacia, dejando excelentes
247
manuscritos acerca de las heridas; en su obra
de cirujia impresa en Venecia en el año 1342,
puede verse la clasificación que hace de las
heridas y su curación. Albucasis y Avenzoar
se ocuparon de la ligadura de las arterias
antes que ningún otro médico, y en el si-
glo XII eran ya conocidas en España la com-
presión y ligadura de las arterias.
Avenzoar fué el primero que llamó la
atención sobre las parálisis parciales y prin-
cipalmente la del esófago, é hizo uso con este
motivo de la sonda esofágica.
Su discípulo Averroes, sabio médico y
filósofo cordobés, vivió en el siglo XII, es-
cribió más de 78 obras y entre sus libros de
medicina trató con acierto de las heridas de
las arterias y de las venas aconsejando las li-
gaduras de los vasos. Él y Avicena dieron á
conocer el valor é importancia terapéutica del
opio; en su famoso libro titulado «Colliget))
trata de la anatomía y de la experiencia, como
bases fundamentales de la medicina. ¡Y estos
son también los fundamicntos de nuestra ciru-
jia militar!
Han sido muchos los comentadores ára-
bes del Mesué moderno, como puede verse en
la edición de Mesué hecha en Venecia en 1 58 1 .
Juan Damasceno se ha dicho que debió ser el
248
Mesué moderno y compuso unos aforismos
sobre las cautelas en los remedios y la mode-
ración en el uso de las medicinas. ¡Hé aqui
también los fundamentos de nuestras ideas
acerca de la fuerza medicatriz! Freind habla
de los Mesues colocando al moderno en
el siglo XII y al antiguo en el siglo IX.
Mi buen amigo é ilustrado compañero el
médico militar D. Antonio Población, es au-
tor de una excelente memoria premiada en
1 862 por la Real Academia de medicina «sobre
el origen y vicisitudes de la terapéutica que
han usado los cirujanos españoles en las he-
ridas por armas de fuego;» en ella da á cono-
cer un curioso é interesante manuscrito, ver-
dadera joya de nuestra literatura médica que
es una recopilación anónima de la cirujía
árabe; trata de las heridas, consta de cuatro
cuadernos con 336 páginas en castellano.
Al-Bumazar, célebre médico, filósofo y
astrólogo, fué autor de varios escritos de mé-
rito en el siglo IX.
Hay en el Escorial 127 códices arábigos
de medicina; libros árabes traducidos de los
autores griegos, libros árabes sobre las pro-
piedades de los medicamentos, facultades de
los alimentos y sobre antídotos; libros de
zoolojía como el de Ali-Ben Mohamad-Ben
249
Abdelazir, escrito en el año 755 de la egira,
libros de alquimia y del modo de confeccionar
elixires y venenos; el códice de Henein hijo
de Isaac que dio á conocer las obras hipo-
crá ticas y el de Abuzaid-Homin que fué el
primero que entre los árabes interpretó á
Galeno; un tratado médico anatómico, mu-
chos códices del célebre Averroes, diez códi-
ces de Avicena, diez y ocho de Rassis y algu-
nos escritos del famoso Avenzoar.
Del siglo XIII hay en la Biblioteca del
Escorial un códice en vitela traducido del
árabe al latin y se ocupa de los aforismos de
Hipócrates.
Al difundir los árabes las doctrinas hi-
pocráticas ejercieron también una saludable in-
fluencia sobre la cirujia en lo relativo á las
diferentes lesiones traumáticas y en este con-
cepto debemos recordar los aforismos de
Hipócrates que los árabes coleccionaron apli-
cándolos al pronóstico de las heridas, pro-
nósticos trasmitidos después á nuestra medi-
cina militar como base de sus primeros cono-
cimientos.
La operación del trepano, las reseccio-
nes y las suturas las practicaban con felices
resultados como lo manifiesta Avenzohar en
su cirujia; idearon diferentes apositos y apa-
32
250
ratos para la curación de las fracturas y en
las obras de Rassis y Avicena, que se conser-
van en la Biblioteca del Escorial, se hallan
útiles prescripciones para el tratamiento de
los diferentes traumatismos.
Los árabes no dieron más impulso á la
cirujía, porque su religión les prohibió los
estudios anatómicos por medio de las disec-
ciones; su abuso de la polifarmacia causó
algunos perjuicios á la ciencia, porque al con-
trario de los judíos que preferían las doctri-
nas hipocráticas, ellos manifestaban predi-
lección por las de Galeno y esto nos ha hecho
considerar siempre á los hebreos como ver-
daderos representantes de la medicina hipo-
crático-española.
"PARTE TERCERA
GLORIAS DE LA MEDICINA ESPAÑOLA Y PARTICULARMENTE
DE SU MEDICINA MILITAR. FUNDAMENTOS DE LA MEDICINA
ESPAÑOLA EN LA BASE HIPOCRÁTICA DE LOS
CÓDICES DEL ESCORIAL.
La cirujia militar podemos considerarla
dividida en diferentes épocas caracterizadas
por los distintos períodos de sus indicado-
251
nes, relativas al tratamiento de los trauma-
tismos en armonía con las causas vulnerantes
que los producen.
Estas épocas corresponden á las de los
distintos medios ofensivos empleados por el
hombre para la guerra. Curación de las heri-
das por arma blanca^ curación de las cau-
sadas por armas de fuego y curación de las
producidas en nuestra época por los proyec-
tiles cilindro-cónicos de los cañones rayados.
En la primera época dominó la fuerza
corporal en los combates; el predominio ex-
clusivamente muscular, pueblos enteros com-
batían contra otros, sin más armas que palos
aguzados y piedras arrojadas con las hondas.
Á medida que la civilización avanzaba se
inventaban nuevos agentes ofensivos: infinita
variedad de instrumentos cortantes, punzan-
tes, dislacerantes y contundentes que obliga-
ron á idear la manera de prevenir ^sus efectos
y de ahí el uso de las armas defensivas. Con
el descubrimiento de la pólvora cambió por
completo todo el sistema de la guerra.
La pólvora y los cañones fueron un agen-
te pacificador que han contribuido á la civi-
lización de los pueblos: la artillería del rey
derrumbó las fortalezas del feudalismo sepul-
tando entre sus escombros todos los símbolos
252
de su poder más terrible aún que el del so-
berano contra quien se revelaban y cuya
autoridad desconocían. El ejército de los
monarcas impuso á la nobleza el respeto á la
paz y un límite á la ambición. Desde enton-
ces la pelea y el combate dejaron de ser la
exclusiva ocupación del hombre y el único
objeto de su vida; cuidó de su educación in-
telectual al amparo del ejército y hoy yá no
se arma de pies á cabeza como en la edad
media, vistiéndose de hierro.
El descubrimiento de la pólvora causó
con las armas de fuego una verdadera revo-
lución, y esta época concluye al hacerse uso
de las balas cilindro-cónicas de los cañones
rayados.
Los efectos de los proyectiles que hoy se
emplean son fatales por la naturaleza y gra-
vedad de las heridas que ocasionan y por las
fracturas que determinan, haciendo necesarias
graves operaciones quirúrgicas, y aumentando
de un modo extraordinario el número de
inútiles, pero apesar de los mayores medios
de destrucción con que cuentan las naciones
por los adelantos modernos y por el perfec-
cionamiento y alcance de las armas de preci-
sión, no por eso es mayor el número de
pérdidas sobre el campo de batalla, si las
253
comparamos con las que había á principios
de este siglo, pues ahora los combates son
mucho más rápidos y las pérdidas relativa-
mente menores.
El general Rosencraus, en una curiosa
relación sobre la batalla de Murfreesboro
durante la última campaña de los Estados
Unidos, manifiesta que de veinte mil disparos
de cañón de los unionistas sólo se aprove-
charon setecientos veintiocho, y de dos mi-
llones de disparos de fusil sólo trece mil
trescientos treinta y dos se emplearon con
resultado. De estos datos resulta que se nece-
sitaban veintisiete disparos de cañón y ciento
cincuenta y cinco de fusil para cada baja,
estando los muertos en la proporción de uno
á cuatro relativamente á los heridos. Téngase
en cuenta, sin embargo, que estos datos se
refieren á un ejército improvisado por las
circunstancias especiales de aquel país y cuya
organización militar, defectuosa en muchos
detalles, pudo influir en el éxito de»la guerra
y en los efectos causados por los proyectiles
según las aptitudes de los combatientes, sitios
de la acción y posiciones de los ejércitos beli-
gerantes.
La estadística de las últimas campañas
nos demuestra que hay ahora más fracturas
254
conminutas que antes, porque eran las balas
redondeadas ó esféricas y se deslizaban sobre
los nervios y sobre los vasos sin destruirlos y
alrededor de los huesos y puntos resistentes
sin romperlos, mientras que hoy, siendo los
proyectiles rayados y cilindro-cónicos, recor-
ren un trayecto en linea recta, y como son hue-
cos y explosivos se dirijen con mayor fuerza
á chocar de un modo violento y de funestas
consecuencias contra los tejidos duros.
Estas épocas que hemos indicado son
también las que ha seguido la cirujía; en la
primera, la curación de las heridas por arma
blanca, en la segunda las causadas por armas
de fuego y en la tercera las lesiones traumá-
ticas, graves y complicadas.
Aunque hasta el tiempo de los Reyes
Católicos no es posible escribir la Historia del
Cuerpo de Sanidad militar con una organiza-
ción especial referente á los hospitales de
campaña, es necesario, sin embargo^ que con-
sideremos á los médicos hebreos como legí-
timos y primeros representantes de la medicina
militar española, cual si hubieran estado re-
vestidos del carácter y atribuciones de jefes de
Sanidad de los ejércitos, yá que en esas épocas
de continua guerra estuvieron encargados de
la asistencia de los Reyes y eran los únicos
255
competentes para ilustrar la opinión de los
Monarcas en todo lo relativo á la salud de las
tropas.
Los hebreos Ferragut y Bengesta fueron
médicos de Cario Magno; Amon lo fué de un
rey turco; Mayses de Córdoba, del sultán de
Egipto; el judío Almeir de Segovia, del Rey
D. Enrique III de Castilla; un médico hebreo-
de Toledo, del Rey D. Fernando IV; el
célebre Izchaq, de D. Alfonso VII; Jeudah
Mosca, del Rey D. Alfonso el Sabio; Jehudad
Rophe, de D. Alfonso Xí; Francisco Valois,
Rey de Francia, envió un correo al Empe-
rador Carlos V pidiéndole un médico judio y
los Pontífices Julio II, Julio III, León X, Cle-
mente VII y Paulo III tuvieron á su lado
médicos hebreos.
Las inscripciones sepulcrales, honrando
la memoria de los médicos hebreos, las dis-
tinciones y recompensas que les otorgaron los
reyes, el clero y la nobleza, demuestran lo
mucho que valían, y al enaltecerlos, creemos
rendir un homenaje de respeto á los legítimos
representantes del Cuerpo de Sanidad militar,
yá que los médicos hebreos fueron por espacio
de dos siglos los encargados de la asistencia
de los Monarcas de Castilla.
256
Los caldeos y los egipcios fueron los pri-
meros que se ocuparon cié medicina, si bien
es preciso considerar á los griegos como fun-
dadores de la medicina, constituyendo una
ciencia.
Apolo, Esculapio, Podalirio y Chiron
son los destellos precursores que, envueltos
entre las fantásticas sombras é ideales creacio-
nes de la mitología, anuncian la nueva aurora
con que el gran Hipócrates ha de iluminar el
mundo al esparcir sobre el horizonte científico
las concepciones creadoras del genio y las
innumerables riquezas de su poderosa inteli-
gencia, estableciendo la medicina sobre las
sólidas bases de la observación y de la expe-
riencia.
Al morir Hipócrates caen en lamentable
olvido sus obras: se apodera la filosofía de la
ciencia en general, la absorve y esclaviza,
pretendiendo anularla de un modo arbitrario
é inconveniente.
Los griegos propagaron la cirujía en
Roma, siendo Trifon, Evelpisto y Meges
quienes más contribuyeron á ello, en unión
de los egipcios, antes del nacimiento de Jesús.
Después de venir al mundo Jesucristo
aparecen Celso, Galeno, Pablo de Egina,
Alejandro de Tralles (que viajó también por
257
España) Aecio y Oribasio y dan en Grecia un
gran impulso y notable desarrollo á los cono-
cimientos médicos. En la Biblioteca del Esco-
rial están los códices de sus obras.
La escuela de Alejandría fué la depositarla
y fiel guardadora de las doctrinas hipocrá-
ticas, trasmitiendo luego esta herencia salvada
de entre las llamas de su grandiosa Biblioteca
á las escuelas árabes de España. Ellas nos
legaron como rico patrimonio en toda su pu-
reza, las ideas sustentadas por el padre de la
medicina para perpetuarse en nuestra patria.
Sensible es que si la caridad de Isabel la
Católica fundó el primer hospital para la
asistencia de sus tropas durante el sitio de
Granada, la intolerancia religiosa del Cardenal
Cisneros arrojase á la hoguera cinco mil ma-
nuscritos árabes al prender fuego á una Bi-
blioteca de la que sólo se conservaron algunas
obras de medicina y filosofía que mandó
trasladar á su librería de Alcalá de Henares.
El fanatismo de todas las religiones ha
sido igualmente desastroso para la ciencia en
todos los países, dejando impresas en las
diferentes épocas de nuestra historia las san-
grientas huellas de su paso^ vestigios de des-
trucción por todas partes, lágrimas é infortu-
nios, ruinas y esterilidad.
33
258
Un general sarraceno hizo calentar por
espacio de seis meses los banos de Alejandría
con las obras de su Biblioteca, pero también
las tropas de Carlos V, cuando entraron en
Túnez en 1 535, saquearon la ciudad, redu-
ciendo á cenizas la mayor parte de los libros
árabes de Muley-Hacen. Á principios de este
siglo, tanto daño nos causaron los franceses
en la guerra de la Independencia saqueando
nuestros palacios, templos y museos, como
irreparables pérdidas infirieron á nuestra in-
dustria y á las artes los ingleses que combatian
á nuestro lado como amigos, brindándonos
auxilio y protección. Al entrar los aliados en
Cantón y al posar sus plantas en el palacio de
Pekin, la destrucción y el saqueo mostraron
á los chinos de qué modo los europeos cele-
bran sus victorias. En la primera de estas
ciudades tuve ocasión de ver con profunda
pena al poco tiempo de estos sucesos, escom-
bros y ruinas que atestiguaban cuánto íalta
aún á los pueblos civilizados para dar ejemplo
á los que no lo son de que saben respetar el
derecho de gentes, no vulnerando las sagradas
leyes de la humanidad que Dios inculcó en la
conciencia.
Al través de muchos siglos, de las vici-
situdes de los tiempos de los horrores de
259
la barbarie, del dominio de la ignorancia y
de las tinieblas del fanatismo, no se han olvi-
dado en España las doctrinas Hipocráticas
y los sabios preceptos de los autores griegos,
poniéndolos en armonía con los progresos de
la ciencia; por eso nuestra ci rujia militar ha
sido siempre conservadora.
Los que juzgan á la medicina patria
con despreciativo desdén ó con sobrada lige-
reza é injusticia, que se detengan á recorrer
las gloriosas páginas de su historia y verán
que no por ser modesta se la han de negar
su mérito indisputable en todas épocas y los
beneficios que ha prestado al ejército, á la hu-
manidad y á la ciencia.
Las doctrinas Hipocráticas nos han hecho
partidarios del método espectante, y hoy, te-
niendo en cuenta los medios de curación de
que dispone el cuerpo de Sanidad militar y el
perfeccionamiento del material de ambulan-
cias, trasporte y conducción de heridos, po-
demos decir con Descaine: «en el estado actual
de la cirujla las amputaciones son la excep-
ción y la regla, la conservación de los miem-
bros;» recordemos cómo dice el ilustrado jefe
de Sanidad Hernández Poggio en uno de sus
excelentes libros con que ha enriquecido la
literatura médica «que la gloria déla medicina
260
española se funda en los miembros que salva
y no en los que amputa.»
Las obras de Hipócrates^ difundidas y
comentadas en España como en ninguna parte^
nos han enseñado á emplear siempre con cir-
cunspección y prudencia los medicamentos
heroicos simplificando nuestra materia médi-
ca, para no perturbar á la naturaleza. Los
médicos militares españoles, permaneciendo
fieles á su bandera Hipocrática, no han olvi-
dado en el tratamiento de todas las enferme-
dades, y muy especialmente en la curación de
las heridas por armas de fuego, que existe
un poder superior al medicamento y á la
operación quirúrgica y al que con más ó
menos propiedad se le ha dado el nombre de
fuerza medicatriz. De ella y de su interven-
ción en todos los actos orgánicos y en los
accidentes morbosos han querido prescindir
algunos y sobre todo las escuelas materialis-
tas. Los que todo lo esperan de la acción te-
rapéutica de los medicamentos, los que todo
lo fundan en la habilidad de la medicina ope-
ratoria, los que desean manejar el organismo
humano á su antojo sin acordarse de las leyes
vitales, del mismo modo que se gobierna una
máquina sujeta á las leyes de la mecánica y
con la precisión matemática de la industria
261
en todos sus actos, es necesario que se con
venzan de que, al emplear un medicamento ó
al intervenir la cirujia de una manera activa,
hay que contar, más aún que con estos me-
dios, con el organismo en general.
Es indudable que existe en el organismo
una fuerza de reacción contra las afecciones
que le invaden y hay una tendencia repara-
dora que procara contrarestar todas las in-
fluencias, gérmenes y elementos morbosos
que acosan al hombre desde el momento en
que se halla en el claustro materno. Con el
auxilio de esta fuerza combate denodado, y
aun envuelto en las convulsiones de la agonía,
pretende vencer las causas destructoras de la
vida! En el ultimo estertor del moribundo
concluye y se extingue la aspiración cons-
tante de la naturaleza á la conservación.
Nos detenemos algo y nó todo lo que
deseáramos en esta rápida ojeada de la me-
dicina Hipocrática, como base y fundamento
de la medicina española, porque los muchos
códices existentes en el Escorial nos obligan á
ello; su lectura ha sido tan provechosa á nues-
tros médicos en general y á los militares en
particular, que imbuidos en estas ideas y edu-
cados en esta escuela no han interrumpido
nunca con medicaciones intempestivas los
262
esfuerzos saludables de la naturaleza que en
todas sus manifestaciones obedece á deter-
minadas leyes y períodos. En emplear con
oportunidad los medicamentos, conociendo
cuándo hay que permanecer pasivo ó cuándo
es preciso auxiliar á la naturaleza, en esto
sólo estriban los fundamentos de la cirujia
conservadora y del método espectante. Por
eso dice nuestro célebre Andrés Piquer en sus
comentarios al libro de los pronósticos de
Hipócrates: «si los médicos observan atenta-
mente, hallarán que hasta en el modo de mo-
rir guarda leyes constantes la naturaleza.»
«Nunca en los principios de las enfermedades
agudas arroja los humores, que son la causa
de ellas, porque por una de sus inviolables
leyes trabaja en vencer y en superar esta causa,
y habiéndolo logrado, la echa fuera del cuer-
po: sucede en esto lo mismo que en la cocción
y madurez de las frutas, las cuales piden cier-
to tiempo en que trabaja la naturaleza para lle-
varlas á su perfección . » « Creen los médicos que
las enfermedades son ciertos entes que existen,
y corren las leyes de nacer y morir, lo cual eje-
cuta cada una de ellas en varios tiempos y
para cumplirlo gasta distintos espacios, ni más
ni menos que sucede en las plantas. y>
Y para que se vea cómo Piquer interpre-
268
taba las obras de Hipócrates, yá que de ellas
nos ocupamos, no puedo resistir al deseo de
trasladar el párrafo siguiente: «Conviene
considerar si en la medicina hay fuerzas ó nó
para quitar la enfermedad antes de su término,
porque si no las hay es una grande impru-
dencia y muy mala conducta del médico el
empeñarse que ha de quitarla antes del tiempo
que á ella corresponde fenecer: lo que convie-
ne hacer entonces es fortalecer la naturaleza,
que es el máximo de todos los remedios para
que, teniendo fuerzas, no sea superada del mal. »
«Ciertos remedios son tales, que no pueden
hacer provecho si se aplican mal, y estoy ad-
mirado de ver la facilidad, presteza y poca re-
flexión con que hoy se arrojan algunos á practi-
carlos, debiendo siempre tener la mira ^ que si
no son tan dichosos que no alcancen á quitar
la enfermedad, á lo menos quédeles la satisfac-
ción de que no han dañado al enfermo.»
Hé aquí expresadas en Hipócrates y pro-
pagadas por Piquer las ideas del método es-
peciante y los fundamentos de la medicina
española: téngase presente que el método
espectante no es el excepticismo y la indife-
rencia terapéutica; es el empleo del medica-
mento en tiempo oportuno y en dosis con-
veniente.
264
La química moderna y los adelantos de
la higiene han sido de gran utilidad á la me-
dicina favoreciendo el^ método especiante al
simplificar la terapéutica.
No es posible, sin embargo, conceder á
la química que forme por sí sola un sistema
médico, porque antes que las leyes químico-
orgánicas están las leyes vitales independien-
tes de la materia; pero hay que reconocer la
importancia de la química en la patolojía y
en la materia médica actual. Por su influencia
se han condenado al olvido esas antiguas re-
cetas de diferentes medicamentos^ cuyas com-
binaciones se desconocían, ignorándose loque
de ellas resultaba y su manera de obrar. Á
causa del atraso de la química y del abandono
de su. estudio, se prescribían tantos y tan
extrambóticos remedios, á los cuales se con-
cedieron virtudes maravillosas. Hoy nos pa-
recen inverosímiles y reflejan claramente el
fanatismo y superstición de ciertas épocas, las
extravagantes fórmulas que se encuentran en
varios libros y que he visto en algunos códi-
ces, donde figuran, como sucede en los trata-
dos de cirujía, capítulos enteros relativos a las
úlceras mágicas, ó producidas por fascinación,
brujería y maleficio.
Paracelso Helmoncio y Agrícola indica-
265
ron diferentes medicamentos para curar las
ulceraciones mágicas; otros preconizaban que
se suspendiesen del cuello de los enfermos
ciertas plantas medicinales, que se hiciera
uso de cenizas de bruja quemada en las ho-
gueras ó de polvos de virtud maravillosa aun-
que de origen muy sucio, como excelentes
específicos de sobrenatural poder para ahu-
yentar maleficios y conjuros. Gracias á la
química y á los progresos de la ciencia en
general, yá no se emplean la ceniza y aceite
de alacranes, los polvos de liebre degollada,
ni los de lombrices de tierra en cocimiento de
garbanzos negros; tampoco se usan el remedio
árabe de la ceniza de vidrio para combatir los
cálculos de la vejiga, ni la sangre de cabrón,
según indicaba Avicena cuando aconseja que
se mate al animal apacentado con hinojo en
la época de la maduración de la uva y que se
recoja su sangre en el centro de la degolladu-
ra práctida, porque sólo de ese modo es
provechosa.
La materia médica ha proscrito las perlas
y las limaduras de huesos humanos; yá no se
practican exorcismos ni se aguarda como
antes para la administración de un medica-
mento la influencia necesaria del sol y las
estrellas.
34
266
Las obras clásicas; los códices griegos,
arábigos, latinos y castellanos de medicina de
la Biblioteca del Escorial, son la expresión del
genio; y no se crea que deseamos poner en
evidencia los defectos científicos y las preocu-
paciones supersticiosas de la medicina antigua,
tan digna de veneración y de respeto: seña-
lamos sus errores, pero reconocemos los pro-
gresos, y aun á veces, por no ser legítimos
como las reputaciones usurpadas, también los
limitamos. Al invocar las excelencias de la
medicina militar española, queremos demos-
trar que ha seguido con fruto las huellas
hipocráticas en donde encontró la base funda-
mental de sus ideas vitalistas. En las obras de
los médicos griegos no se hallará la verdad
científica de hoy, pero sí un gran criterio
filosófico y profunda observación. Demostrar
los adelantos modernos no es abjurar de los
conocimientos de otras épocas y de su gloriosa
historia. Si la terapéutica y materia médica,
la anatomía, la medicina operatoria, los me-
dios de exploración y el apoyo de las ciencias
auxiliares, han elevado á prodigiosa altura los
estudios médicos, siendo muy grande la dis-
tancia á que han quedado relegados los anti-
guos, nada en cambio ha añadido de nuevo
la ciencia moderna á las magníficas descrip-
267
clones patológicas, á los reflexivos pronósticos
y útiles consejos que, basados en la observa-
ción y en la experiencia, sólido fundamento
de la medicina griega, nos han legado entre
otros, Hipócrates, Galeno, Pablo de Egina,
Alejandro de Tralles. Aecio y Oribasio en
las páginas que inmortalizan sus nombres en
los códices del Escorial y en los libros de la
Biblioteca de impresos de dicho Monasterio.
También la química ha expulsado de sus
laboratorios á los alquimistas y á los magos,
que al amparo de la superstición antigua, se
escondían en el misterio de lúgubre mansión,
entre lechuzas y escorpiones, águilas y esque-
letos, entre calaveras y astrolabios, frascos y
redomas, hornillos y alambiques, entre viejos
pergaminos roídos por el tiempo é infolios
amarillentos por los años; esos eran los asilos
de la ciencia al dar sus primeros pasos en-
vuelta en el misterio de la nigromancia; hoy
no se impone yá con el terror, ni intimida el
espíritu entre tinieblas; hoy la ciencia habla
á la razón, convence y persuade mostrando
el explendor de sus verdades á la clara luz
del día.
El cristianismo se ocultó en las catacum-
bas de Roma y la ciencia en la soledad del
claustro; las bellas artes se guarecieron en los
268
templos; las aspiraciones de la libertad se
escondían en la logia y sólo Jesús predicó
siempre sus doctrinas á la luz del sol para
que los fulgores de la verdad divina iluminasen
la conciencia de igual modo que difunde el
sol sus rayos por los ámbitos del mundo.
Todas las verdades de la tierra, todas las
invenciones de los hombres, han nacido apri-
sionadas, han reclamado apoyo ó el favor del
Poderoso; Jesucristo es la excepción; su cá-
tedra tuvo por techo la bóveda azul del firma-
mento, por limites el espacio; los ecos de su
voz retumbaron en lo infinito y la humanidad
despertó regenerada de su letargo de abyección
de tantos siglos al escuchar las palabras de paz
del Redentor proclamando el imperio de la
justicia y la santidad de los derechos.
El cristianismo rompió las cadenas de la
esclavitud; levanta iglesias por todas partes,
vive entre todos los cultos, y sobresale, como
el más bello de los símbolos religiosos, la cruz
del catolicismo, emblema de amor y de jus-
ticia; la ciencia es patrimonio de la humani-
dad, las bellas artes lo abarcan todo y no
buscan como antes su exclusiva inspiración
en los altares; los derechos del hombre no
germinan en el club con odios, venganzas y
terror; no quieren tormentas de motin ni
269
tempestades revolucionarias, que hieren como
el rayo, sin respeto y sin piedad; ahora se
legislan los derechos en los Parlamentos, se
reclaman en la prensa y en los tribunales, se
consignan en los libros y los escribe la huma-
nidad en su conciencia. La sociedad católica
no representa esclavitud, ni pide privilegios,
ni desea inmunidades, porque no es ni puede
ser el hombre como Bonald queria, sólo tra-
dición y autoridad.
Arnaldo de Villanueva y Raimundo Lulio
son las dos figuras más notables de la medi-
cina española en el siglo XIII; de ambos hay
muchos códices en el Escorial. Merecen dete-
nido examen los capítulos VI y IX del li-
bro III de la obra de Arnaldo de Villanueva,
acerca de las costumbres de las mujeres de su
siglo. Fué el segundo autor que ha escrito de
medicina militar en su obra de aRegimini
Castra, » que consideramos como el primer
tratado de higiene dedicado al Ejército. La
primera obra que con el titulo de «Medicina
militar» se escribió en España, fué la de Rassis,
«Medicina castrense de los griegos.» Hay
también en el Escorial el antidotarlo médico
de Arnaldo de Villanueva , códice del si-
glo XIV, un códice del siglo XV sobre la
lepra y otro muy curioso de principios del
270
siglo XVI^ «Vida de los filósofos.» Son
notables por el criterio médico que re-
velan sus parábolas, donde se encuentran
también útiles consejos en pro de la espec-
tacion en medicina y en favor de la pru-
dencia terapéutica; citaremos las siguientes:
"Antes de conocerse la especie de enfer-
medad y la causa próxima, debe regirse el
enfermo con sólo atemperantes y con medios
inocentes.» «Aquello que es más apropiado á
la naturaleza del sugeto, es lo que más le con-
viene.» «A cualquiera que se le pueda restituir
la salud por alimentos, se debe proscribir el
uso de las medicinas.» «En los niños y en los
viejos se ha de temer el recetar, en los jóvenes
se ha de desconfiar también del continuo uso
de los remedios.» «Todo aquel que es amigo
de recetar ó de medicinarse, pronto llorará
las incomodidades de la vejez.»
Por último, y como bellísimas máximas
higiénicas de la convalecencia, expone: «Á los
convalecientes sólo les conviene la pureza y
calma del aire.» «La mansión inficionada por
la enfermedad pasada y larga se opone á los
progresos de la convalecencia como una insa-
lubre cárcel.» «El convaleciente incauto recae
pronto.» No es posible describir con menos
frases el estado moral de la convalecencia
271
cuando dice: «Con dulces cantares y amenas
vistas se restablece el ánimo de los convale-
cientes. ))
De Raimundo Lulio hay en la Biblioteca
del Escorial muchos é interesantes códices de
filosofía, medicina, física, alquimia y astro-
nomía, que mencionaremos en el lugar corres-
pondiente.
Gutiérrez de Toledo enriqueció la tera-
péutica con el uso de las aguas minerales
artificiales en el siglo XV. Pedro Pintor, fa-
moso médico valenciano, da á luz varios
libros de medicina y cirujía y Francisco Villa-
lobos publica en 1498 su obra en romance
"Sumario de la medicina.»
Los primeros autores que se ocupan de
heridas por armas de fuego son del siglo XVI,
y entre ellos recordaremos á Juan de Vigo
en 1 525 y á Alfonso Ferro en i553, que juz-
gándolas envenenadas, abusaron de un modo
perjudicial de las cauterizaciones, del aceite
hirviendo y de las sajas; el empleo del hierro
y del fuego, de que tanto se abusó, comienza á
decaer á fines de ese siglo, y son los cirujanos
españoles los que más á ello contribuyen.
Hidalgo de Agüero establece los principales
fundamentos de la cirujía conservadora, aplaza
la extracción de los proyectiles y délos cuerpos
272
extraños, preconizando las curas tardías; pero
no puede dársele el titulo de cirujano conser-
vador, porque abusó demasiado de las caute-
rizaciones; empleaba el agua en las heridas
demostrando conocer perfectamente sus bue-
nos resultados en los traumatismos.
Dionisio Daza Chacón es otro de los cé-
lebres médicos del siglo XVI. Fué cirujano de
los tercios de Flandes en i54.3, prestando los
servicios de su profesión en Alemania en los
ejércitos de Carlos V. Combatió las ideas de
Juan de Vigo y de Alfonso Ferro, que juzga-
ban envenenadas las heridas y con su trata-
miento modificó la Cirujía m///Y<jr, anticipán-
dose al cirujano francés Ambrosio Pareo en
la ligadura de las arterias; los cirujanos espa-
ñoles ligaban las arterias en el siglo XVI,
siguiendo la práctica de los árabes. Fué Daza
Chacón el primero que escribió de las heridas
de arcabuz, ocupándose de medicina miUtar.
Luis Llovera de Ávila publicó en el si-
glo XVI su bellísimo libro «Vergel de Sanidad»
y Juan Calvo en i557 la obra «Cirujía uni-
versal y particular.» Andrés de León escribe
varios tratados de Medicina y cirujía y se
dedica con provecho á los estudios anatómi-
cos. Mucho contribuyeron los médicos espa-
ñoles á los progresos de la anatomía, y yá en
273
1448 estaban autorizados para las disecciones,
descollando entre otros, Servet, Villalobos
Montaña, Laguna y Valverde, que corrigió
en algunas cosas al famoso Vesalio. Jabar,
médico de Felipe II, construyó unas estatuas
anatómicas de sedas, que llamaron la atención
en España y en Europa. Nuestra escuela de
medicina del Monasterio de Guadalupe fun-
dada en 1 322 tenia concedida orden para abrir
cadáveres, y Ceballos y Arceo, entre otros
médicos célebres, siguieron en ella sus es-
tudios.
Andrés Laguna, médico de la corte de
Carlos V y del Papa Paulo III que le nombró
Conde Palatino, recorrió varias naciones de
Europa, propagando en todas partes sus co-
nocimientos anatómicos y su ciencia; es uno
de los ilustres varones que más honraron con
su talento y abnegación profesional las pági-
nas de nuestra Historia.
Luis Vasseau, médico catalán, publicó
en 1540 las tablas anatómicas del cuerpo
humano, y Pedro Giménez dio á la prensa
unos excelentes diálogos de anatomía. Ber-
nardino Montaña imprimió en Valladolid en
1 55 1 la «Anatomía del hombre» y Juan de
Valverde su historia de la composición del
cuerpo humano en i556, ilustrándola con un
35
274
gran número de estampas, en competencia
dicha obra con la del célebre Vesalio. Fran-
cisco Arceo escribió varios libros de cirujia
muy notables, tratando con criterio conser-
vador de la curación de las heridas.
Valles de Covarrubias, llamado el divino
por Felipe II, publicó varias obras y es digno
de especial estudio su libro de «calenturas.»
Pedro Arias de Benavides viajó por la Amé-
rica Occidental y publicó en Valladolid en
1 567 un libro con curiosas observaciones titu-
lado «Secretos de cirujia.»
Luis Collado^ célebre anatómico de la
universidad de Valencia, es autor de varios
libros sobre «Anatomía humana;» Alfonso de
Corella, catedrático de Alcalá y Juan de Car-
mona, médico y filósofo de Sevilla, enri-
quecieron la ciencia con gran número de
obras.
Miguel Servet, que nació en Aragón en
i5og, se ocupó de la circulación de la sangre
en un libro impreso en Basilea en i53i, cuyo
descubrimiento se ha atribuido injustamente
al médico inglés Harvey, pues no habló de la
circulación hasta el año de 1622 ó sea un siglo
después.
Nuestros médicos Luis Lovera de Ávila,
Bernardino Montaña y Juan Valdés de la
275
Plata, hablan indicado antes en sus libros
algunas ideas referentes á la circulación de la
sangre. Así como Daza Chacón fué de los más
hábiles operadores del siglo XVI, debemos
considerar á Juan Andrés Alcázar como uno
de los más famosos cirujanos de ese siglo; era
catedrático de Salamanca y publicó una obra
clásica de cirujia en seis libros. Luis de Le-
mos, profesor también de Salamanca, pro-
pagó con excelentes comentarios todas las
obras de Hipócrates. Sobresalieron en España
en el siglo XVI, y entre otros, Amado Lusi-
tano, Fragoso y Mercado, siendo el libro de
enfermedades de mujeres que publicó este
íiltimo, un buen resumen de cuanto hablan es-
crito los griegos.
En el siglo XVII, se paralizaron algo los
estudios anatómicos, apesar de que Pedro
Ferrar se dedicaba á ellos con notable apro-
vechamiento, publicando su «Flor de ana-
tomía,» ^ Pedro Gago de Vadilla daba á luz
en 1 632 una obra de cirujia y sus discursos
sobre curación de las heridas, donde se de-
clara partidario del método conservador y
adelanta las ideas osteogenésicas de hoy, res-
pecto á la regeneración perióstica de los hue-
sos cuando dice «que el callo en las fractu-
ras se forma por medio del periostio.»
276
Pedro Barba, profesor de la facultad de
Valladolid y Médico de Cámara de Feli-
pe IV. es autor de varios libros. Alonso
Romano, Ramírez de Córdoba y Melchor
de Villena, llamado el Hipócrates Valenciano,
escriben de cirujia.
José Quer, sabio naturalista y distingui-
do médico militar, escribió una obra de bo-
tánica y otras de gran utilidad y José Esca-
milla, unos tratados de cirujia en 1696.
Pedro López de León se ocupa con feliz
éxito «de los apostemas» en 1622, y trata Pe-
dro Miguel de Heredia de los tubérculos
del pulmón, de un modo admirable, si
recordamos cuáles eran los conocimien-
tos de la época en que escribía. En este
siglo fueron decayendo las doctrinas hipo-
cráticas y la cirujia conservadora, por el pre-
dominio de las doctrinas fisiológicas.
En el siglo XVIII se impulsaron los
estudios anatómicos, pero fué un siglo fu-
nesto en Europa para la cirujia conserva-
dora y para las ideas sustentadas en Es-
paña, respecto á la fuerza medicatriz, por-
que se abusó de las operaciones quirúrgi-
cas de la polifarmacia.
Francisco Canivell, célebre cirujano mi-
litar, nació en Barcelona en 1 72 1 y entre sus
277
obras mencionaremos dos que sirvieron de
texto durante muchos años; una sobre he-
ridas por armas de fuego y otra de apositos
y vendajes; abusó de las insiciones, pero fué
conservador en medicina operatoria. Al ocu-
parse de la mayor gravedad de las heridas
por la irregularidad de los proyectiles, mani-
fiesta «que el pretendido veneno de las balas
estaba en las desigualdades de ellas ^ y con
este motivo expone y detalla admirablemente
la marcha y efectos de los proyectiles. D. José
López, médico militar, escribió en lySo un
libro acerca de las heridas, y dice que la
«naturaleza es la curación.» El Médico de
Cámara D. Martin Martínez, publicó en 1745
una obra de anatomía, y D. Andrés García
Vázquez en 1774 una buena traducción
de la anatomía quirúrgica de Bernardino
Genga.
El célebre Andrés Piquer es una de las
figuras más notables de la ciencia en el si-
glo XVIII, y contribuyó mucho á propagar en
España las doctrinas hipocráticas. sostenien-
do con ellas los fundamentos de nuestra ci-
rujía conservadora; este sabio profesor, no
sólo se dedicó al estudio de la medicina y de
la física, sino al de la filosofía, y recomenda-
mos la lectura de su c( filosofía moral para
278
la juventud» publicada en Madrid en 1755.
En 1750 habia escrito su tratado de calentu-
ras que basta para darle justa fama; escribió
un tratado de física, tradujo todas las obras
de Hipócrates con tan excelentes comentarios,
que ellos solos harian de esta obra rica joya
de inextimable valor para nuestra literatura
médica; el libro de los pronósticos y el de las
epidemias encierran tesoros de ciencia y
no es posible que olvidemos nunca sus co-
mentarios sobre la tisis. Cristóbal de Vega y
Jaime Esíeve tradujeron también del griego
al latin algunas de las obras de Flipócrates.
D. Francisco Fernandez Navarrete escribió
en el siglo XVÍII un precioso libro sobre
constituciones epidémicas, y D. Mariano Se-
guer, catedrático de Valencia, publicó muy
buenas obras; sobresalieron los médicos mi-
litares Heredia Velasco y Custodio Gutiérrez^
que fué ademas primer cirujano de Cámara.
D. Domingo Vidal, profesor y bibliotecario
del Colegio de Barcelona, escribió de «enfer-
medades de ojos» y también «de heridas» en
1783; hemos leido con complacencia este
libro, y concluye con un apéndice bien medi-
tado «sobre las curas tardías.» Francisco
Ring, médico militar, publicó dos libros inte-
resantes en 1780 y en 1782.
279
Pedro Gómez de Bedoya, catedrático de
cirujía y de anatomía en Santiago, escribió
en 1764 una «historia universal de las fuentes
minerales de España;» en esta curiosa obra
se exponen el análisis y virtudes desús aguas,
principios de que constan, modo de adminis-
trarlas é importantes consideraciones médicas,
topográficas y de historia natural. Fray Cosme
funda el hospital de San Juan de Dios de
Madrid en lyóS y enriquece la ciencia y
nuestro arsenal quirúrgico con nuevos instru-
mentos y útiles modificaciones en los proce-
deres operatorios. Juan Isasi, médico militar,
publica en 1768 varios escritos de cirujía y
fué Solano autor de un excelente libro «sobre
el pulso.» Manuel Abad escribió de medicina
militar y debe consultarse su tratado de las
epidemias malignas y enfermedades particu-
lares de los ejércitos, con advertencias á sus
capitanes generales, ingenieros, médicos y
cirujanos. Francisco Victoriano Gómez y
Juan Carballo, escribieron de cirujía/ y el
primero discutió el importante tema de si á
esta «le faltaban ó sobraban operaciones.» Es
también interesante para la cirujía conserva-
dora el libro de Juan Vidos y Miró. El cate-
drático de anatomía de la escuela de Madrid
D. Ignacio Lacaba, médico militar, contri-
280
buye mucho en 1789 á los progresos de los
conocimientos anatómicos en España.
Puig Ibarrola, Pelaez y Queraltó descue-
llan por su ciencia y por sus obras acerca
de las heridas por armas de fuego; fueron
legítimos representantes de nuestra cirujia
militar á fines del siglo XVIII y son sus libros
un titulo de gloria para el Cuerpo de Sanidad
y para la medicina española, que tanto realza-
ron con la enseñanza, con la práctica y con
sus escritos.
En el siglo XVÍIÍ tuvimos médicos emi-
nentes como Balmis, Gali, Roda^Villalva, Gar-
cía, Suarez, Espinosa, Saavedra, Gómez y José
Masdevall, jefe superior del Cuerpo de Sanidad
militar en 1799, y omitimos los nombres de
otros célebres profesores, porque no podemos
dar más extensión á nuestro libro.
En el siglo XIX, con la nueva orga-
nización del Cuerpo de Sanidad y con los
progresos de la ciencia en general, son muy"
notables los médicos y los escritos que tratan
de las más arduas cuestiones de cirujia y me-
dicina con aplicación al Ejército. El célebre
Morejon^ cuyo nombre bastarla á inmorta-
lizar su «historia de la medicina española,»
Aso Travieso, Castello, Capdevila, Codorniu,
Sarrais, Rodríguez Manzanares, Frau, Tapia,
281
Chinchilla, Obrador, Montes, Rubio, Men-
doza, Moreno, Oriol Navarra, Balseyro, Mesa,
Rodríguez, Ravers, Hernando, Saviron, Bus-
tos, Pina, Nieto, Weiller, Diaz Benito, An-
guiz, Monlau, Chiralt, Sumsi, Santucho
y Aviles son nombres de ilustres médicos
que han pertenecido al Cuerpo de Sani-
dad. Si en los siglos pasados y en el actual,
tanto se enaltecieron las glorias de la me-
dicina militar española, podemos afirmar
también que son dignos sucesores de Ca-
nivell, Queralto y Hernández Morejon, los
jefes y oficiales que ahora visten el hon-
roso uniforme de una corporación que tan
acreedora es al cariño que el Ejército la
otorga, y á las consideraciones que todos los
gobiernos la dispensan. Entre los muchos
nombres que hoy pudiéramos citar de los
médicos militares que ilustran la ciencia y la
literatura con sus escritos, mencionaremos á
Somovilla, Bernad, Montejo, Losada, Landa,
Población, Plata, Adrover, Hernández Poggio,
Camisón, Florit, Espala, Gazul, Suender,
Panosa, Cerain, Ferradas, Vidal, Martínez
Pacheco, Andechaga, Vives, Botet, Pérez y
Martínez, Parallé, Garrido, Marqués, López
Nieto, Esbry, Frean, Busquet, Gili, Garrido,
Pantoja, Claramunt y Torrejon. Recordemos
282
también que hay un distinguido médico, el
Dr. Ullesperger, de Municii, que contribuye
á enriquecer nuestra literatura médica con sus
trabajos.
España, tan poco conocida en el extran-
jero y tan mal juzgada^ es la cuna de la me-
dicina filosófica, la patria déla cirujía conser-
vadora y el país clásico del decoro y dignidad
científica en el ejercicio de la profesión. Cuando
con tanta injusticia se deprimen y aun niegan
las glorias de la medicina española, bueno es
que aconsejemos lean su Historia los que por
no conocerla nos injurian, y en ella apren-
derán, que á mediados del siglo XII teníamos
más de setenta bibliotecas; la historia les dirá
que en esa época creó D. Alonso VIII la uni-
versidad de Falencia y fundó D. Alonso IX la
de Salamanca en 1243, engrandeciéndola Don
Alfonso el Sabio; en i322 se estableció la
enseñanza de la medicina en el Monasterio de
Guadalupe.
La inoculación de la vacuna era conocida
en Galicia mucho antes de haberla estudiado
los ingleses y antes que ellos descubrimos la
circulación de la sangre; nuestros hospitales y
casas de orates son anteriores á los creados
en el extranjero; cuando nadie creia que
fuese posible poner en contacto con la so-
283
ciedad á los sordo-mudos, realizó tan admi-
rable obra Pedro Ponce de León, monje de
Sahagun en Castilla la Vieja; la topografía
médica de la Península mereció un estudio
especial de nuestros médicos, pudiendo citar
entre varias como de las primeras, la del judío
toledano, médico del Rey D. Fernando ÍV,
existente en el Escorial, y el libro de higiene
y topografía de Sevilla de Juan de Aviñon,
concluido en 141 9, que lo imprimió Monardes
á su costa, dedicándolo al cabildo de Sevilla
en 1 545; también Cristóbal Méndez se ocupó
del análisis físico de las aguas potables de
dicha ciudad. Fué España el primer pueblo
de Europa que instaló en Mallorca en 1741 la
primera Junta de Sanidad (morberías ó cua-
rentenas) para evitar el contagio de las pestes.
Sobre escencialidad de las fiebres escribieron
el famoso judío Izchaq y otros médicos árabes
y españoles, y si se trata de negar la escencia-
lidad de ellas afirmando que dependen todas
de irritaciones patológicas locales, entonces
nos dice la Historia que un erudito monje
español anticipó estas ideas algunos siglos á
las doctrinas de Broussais. Un médico español
es el primero que al ir á América nos da á
conocer científicamente aquel país y fué Diego
Alvarez Chanca, que acompañó á Cristóbal
284
Colon en su segundo viaje á las Indias por
mandato de los Reyes Católicos. Los escla-
recidos nombres de los médicos españoles
van siempre unidos á todas las glorias de
nuestra patria.
Pedro Miguel de Heredia se ocupa de
los tubérculos del pulmón, anticipándose á
las observaciones de Morton; la hidroterapia
la usamos con éxito en 1749, cuando en otros
países se desconocían aún sus resultados;
nuestro célebre Carrasco escribe de higiene
pública, y no va á pedir fuera de España
materiales para su libro, porque sus co-
nocimientos eran suficientes para recoger
beneficiosos frutos en el campo de la cien-
cia, sin necesidad de buscar ingertos en los
autores extranjeros; el aposito inamovible de
yeso que Dieffembach usó y per feccionó en
el hospital de la caridad de Berlin, generali-
zado después en Francia para el tratamiento
de las fracturas, lo empleaban desde muy
antiguo los árabes y lo propagaron y dieron
á conocer en España, así como hablan consa-
grado atención al estudio de las enfermeda-
des de los huesos, ocupándose de la espina
ventosa, según vemos en las obras de Avice-
na, libro IV, tratado I, capítulo IX. El tratado
de calenturas de Andrés Piqucr y el que pu-
285
blicó Gómez Pereira, pueden competir con
todos los que de su época vieron la luz en
las demás naciones. El sistema de barracas
tan usado en Alemania para la asistencia de
los enfermos y heridos, en la última cam-
paña Franco-Prusiana, lo habia yá puesto
en práctica nuestro célebre Morejon á prin-
cipios de este siglo, obteniendo sorpren-
dentes resultados al aislar á los enfermos.
Si Velpeau en Francia, comprendió un
dia lo que se abusaba de la medicina ope-
ratoria al decir «cuanto más veo, menos
amputo,» el médico español Sebastian de
Mesa no tuvo que rectificar nunca las doctri-
nas de los médicos militares españoles, sino
recordarles su antigua práctica exclamando:
«no desprendamos jamás del cuerpo humano,
sino aquellas partes que son incompatibles
con la conservación del todo.»
Al terminar estas consideraciones ge-
nerales sobre la medicina española, consagro
con todo el afecto de mi alma un cariñoso
recuerdo á mis antiguos compañeros de Sani-
dad militar; si mis dolencias físicas y mi inu-
tilidad para seguir en el Ejército han borrado
mi nombre del escalafón del cuerpo, no se ha
borrado de mi memoria su amistad, yo que
he podido apreciar sus servicios, penalidades
286
y ciencia, concluiré manifestando á los que ig-
noran lo que es y lo que vale el médico militar
en los hospitales, las siguientes frases deLevy
«nadie penetra en esos albergues del sufrimien-
to, donde están eslabonados todos los dolores
humanos, todas las formas de destrucción,
donde la abnegación no tiene más testigo
que la conciencia, donde no hay manos que
aplaudan, ni miradas que estimulen, ni excita-
ciones que se dirijan al heroísmo.»
CÓDIOES
GRIEGOS
ESTRACTO de todas las obras de los autores
antiguos. Colección médica numerosa en i5 libros
que contienen i6o capítulos: códice griego del si-
glo XIV; estante Y, plúteo 2.''
VARIOS OPÚSCULOS y tratados de medicina
por Dioscórides, Galeno y otros autores, siendo el
último la esplicacion de los sueños por Nicephoro:
códice en griego con 194 folios, del siglo XIV, estan-
te Y, plúteo 2."
ESTRACTO de las obras médicas de Pablo de
Egina, Teófilo Protospathaire, Galeno, Avicena, Ma-
ques de Emesa, Juan de Damasco, Isaac el Sirio con
varios tratados de otros: códice en griego, de los si-
287
glos XIV y XV, con 241 folios; estante J, plúteo 2."
(Hay 63 manuscritos.)
DE ALIMENTOS, por Isaac: códice griego del
siglo XIV; con 284 folios.
FRAGMENTOS Y OPÚSCULOS de varios mé-
dicos: códice griego; estante J, plúteo 3.°
OBRAS DE MEDICINA de Hipócrates, Galeno
Oribasio, Ruffo, Paulo, Alejandro, Aecio, Isaac y
otros: códice en griego, con 768 folios.
AECIO, colección médica en griego; estante J,
plúteo 2.°: códice con 371 folios, del siglo XV.
DIOSCÓRIDES. Tratado sobre las plantas: có-
dice griego, siglo XV con 269 folios.
MIREPSO. Formulario médico, en griego: có-
dice del siglo XVI; con 391 folios. Empieza con un
epigrama de Juan de Lascaris.
DIOSCÓRIDES. De medicamentos: códice grie-
go en vitela; del siglo XI.
ISAAC EL MÉDICO. Traducción griega del
viaticumperegrinantiuní de Constantino el africano.
Contiene este manuscrito, dividido en varios capítulos,
numerosos estractos de las obras de Alejandro de Tra-
lles, Aecio, Galeno, Dioscórides, Andromaco, Posi-
donio, Rufo, Marcelo, Hipócrates, Galeno, etc., etc.:
códice con 384 folios, del siglo XIV; estante Z, plú-
teo I.*"
RUFO DE EFESO. Materia médica y enfer-
medades de los oidos: códice griego; estante Y, plú-
teo 2.°
Entre los fragmentos de un Diccionario etimoló-
gico, códice griego del siglo XVI; hay un manuscrito
con los sueños de Hipócrates.
CIROPEYA ó piedra filosofal que principia con
288
un tratado de Estevan de Alejandría sobre el arte de
hacer el oro, otro del emperador Heraclio sobre quí-
mica dirigido á Modesto de Hagiopolis. Contiene este
códice treinta y tres tratados más de alquimia, ó arte
sagrado por diferentes autores, siendo el último de
Synesio sobre los sueños: códice con 287 folios, del
siglo XVI .
DE LAS FIEBRES, por Izchaq, médico del Rey
D. Alonso VII. (Hay también el códice castellano en
el estante M, plúteo 2.")
GALENO; de la virtud de los alimentos y medi-
cinas: códice griego del siglo XVI.
GALENO. Tratado de medicina. Comentarios
del mismo sobre Hipócrates: códice en griego; del
siglo XV.
THEODORETO. Tratado sobre la curación de
las enfermedades gangrenosas: códice en griego, del
siglo XVI; con 281 folios.
HIPÓCRATES. Sus aforismos con comentarios
de Estevan el Ateniense: códice griego, en vitela,
con 270 folios, del siglo X; estante E, plúteo 2."
ALEJANDRO DE TRALLES. Sus obras: có-
dice griego del siglo XIII.
ORIBASIO. Sinopsis médica en nueve libros y
de apositos vendages, fracturas y luxaciones: códice
griego del siglo XV.
PABLO DE EGINA. Tratado de medicina: có-
dice griego del siglo XV.
LEXICÓN de medicina árabe escrito en griego:
códice con 228 folios; del siglo XVI.
HIPÓCRATES; sus aforismos. Escolios sobre
las epidemias: códice griego con 269 folios.
HIPÓCRATES, todas sus obrasen diferentes có-
289
dices griegos y otros muchos códices con comentarios
de diversos autores acerca de ellas.
NEMESIO, de la naturaleza del hombre: códice
griego.
ALEJANDRO DE AFRODISEA. Tratado de
medicina, en griego (hay varios códices).
CATÁLOGO GRIEGO de los manuscritos de
medicina de la biblioteca del Vaticano y catálogos de
las bibliotecas de varios cardenales.
HEBREOS
Entre los setenta y tres códices con caracteres he-
breos que se conservan hoy en la biblioteca del Esco-
rial hay los siguientes de medicina:
MATERL\ MÉDICA de Galeno y Dioscórides.
LIBROS DE AVICENA. Sus cánones ó pre-
ceptos de medicina. Este sabio médico, filósofo y ma-
temático árabe, adquirió justa reputación; desempeñó
importantes cargos en las cortes de varios príncipes de
Asia y murió á los 56 años de edad á causa de sus vici-
situdes y trabajos. Decia su epitafio: a El gran filósofo,
el gran médico Aben Sina, ha muerto; sus libros de
filosofía no le enseñaron el arte de vivir bien, ni los de
medicina el arte de vivir mucho.»
Hay otro códice de Avicena de texto árabe pero
escrito en hebreo; consta de 427 folios.
AFORISMOS DE HIPÓCRATES traducidos al
hebreo por Moseh Abdalla. También los tradujo al
catalán.
TRATADO DE MEDICINA, de autor anónimo.
DE MEDICAMENTOS: códice dividido en dos
tratados, de Galeno el primero y de Samuel-Ben-Sa-
lomo el segundo.
37
290
MEDICINA, por Abinzoar. Un códice de autor
anónimo y varios tratados de Dioscórides y de otros
autores.
RESUMEN DE MEDICINA por Arnaldo de
Villanueva, traducido del latin al hebreo: códice del
siglo XV.
ARÁBIGOS
HISTORIA de los médicos españoles por Soli-
man-Ben-Giolgiol. (Se ha considerado á este árabe
como el primer biógrafo médico español.) Siglo V de
la egira.
DE ENFERMEDADES DE LOS OJOS, por
Mohamad-Ben-Kalaph-Ben-Masa-Alansar-Alavasi.
TRATADO DE MEDICINA, por Mohamad-
Ben-Alimad-Ben-Amer-Albalvi (natural de Tortosa).
Se dedicó al estudio de las ciencias y fué autor de mu-
chas obras.
DE MEDICAMENTOS, por Mohamad-Ben-Ab-
delmalek-Ben-Thophilus.
TRATADO DE MEDICINA, por Almazhagí.
TEORÍA Y PRÁCTICA de la medicina y muy
principalmente de farmacia por Ebn-Vaphedi ¡natural
de Valencia): códice DCCXXVIII.
DE LA GENERACIÓN, preñez, puerperio y
enfermedades de la infancia, por Garibay-Ben-Said:
códice DCCCXXVIIL
COMENTARIOS de las obras de Galeno y de
otros autores griegos, por Honaino-Ben-Isac. Este
célebre médico viajó por Oriente y recogió un gran
niímero de obras, traduciendo después del griego al
árabe las principales de medicina y filosofía; á él de-
bemos que los comentarios de Galeno II, III, IV y VI
291
del libro II de las epidemias no hayan desaparecido
y los halló Casiri en la Biblioteca del Escorial, entre
las obras de Galeno, comentadas por Honaino-Ben-
Isac; en el tomo I de la Biblioteca arábigo-escurialense,
se ocupa Casiri (folio 293) con mucha estension de
todas sus obras.
DE FIEBRES y de las pandectas de Rasis, por
Joseph-Ben-Mohamad-Althamigi: códice DCGCXIII
con 287 hojas; año 1265.
TRATADO DE MEDICINA, por Mohamad-
Ben-Abdalla-Ben-Alkhathib.
DE ARTE MÉDICA, por Mohamad-Ben-Alí-
Ben-Abdalla.
DE MEDICINA Y MATERIA MÉDICA, por
Isac-Ben-Mohamad-Alamiz.
FARMACOPEA, por Mohamad-Ben-Pharagius-
DE PESTE (epidemia sufrida en un gran número
de naciones durante los años 1347, 1348 y 1349): có-
dice MDCCLIII, que contiene diez capítulos.
CUESTIONES MÉDICAS, por Abu-Giaphar-
Ahamad-Ben-Isac-Alhosaini: códice DCCCLXXXII.
MEDICAMENTOS para los pobres é inventos ó
recursos fáciles, por Ahmad-Ben-Abraham: códice
DCCCLII.
TRATADO de los alimentos, por Abu-Bakri-Ab-
delazis: códice DCCCLXXXVIII, es interesante con
relación á la higiene.
DE FISIOLOGÍA Y PATOLOGÍA, por Abu-
Zacarías-Jahia-Ben Mohamad-Almudeo, médico y filó-
sofo: códice DCCCLXXXVII.
DE MEDICAMENTOS, por Abdelrahman-Ben-
Mohamad-Abulmothreph (escribió de medicina, juris-
prudencia y agricultura).
292
DE ALIMENTOS y de venenos, por Ehn-
Alaitam.
COMPENDIO de las obras de Avicena; manus-
crito árabe que con el título de «Reglas más breves
de medicina» se halla en un códice que contiene otros
varios libros y consta de 1 17 folios: año de i38o.
ABDELRAHMAN-BEN-OTHMAN-ALSAD-
PHI (natural de Toledo), viajó por Oriente, trajo va-
rios códices y escribió algunos libros y entre ellos uno
titulado «Causas de las enfermedades.»
TRATADO de medicina en 2 5 libros, por el
médico hebreo Moseh-Ben-Maiiemon: códice con 176
folios y se hallan en él sus aforismos.
TRATADO de los venenos y desús remedios, por
Moseh-Ben-Maiiemon, dividido en dos partes; consta
de 14 capítulos: este manuscrito y el anterior son del
siglo XIV.
MÉTODO de curar las enfermedades de los mag_
nates de Castilla (ó medicina castellana) en diez trata-
dos: códice escrito por un judío que fué médico del
Rey D. Fernando IV. Es la primera obra española de
higiene y topografía médica.
ALÍ-EBN AL-ABBAS; de las obras de Hi-
pócrates y Galeno y sobre todo de Rassis. Estévan
de Antioquía tradujo el libro de Alí en el siglo XII
(año 1 1 27) y en la edición impresa en León en 1 523 se
añadieron algunos capítulos de Constantino el Africano,
DE ALIMENTOS y medicamentos simples, por
Moseh-Abdalla, médico hebreo. Compendio de medi-
cina: códice arábigo del siglo XV.
DE MEDICAMENTOS y alimentos, por el mé-
dico hebreo Abu-Marican-Ben-Zohar: códice arábi-
go DCCCXXIX.
293
COLECCIÓN de medicamentos simples, por
Ebn-Beythar. Este médico árabe, natural de Málaga,
fué célebre botánico y murió en 1248. Su obra prin-
cipal es de los medicamentos simples de los tres reinos,
vegetal, animal y mineral y este códice es uno de los
más eruditos déla medicina arábigo-española. Hay en
el Escorial otro códice de botánica de dicho autor.
AHMAD BEN ASCLANÍ. Tratado de la peste
y de sus remedios: códice arábigo, año 897 de la egira.
REFUTACIÓN y argumentos de las opiniones
y doctrinas de los filósofos y autores griegos: códices
arábigos DCXVIII y DCXXVIII.
Hay en la Biblioteca del Escorial un códice ará-
bigo de Abul Pharaj, que trata de los médicos y filó-
sofos árabes, insignes, que es interesante para la biblio-
grafía médica. Hay en el Escorial diferentes códices
de Averroes, diez de Avicena, diez y ocho de Rassis y
varios de Avenzohar.
Consultando la Biblioteca arábigo escurialense de
Casiri, es fácil comprender la riqueza de manuscritos
arábigos que hay en el Escorial, contándose más de
ciento veintisiete que tratan de medicina y que per-
tenecen entre otros á los autores siguientes: Abdel-
malek-Ben - Habib Alsalami; Ben Janee; Albuca-
sis; Abdalla-Ben-Joseph - Ben - Genschan; Avenzoar;
Avicena, Obaidalla-Ben Alí-Ben-Galendo; Avi-Gia-
phar-Ben-Abrain Ben-Khaled; Mohamad-Algapheki;
Averroes; Abdalla-Ben-Ahmad-Ben Haphis Alansari;
Mahamad-Ben-Abraham Ben Abdalla Ben Rubil:
Mohamad-Ben-Casem-Alcars-Chita; Mohamad-Ben-
Abraham-Ben-Ahamad-Alavasi; Othmano-Ben-Jahia-
Alcaisi; Abu Abdalla-Mohamad-Ben-Alkhathib; Abd
Alvalid; Mohamad-Ben-Abdelselam; Abdalla-Jahia-
294
Ben-Isac; Mohamad-Ben-Khalsim-Bcn-Joseph; Moha-
mad-Ben-Alí-Ben -Sudat-Abul-Cassem; Abu-Bahar-
Ibun-Chalzon; Mohamad-Ben Ahmad Alracuthi Aba-
Bakerus.
CÓIDICES
EN CASTELLANO Y EN LATÍN
AFORISMOS DE GALENO, traducidos del
árabe al latin: códice en vitela, del siglo XI 11; estan-
te H, plúteo 2.'^
JULIO CLARO. Loca commiinia ad medicinam
espectanti proesertim ex Galeno etc. Códice de fines
del siglo XVI; estante G, plúteo i.°
DE LOS ALIMENTOS é influencia del clima y
de las aguas por Izchaq-Ben-Soleiman. Este interesante
códice del siglo XIV, consta de 284 folios.
TRATADO de medicina especulativo y práctico;
autógrafo^ de Miguel González de "^'^elascoi.códice con
426 folios, escrito en Salamanca en 1676; estante L,
plúteo 3.°
VARIOS códices en latin de las obras de Hipó-
crates y Galeno, de Oribasio y Alejandro de Tralles.
AFORISMOS de Hipócrates: códice en vitela,
del siglo XIII, traducidos del árabe al latin.
JOVANITIUS. Medicinas ysagogaí. Aphorismo-
rum Hipocratis líber. Líber pronostícoriim Hípo-
cratís. Orinarum tractatus Theophilí. Líber de pul-
síbiis Phylaretí. Hay otros varios tratados anónimos
sobre el pulso y sobre fiebres: códice en vitela, en latin
y de mediados del siglo XIII; estante L, plúteo 3."
JBERNARDINO GORDONIO. Tratado de crí-
295
sis y dias críticos: códice del ano i35o; estante K, plú-
teo 2.°
CÁNONES de Avicena, traducidos del árabe al
latin, por Gerardo Carmonense: códice del siglo XIV.
Hay otros dos códices latinos, uno de comentarios á
los libros de Avicena y otro de comentarios á su cirujía
especiante.
LIBROS ÁRABES traducidos al castellano, sobre
«las propiedades de los medicamentos, facultades de
los alimentos y sobre los antídotos;» estante &, plú-
teo 2.°
CARTA AUTÓGRAFA de Fr. Lorenzo Martin
Jordán (monje Gerónimo) á D. Antonio Agustín, man-
dándole una medicina: escrita en Valencia á 22 de Oc-
tubre de 1666; estante &, plúteo 2.°
DE ENFERMEDADES de los ojos y de paráli-
sis: códice en vitela, de íines del siglo XIII; en latin y
sin nombre de autor; estante O, plúteo 3.*^
TRATADO de las heridas, traducido del italiano
al castellano, por Fr. Matías de la Concepción: códice
de principios del siglo XVII, con 168 folios; estante Q,
plúteo I."
ANTIDOTARIO. Códice en vitela, del siglo XII;
■estante N, plúteo 3.°, en latin.
RECETARIO de Arnaldo de Villanueva; estan-
te B, plúteo 4.** Hay otro antidotarlo médico, en latin,
del mismo autor: códice del siglo XIV; en el estante O,
plúteo 2.°
DE LA LEPRA, por Arnaldo de Villanueva:
códice de principios del siglo XV; estante O, plú-
teo 2."
DE ARNALDO DE VILLANUEVA hay otro
códice con un manuscrito «Vida de los filósofos;» con-
296
tiene nueve tratados más de diferentes materias: códice
de principios del siglo XVI, estante F, plúteo i.*^
ANTIDOTARIO de Raimundo Lulio: códice en
latin; estante O, plúteo 2.°
RAIMUNDO LULIO. Árbol de la filosofía del
amor de Dios: códice traducido al castellano por Pedro
Aguilera, escrito en iSgo; estante G, plúteo 4.**
ESCRITOS de Raimundo j^ulio: códice con 441
folios, de principios del siglo XVI; estante G, plú-
teo 2.°
RAIMUNDO LULIO. Ars demostrativa pri?t-
cipioriim etfigiirariun animoe rationalis cum Jigiiris
movilibus in membranis: códice en latin, de fines del
siglo XVI; estante &, plúteo 4.°
RAIMUNDO LULIO. Ars brevis: códice en
latin, del siglo XIV y en vitela. Al final se lee: «Para
honor y alabanza de Dios y pública utilidad:» conclu-
yó Raimundo este libro en el Monasterio S. Dñi, en el
mes de Junio de i Soy; estante G, plúteo 4.''
RAIMUNDO LULIO. Árbol elemental y moral
dividido en tronco, ramos, flores, frutos y hojas, en el
que se trata de materia, forma, principios, longitud,
latitud y profundidad. De agricultura^ de artes fa-
briles y otras: códice de fines del siglo XVI; estante G,
plúteo 4.°
RAIMUNDO LULIO. Ars brevis medicinae.
Materia Cahos Raimiindi Ltilli et ibidem de quinqué
vocibus Phorphyrii et decem predicamentis: códice
del siglo XV; estante G, plúteo 4.°
TRATADOS de filosofía de Raimundo Lulio;
estante G, plúteo 4.°
JUAN DE HERRERA. «Explicación de los
principios de arte mayor,» de Raimundo Lulio, según
297
los principios matemáticos de Euclides; estante G, plú-
teo 4.°
En 1688 se imprirnió en Mallorca la vida de
Raimundo Lulio, escrita en latin, por Bennazar.
TRATx\DO de medicina, por Aly, hijo de Moha-
med: códice en latin, escrito por Aly el año 755 de la
egira, se compone de i36 folios; estante!, plúteo 3.°
JUAN DE SAN AMANDO. De medicamen-
tos: códice del siglo XIV, en latin; estante J, plúteo 2.°
Hay un tratado de micdicina del mismo autor.
TRATADO de anatomía que se ocupa de las
partes del cuerpo humano en estado de salud y enfer-
medad y modo de curar los males de cada una de ellas:
códice en italiano, de fines del siglo XVI. Al final hay
algunas recetas en castellano, y un índice de las enfer-
medades en latin; estante Y, plúteo 3.°
TRATADO de medicina, en latin, con un rece-
tario: códice en vitela, de mediados del siglo XIV, con
5o folios; estante Y, plúteo 2.°
TRATADO de medicina, por Gerónimo de Ga-
neta: códice en latin, del siglo XIV; estante Y, plú-
teo 2.°
MÉDICOS ilustres de España: en el códice de
varones doctos en literatura, de Gabriel de la Vega; es-
tante L, plúteo 3.°
AVISOS para precaver á los jóvenes incautos con-
tra los lazos y artes de las malas mujeres, compuesto
por Martinez de Toledo en 1438 y escrito por Alfonso
de Contreras en 1466: códice del siglo XV, con 107
folios; estante H, plúteo 3.°
PALESTRA farmacéutica químico-galénica, por
D. Félix Palacios: códice de principios del siglo XVII;
estante H, plúteo 2.°
298
MUNDINUS. De medecinae opera. Recetario
médico, compuesto por el Dr. Pedro de Thusignano,
en latin, y escrito por Juan Leydem, año de 146 1: có-
dice en folio máximo; estante K, plúteo i.°
ALFONSO CHIRINO. Médico del Rey Don
Juan II. Tratado de medicina. Recetas del Dr. Fran-
cisco Nuñez: códice del siglo XV; estante B, plúteo 4.'"'
ROGx\TIVAS hechas en Toledo por la salud del
Príncipe Carlos, hijo de Felipe II, descritas en verso y
prosa: códice del siglo XVI, con viñetas; estante B,
plúteo 4.°
CARTA y relación que el Dr. Olivares escribió
de la enfermedad del Príncipe Carlos. Testimonio ori-
ginal de la diligencia que se practicó cuando por man-
dato de Felipe II fué llevado á la habitación del Prín-
cipe Carlos, en el palacio de Alcalá de Henares, el
cuerpo de San Diego. En este códice del siglo XVI.
que se compone de 828 folios, hay 28 manuscritos más
de diferentes asuntos; estante &, plúteo 2.°
HISTORIA NATURAL, de Plinio, en latin,
dividida en 87 libros: códice folio mayor, en vitela,
del siglo XIV; estante U, plúteo i."
PLINIO. Historia natural con pinturas: códice
en vitela, con ii5 folios; de principios del siglo XIV;
estante R, plúteo- 1.''
PLINIO. Historia natural, muy bien escrita,
en vitela, con 420 folios, de fines del siglo XIV; es-
tante Q, plúteo I .°
ARISTÓTELES. Sus obras en latin. Libro de
generación animal, traducido por Miguel Soto. Libro
de vegetales traducido del árabe al latin: códice del
siglo XIV, en vitela, estante F, plúteo 3."
RECETARIO «para curar toda clase de enferme-
299
dades y producir muchos efectos:)) códice de principios
del siglo XVI, con 268 folios; estante H, plúteo 3.°
ANTIDOTARIO médico, por Guillermo Aven-
turer: códice del siglo XV, en latín; estante O, plú-
teo 2."
FERNÁN GÓMEZ DE CIUDAD REAL. Pre-
ceptos terapéuticos: códice del siglo XV; estante O, plú-
teo 2.° (Hay también en esta Biblioteca un códice de
su famoso centón epistolario.)
CUESTIONES y prácticas de cirujía y heridas:
códice del siglo XVII; estante H, plúteo 2.°
MEDICINA y cirujía, en que se trata de las
partes del cuerpo, sus enfermedades y remedios; de
toda clase de flemones, tumores, llagas, etc.: códice
anónimo, de principios del siglo XV; estante K, plú-
teo 2."
TRATADO de medicina, anónimo: códice de
fines del siglo XII, enlatin y con i5o folios; estante N,
plúteo 3.°
IZCHAQ. Tratado de fiebres, sus causas, reme-
dios, clases: códice con 142 folios, de mediados del si-
glo XV; estante M, plúteo 2.""
MIGUEL GONZÁLEZ DE VELASGO. Tra-
tado de medicina; sen potius collectio tractatuum ad
pharmaciam medicinam ac chirurgiam spectantiiim:
códice en latin, con 405 folios, de fines del siglo XVII;
estante J, plúteo 3.°
CIRUJÍA de Bruno Lengobando. Práctica qui-
rúrgica de Juan de Parma. Práctica de cirujía de los
libros de Mesue: códice de principios del siglo XV; es-
tante F, plúteo 3.°
CUESTIONES medicas y quirúrgicas; estante J,
plúteo 2.°
300
ENFERMEDADES de los riñones, por Fran-
cisco Diaz, cirujano de Felipe II: códice del siglo XVI;
estante L, plúteo i ."
RECETA para curar los males de ojos: códice del
siglo XIV; estante J, plúteo 3.°
TRATADO de medicina por el Dr. Blas Álva-
rezde Mirabal, médico y teólogo: códice del siglo XVI I;
estante M, plúteo 2.*'
Hay en la Biblioteca de manuscritos del Escorial
todos los autores de medicina griegos, árabes y latinos.
De las obras impresas de los médicos célebres de España
de los siglos XVI, XVII y XVIII se encuentran muchas
en la Biblioteca principal ó de impresos de este Monas-
terio y allí es fácil consultarlas. También pueden ver-
se yá publicados en aquella Biblioteca algunos de los
códices de medicina existentes en la de manuscritos.
CAPITULO VIII
DERECHO Y LEGISLACIÓN
Hay en la Biblioteca del Escorial intere-
santes manuscritos de derecho y legislación
y habiéndonos propuesto al escribir este libro
que el Ejército conozca todos los códices que
están en armonía con los estudios especiales de
sus diferentes cuerpos é institutos, no olvidamos
que al cuerpo jurídico militar debemos indi-
carle, aunque ligeramente (como hicimos en
el capítulo anterior con los de medicina, al de
Sanidad) las leyes, fueros, pragmáticas, orde-
namientos, etc. , cuyos manuscritos, si algunos
no ofrecen novedades en su lectura por ser yá
conocidos, tienen por lo menos verdadera im-
portancia bibliográfica. Manifestaremos tam-
302
bien, que además de los códices en latin y en
castellano de que vamos á ocuparnos, los hay
en griego, en hebreo y en lengua arábiga. Más
de doscientos setenta códices árabes de derecho
y legislación existen en la Biblioteca del Esco-
rial y ellos demuestran cuan sabias eran mu-
chas de sus le3^es; quienes deseen conocerlos,
pueden consultar el tomo I página 443 de la Bi-
blioteca arábigo-escurialense. Es muy notable,
y necesario por lo tanto, que la citemos, la
Biblioteca arábigo-española de derecho, es-
crita por Averroes en el año 70 5 de la egira.
CODICHIS
FUERO JUZGO. Hay varios códices de los si-
glos XIV y XV, en el estante Z, plúteo 3."
FUERO JUZGO. Códice del siglo XIV, en vi-
tela y con 177 folios; estante M, plúteo 3.° Hay otros
dos códices de principios y de mediados del siglo XIV
con 61 y con 99 folios, en el estante P, plúteo 2.*^ y en
el estante M, plúteo 2.^
FUERO de Salamanca «ó carta que hicieron los
hombres buenos de dicha ciudad para utilidad de la
misma:» códice en vitela, con 46 folios, de principios
del siglo XIV; estante P, plúteo 3.^'
FUERO de Burgos: estante Z, plúteo 3." Este có-
dice contiene otros varios manuscritos con las leyes
303
nuevas del fuero de Burgos: «Hermandad de los Con-
sejos de Castilla para guardar al Rey y sus fueros.»
FUERO de la ciudad de Cuenca: códice de me-
diados del siglo XV; estante L, plúteo 3.°
FUERO de Castilla, «nuevamente enmendado^ ó
fuero de los Hijos-dalgos: códice de fines del siglo XV;
estante X, plúteo 2.°
ORDENAMIENTOS de los Reyes Enrique II,
Juan I, Enrique III, Juan II y Enrique IV: códice en
vitela, del siglo XV; estante Z, plúteo i .°
ORDENAMIENTOS de los Reyes D. Alfon-
so XI, Enrique II, Juan I y Enrique III, con el de
Tordesillas en 1401 y los hechos en varios pueblos y
ciudades del reino. Tres códices del siglo XV; estan-
te Z, plúteo I .°
ORDENAMIENTO de Alcalá, ó repertorio de
todas las leyes de Castilla. «Comprende el fuero de las
leyes, el fuero juzgo, el fuero nuevo, dicho ordena-
miento de Alcalá, el libro dicho estilo de la corte, los
ordenamientos de Madrid, de Valladolid, de Toro, de
Briviesca y de Sevilla.» Acabóse este libro en Alcalá
de Guadaira, provincia de Sevilla, el jueves 7 de Se-
tiembre de 1419, escrito por Alfonso Sánchez, que lo
rubrica: códice en folio máximo, con i65 folios, del
siglo XV; estante Z, plúteo 2.°
DEL ORDENAMIENTO de Alcalá hay otro
códice del siglo XV, en vitela, y con 60 folios, que en
su conclusión dice: «Destas nuestras leyes mandamos
facer un libro sellado con nuestro sello de oro para
tener en la nuestra Cámara é otros sellados con nues-
tros sellos de plomo que embiemos á las cibdades é vi-
llas é logares del nuestro señorío, de los cuales este
uno.» Dado en las Cortes de Alcalá de Henares, 28 dias
304
de Febrero, era de i386 años. En la última hoja dice:
*.iYo Nicolás González, escrivano del Rey lo escrevió:»
códice escrito con mucho lujo y adornado de oro y pin-
turas; estante Z, plúteo 3.°
NOTICIA de los maravedises de oro y demás de
que habla el Fuero Juzgo; estante Z, plúteo 3.°
ORDENAMIENTOS y leyes de D. Enrique III
yde D. Juan II en varios pueblos y ciudades de Es-
paña en 1406 y 1432: códice de fines del siglo XV, con
162 folios; estante X, plúteo 2."
ORDENAMIENTOS del Rey D. Alfonso XI y
de D. Pedro su hijo, dado en Valladolid el 2 de No-
viembre de i38g: códice del siglo XIV, con 83 fo-
lios.
ORDENANZAS reales y leyes hechas por el Rey
D. Enrique IV en diversas ciudades y pueblos de Cas-
tilla: códice del siglo XV; estante X, plúteo 2,°
ORDENAxMIENTO antiguo de Castilla, por
Alonso X, contra los tahúres: códice con 161 folios; es-
tante Z, plúteo I."
ORDENAMIENTOS y pragmáticas de los Reyes
D. Alonso, D. Juan y D. Enrique, hechas en varios
pueblos y ciudades del reino: códice del siglo XV, con
123 folios; estante O, plúteo t.°
ORDENAMIENTOS hechos por los Reyes Don
Enrique, D. Alonso y D. Juan, en Toro, Burgos,
Soria, Madrid, Valladolid, etc.: códice del siglo XV;
estante L, plúteo 2.°
ORDENACIONES de Cuenca. Constitución
sinodal de cómo se debe pagar el diezmo. Anotaciones
de derecho civil y extracto de varios pleitos. Fuero ó
constituciones reales de la ciudad de Cuenca con varias
cédulas, privilegios, confirmaciones de los Reyes ¡parte
305
auténtica:) códice de principios del siglo XVI, con 164
folios, estante M, plúteo 2.°
FUERO REAL de Castilla; mandado ordenar
por el Rey D. Alfonso; consta de 190 leyes. Al final se
lee: «Este libro fué acabado en Valladolidpof mandado
del Rey, 18 dias del mes de Julio, era de 1293 años; el
año que D. Adoarte fijó primero, heredero del Rey
Enrique de Angleterra rescibió caballería en Burgos del
Rey D. Alfonso el sobredicho é Millan Pérez de Ayllon
lo escribió el año 4.° que el Rey D. Alfonso regnó:»
códice de fines del siglo XIII; estante K, plúteo 2.°
FUERO REAL y sus leyes: códice de principios
del siglo XV, con 100 folios.
ORDENAMIENTO de Burgos ó libro de las
leyes que dio á esta Cibdad el noble Rey D. Alfonso
el Sabio: códice del siglo XIV con 264 folios; estante K,
plúteo 3." Hay otro códice en el estante J, plúteo i.°
ALFONSO EL SABIO. Sus leyes de partidas
en XV códices del siglo XIV, en los estantes Z y Y,
plúteos 4.° y i.°
DE LAS LEYES de partida de D. Alfonso el
Sabio hay también seis códices del siglo XV; en vitela
en el estante Z, plúteo i.°
PARTIDAS II y III de las leyes de D. Alfonso:
dos códices del siglo XIV; en el estante N, plúteo i.°
PARTIDA VII de sus leyes, en castellano y par-
tida I."* en lemosin: códices de los siglos XIV y XV?
estante M, plúteo i.°
LEYES DE PARTIDAS. Cada una de las siete
partes de la colección de leyes compiladas en tiempo
de D. Alonso el Sabio.
En los códices de las leyes de partidas se consignan
algunas disposiciones médico-legales, que son de inte-
306
res para la historia de la medicina y para la bibliogra-
fía médica.
TRATADO de derecho canónico; en latin: códice
siglo XIII con 1 33 folios; estante Y, plúteo 2.°
ORDENAMIENTO de leyes hecho por D. Alon-
so XI en la corte de Alcalá. (Comentarios en latin):
códice con 171 folios, de fines del siglo XV; estante Z,
plúteo 3.°
LEYES que mandó facer el Rey D. Alfonso XI
fijo del Rey D. Fernando en Alcalá de Henares en 1 386:
códice del siglo XIV en vitela; con 83 folios; estante Y,
plúteo 2."
ALFONSO XI. Leyes que hizo (contiene el or-
denamiento de Alcalá, confirmación de las partidas):
estante X, plúteo 2.°
FUERO DE LEYES que ordenó el rey D. Al-
fonso el Sabio para la ciudad de Santo Domingo de la
Calzada, códice en vitela, del siglo XI 1 1.
FUEROS, ORDENANZAS, pragmáticas y cortes
con sus llamamientos y proposiciones de los reyes Don
Fernando y D.^ Isabel, D. Felipe I, D.'' Juana y del
Emperador Carlos V: códice del siglo XVII; estante Z,
plúteo 2.°
COPILACION de todas las leyes y pragmáticas
de todos los reyes y de las cortes generales, mandada
ordenar por los Reyes D. Fernando y D.'' Isabel y
compuesta por el Dr. Alfonso Diaz de Montalvo en
Huete, año de 1484: códice con 374 folios; estante Z,
plúteo 2.**
Hay varios códices de los diferentes concilios y
también algunos códices griegos interesantes, sobre le-
gislación, casamientos, hijos naturales, etc., etc., colec-
ción de constituciones y actas de concilios.
307
CONSTANTINO HARMENOPULO, Pron-
tuario de leyes ó manual de jurisprudencia llamado
HeT^abitos, con algunas notas marginales añadidas por
el Obispo de Lérida D. Antonio Agustin á quien per-
teneció este manuscrito: códice del siglo XIV en griego.
DERECHO CANÓNICO en dos códices; estan-
te K, plúteo 2.° Hay otros varios códices de derecho
canónico.
DECRETALES de los Papas y de algunos empe-
radores romanos, en diferentes códices.
CÓDIGO DE JUSTINIANO. Códice del si-
glo XIII en vitela; estante J, plúteo i.° Hay otro códi-
ce en vitela, de principios del siglo XIV, «instituciones
de Justiniano,» en el estante V, plúteo 2.°
LEYES DE TORO. Ordenanzas de D. Alfon-
so X, D. Sancho IV, D. Fernando III, D. Enrique II,
D. Juan I, D. Pedro y D. Alonso XI, D. Enrique IV
y D.^ Juana: códice del siglo XVI con 265 folios.
ORDENAMIENTO y leyes de los Reyes D. En-
rique III, D. Juan II, y D. Enrique IV: códice del
siglo XV con 391 folios; estante Z, plúteo 2.^^
MAESTRO JACOBO. Recopilación de las leyes
que hizo á petición de D. Alonso, hijo del Rey
D. Alonso el Sabio. Leyes del estilo de corte en
razón de los demandadores y demandados: códice en
vitela, de fines del siglo XIV, con 148 folios; estante Y,
plúteo 3.°
CONSTITUCIONES. Bando de los consejeros
de la ciudad de Barcelona para arreglar algunos pleitos:
códice del siglo XIV, estante C, plúteo 3.°
CONSTITUCIONES de Barcelona y leyes de
Cataluña: estante D, plúteo 2.° En este códice hay un
manuscrito que trata del somaten.
308
CONSTITUCIONES de Barcelona, leyes y fue-
ros; constituciones y privilegios de Cataluña: hay trece
códices diferentes en los estantes C, D, O, Z y U.
DE CÓMO se han de regir los notarios en los
salarios de los instrumentos. Año de 1442. Fuero de
Aragón. Carta del Rey D. Pedro confirmando los
fueros concedidos á los aldeanos de Daroca. Contiene
este códice otros manuscritos; estante!, plúteo 3.°
FORMULARIO de los escribanos para extender
toda clase de documentos: códice de mediados del
siglo XVII; estante J, plúteo 3.°
GUILLERMO DURANTO. Espejo judicial:
códice folio máximo, en vitela, con 294 folios, de me-
diados del siglo XIII; estante J, plúteo i.°
DIRECTORIO para jueces y escribanos ó sea
formulario délos autos de prisión^ posesión, etc. (anó-
nimo): códice del siglo XVII; estante H, plúteo 3.°
DECRF^TOS disponiendo que no se admitan en
los tribunales agentes de negocios sin facultades y or-
denando que se presenten los títulos de los oficios ena-
genados de la corona: códice del siglo XVIII; estan-
te N, plúteo I."
LEYES del reino de Aragón: códice del siglo XV,
con 72 folios; estante N, plúteo 2."
FUEROS y constituciones de la ciudad de Va-
lencia: dos códices de fines del siglo XIV, en lemosin,
en el estante J, plúteos i." y 2.°
LEYES visigodas: hay varios códices de los si-
glos XI, XIII y XIV; en los estantes K, M, S y U.
CAPITULO IX
GLORIAS LITERARIAS DE AUTORES CATALANES Y CÓDICES
EN LENGUA LEMOSINA
Si la fama de los caudillos catalanes y los
esclarecidos nombres de Roger, Bernardo de
Rocafort, Berenguer de Entenza se extendie-
ron por todo el mundo con sus proezas mili-
tares, también el progreso de las artes, de la
ciencia y de la literatura, quedó consignado
en las infinitas obras de los autores catalanes,
que incansables siempre para el trabajo físico
é intelectual y siempre á la vanguardia de la
ilustración en España, han demostrado que
supieron y saben rendir ferviente culto á
Marte y á Minerva, y que si grande y mere-
cida fué la gloria de sus armas, más justa y
digna es la de sus letras.
Consignadas están en la Historia las proe-
zas que realizaron en los mares de Levante
310
los catalanes y aragoneses en el siglo XII.
La ballestería catalana que llamaban de Ta-
blas , dice Zurita en sus anales de Ara-
gón, «era la mejor que hubo en aque-
llos tiempos y eran los que vencieron muy
grandes batallas por mar, en las cuales se
señalaron los catalanes sobre todas las nacio-
nes.» Sus progresos en legislación marítima
y comercial los demuestran su famoso código
Consulado de la mar y sus Ordenan{as de
Marina.
La poesía lemosina alcanzó merecida fa-
ma y hubo una época en que era fácil en-
contrar en nuestras naves y en todas las
empresas marítimas á los trovadores catala-
nes, valencianos y aragoneses^ despertando
el heroismo de los combates con la excitación
de sus canciones.
D. Francisco de Moneada es el primer
historiador de España que con brillante colo-
rido y como modelo de lenguaje nos describe
la expedición de catalanes y aragoneses contra
turcos y griegos; inmortalizó su nombre con la
pluma y con la espada, y un poeta valenciano
del siglo XV, Ausias March, consigue con
sus melodiosas rimas los laureles de Petrarca
en la literatura Provenzal. Los catalanes se
ocuparon con provechoso fruto de la lengua
311
castellana y acaso les debamos la gramática
filosófica, pues si hubo las de Nebrija y Ál-
varez Muñoz, la del catalán Puig hizo resaltar
todos los elementos primitivos y todas las be-
llezas de la lengua castellana, y* Gerónimo
Amiguet, natural de Tortosa, nos legó también
un buen códice de gramática.
Son de autores catalanes las primeras tra-
ducciones del Telémaco que se hicieron en
España; Jaime Roig, catedrático de física en
Valencia y excelente poeta, escribe en lemosin
su famoso libro «De les dones, é de concells
donat á son nebot en Balthasar bon senyor de
Callosa,» y manifiesta Mayans en su obra
a Orígenes de la lengua española, d que Roig
escribía con tanto ingenio y dulzura, que pa-
recía Anacreonte ó Cátulo. Muchos son los
nombres que pudiéramos citar de escritores
catalanes célebres, demostrando la importan-
cia que ha tenido siempre en España la litera-
tura catalana.
Se dedicaron al conocimiento de los idio-
mas con singular predilección y son numero-
sas las versiones que han realizado: de ellas
nos ofrece ejemplo Francisco Ros con sus
libros de religión vertidos en lengua caldea,
siriaca y malabar. La historia nos dice que
los catalanes llevan por todas partes la victo-
312
ria de sus armas, el espíritu de sus aventuras
y las glorias de su genio.
Fueron notables por su ciencia y célebres
por sus escritos Roca, Pujades, Amat, Sola,
Merola,Caxanes, Castell, Granollachs, Tárre-
ga, Molerá, Roser, Mas, Castell, Jordá, Mi-
cou, Sala, Bruguera, Vidal, Muntaner, etc., y
yá los hebreos catalanes se hablan distinguido
también en todas las ciencias y muy particu-
larmente en medicina, filosofía y literatura;
Galab de Lérida y Bonfill de Barcelona tradu-
jeron del latin al hebreo la obra de Boecio,
del hebreo al árabe las fábulas de Esopo y
del griego al latin los libros de Hipócrates;
Jacob Zadique publicó una excelente traduc-
ción castellana de un libro catalán de filosofía
moral; el famoso judío Moseh Abdalla pro-
pagó las obras de Hipócrates traduciendo sus
aforismos al catalán, en un códice que hemos
tenido ocasión de examinar y por último
Raymundo de Sabonde, natural de Barcelona
y médico hebreo, es autor de una obra que se
publicó en el siglo XV y en la cual se propone
demostrar que todo lo que enseña la religión
cristiana es conforme ci la raion y dice que
hasta el misterio de la Trinidad se prueba
con la ra{on natural; el Papa Clemente VIII
puso el prólogo de este libro en el índice de
813
los prohibidos y se hicieron varias ediciones
de esta obra que recordamos muchas veces
al leer la del P. Ventura de Raulica sobre la
raion católica.
También los árabes catalanes enriquecie-
ron la ciencia; en el Escorial hay un códice
del árabe Mohamad-Ben-Alimad Ben-Amer,
natural de Tortosa; de literatura sagrada un
códice escrito en Barcelona en el año de i553,
códice arábigo MDCXXI. trata de los evan-
gelios y contiene varios sermones españoles
y latinos traducidos al árabe.
Muchos é interesantes manuscritos he-
mos visto en la Biblioteca del Escorial que
dan honrosa representación á la bibliografía
catalana y lemosina debiendo mencionar el
precioso códice «Divina comedia del Dante»
traducida al catalán por Nandreu Fabrer;
consta de 269 folios y lo escribió el año
1429. Es una obra literaria de mérito no
solo por su esmerada traducción sino por la
época en que se hizo. Hay también un códice
del siglo XVI con las poesías lemosinas de
Ansias, March, códices de caballería y de las
órdenes militares, códices de derecho varios
científicos en lemosin y entre ellos algunos
de astronomía y astrología y citaremos el
compuesto por Abrham-Ben-Hezra en 1148
40
214
titulado «Juicios de las estrellas.» Hay unas
tablas astronómicas en catalán y se encuen-
tran muchos códices de las constituciones de
Barcelona en los estantes C, D y Z.
En tiempo de Bercnguer h conde de
Barcelona, fué ordenado el famoso Código
consuetudinario Usages de Barcelona, el más
antiguo de todos y hay en el Escorial varios
códices de los Usages de Barcelona y de Cata-
luña en castellano y en lemosin. El Rey Don
Jaime I que conquistó las Baleares. Valencia-
y Murcia, demostrando valor é inteligencia,
supo hacer justicia á las buenas dotes milita-
res é intelectuales de los catalanes según consta
en la Biblioteca del Escorial en un privilegio
en que se expresa de este modo:
«Si las demás ciudades y pueblos de nues-
tros dominios nos hicieren loables servicios á
nos y á nuestros antecesores, Barcelona fué
la principal y digna de ser enlazada con espe-
cial loor: y como creciendo ella vemos también
crecer nuestra alteza, y nuestro poder hacerse
más poderoso, debemos con liberalidad esme-
rarnos en los felices aumentos de tal ciudad. »
CÓIDIOEIB
DANTE ALIGHIERI. Divina comedia en la
que trata de las penas y los premios de la otra vida,
315
traducida en verso catalán por Nandreu Fabrer, año
de 1429: códice del siglo XV, con 269 folios; estante L,
plúteo 2/'
AÜSIAS MARGH. Poesías lemosinas. Hay dos
códices: uno de ellos de mediados del siglo XVI; es-
tante L, plúteo 3." ,
BERENGUER DE PUIG. Sumario de Es-
paiia, en lemosin. Contiene este códice diferentes ma-
nuscritos en lemosin sobre libros de caballería: códice
del siglo XV; estante Y, plúteo 2."
SUMARIO de las leyes de desafíos entre caba-
lleros: códice escrito en lemosin, en el siglo XVI, que
contiene varios manuscritos; estante L, plúteo i."
CATALOGO de todos los pueblos de Cataluña y
de susBaillias, escrito en catalán: códice del siglo XVII;
estante Y, plúteo 3."
US AGES, constituciones y privilegios de Barce-
lona y de Cataluña. Hay doce códices diferentes en
castellano y en lemosin; en los estantes C, D, O y Z.
GRAMÁTICA francesa, escrita en catalán; en el
estante H, plúteo 4.°
FR. MARTIN. Crónica de los Pontífices y Em-
peradores romanos, conocida con el nombre de «Mar-
tiniana,)) y escrita en lemosin: códice del siglo XIII;
estante P, plúteo 2."
EL REY D. Jaime de Aragón. Crónica de los
Reyes D. Jaime I y D. Pedro III: códice de princi-
pios del siglo XV, con 206 folios; estante M, plúteo i.°
En lemosin.
Diferentes códices históricos de la Corona de Ara-
gón, escritos en lemosin, por Pedro Tomic, Luis Ri-
velles, Ramón Muntaner y otros: códices del siglo XV
y del siglo XVI; en los estantes J, K, Y y Z. También
B16
hay la Crónica de los hechos y hazañas de D. Jaime I
y de muchos de sus descendientes, escrita en catalán
por Miguel Montade.
ORDENACIONES para los oficiales- de la corte
del Rey D. Pedro III de Aragón, escritas en lemosln;
espante H, plúteo 3.°
DICHOS de sabios y de filósofos; estante B, plú-
teo 2."
HISTORIA de Oriente, Reyes, costumbres y
viaje á tierra santa. Libro escrito en francés, por
Fr. Hayton y traducido al catalán, por Nicolau Falcon
de Coll: códice del siglo XIV; estante Z, plúteo i.°
Diferentes cartas; noticias y documentos, escritos
en lemosin; en varios códices.
EGIDIO ROMANO, escrito en lemosin, por el
carmelita Andrés Stanyol; estante R, plúteo i."
ASTRONOMÍA y astrología: varios códices en
lemosin, y entre ellos uno de Abrham-Aben Hezra; en
el estante N, plúteo i."
CONSTITUCIÓN é historia de algunas órdenes
militares, en lernosin y en diferentes códices. Hay una
autógrafa, de Fr. Juan deToxan, firmada en Barce-
lona en I 563; estante N, plúteo i."
LIBRO de la Gaya, ciencia, en lemosin: siglo XV;
estante M, plúteo i."
TRATADO físico-moral de la existencia de Dios.
Fin del hombre, su bienaventuranza: códice en lemo-
sin, á principios del siglo XV; consta de 86 folios; es-
tante O, plúteo 2."
Varios códices de diferentes materias, en lemosin;
algunos científicos, religiosos y literarios de auto-
res catalanes ó escritos por presbíteros y monjes de
Cataluña.
CAPITULO X
CÓDICES LITERARIOS Y CURIOSOS
Habiéndonos ocupado en los capítulos
anteriores de los códices de Historia, Ciencia y
Arte militar, Marina, Hacienda y Estadística
Medicina, Derecho y Legislación, creemos
muy conveniente ofrecer á nuestros lectores,
una breve noticia de los muchos códices cu-
riosos y literarios que se conservan en la Bi-
blioteca de manuscritos del Escorial.
OÓ3DIOHIS
LAS OBRAS de Séneca, M. J. Cicerón, Teren-
cio, Tíbulo, Salustio, Oracio, Juvenai, Tito Livio.
318
Quintiliano, Ovidio, Virgilio, Platón, Demóstencs,
Plinio y Valerio, en los estantes N, O, R, S, T y U.
Son numerosos los códices de M. J. Cicerón: (hay más
de 40 en esta Biblioteca): códices en vitela y en papel,
de los siglos XIV y XV y adornados algunos, como el
libro de La amistad^ con preciosas orlas y pinturas.
Hay también en el estante T, plúteo 2.", una traduc-
ción de sil retórica, en romance, por Alfonso de Car-
tagena.
SÉNECA, todas sus obras, la mayor parte en
castellano: doce códices en los estantes N, S y T. El
libro ái la Providencia, trasladado al castellano por
mandado del Rey D. Juan II: códice con 266 folios,
estante N, las tragedias en castellano, en el estante S,
una en elN, y la traducción castellana, por Alfonso
de Cartagena de las obras de Séneca, en el estante T,
pliiteo 3."
ARISTÓTELES; sus libros, en los estantes J, L
y Z; su libro ade los políticos,» traducido por Leonardo
Avetino y precedido cíe unas cartas de Alfonso, Rey de
Aragón, en el estante O, pliáteo 2.'' Uno de estos códi-
ces orlado con pinturas.
JACOBO DE POGGIO. Triunfo de la fama del
Petrarca, escrito en italiano y dedicado á Lorenzo de
Mediéis: códice escrito en vitela y adornadas sus pri-
meras hojas con oro y pinturas del siglo XV; estante
i362.
FRANCISCO PETRARCA; sus obras en dife-
rentes códices; estantes J, N y O.
CÓDICES Florentinos con bellísimas pinturas
de mucho mérito.
EXPLICACIÓN para que se pueda comprender en
España la comedia del Dante Alighicri. Este manus-
319
crito está en un códice en que se hallan los proverbios
de Séneca, estante S, plúteo 2."
REFRANES arábigos traducidos al castellano,
por F. Patricio de la Torre: códice del siglo XVIII;
estante H, pKiteo 4.°
OBRAS de Juan Bocaccio; tres códices, uno con
sus novelas compuesto de 177 folios, en el estante!,
pliíteo 2.° y otros dos en los estantes E y L, plúteo 3.*'
ALVAR GÓMEZ; apuntes curiosos y literarios;
estante J, plúteo i."
ENSAYO sobre la poesía de los árabes; estante
H, plúteo i.° Códices de fines del siglo XVIÍI.
LECCIÓN ES varias del cancionero general; impreso
en Amberes por Martin Nució, aiio de i55j, cotejado
con la impresión de Combrerger, en Sevilla, en 1540
(anónimo) «^?2í/-Xauregui» del licen:iado D. Luis de
la Carrera al reformador délos poetas castellanos. Hay
en este códice otros manuscritos de diferentes asuntos
y consta de 281 folios; de fines del siglo XVII; estante
L, plúteo i.°
VARIOS tratados de política y literatura; estante
C, plúteo 3.°
LAPIDARIO de D. Alfonso el Sabio que trata
de 36o piedras según los grados de los signos celestes,
del color de cada una de ellas, nombres, virtud, lugar
en que fué hallada y figuras de los signos que reciben
su valor y fuerza.
JOHANNES. Filosofía de la instrucción de la
juventud, disposiciones del cerebro, modo de estudiar,
recordar, vivir y dormir; códice en latin del siglo XII I;
estante L, plúteo i.°
AVICENA de lógica y de las potencias del alma.
BACHILLER Alfonso de la Torre. Vision delei-
320
table de la filosofía: códice en vitela del siglo XIV,
estante V, plúteo 2.° Hay otro códice de Alfonso de la
Torre del siglo XV, con el título de visión deleita-
ble que consta de 200 folios en el estante L, plúteo 3.*^
MARAVILLAS, libro dividido en diez partes, en
el cual se trata de infinidad de asuntos teológicos, físi-
cos y morales; códice anónimo, compuesto de 829
folios y del siglo XV; estante X, plúteo 3.°
MISCELÁNEA de varios asuntos en su mayor
parte morales y filosóficos: códice del siglo XV; estante
X, plúteo 3.°
LIBRO del tesoro, por D. Alonso Paredes. Trata
de la filosofía racional, física y moral.
AZARCHEL. Fábrica y usos de la Azafelia tra-
ducida del árabe por el Maestro Bernardo y Abraham
Alfaqui por mandado del Rey D. Alfonso. Reloxio
de argente vivo, sus usos y modo de construirlo por
Rabbi-Zag. Reloxio de candela con el modo de cons-
truirlo, sus usos, etc., compuesto por Samuel judío de
Toledo: códice del siglo XVI; estante V, plúteo 2.''
NOTICIA de un libro que se encontró un judío
de Toledo, en lo interior de un peñasco en 1239: có-
dice en vitela; estante G, plúteo 4.°
JUAN PAEZ. Anotaciones muy curiosas y es-
critas de su mano: códice con 242 folios; siglo XVI,
estante &, plúteo.
LOPE GARCÍA DE SALAZAR. Bienandanzas
y fortunas escritas estando preso en su casa de San
Martin; estante X, plúteo 2."
DIÁLOGO entre Lector, Francia y Pueblo, es-
crito en francés, por Alamchartier: códice del siglo XV
con 288 folios: estante X, plúteo 3."
P. FR. AGUSTÍN. «Cupite D^Evoli.» «Poeta
321
iluminado dirigido á D. Fernando de Guzman, Conde
de Olivares, Virey de Ñapóles. Aiitógrafo: códice del
siglo XVI; estante J, plúteo 3.°
BERNARDINO PORCIONARIO. Poesías cas-
tellanas sobre la Sagrada Escritura, dedicadas á Feli-
pe II; estante D, plúteo 4.°
BOCADOS de oro. Dichos de sabios griegos é
indios; año 1480 y estante E, plúteo 3.° Hay otro
códice con este título en el estante A, plúteo 4.°
FR. JUAN GALLENSI; catálogo y breve noticia
de los antiguos filósofos y poetas; se ocupa de 119;
estante &, plúteo 2.^ del mismo autor, hay otro códice
en vitela de principios del siglo XV, <íCompendio de la
vida, hechos y dichos de los ilustres filósofos; estante
J, plúteo 3.°
GABRIEL DE LA VEGA. Catálogo de los
varones doctos é ilustres que han tenido España, y las
obras que han dado á la prensa, estante L, plúteo 3.*^
POESÍAS de Lope de Ayala; estante H, plúteo 3.°
PEDRO DE AYALA."^ Canciller del Rey de
Castilla: Flores sacadas del libro de los morales de San
Gregorio. Dichos de sabios: códice del siglo XV con
1 1 1 folios; estante B, plúteo 2.°
DISCURSOS de Estado de Juan Botero Benes,
en diez libros, traducidos del italiano al castellano por
Tomás de Vega. Causas de la grandeza y magnificen-
cia de las ciudades, en tres libros, año de iSgi: códice
del siglo XVI con 184 folios; estante V, plúteo 2.°
Haj- otro códice de Juan Botero sobre la grandeza de
las ciudades, en el estante B, plúteo 4.°
MEMORIAL del pleito que D. Luis Colon y sus
hermanos, fijos y herederos de D. Diego Colon Almi-
rante de las Indias tratan con el licenciado Prado Fis-
4X
322
cal de Sus Majestades, etc., en el cual piden que los
privilegios y contrataciones que los Reyes Católicos
hicieron con D. Cristóbal Colon, se les cumplan: códi-
ce de principios del siglo XVI con 143 folios; estante
U, plúteo 2.^
CRÓNICA de los Sumos Pontífices: códice del
siglo XV, en latin; estante Y, plúteo 3."
DESPRECIO del mundo: códice del siglo XV,
anónimo, escrito en verso y prosa y dirigido al Rey
D. Alfonso V de Portugal; consta de i53 folios;
estante H, plúteo, i."
VIDA de la Condesa Matilde de Canosa: códice
en vitela; estante D, plúteo 3.°
INVENTORES PRIMEROS de todas las cosas
y causas de las invenciones: códice del siglo XV; es-
tante H, plúteo 3.°
ALABANZAS DEL AGUA, por un estudiante
de Castilla; códice del siglo XVI, con 96 folios; estan-
te &, plúteo 4.'
MISCELÁNEA de Paez de Castro, sobre varios
asuntos; códice del siglo XVI, estante &, plúteo 4.°
DANZA GENERAL de la muerte; en un códice
del siglo IV que contiene otros varios manuscritos;
estante B, plúteo 2.^
PAPELES curiosos sobre milagros; estante L,
plúteo i.°
BERNARDO NAVAJERO, embajador de Ve-
necia junto al Papa Paulo IV; «diario de sus obras,»
(desde 1 555 á i558) escrito en italiano, dos códices del
siglo XVI; estante N, plúteo i.°
DE CÓMO debe emplear el tiempo una señora,
por D. Fernando Talavera; estante B, plúteo 4.°
EL CARRO de las donas, ó libro de las mujeres,
323
por M. Francisco Giménez: códice del siglo XV, con
249 folios; estante H, plúteo 3.° Hay otro códice del
siglo XVI, en el mismo estante.
COPLAS de Juan de Dueñas: códice del siglo XV;
estante N, plúteo i.° En el mismo códice los prover-
bios de Iñigo López de Mendoza.
BERNARDINO PORCINARIO. Poesías cas-
tellanas dedicadas á Felipe II, sobre la Sagrada Escri-
tura; estante D, plúteo 4."
GIACOMO CORSO. Después del hombre el
gallo; estante &, plúteo 3.°
PARA ALGUNOS; estante H, plúteo 4.^
CASARSE; tratado de si debe hacerse ó nó y en
caso de verificarlo, cómo deben criarse y educarse los
hijos: códice del siglo XVI, en italiano; estante K,
plúteo 3.°
TRATADO del conocimiento de sí mismo, por
monseñor Bacatillo, en italiano; estante K, plúteo 3.°
FILOSOFÍA de los discípulos de Alejandro; es-
tante L, plúteo 2.°
RELACIÓN del cautiverio y libertad, de Diego
Galán de Escobar, escrita en 1742; estante J, plú-
teo 3."
CARTAS y algunos otros papales sobre los cinco
gremios de Madrid, dirigidas al P. Ramírez de Orozco,
escritas en 1772: códice de fines del siglo XVIII; es-
tante J, plúteo 3.°
D. FRANCISCO GONZÁLEZ CASTELLANO.
Cartas familiares, poéticas, latinas, toscanas y castella-
nas: códice del siglo XVII; estante J, plúteo 3.*"
CARTA suplicando al Rey D. Felipe III señale
renta con que mantenerse á Diego Urrea, que por
mandado de D. Felipe II había ido al Escorial á ense-
324
ñar á los monjes la lengua arábiga; estante L, plú-
teo i.°
SIGLO ILUSTRADO. Vida de D. Guindo
Cerezo, dada á luz para seguro modelo de costumbres,
por D. Justo Vera déla Ventosa: códice del siglo XVIII;
estante J, plúteo 3.''
MEMORIA presentada á Felipe II por uno que
dice haber estado cautivo en Constantinopla y ser mé-
dico, en que pinta los males que sufren los cautivos:
códice del siglo XVI; estante J, plúteo 2.''
ALFONSO MADRIGAL (vulgo el Tostado).
Varios manuscritos, y entre ellos un códice del si-
glo XV, dedicado al Rey de Castilla, Enrique IV; es-
tante H, plúteo 3."
LAS SIETE EDADES del mundo; en verso: si-
glo XV; estante H, plúteo 3.""
ÍNDICE de todas las mujeres que cultivaron las
letras y las ciencias en España: códice arábigo.
CALINA Y DINA. Cuentos y fábulas morales.
Hay dos códices, uno de fines del siglo XIII, en el es-
tante H, plúteo 3.° y otro en el estante X, plúteo 4.''
FERNÁN GÓMEZ DE CIBDAD REAL. Gen-
ton epistolar; estante Y, plúteo 2.°
CONSULTA del Duque de Frias y de D. Feli-
ciano de la Vega, sobre la caza del Pardo, en 4 de
Agosto de 1748; estante J, plúteo 3.°
CETRERÍA ó caza de las aves, sus enferme-
dades, remedios, inclinaciones, etc. Consta de cinco
libros; se escribió en 1288. A:{0?^, gavilán y otras aves
de caza, sus enfermedades y remedios: códice con i63
folios; estante U, plúteo 2."
LIBRO de montería que mandó facer el Rey Don
Alfonso, con una carta al final, enviada á Alvar Gar-
325
cía, sobre una montería que le acaesció en Galicia;
estante J, plúteo 3."
LIBRO de montería que mandó facer el Rey Don
Alfonso; dividido en tres partes, délas cuales la última
trata de los montes de España, en donde se encontraba
caza y de qué clase: códice con 356 folios; estante J,
plúteo 3."
AZOR, gavilán y falcon, su naturaleza y modo
de criarlos; estante &, plúteo 2.°
DE LOS APARATOS de caza y del tiempo de
ella; códice arábigo.
TRATADO de botánica por Ebn-Beithar; códice
arábigo.
TESORO; libro que traía de filosofía, moral y
retórica. Códice del siglo XV; estante P, plúteo 2.**
TRATADO DE QUIROMANCLA, para adivi-
nar por los signos de la mano, las inclinaciones y el
porvenir de las personas.
FORMULARIO de recetas para la elaboración de
colores, betunes, etc. Códice en latin y envitela, del siglo
XIV; estante P, plúteo 3.° En algunos códices del Esco-
rial se encuentran varias recetas para diferentes usos.
ASTROLOGIA JUDIGIARIA: códice del siglo
XVI; estante O, plúteo 3.° Hay otros varios códices
de astrología.
TRATADO de las adivinanzas ó arte mágica; es-
tante H, plúteo 3.°
LEÓN el emperador de agüeros y gavilanes: có-
dice griego del siglo XVI; estante R, plúteo 3."
LLAVE DE LA MODULACIÓN y antigüeda-
des de la música, por Fr. Antonio Soler, m.onge del
Escorial. Autógrafo: códice de fines del siglo XVII;
estante H, plúteo 3.°
326
MÚSICA teórica de Boecio: códice de mediados
del siglo XV; estante O, plúteo 2."
TRATADO MÚSICO de Alpharab en el códice
arábigo CMVI.
ÍNDICE de la librería del coro del monasterio
con su historia, sugetos que trabajaron en su forma-
ción, etc. Códice del siglo XVIII; estante H, plúteo 3."
PROYECTO formado y presentado por Juan
Martigny para reducir á buenos pastos y labranza un
terreno pantanoso entre Landrechies y Cambresis: có-
dice con 58 folios, de principios del siglo XVII; es-
tante L, plúteo i.°
Hay en el Escorial varios códices de agricultura
en arábigo y en castellanoyes muy notable el de Abu-
Zacharia-Jahia-Ben-Mohamed— Ben— Amahad porque
comprende todas las opiniones de agricultura de los
autores caldeos, griegos, africanos, latinos y árabes
acomodadas al suelo español.
TRATADO de agricultura y recetas para colores
en el estante O, plúteo 3.°
PALLADIUS RUTILIUS. De agricultura: có-
dice de fines del siglo XIII; estante L, plúteo 3.° Hay
otro códice en el estante O, plúteo 3."
DESCRIPCIÓN de la ciudad de Lisboa y su dis-
trito, escrita en italiano, por Juan Bautista Gesio, ma-
temático del Rey D. Felipe II; estante P, plúteo i.°
DESCRIPCIÓN de Jerusalem, hecha á pluma
sobre vitela, estante &, plúteo 3.°
RELACIÓN del reino del Japón por Bernardino
de Avila, es autógrafa y la terminó el i8 de Marzo
de i6i5, consta de 229 folios; estante O, plúteo 3.°
JUEGOS DE AXEDRES, dados y tablas, etc.
mandados ordenar por D. Alfonso el Sabio con las es-
327
plicaclones y pinturas para entenderlos y al final se lee:
«este libro fué comenzado é acabado en la cibdad de
Sevilla por mandado del muy noble rey D. Alfonso &
en 32 años que el Rey sobredicho, regnó en la era de
1 32 i:» códice en vitela; estante F, plúteo i.°
CARTAS FAMILIARES de Pedro de Valencia,
escritas al P. Sigüenza, en las que se encuentran noti-
cias literarias muy curiosas. Son diez y ocho, autó-
grafas, fechadas en Zafra.
COMPOSICIONES SAGRADAS del P. Fr. José
de Sigüenza. Historia de la orden de San Gerónimo,
por el mismo.
JUAN DE LA PUEBLA. Poesías místicas, es-
tajite G, plúteo i .°
P. SIGÜENZA, poesías sagradas; estante G,
plúteo 1.°
PROVERBIOS de los filósofos antiguos: códice
del siglo XIV; estante H, plúteo 3."
JUAN GONZÁLEZ. Consuelo de afligidos, en
verso; estante &, plúteo 3."
DIÁLOGOS de la Providencia de Dios, en italia-
no: códice del siglo XVII; estante K, plúteo 2.*^
CEREMONL\S de la orden de San Gerónimo
y costumbres de los novicios: códice de fines del si-
glo XVI; estante H, plúteo 3.°
F. JUAN DE SAN GERÓNIMO. Memorias
sobre la fundación del Escorial y su fábrica: códice del
siglo XVI*. estante K, plúteo i.° Hay también un códi-
ce del P. Sigüenza y las memorias del P. Quevedo.
VIDA y hechos de Marcos Herrera: estante J,
plúteo 3.°
FR. DIEGO DE VERGARA. Descripción del
templo de Jerusalem; estante J, plúteo
o
328
OCHENTA y una carta, y dispensas de varios
Pontífices á Emperadores, Reyes y otras personas: códi-
ce del siglo XIV; estante D, plúteo 3.°
NOTICIA de los Pontífices romanos desde San
Pedro: códice siglo XVI; estante U, plúteo 2.°
SAN ISIDORO. Sus obras en latin: códice del
siglo VIII; en el estante R, plúteo 2.° Hay otro códice
del siglo XIV, de san Isidoro, que trata de astronomía,
en el estante K, plúteo i.°
SALTERIO de San Agustín con bellísimas
pinturas.
SAN BERNARDO. Epístola á la corte romana;
estante B, plúteo 2.°
FR. JOSÉ DE MANZANARES. Sermones pa-
negíricos que predicó en el Escorial, en 1766; estante J,
plúteo 3."
P. FR. JOSÉ DE SIGUENZA. Discursos sobre
el eclesiastes de Salomón, según la verdad del sentido
literal. Apuntes para sermones: tres códices del si-
glo XVII; estante J, plúteo 3.^
FR. HAYTON. Ramo de Flores en el cual se
contienen varias autoridades de la escritura y santos
Padres para gobernar bien los reynos y comunidades;
estante Z, plúteo i.*"
P. FR. AGUSTÍN SALUCIO, de la orden de
Sto. Domingo. Sermones que predicó en Jerez de la
Frontera en i573; estante L, plúteo 3."
HISTORIA ECLESIÁSTICA: dos códices de
fines del siglo XVI 1 1; estante H, plúteo 3.°
EXPOSICIÓN de los cantares de Salomón; escrita
en Corella en 1602 por Fr. Juan: códice con 434 folios;
estante H, plúteo 3^
TERESA DE CARTAGENA; árbol de los enfer-
329
mos, cuya obra compuso estando aquejada de graves
dolencias. Admiración de las obras de Dios por Teresa
de Cartagena. Dichos y castigos de Profetas y filósofos
«que toda verdad fallan:» códice con 91 folios; de
fines del siglo XV; estante H, plúteo 3.°
M. MARÍA DE JESÚS DE AGREDA. Tratado
y descripción de los orbes celestiales y elementales;
«desde el empíreo cielo hasta el centro de la tierra.»
Aprovechamientos de doctrina muy útiles para el go-
bierno espiritual de las almas, sacados de la informa-
ción que Fr. Andrés de Fuentemayor hizo sobre la
vida y virtudes de la Madre M.'' de Jesús de Agreda
de quien hay tres manuscritos más en este códice del
siglo XVIII; estante H, plúteo 4.*^
DIEZ Y OCHO cartas autógrafas de M. Jesús
de Agreda al Obispo D. Antonio Agustín. Tres cartas
autógrafas del P. Eusebio Nieremberg. Dos cartas
autógrafas de Sor Francisca de Santa María al P. Ga-
briel de San Gerónimo. Cartas del Rey D. Felipe IV
á la venerable Sor María Jesús de Agreda: códice de
terciopelo, siglo XVI í; estante &, plúteo 2.°
OBRAS de Sor M. Jesús de Agreda: en dos códi-
ces, que pertenecieron al Obispo D. Antonio Agustín;
estante &, plúteo 4.°
VIDA de la venerable Lucía de Jesús, aíío de
1 658; copia de la que ella escribió; estante Z, plú-
teo 4.°
SAN JUAN CRISÓSTOMO. Sermones y homi-
lías, en castellano. Contiene además este códice algu-
nas obras de San Cirilo y San Severiano, de fines del
siglo XVII; estante H, plúteo 3.°
VARIOS manuscritos acerca de los diferentes
concilios y algunos códices de cuestiones teológicas.
42
330
TRATADOS de religión: códice en vitela, de
principios del siglo XIV; estante Y, plúteo 3.^
VARIOS CÓDICES de Santo Tomás, San Agus-
tín, San Dionisio, San Ambrosio y San Leandro.
SEPTENARIO. Tratado de moral, filosofía é
historia, en que se habla de Dios, de la fé y del Rey
D. Fernando, padre de D. Alfonso el Sabio: códice del
siglo XV, con io5 folios; estante P, plúteo 2.°
RAZONAMIENTO tenido entre el príncipe de
Galles y los PP. Teólogos en materias de religión.
Refutación de la religión cristiana. Estos dos manus-
critos en italiano se hallan en un códice de principios
del siglo XVI, que trata de varios asuntos; estante N,
plúteo 3.°
LIBRO del sumo bien ó de las sentencias de San
Isidoro, Arzobispo de Sevilla, traducido al castellano.
Sermones y pláticas doctrinales del P. Fr. Manuel de
Almagro; autógrafos.
HISTORIA Laurentina, escrita en octavas caste-
llanas; estante H, plúteo 3.°
EXPLICACIONES del Credo, por el Obispo de
Jaén Pedro Pascual: códice en vitela, con 38 folios, del
siglo XIV; estante P, plúteo 2.°
LIBRO de paciencia, compilado en la Ciudad de
Piza por Domingo Cavalca, de la orden de los Predica-
dores: códice del siglo XV con 178 folios; estante O,
plúteo 3."
VARIOS sermones sobre elección, confirmación
de los prelados, etc. Caso de conciencia y su resolución
sobre comulación de votos: códice del siglo XVII, es-
tante J, plúteo 3.°
LUIS LI ROMANO, obispo de Verona; exposi-
ción sobre el Símbolo de los Apóstoles, Padre Nuestro
131
y los dos Preceptos de Caridad, compuesta en italiano
y traducida al castellano por Juan de Rivera, natural
de Sevilla: códice del siglo XVI; estante J, plúteo 3."
POEMAS sobre las vidasdel Rey Apollonio, Santa
María Egipciaca j adoración de los Reyes: códice con
8o folios de mediados del siglo XIV; estante K, plú-
teo 3."
VIDA de N. S. Jesucristo en estilo métrico, com-
puesta por un fraile menor de la observancia. Sermón
que hizo Fr. íñigo de Mendoza á D. Fernando Rey
de Castilla y Aragón sobre el yugo y coyunda que su
Alteza tiene por divisa. Coplas que hizo Fr. Iñigo de
Mendoza, «doce en vituperio de las malas hembras é
doce en loor de las buenas mujeres, que mucho triunfo
de honor merescen:» códice del siglo XV; estante K,
plúteo 3.''
DE VARIOS CÓNCLAVES: códice del siglo XVI,
estante J, plúteo 2."
FR. ANTONIO DE ALMEIDA. Recreación
filosóíica ó dialogo sobre la filosofía natural: códice
del siglo XVII; estante J, plúteo 2.°
DISCIPLINA de los varones; estante C, plú-
teo 3.°
MILAGROS de Nuestra Señora de Monserrat;
estante &, plúteo 2.°
VISITA del Monasterio de las Huelgas de Burgos
por D. Fernando Vázquez de Arce, Prior de Osm.a,
en tiempo y por mandado de los Reyes Católicos; año
de i5oo. Es autógrafa; estante U, plúteo 2.^
SANTA TERESA DE JESÚS. Fundación del
convento de San José y modo de visitar los conventos;
códice escrito por el Padre Soto á fines del siglo XVIII;
estante Y, plúteo 3."
332
CRÓNICA del monasterio de Sahagun. Crónica
del de Nuestra Señora de Guadalupe; estante X, plú-
teo 2.°
FUNDACIÓN del monastario de las Berlingas en
Portugal. Contiene este códice otros varios manus-
critos y algunos sobre fundaciones de monasterios;
estante &, plúteo 2.°
APOCALIPSIS de San Juan, con preciosas vi-
ñetas.
APOCALIPSIS de San Amadeo, escrito de su
mano, en latin: códice forrado de seda, consta de 247
folios, de fines del siglo XV; estante H, plúteo 3.*^
CÓDICE ÁUREO con los prefacios de San Ge-
rónimo, cánones de Eusebio de Cosarea y los cuatro
Evangelios: códice de mucho mérito y de gran valor.
TRATADO de San Agustín sobre la adminis-
tración del Bautismo á los párvulos: códice del si-
glo VIL
LAS OBRAS autógrafas de Santa Teresa de Je-
sús, en su camarín.
CAPITULARIO. Códice de mucho mérito ar-
tístico, escrito por Martin de Palencia; contiene 18 vi-
ñetas y lindísimas orlas de colores, pintadas por Fr. Ju-
lián de Fuente el Zaz, Fr. Andrés de León y Ambrosio
de Salazar. Se conserva en la sacristía del Monasterio.
DIFERENTES y curiosos manuscritos sobre la
Compañía de Jesús y los Jesuítas, en los estantes G,
plúteo 4.", H, plúteo i.°, J, plúteo 2.", M, plúteo i.°,
Y, plúteo S."* y Z, plúteo 4.°
ARIAS MONTANO. Hay varios escritos suyos
y también se ocupa de los Jesuítas; estante J, plúteo 2."
CATALOGO de la Biblioteca del Cardenal Sir-
let. Hay en ella 476 manuscritos griegos y 1396 lati-
333
nos, clasificados: códice griego con 178 folios, del si-
glo XVI; estante X, plúteo i.°
D. ANTONIO AGUSTÍN. Colección de cartas
copiadas de los manuscritos del Vaticano sobre asun-
tos literarios, y particularmente numismáticos, dirigi-
das á varios sugetos, y algunas á él: códice muy inte-
resante que consta de 5 16 folios; estante Y, plúteo 2.'*
DEVOCIONARIO de Isabel la Católica y Bre-
viario de Felipe II con caprichosos adornos y minia-
turas de mucho mérito.
Hay un gran número de Biblias y Breviarios, con
viñetas é imágenes de santos, letras, iniciales de colo-
res y cenefas primorosamente ejecutadas.
FR. JUAN DE CUENCA. Clave de la Biblio-
teca griega del Escorial, en latin: diez y ocho códices
del siglo XVIII; estante H, plúteo 2."
VOCABULx^RIO castellano arábigo: dos códices;
estante H, plúteo 3.°
DICCIONARIO de la lengua arábiga: códice del
siglo XVI; estante H, plúteo 3.°
DICCIONARIO de nombres propios; estante H.
DIALOGO de las lenguas; estante K, plúteo 3.°
DICCIONARIO bíblico por orden alfabético:
códice en vitela, con 266 folios, del siglo XIII; estan-
te K, plúteo i.°
DICCIONARIOS latinos, arábigos, italiano, ar-
menio y persiano.
ETIMOLÓGICAS de voces castellanas en otras
lenguas, á saber: árabe, hebrea y griega, por el licen-
ciado Valverde; estante L, plúteo i ."
CARTA de Ambrosio de Morales contestando á
la de Francisco de Figueroa, sobre la verdadera pro-
nunciación de la lengua castellana, escrita la mayor
334
parte de mano del autor. Censura sobre la ortografía
castellana. Kay en este códice otros muchos é intere-
santes manuscritos; estante L, plúteo i."
No mencionamos los códices literarios
arábigos porque pueden consultarse en la
biblioteca arábigo-escurialense de Casiri.
CAPITULO XI
AL EJERCITO Y Á LA MARINA
Nos propusimos con la publicación de este
libro dar á conocer al Ejército y á la Marina
española los códices existentes en la Biblioteca
de manuscritos del Monasterio de San Loren-
zo del Escorial. Hemos terminado tan difícil
empresa, y nos arredraba hasta la idea de in-
tentarla porque sabíamos la falta de recursos
de nuestra pobre inteligencia. Si la critica
severa encuentra justos motivos de censura
sea benigna con una obra que tantas vigilias
representa y que por lo menos refleja un
buen deseo; apesar de ser muy pobre y mo-
desto este trabajo, podemos decir lo que el
P. Jesuíta Andrés Mendo en el prólogo de
336
su obra el Príncipe perfecto: «no fué corto
el desvelo aunque es pequeño el libro, que
la costa de ingenio nunca se ha de tantear por
el bulto.»
Decia Felipe II al ocuparse de la Bi-
blioteca del Escorial «esta es una de las
principales riquezas que yo quería dejar á
los religiosos que en él hubieran de residir
como la más útil y necesaria;» también nos-
otros quisiéramos que el Ejército y la Marina
española aprovechasen todas las fuentes de
su ilustración recordando con íñigo López
de Mendoza «que la ciencia no embota el
hierro de la lanza, ni hace floja la espada en
la mano del caballero.» El Ejército necesita
la fuerza de su prestigio científico, vive con
la civilización que le respeta y no es remora
de progreso ni obstáculo de adelantos.
Inspírese aún el Ejército en el fuego de
Homero y en la dulzura y sentimientos de
Virgilio. El corazón humano simpatiza con
todo lo sublime y la lectura de los poemas
épicos puede despertar el entusiasmo de las
acciones heroicas y la conciencia de la dig-
nidad. Todavía admiramos la grandeza de
Poro, prisionero de Alejandro Magno, rey
de Macedonia, cuando al preguntarle después
de valerosa defensa cómo quería ser tratado,
337
respondió: «como Rey,» digna altivez que le
realza aún más que su corona. Esos rasgos
de carácter, esos ejemplos de dignidad per-
sonal es preciso no olvidarlos; descripciones
de hechos heroicos y de empresas que perpe-
túan en el alma la sublimidad y la abnegación;
el ánimo del soldado se eleva al conocer las
titánicas luchas de la historia militar y las
terribles epopeyas de la guerra; su lectura nos
conmueve é impresiona encadenando nuestra
voluntad al espíritu del libro, como se impo-
nen siempre y esclavizan al corazón y á la
inteligencia las luminosas ráfagas del genio.
¡Qué idea tan grande de la fuerza nos da
Homero cuando Neptuno va á salir á la
refriega! guia la carroza por el occéano y se
estremecen los montes con sus pasos y al re-
presentarnos en la Iliada á los Dioses favore-
ciendo á los griegos ó troyanos dice: «toda la
naturaleza está en conmoción, Neptuno hace
estremecer con su tridente los navios, la
ciudad y las montañas, la tierra tiembla hasta
en su centro y salta Pluton de su trono te-
miendo que los secretos del Averno queden
patentes á los ojos de los mortales.»
No abandonen los Oficiales de nuestro
Ejército la lectura de los autores clásicos,
porque sus obras históricas y literarias son
338
provechosas al espíritu militar y útiles para
su instrucción. Lean á Herodoto, Jenofonte,
TitoLivio, Salustio, Tácito, Plinio, Cicerón,
Julio César, Lucano y Tasso, porque aún
les interesa conocer la célebre retirada de los
diez mil, las guerras del Peloponeso, Cati-
linaria y de Jugurta, las derrotas del ejército
romano por los samnitas en las horcas can-
dínas. Lea el Ejército las conquistas de Gra-
nada, Méjico y las Molucas, por Hurtado de
Mendoza, Solís y Argensola, los combates de
Roger, las expediciones por los mares de
Levante, de Moneada, el glorioso desastre de
Trafalgar, por Arriaza, los poemas de Ercilla
y las odas y obras poéticas del reformador
de la poesía castellana y bravo soldado mártir
de sus deberes, Garcilaso de la Vega. Si Fer-
nando de Herrera canta la batalla de Lepanto
y las glorias de D. Juan de Austria, también
Quintana con sus canciones ha mantenido
vivo en nuestra época el recuerdo de los he-
chos memorables de nuestra patria.
Con profundo convencimiento de su ne-
cesidad, deseamos la instalación de bibliote-
cas, academias y asociaciones científico-mili-
tares, la legitima representación del Ejército
en todos los centros de la inteligencia y en
todas las manifestaciones del saber. Las bi-
339
bliotecas militares soii de muchísimo interés
y yá los egipcios llamaban á las bibliotecas el
tesoro de los remedios del alma.
Dice Caraciolo que sucede con la ciencia
lo mismo que con el fuego, que es preciso
alimentarle para que no se apague, y esto nos
demuestra que deben continuar el Ejército
y la Marina enriqueciendo cual hoy lo ha-
cen la bibliografía española con libros como
los de Almirante y Navarro, con obras de
matemáticas y de máquinas como las que
publican los ilustrados ingenieros militares
Pinar y Marvá, con estudios históricos como
los de Arteche y científicos como los de Iba-
ñez, con escritos como los de Servet, con
trabajos literarios como los del general Ros
de Olano, con invenciones como las de Pla-
sencia, y por último, con ejemplos que nos
recuerden la incansable actividad y el profun-
do saber del- malogrado general Concha,
honrosa representación de la ciencia y del
valor.
Los que declaman contra el Ejército con-
siderándole perjudicial para las artes, las
letras, la agricultura, el comercio y la ciencia,
debieran recordar que todos estos intereses
creados á la sombra de la paz necesitan el
apoyo y protección de la fuerza armada, pues
340
aun por desgracia no bastan la legalidad y el
derecho si las bayonetas no los apoyan.
Los ejércitos permanentes equilibran las
fuerzas de las naciones y contribuyen á que se
teman y respeten; decia en un banquete de los
armeros de Londres el célebre William Arms-
trong, que tanto ha contribuido al perfecciona-
miento de la artillería: «por fuertes que sean las
apariencias contra nosotros, estemos persuadi-
dos de que somos los verdaderos conservado-
res de la paz, puesto que nada es más propio
para obligar á ceder á una nación en sus
proyectos agresivos que el conocimiento de
la superioridad de las armas de aquella que
vá á atacar.»
Hoy los pueblos confian al Ejército sus
más sagrados intereses, la defensa del territo-
rio y la conservación del orden. Y cuando
llegan los dias de combate no mancha yá el
soldado la bandera de sus victorias con el es-
tigma de la esclavitud y con los horrores de
otros siglos, no se mutila á los prisioneros como
antes ni se venden en pública subasta sus
mujeres y sus hijos. El derecho de gentes y
el respeto á la personalidad humana se van
imponiendo en la conciencia como se impone
todo lo justo y beneficioso con el tiempo,
pero aun el derecho de gentes y el progreso
341
tienen que estender su acción y su influencia
porque todavia hay pueblos idólatras, salva-
jes y piratas, aíin se verifican sacrificios huma-
nos, aún vive el despotismo en Asia y la
superstición encuentra asilo en el fanatismo
y en la ignorancia, aún hay seres en la tierra
que venden á sus hijos, y, por último, aún
tiene la civilización que alumbrar con los má-
gicos destellos de su luz que difunden la ar-
monía, el bien y la justicia, una gran parte del
mundo que permanece envuelta entre tinie-
blas.
Al concluir este libro recomendamos al
Ejército y á la Marina que recuerden las
glorias científicas y militares de su historia
y si el cuerpo de artillería nos habla con en-
tusiasta admiración de Velarde y de Daoiz
por su heroísmo, con igual entusiasmo y tan
legítimo orgullo puede citar á Moría, que re-
presenta la ciencia y el talento.
Si alguien deprime las glorias artísticas y
literarias del Ejército, evoquemos los nom-
bres de Juan de Herrera y de Cervantes, que
se inscribieron en la historia militar cuando
no se grababan todavía por sus obras en las
páginas de gloria de la patria. Ambos consig-
naron su genio en los dos monumentos más
célebres de España, en el Monasterio de San
342
Lorenzo y en el Quijote. Un famoso arqui-
tecto que había servido en la Milicia edificó
en el Escorial un templo para Dios, un
asilo para la ciencia y un museo para las
artes, y también un soldado que combatió
en Lepanto, quiso coronar el remate de
todas nuestras glorias con su obra, y escribió
el Quijote.
íisrrDiCB
Padrinas
CAPÍTULO I. —Objeto de este libro ... 9
CAPÍTULO IL— La Biblioteca del Esco-
rial.— Consideraciones generales . . 2 3
CAPÍTULO III.— Historia, Ciencia y Arte
militar 5i
CAPÍTULO IV.— Códices de Ciencia, His-
toria y Arte militar 83
Pajote I. — Códices griegos y arábigos.
Parte II. — Códices de Ciencia y Arte Mi-
litar en lengua Castellana y algunos en
latin en francés é italiano 95
Parte III. — Manuscritos que pueden ser
útiles al Ejército, con máximas, obser-
vaciones y consejos político-militares
para la educación de los Reyes y los
Príncipes; libros de Caballería; Códi-
ces de las órdenes militares; Historia
genealógica y Heráldica. — Considera-
ciones generales y Códices . . . . 102
Paj'te IV. — Códices de las campañas é His-
toria de Carlos V y de las guerras de
España en los Países Bajos é Historia
de Felipe II. — Consideraciones gene-
rales y Códices. ....... 121
Paginas
Parte V. — Crónicas é Historia . . . . t33
CAPÍTULO V. — Marina. — Consideraciones
generales y códices i63
CAPÍTULO VL— Hacienda y Estadística.—
Consideraciones generales y códices. . 207
CAPÍTULO VH.— Medicina 217
Pajote /.—Consideraciones generales.
Parte II. — Medicina goda en España.—
La medicina árabe-española y la me-
dicina del Profeta. — Medicina hebrea
y árabe 224
Parte III. — Glorias de la medicina espa-
ñola y particularmente de su medicina
militar.— Fundamentos de la medi-
cina española en la base hipocrática de
los códices del Escorial 25o
Parte /F.— Códices 286
CAPÍTULO VIIL— Derecho y legislación.—
Códices 3o I
CAPÍTU LO IX. -Glorias literarias de autores
catalanes y códices en lengua lemo-
sina 3o9
CAPÍTULO X. -Códices literarios y curiosos. 317
CAPÍTULO XI.— Al Ejército y á la Marina. 335